La estrategia de ISIS

18 enero, 2016 • Artículos, Asuntos globales, Medio Oriente, Portada • Vistas: 2682

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Enero 2016

Hace poco más de un año me preguntaba acerca de las capacidades estatales del Estado Islámico (ISIS) y esbozaba dos hipótesis relacionadas con ello: primero, que la inclusión de sunitas exbaathistas en el califato representaba  una ventaja frente a otros grupos yihadistas; y segundo, que la alianza entre yihadistas extranjeros e iraquíes podría ser causa de tensión por sus intereses divergentes. Además, me planteaba la pregunta de cómo harían los yihadistas para adaptar las formas de gobierno del siglo VII contenidas en la sharia a un Estado moderno.

En abril de 2015, el diario Der Spiegel publicó un reportaje sobre los documentos de Haji Bakr, un emir (comandante o alto jerarca) de ISIS que murió en su casa en el pueblo sirio de Tal Rifaat durante un enfrentamiento en enero de 2014. En esos documentos, Samir Abd Muhammad al-Jlifawi –nombre real de Haji Bakr–, un sunita iraquí que había sido parte de los servicios de seguridad de Saddam Hussein, diseñó la estrategia con la que ISIS pudo apoderarse de amplias regiones de Mesopotamia y el Levante en 2013: la infiltración en las poblaciones por medio de la instalación de un Dawah (organización benéfica islámica), la recopilación de información y espionaje, el reclutamiento de hombres piadosos (esto no lo hicieron en Siria) y el establecimiento de alianzas y lazos matrimoniales con las principales familias del poblado. De esta manera, ISIS forjó alianzas con muchas tribus sunitas –primero en Siria y luego en Irak– y, al momento de lanzarse a la conquista, usaron la información recopilada para saber a quiénes debían cooptar, neutralizar o eliminar para tener éxito, así como qué recursos tenía el poblado para poder establecer y cobrar impuestos (o extorsión sistematizada) una vez conquistado el territorio.

Además del bosquejo de la estrategia que había usado ISIS, entre los documentos de Haji Bakr había también un diseño para el funcionamiento del gobierno del califato. Éste era una calca del aparato de seguridad de Saddam Hussein y describía el establecimiento de un gobierno paralelo en las sombras cuya misión sería vigilar a los emires civiles –gobernadores de provincias, regiones y distritos– y militares –comandantes de diversos rangos–, así como a la población civil. Cabe destacar que, aunque este diseño del aparato de gobierno era para el califato, el lenguaje con que Haji Bakr lo describía era completamente laico: el exoficial baathista prestaba su experiencia en un gobierno moderno y laico a la Yihad e ISIS lo implementó con mucha efectividad. Para verano de 2014 había reportes en prensa y redes sociales sobre el Estado totalitario que ISIS estaba construyendo en Raqqa.

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No obstante, como planteo en la segunda hipótesis, ISIS tiene dos caras y, como un Jano perverso, cada rostro mira a direcciones opuestas: una es la rebelión sunita exbaathista de Al-Anbar que busca la conquista, el control territorial y, sobre todo, escapar del control de Bagdad, ahora dominado por lo chiítas. La otra cara es de la Yihad internacional exportable: la idea con que Ayman e-Zawahiri fundó Al-Qaeda en Irak y usó la Gestión de la barbarie de Abu Bakr Naji, así como los miles de combatientes extranjeros: africanos, árabes del Golfo, chechenos, centroasiáticos, daguestanos, y, claro, los musulmanes europeos y de países anglosajones. Cada grupo tiene objetivos que se contraponen: control territorial o la exportación de la Yihad, el establecimiento de un Estado –por definición un blanco par que “los cruzados” y “apóstatas” los ataquen– o la guerra sin territorio ni fronteras que es el terrorismo trasnacional.

La administración y la contraposición de estos objetivos debe ser un reto para Abu Bakr el-Bagdadi y su círculo cercano, que incluye iraquíes –Haji Bakr era un ejemplo– y combatientes extranjeros como Abu Omar el Shishani o Abdelhamid Abaaoud (el cerebro detrás de los atentados de París del 13 de noviembre). Los éxitos en ambos frentes –el local y el internacional– se han traducido en engrandecer su reputación y conseguir reclutas. No obstante, es incomparable el éxito propagandístico en occidente de los ataques en París con la toma de Mosul, aun considerando que el ejército iraquí abandonó la ciudad de millón y medio de habitantes. Es por eso que ISIS está interesado en atacar más blancos en occidente.

Los ataques de París del 13 de noviembre y los enfrentamientos que se dieron en los días siguientes fueron consecuencia de un plan de ISIS –o cuando menos de su ala de combatientes extranjeros– planeado inicialmente desde Siria y llevado a cabo con gran capacidad. Abdelhamid Abaaoud era ciudadano belga de origen marroquí y en 2013 viajó a Siria, donde se unió a ISIS y llegó a ser emir militar y a acercarse a al-Bagdadi. La idea de atacar directamente (en lugar de esperar a que yihadistas locales intentaran ataques) a occidente se originó en Siria hacia finales de 2013 o principios de 2014 y por eso, en algún momento de 2014, Abaaoud fingió su muerte para poder regresar a Europa junto con al menos otros cinco ciudadanos europeos que se habían unido a ISIS. Hay evidencia de que Abaaoud estuvo en contacto con Mehdi Nemmouche (también excombatiente de ISIS que disparó contra visitantes del Museo Judío de Bruselas en mayo de 2014) lo mismo que con Ayoub el Khazzani, protagonista del ataque frustrado en el tren de alta velocidad Thalys en la ruta de Ámsterdam-París en agosto de 2015. Además, contactó a la célula terrorista de Verviers, detenida en enero de 2015, luego de los ataques contra la revista Charlie Hebdo, con los que, sin embargo, ISIS parece no estar relacionado.

En mi opinión, los ataques del Museo Judío y del tren de alta velocidad, fueron ensayos o pruebas organizados por Abaaoud para ver las capacidades de las policías francesa y belga, mientras planeaba otro ataque mucho más grande. De ser cierto, esto implica que ISIS ha estado planeando ataques en occidente prácticamente desde que inició sus conquistas. Además, debido a esta estrategia de incremento gradual, los ataques pueden ser bastante peligrosos porque permiten a las células terroristas aprender y probar las defensas antes de lanzar el ataque principal. Asimismo, creo que si analizamos las acciones de Abaaoud a la luz de los documentos de Haji Bak, cabría preguntarnos si el plan de Abaaoud era individual o resultado de una estrategia similar a la de Haji Bakr pero para exportar la Yihad. Esto es importante porque Abaaoud fue capaz de engañar a las policías francesa y belga e incluso evitar su captura en la redada contra la célula de Verviers.

¿Cómo debe reaccionar occidente a estos ataques? Escribo estas líneas a principios de diciembre, luego del tiroteo de San Bernardino y con Alemania, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Rusia habiendo decidido bombardear blancos en Siria, lo que provocará más muertes civiles, agravará la crisis de refugiados y, como lo apuntan muchos críticos, plantará las semillas para más extremismo entre los sunitas sirios e iraquíes.

Al mismo tiempo, encontramos en Canadá, Estados Unidos y Europa el crecimiento de los grupos de extrema derecha que se oponen a la migración –especialmente de musulmanes– y que han protagonizado ataques contra refugiados e inmigrantes: contra mezquitas, centros islámicos y de refugiados. Además, está presente la retórica vitriólica de Donald Trump, Marine Le Pen o Pegida, lo que legitima y alienta el odio hacia los musulmanes a la vez que dificulta el acercamiento a esas comunidades y favorece la radicalización y la desconfianza de las comunidades inmigrantes. Esto beneficia a los yihadistas y permite que los Abaaouds puedan operar y reclutar terroristas sin ser descubiertos en lugares como Molenbeek, barrios donde no se confía en la policía, y, ante el sentimiento de amenaza, la población migrante se cuida las espaldas y solapa mutuamente.

Getty Image / Scott Olson

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Como bien dice Frankie Boyle en The Guardian, “Que Charles Manson o Anders Breivik asesinaran con la intención de iniciar una guerra racial es ridículo e irrisorio; pero cuando ISIS lo hace, respondemos dándoles una.” Esto es lo que buscan los radicales, porque los bombardeos, sumados a un clima más hostil en occidente, ayudan a su causa al “demostrar” que occidente está en guerra con el Islam.

Sin embargo, para derrotar a ISIS sigue siendo necesario que haya tropas en tierra porque, al igual que las acciones terroristas, los bombardeos no quiebran la voluntad de lucha y tienden a producir el efecto contrario: galvanizan el apoyo a la guerra. Paralelamente, se debe tratar de ganar la batalla por las mentes y los corazones de los sunitas sirios e iraquíes que Estados Unidos y el gobierno chiíta de Irak perdieron mientras aplastaban el levantamiento de al Anbar de 2003. Tanto en Damasco como en Bagdad se debe abrir la vía de la participación política efectiva para esa población, porque mientras sigan siendo ciudadanos de segunda en sus propios países, tendrán todos los incentivos para seguir apoyando a grupos como ISIS y brindando apoyo, entrenamiento e inspiración a los jóvenes musulmanes insatisfechos de occidente.

FRANCISCO SONÍ SOLCHAGA es licenciado en Relaciones Internacionales por el Colegio de México. Actualmente, estudia una maestría en Gerencia Pública en el CIDE. Sígalo en Twitter en @Pancho_Soni.

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One Response to La estrategia de ISIS

  1. Luis Umbria dice:

    Francisco,
    Te felicito por tu artículo.
    Presenta algunas hipótesis explicativas tan pertinentes como interesantes acerca del comportamiento de ISIS/DAESH fronteras afuera del califato.
    La prospectiva que surge a partir de tu análisis es muy útil para estudiar nuevos cursos de acción internacional.
    Saludos,

    Luis Umbria
    FLACSO Ecuador

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