Escenarios regionales para México de 2018 a 2024

6 diciembre, 2018 • AMEI, Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 766

SRE

Gerardo Rodríguez Sánchez Lara

Diciembre 2018

Una colaboración de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales

Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como Presidente de México el 1 de diciembre de 2018, lo cual dio paso a un gobierno abiertamente progresista que es crítico de las políticas económicas neoliberales que ha implementado el país desde 1982. El nuevo gobierno comienza con un bono democrático nunca visto, ni siquiera durante la alternancia entre el Partido Revolucionario Institucional (de centroizquierda) que gobernó por 71 años y el Partido Acción Nacional (centroderecha), que gobernó de 2000 a 2012. Por su parte, el partido de López Obrador, el Movimiento Regeneración Nacional, tiene una amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso mexicano, pero no cuenta con los votos suficientes para reformar la Constitución.

En México, la formulación e implementación de la política exterior recae primordialmente en el Presidente y entraña poca o nula participación del Congreso. En este sentido, el pensamiento del nuevo representante del poder ejecutivo tiene una fuerte influencia sobre el futuro de las relaciones internacionales del país.

Con base en los discursos, escritos personales de López Obrador y los documentos presentados en campaña podemos resumir que el nuevo gobierno busca estos tres objetivos generales: a) una relación cordial pero respetuosa con Estados Unidos y que le permita aprovechar las ventajas económicas de estar asociado comercialmente con la principal economía mundial; b) equilibrar las relaciones exteriores de México con países de Latinoamérica y otras potencias mundiales no necesariamente afines con Estados Unidos como China y Rusia, y c) reducir el activismo en materia de promoción y defensa de los derechos humanos y la democracia en foros multilaterales.

López Obrador tiene un discurso profundamente nacionalista, anti intervencionista, proteccionista y promotor del mercado interno. No es un Presidente al que le atraiga desplegar un protagonismo internacional pero conoce la importancia de la relación e interdependencia con Estados Unidos, por lo que es previsible una diversificación de las relaciones políticas, económicas y comerciales con otros polos de poder en el mundo. Esta visión del nuevo gobierno ya despertó el interés de otros países por ampliar su participación en las inversiones de infraestructura anunciadas, incrementar las relaciones comerciales y sumarse al liderazgo político de México en la redefinición de temas de la agenda mundial.

Con este panorama inicial sobre el nuevo Presidente de la segunda economía más importante de Latinoamérica y con los cambios en la agenda global podemos hacer una proyección de algunos escenarios regionales para México para los siguientes 6 años.

Norteamérica y Centroamérica

La renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) recibió el apoyo del entonces presidente electo López Obrador y fue una muy buena señal de cordialidad y estabilidad en el proceso de transición política y económica con el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto. El propio presidente Donald Trump reconoció públicamente el apoyo del equipo de López Obrador para destrabar la última parte de la negociación en Washington. Asimismo, el Presidente de Estados Unidos mandó a una delegación de muy alto nivel a Ciudad de México para conversar con el Presidente electo de México e instruyó a su embajada a entablar rápidamente conversaciones para afianzar las relaciones con el nuevo gobierno.

Sin embargo, el largo proceso de transición de poderes, que dura 5 meses, evidenció el declive de poder político de Peña Nieto a la par que se juntó con la peor crisis migratoria que ha vivido México por la llamada caravana migrante de centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos. El nuevo gobierno está impulsando una vieja visión, nunca implementada con los recursos monetarios suficientes, para fomentar el desarrollo en Centroamérica y que reduzca las vulnerabilidades sociales que catalizan la migración por motivos económicos y de seguridad.

El pensamiento del nuevo representante del poder ejecutivo tiene una fuerte influencia sobre el futuro de las relaciones internacionales del país.

México, Estados Unidos e inclusive Canadá tienen la necesidad de replantear la política migratoria de Norteamérica para incluir la presión que se tiene desde Centroamérica. El nuevo gobierno puede invertir parte de su capital político en el replanteamiento del problema migratorio, pero no va ser fácil por el uso político y el blindaje del problema de la migración en Estados Unidos y por el aumento de sentimientos xenófobos en México.

La cooperación en el ámbito de la seguridad se mantendrá gracias al trabajo del llamado “Estado profundo” o la burocracia profesional del Departamento de Estado y el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Desde Washington y en la embajada estadounidense en Ciudad de México se busca mantener los altos niveles de coordinación en materia de combate a la delincuencia organizada, intercambio de información de inteligencia, prevención de la amenaza terrorista y políticas de cooperación sobre defensa entre las fuerzas armadas de los dos países.

América Latina y el Caribe

México logró consolidar un renovado liderazgo político y económico en la región con la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) que reúne a las economías liberales de la región. Este bloque económico-comercial le ha permitido a México recuperar peso político en la región frente a Brasil. Sin embargo, con el cambio de gobierno en el país sudamericano, que busca una agresiva política neoliberal para la atracción segura de inversiones, se puede incrementar la lucha entre los dos gigantes latinoamericanos. El gobierno de Jair Bolsonaro seguramente buscará que Brasil desarrolle políticas agresivas en materia del liderazgo militar en la región, así como la histórica ambición de tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y en contra del régimen venezolano de Nicolás Maduro. Es previsible que México pueda tener diferencias con Brasil en foros multilaterales internacionales y regionales. Sin embargo, no se percibe que el próximo gobierno se confronte abiertamente con el gobierno del inquilino del Palacio de Planalto.

La crisis económica y humanitaria que vive Venezuela va a ser otro tema importante en la redefinición de la agenda de política exterior. Es altamente probable que México se salga del Grupo de Lima, que ha sido muy crítico de la situación en aquel país, y no apoye la presión política que ejercen Colombia y Estados Unidos sobre el régimen de Maduro. Este será un respiro importante para el gobierno de Caracas que seguramente buscará apoyo financiero para aliviar la terrible crisis por la que atraviesa su economía.

El nuevo gobierno está impulsando una vieja visión para fomentar el desarrollo en Centroamérica y que reduzca las vulnerabilidades sociales que catalizan la migración por motivos económicos y de seguridad.

La relación con Cuba se recompuso durante el gobierno de Peña Nieto y es previsible que con un gobierno progresista se pueda afianzar el diálogo con la isla. Cuba es una puerta muy importante para abrir el diálogo diplomático con los pequeños países caribeños. Esto puede aumentar el liderazgo de México en foros multilaterales regionales e internacionales por los votos que suma el Caribe. Por otro lado, las empresas mexicanas podrían aumentar poco a poco sus inversiones en Cuba. Sin embargo, esto seguirá dependiendo de la presión político-legal del embargo de Estados Unidos.

Si la cancillería mexicana logra afianzar sus relaciones con los países liberales de la Alianza del Pacífico, recuperá el diálogo político con los países de izquierda como Bolivia, Cuba, Nicaragua, Uruguay y Venezuela. Además de ejercer un liderazgo regional en Centroamérica para promover su desarrollo, México podría fortalecer verdaderamente su posición como país puente entre las Américas.

China y Asia-Pacífico

La combinación de la búsqueda de la reducción de la dependencia económica con Estados Unidos, la agresiva estrategia de inversiones de China en el mundo y los grandes proyectos de infraestructura ferroviaria y energética anunciados por el nuevo gobierno, pueden abrir la puerta a Beijing para ejercer una mayor presencia en México. El reto del país es abrir más espacios de comercio en China para disminuir el déficit comercial.

Asimismo, México puede aprovechar el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), que surgió como una alternativa impulsada por Estados Unidos para ampliar su presencia económica en la región frente a la hegemonía china. Sin embargo, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y en particular los espacios que ganó Estados Unidos en materia de protección de su mercado automotriz, tienen seriamente molestas a las empresas automotrices de Corea del Sur y Japón que se beneficiaron del puente de exportación que generó México al mercado norteamericano. Estos dos países asiáticos presionarán al nuevo gobierno para que garantice condiciones económicas preferenciales para mantener o incrementar sus inversiones en el sector manufacturero automotriz.

Europa

La Unión Europea es un mercado natural para diversificar las relaciones comerciales. Con la renegociación del acuerdo comercial con México se abren oportunidades para ampliar las inversiones europeas en el país y aumentar las exportaciones a esa región. Asimismo, México y el Reino Unido deberán buscar mantener e inclusive aumentar sus relaciones económicas ante la salida de este país de la Unión Europea (brexit).

Sí México consolida su posición como país puente entre las Américas será mucho más atractivo para la Unión Europea en términos de diálogo político en foros multilaterales para avanzar temas de la agenda internacional, como el cambio climático, el desarrollo económico y la migración. Sin embargo, México dejará de tener una voz activa con Europa en temas como los derechos humanos y la democracia, tendencia en declive que inició con el gobierno de Peña Nieto.

África, el Medio Oriente y Asia Central

Estas tres regiones del mundo han sido de muy difícil penetración de la política exterior mexicana a pesar de esfuerzos importantes de apertura de embajadas, consulados de carrera y consulados honorarios. África y el Medio Oriente ofrecen espacios importantes de aumento de relaciones comerciales. Sin embargo, no se ve interés del nuevo gobierno para ampliar de manera estratégica las relaciones con estas regiones. En este sentido, Brasil seguirá teniendo una agenda comercial y política mucho más agresiva hacia estos polos en desarrollo.

En conclusión, México tendrá los reflectores internacionales durante los primeros 2 años del nuevo gobierno. En la medida que el gobierno de López Obrador pueda demostrar logros tangibles en materia de políticas internas (reducción de los niveles de corrupción, impunidad e inseguridad), sociales (reducción de la desigualdad y la pobreza) así como económicas (estabilidad macroeconómica, atracción de inversiones extranjeras y avance de los megaproyectos de infraestructura) podrá aprovechar mejor el bono democrático en el ámbito internacional.

GERARDO RODRÍGUEZ SÁNCHEZ LARA es Vocal de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) ante la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI). Es profesor de tiempo completo en el Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política y Coordinador Académico del Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia de la UDLAP. Es Coordinador de la maestría en Gobernanza Global y de los programas de posgrado en Seguridad de la UDLAP-Jenkins Graduate School en la Ciudad de México. Es Coautor del Índice Global de Impunidad y autor de La Seguridad Nacional en México y sus problemas estructurales. Sígalo en Twitter en @gerodriguezsl.

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