Se buscan líderes

20 octubre, 2016 • Asuntos globales, Opinión, Portada • Vistas: 2688

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible en las aulas

REUTERS/Thomas Mukoya

REUTERS/Thomas Mukoya

avatarDefault Isabel Flores Alcázar

Octubre 2016

Una colaboración del Departamento de Estudios Internacionales del ITAM

Como cada año, en septiembre tuvo lugar el debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que generalmente sirve de pauta para cavilar, más profundo que lo que se hace en la cotidianidad, acerca de las situaciones que aquejan al mundo. Ni esta ocasión ni este artículo son la excepción. Sin embargo, idealmente este ejercicio reflexivo logrará culminar en una propuesta de acción concreta.

En la sede del organismo multilateral por excelencia se dieron cita los líderes mundiales: las cabezas de los Estados que conforman el sistema internacional, los personajes que abanderan temas que hoy son relevantes, los dirigentes de organizaciones internacionales, aquellos que impactan la realidad, entre otros. Se encuentran coincidencias en lo que perciben debe llamar nuestra atención: un año menos para alcanzar las metas establecidas para 2030; el cambio climático; las crisis humanitarias; los refugiados; los desplazados; la guerra; el hambre; la desigualdad; las, pareciera, perennes brechas de todo tipo (género, ingreso, desarrollo); la existencia y la poca, pero probable, utilización de armas nucleares; las violaciones a derechos humanos; la xenofobia; el auge de los populismos; la reforma al Consejo de Seguridad y a la Organización… Esta lista no pretende ser exhaustiva, ojalá lo fuera. Ojalá y fuera así porque aparecen situaciones que deberían ser anacrónicas pero están más vigentes que nunca. Aunque no todo es un problema, la mayoría de lo enlistado lo es o se puede convertir en uno si no se le da seguimiento adecuado y oportuno.

Por otro lado, a la par de esta lista es posible identificar coincidencias en lo que se percibe como logro: el acuerdo de París sobre cambio climático cada día está más cerca de ser vinculante, la declaración de Nueva York ha marcado el inicio de un esfuerzo más puntual y tangible para atender a las víctimas de desplazamientos forzados, se ha hecho más evidente el reconocimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como faro que guía los planes de desarrollo alrededor del mundo, probablemente casi todas las brechas que se describen han disminuido. Esta lista tampoco es exhaustiva y ojalá no lo sea.

De cualquier forma, la sensación que los diversos discursos dejaron es que los problemas persisten. Es difícil escapar del tono hasta cierto punto trágico de los pronunciamientos aun cuando se pone de relieve la intención de trasmitir palabras esperanzadoras y frases que inviten a superar la cuasiparálisis en la que aparentemente nos encontramos todos los representados en el debate, es decir, la humanidad.

Eventos de tal envergadura como la apertura de la discusión en las Naciones Unidas permiten darse cuenta de que los monstruos a los que nos enfrentamos así como de las tendencias generales, esfuerzos internacionales, aspiraciones comunes para darle batalla a los diversos demonios. Se alzan voces clarísimas, fortísimas, acertadas, estructuradas, coherentes, válidas y valiosas. Sin embargo, más seguido que lo que se esperaría, dichas voces se convierten en ecos que terminan por solo resonar en los pasillos de los foros y no se quedan como sonidos impregnados y grabados con la suficiente profundidad en las mentes que dictan el quehacer de los gobiernos, y que son aquellas que deberían servir de norte para cerrar definitivamente las brechas que permanecen abiertas.

Sin embargo, sí hay manera de lograr que las voces no se desvanezcan y se conviertan en brújulas. Uno de los puntos más discutidos por los representantes de los Estados y que constituye una importante oportunidad para la humanidad es la Agenda 2030 y los ODS.

H.E. Mr. Peter Thomson

H.E. Mr. Peter Thomson

Peter Thomson, Presidente del septuagésimo primer periodo de sesiones de la Asamblea General, en su discurso inaugural aplaudió que la Agenda 2030 se usa cada vez más como marco de los planes de desarrollo a nivel  mundial. Acto seguido dijo: estamos lejos de donde deberíamos estar. Es fácil aceptar esta última afirmación. De hecho, Thompson aprovechó ese momento para hacer referencia a las consecuencias de los conflictos armados, a la situación siria, a los ataques a los convoyes de ayuda humanitaria, a la vulnerabilidad, ocasionada por innumerables causas, de millones de personas en todos los rincones, muy y poco conocidos del planeta, a las brechas, etcétera. Continuó el discurso y retomó el tema que le dio pie a enlistar los asuntos urgentes de la agenda internacional para introducir otro elemento aplaudible: hizo un llamamiento a que eduquemos a nuestros niños y jóvenes sobre los ODS. Además, reconoció que el cambio que necesita el mundo no ocurrirá a menos que una transformación se dé en los sistemas de valores y en las consciencias. Hizo una referencia comúnmente usada: los niños son los que nos sucederán en el futuro, y más allá, son los que heredarán los resultados de la implementación —afortunada o desafortunada— de la Agenda. Por tanto, en cada salón de clases en el mundo se debería estar enseñando los ODS.

Bien dicho, da justo en el blanco, es más, resultaría inverosímil resistirse a adherirse a semejante idea. Sin embargo, we can talk the talk but, are we willing to walk the walk? Decirlo es fácil, llevarlo a la práctica no es sencillo en absoluto. ¿Cómo hacerlo? Es un reto y de superarlo depende el hecho de que nuestras voces no se conviertan en ecos que con el tiempo quedarán en silencio. La propuesta es hacer una invitación abierta al tipo de liderazgo que se necesita: liderazgos que se atrevan a innovar, que sean creativos y que estén dispuestos dar esas batallas que a muchos ahora les parecen insignificantes.

Se necesitan líderes que estén dispuestos a llevar los ODS al salón de clases, pero más que eso, que estén conscientes de que estos deben ser transmitidos de manera eficiente, que se entiendan y que se vivan. Se requiere gente que esté dispuesta a poner los ODS en un lenguaje tan universal como sea posible, pero no para los que asisten a la Asamblea o para los interesados en los temas que se discuten, sino ponerlos en un lenguaje accesible para el ciudadano de a pie. De lo contrario se corre el riesgo de que todo lo que se acuerda en foros como estos siga siendo prácticamente imposible de aprehender y de incorporar a la vida cotidiana. Se han dado avances importantes en que los acuerdos emanados de foros multilaterales se reflejen en los planes de desarrollo y tengan incidencia en la política pública, pero hace falta un mayor esfuerzo para que incidan en el comportamiento de las poblaciones. No se debe perder de vista que dentro de estas, están aquellos que nos sucederán en la toma de decisiones en todos y cada uno de los aspectos en los que haya necesidad de tomar partido eventualmente.

A la hora de tener como objetivo llevar los ODS a las aulas, se debe pensar como la transmisión e inculcación de hábitos que contribuyan a la constante construcción y fortalecimiento del tejido social, a la enseñanza de habilidades al servicio del desarrollo personal y social. Valdría la pena que se retomara lo que varias organizaciones internacionales, dentro del mismo sistema de Naciones Unidas —como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) —, han reconocido previamente como habilidades para la vida. De acuerdo a Jacobs Foundation, la Unicef las define como “recursos psicosociales e interpersonales que ayudan a la gente a tomar decisiones con conocimiento de causa, comunicarse de forma efectiva y desarrollar unos recursos para manejar y autogestionar una vida saludable y productiva. Las habilidades para la vida pueden aplicarse a acciones dirigidas hacia uno mismo, hacia otras personas, o hacia el entorno local. Su objetivo consiste en favorecer la salud y el bienestar en todos estos niveles”.

La propuesta derivada de esto consiste en fomentar y propiciar que habilidades tales como el pensamiento creativo y las relaciones interpersonales se ejerzan de tal manera que permita que, en el corto, mediano y largo plazo, las acciones individuales de todos los seres humanos estén orientadas a que sea posible lograr los objetivos que nos hemos planteado como humanidad. Esto es imperativo ya que los ODS se tienen que lograr como colectivo, pero el colectivo no va a avanzar significativamente si cada uno como individuo no aporta su parte.

Es muy positivo lo que se logra a través del multilateralismo. Sería difícil encaminar acciones tan concretas para transformar la realidad si no se tuvieran las directrices generales de hacia dónde debemos navegar, pero no es suficiente. En términos de establecer hacia dónde debemos ir, cuáles son las metas específicas, cómo vamos a medir nuestro éxito en la lucha por alcanzarlas, hemos hecho bastante. Ahora se requiere que los esfuerzos que se están dando por introducir esto en los aparatos estatales y estructuras institucionales se profundicen para que pronto se traduzcan en acciones individuales. Asimismo, se requiere que, como individuos, nos asumamos parte de una sociedad mundial y, así, completar el círculo virtuoso de incidencia que probablemente se tiene la intención de dibujar desde hace décadas.

Gráfica 1

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Se necesitan liderazgos que se atrevan a apostarle a cada uno de sus individuos, en sus dimensiones más elementales, como parte de la sociedad global. Un liderazgo así necesita paso firme y decidido, voluntad para asumir la responsabilidad que implica tomar un camino tan poco transitado como es este de velar, en realidad, por todos y cada uno de los habitantes del planeta y que implica desviarse de las rutas tradicionales que han sido funcionales solo parcialmente. Dichos líderes son los que están dispuestos a empezar en casa reconociendo las dificultades que enfrentamos día a día para tener una sana convivencia en los entornos más inmediatos a los que cada uno estamos expuestos.

Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, al momento de dirigirse a la Asamblea General hizo un breve recuento de su mandato. Recalcó que tenemos el potencial para acabar con la guerra, la pobreza y la persecución. Más de uno se pueden sumar a su optimismo. ¿Tenemos la voluntad? No es tan claro. El sistema en el que estamos inmersos no genera incentivos para que todos los agentes del círculo virtuoso de incidencia encaminen sus acciones a estas metas que se han tachado de idealistas. A lo mejor se han tildado bajo esta categoría porque apuntan a un objetivo que es complicado de concebir y dimensionar cuando la realidad diaria no nos lo evidencia de manera tan tajante.

Es ahí donde cobra importancia apostarle a un liderazgo que se enfoque en el individuo para empezar a construir desde las unidades más pequeñas, y a la vez más grandes, del sistema para cambiarlo. Solo así podremos encontrar formas eficientes de cerrar brechas que permanecen abiertas en el escenario internacional y que dan lugar a todos y cada uno de los temas que, si no empezamos a actuar hoy, enumerarán los líderes mundiales cuando se vuelvan a encontrar en los siguientes periodos de sesiones de la Asamblea General.

ISABEL FLORES ALCÁZAR es maestra en Políticas Públicas por Georgetown University y Coordinadora Académica de la Licenciatura en Relaciones Internacionales del ITAM. Sígala en Twitter en @flores_isabel.

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2 Responses to Se buscan líderes

  1. Mónica Pacheco Gómez dice:

    Me encantaría trabajar con ustedes. Como me contacto?

  2. Oriana dice:

    Excelente artículo.

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