¿Qué ha pasado con la izquierda en Latinoamérica?

12 diciembre, 2016 • Del Archivo, Latinoamérica, Portada • Vistas: 9847

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Diciembre 2016

Material original de Foreign Affairs Latinoamérica Volumen 16 Número 3

¿Hay izquierda en los sistemas políticos de Latinoamérica? Todos los lectores afirmarán que sí, y muchos considerarían ociosa la mera formulación de la pregunta. Pero volvamos a plantearla al final de este texto ya que, si no hay izquierda, entonces no hubo un auge de la izquierda al comienzo del siglo XXI ni tampoco un derrumbe de la izquierda a mediados de esta década.

La opinión pública

No solo recientemente, sino desde hace años, los estudiosos de las encuestas de opinión pública han tenido muchas dificultades para determinar cuál es la opinión ciudadana según una escala basada en una tendencia hacia la izquierda o hacia la derecha. En esta entrega de la revista, Andrés Malamud se refiere al gran número de argentinos que no se ubica en un espectro político que vaya de izquierda a derecha; con esos términos no se comprenden bien las afiliaciones partidarias en ese país. Malamud, con buen tino, insiste en que el peronismo es socioculturalmente identitario; es decir, “soy peronista, pero no me preguntes tantas cosas ideológicas que son mucho menos importantes”.

Esa dificultad de ubicación ideológica no es exclusiva de los argentinos. También es particularmente difícil en Brasil, donde ningún partido de importancia desde el fin del régimen militar se ha identificado como derechista y donde los dos periodos presidenciales del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se caracterizaron por el desplazamiento de su partido, el Partido de los Trabajadores (PT), hacia el centro político y la acumulación de un caudal de votos grande e ideológicamente heterogéneo. La opinión pública brasileña no se organiza en términos de izquierda o derecha. 

Igualmente difícil ha sido para los encuestadores de opinión pública en México encasillar a la ciudadanía en esos términos. En parte, esto se debe a que durante décadas el Partido Revolucionario Institucional (PRI) asimiló todos los criterios y vocablos; sin embargo, la dificultad persistió cuando el candidato presidencial surgido de la izquierda, el más exitoso de los últimos años, Andrés Manuel López Obrador, fue quien mejor identificó en las campañas presidenciales de 2006 y 2012 el “centro político” del electorado, es decir, no se definió como de izquierda ni de derecha, sino como abanderado de la “república del amor”.

En un contexto más general, la opinión pública de la mayoría de los países latinoamericanos se opone a la inflación y apoya el libre comercio y la inversión extranjera, porque ofrecen un mayor surtido de productos con mejor calidad y al mismo tiempo su competencia limita los precios, además de que se generan empleos. Igualmente, esa misma opinión pública se opone a la privatización de las empresas del Estado que prestan servicios públicos, como el suministro del agua, o de las que explotan los recursos naturales del país, como los hidrocarburos. Es una opinión pública que cruza las líneas ideológicas, las cuales les interesan más a los ideólogos que a la gente.

El desempeño de los gobiernos

Busquemos entonces a la izquierda en el desempeño de los gobiernos que se proclaman como tales, y ya no en la opinión pública. Una política característica de partidos y políticos de izquierda en Europa y en Estados Unidos es el apoyo a que el aborto sea legal y asequible. Sin embargo, los gobiernos del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador y del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua aplican un régimen legal que prohíbe el aborto sin excepción. Si la izquierda que fue revolucionaria no apoya políticas que la izquierda mundial respalda, no es extraña la desubicación ideológica de la opinión pública latinoamericana.

La economía más próspera de Latinoamérica durante el último cuarto de siglo ha sido la chilena, donde una coalición que se ha extendido a cinco periodos presidenciales siempre ha incluido al Partido Socialista; de hecho, la presidencia actual y dos de las anteriores han sido ocupadas por socialistas. Estos gobiernos chilenos, al igual que el del Partido Laborista de Tony Blair o el Partido Socialista Obrero Español de Felipe González, han actualizado, modernizado, civilizado y hecho más eficaz el capitalismo de cada país. No es la primera vez en la historia que la social democracia salva al capitalismo, pero hace más difícil comprender qué es la izquierda y qué es la derecha.

Durante el siglo XXI, la reducción de la pobreza ha sido un éxito político y moral en casi todos los países de Latinoamérica. Dos de las iniciativas emblemáticas para enfrentar el problema son el programa Oportunidades, de México, y Bolsa Família, de Brasil. Estos programas surgieron en los gobiernos de Ernesto Zedillo, en México, y de Fernando Henrique Cardoso, en Brasil. Zedillo no provenía de la izquierda mexicana. Cardoso surgió de la izquierda brasileña y fue exiliado político durante el régimen militar, pero ya para fines de la década de 1990 él y su Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) ocupaban el centro político. Estos planteamientos, los más representativos en la reducción de la pobreza durante nuestra era, fueron adoptados en la región, de una forma u otra, por políticos y partidos de todos los colores del arcoíris. No le pertenecen a un club ideológico. Por eso observamos una reducción de la pobreza tanto en Colombia, con el gobierno de derecha del presidente Álvaro Uribe, como en Argentina, con Cristina Fernández de Kirchner (aunque al final de su presidencia haya repuntado la pobreza). Pareciera ser que tanto si soy de izquierda como de derecha puedo apoyar u oponerme a cualquier gobierno, sin preocuparme por mi fe ideológica.

AFP

Las grandes victorias y derrotas electorales

¿Qué pasó, pues, en Venezuela en las elecciones presidenciales de 1998, en Bolivia en las de 2005, en Brasil en las de 2002 y en Argentina en 2003? Ganó la oposición. ¿Qué sostuvo a esa oposición de orientación de izquierda en el poder, elección tras elección? China y sus compras de materias primas latinoamericanas, con precios altos y en grandes cantidades. El auge económico favoreció a los gobiernos en la presidencia, independientemente de su signo ideológico. Y, terminada la bonanza económica de raíces exógenas, ¿qué ocurrió en Venezuela en las elecciones parlamentarias en 2015, en el plebiscito constitucional en Bolivia en 2016, en la elección presidencial en Argentina en 2015 y en la destitución de Dilma Rousseff en Brasil en 2016? Ganó la oposición.

En Venezuela, la década de 1990 estuvo marcada por graves problemas económicos vinculados al derrumbe del precio internacional del petróleo. Hugo Chávez prometía un futuro mejor. En 2005 el electorado de Bolivia, que había vivido una prolongada crisis política, económica y social, encontró una salida en un político no tradicional: Evo Morales. En 2002 Brasil sufría todavía el impacto de 2 décadas de débil crecimiento económico y de la crisis financiera de 1999, provocada por circunstancias internacionales, al final de dos periodos consecutivos de Cardoso, cuya reelección prohibía la Constitución. La economía argentina se derrumbó catastróficamente a comienzos del siglo XXI y Néstor Kirchner abanderó un nuevo rumbo. Ganó la izquierda no tanto por ser izquierda, sino por ser la oposición en el momento oportuno.

El auge económico favoreció a los gobiernos en la presidencia, independientemente de su signo ideológico.

En 2015 y 2016 Venezuela vive, como indica el artículo de Margarita López Maya en este número, otra aguda crisis económica, culpa en parte de la caída del precio internacional del petróleo, mal manejada por el heredero del difunto Chávez, el presidente Nicolás Maduro. En Argentina, cayó la economía y aumentaron la inflación y el desempleo, y a la tirantez política generada desde la presidencia siguió una elección después de tres periodos presidenciales kirchneristas en que ya la Constitución prohibía la reelección de Fernández de Kirchner. En Brasil, como señala Brandon Van Dyck en este número, la destitución de Rousseff es resultado de la acumulación de numerosos problemas, desde la caída del valor de las exportaciones brasileñas hasta graves y generalizados incidentes de corrupción que afectan tanto al partido de la presidencia como a los partidos que destituyeron a la Presidenta. En Bolivia, donde el presidente Morales, como recuerda Mario Torrico Terán, perdió el plebiscito constitucional por un margen mínimo, las dificultades económicas y una acusación de corrupción personal contra el Presidente abrieron las puertas a la victoria de la oposición. Perdió la izquierda no tanto por ser izquierda, sino por ser el gobierno en un momento inoportuno.

Tanto en el origen como en el desenlace, es más útil interpretar los resultados electorales en términos de la lucha por el poder entre el gobierno y la oposición que en términos ideológicos. Es más útil interpretar el comportamiento del votante según la evaluación que haga sobre el desempeño en materia económica del gobierno saliente y las expectativas económicas, que en términos ideológicos. Es más útil interpretar el éxito electoral de los gobiernos en el poder durante la primera década del siglo XXI en términos del ámbito económico internacional, que les fue tan favorable, y no en términos ideológicos.

Al descubrimiento de la izquierda

Sin embargo, es cierto que podemos encontrar a la izquierda en el poder, principalmente en un grupo de países y en un conjunto de políticas económicas. Como se indica en los artículos de este número que tratan sobre Bolivia y Venezuela, en los dos países hubo un gran salto en el control de la economía por parte del Estado durante las presidencias de Morales, Chávez y Maduro. En ambos se consolidó el poder estatal sobre la explotación y fiscalización de hidrocarburos y en ambos aumentó considerablemente el papel del Estado en otros renglones de la economía. Hay importantes diferencias en el manejo económico, como explican Torrico y López Maya. Así, en Bolivia, el comportamiento económico fue mejor que en Venezuela, y las dificultades económicas de Venezuela han excedido por mucho lo ocurrido hasta el momento en Bolivia. Ecuador, gobernado por el presidente Rafael Correa, cabe dentro de una similar generalización, con un manejo económico también mejor que en Venezuela. La estatización de la economía, la concentración del control en manos presidenciales y la profundización de la dependencia económica en la explotación de hidrocarburos (López Maya y Torrico recuerdan la pérdida del peso de otras producciones) tuvieron como resultado una mayor vulnerabilidad económica de Brasil y Venezuela en el ámbito económico internacional y una mayor vulnerabilidad política del presidente y su partido.

Por su parte, Malamud y Van Dyck analizan cómo en Argentina y en Brasil aumentó la intervención del Estado en la economía durante las presidencias de Fernández de Kirchner y del PT. La crisis económica brasileña tuvo raíces principalmente exógenas (caída del valor de sus exportaciones), mientras que la crisis económica argentina se debió tanto a las mismas razones exógenas como a un manejo inepto de la economía solo superado por Maduro. En menor grado pero con similar efecto, las economías argentina y brasileña se debilitaron en el ámbito internacional al amainar el auge económico chino, y se imputó una mayor responsabilidad a sus presidentes y respectivos partidos por esos vaivenes internacionales.

Estos comentarios atañen a gobiernos que se consideran de izquierda, pero hay un contexto histórico más complejo. Si bien el peronismo de los Kirchner aumentó el peso del Estado en la economía, fue el peronismo del presidente Carlos Menem el que en la década de 1990 redujo el peso del Estado en la economía. Chávez estatizó los recursos naturales del país durante su larga presidencia, pero fue en la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, en la década de 1970, y con el apoyo unánime de los dos grandes partidos de aquel momento, el suyo (Acción Democrática) y la oposición demócrata-cristiana, el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), cuando el Estado asumió el control de la industria petrolera venezolana. Fue el mismo Carlos Andrés Pérez quien, durante su segunda presidencia, luchó por reducir el peso del Estado sobre la economía venezolana. La principal característica de la campaña electoral de Lula en 2002 y de sus dos periodos presidenciales fue su moderación progresiva en términos de ideología económica y su mayor inclinación por las medidas pragmáticas y eficaces, sin preocuparse por purezas doctrinarias. Las grandes políticas nacionales de las economías de Argentina y Venezuela no han sido propiedad exclusiva de un partido político, ni un mismo partido se ha caracterizado por aplicar siempre las mismas políticas en distintos momentos.

La derrota electoral no es un mal exclusivo de las izquierdas

La existencia de la izquierda

Entonces, ¿hay izquierda en los sistemas políticos de Latinoamérica? Sí. Ganó las elecciones claves más por ser oposición que por ser izquierda y perdió elecciones recientes más por mal gobierno que por ser izquierda, pero ha sido izquierda. El peronismo de Fernández de Kirchner se distingue del resto de la izquierda latinoamericana por su mayor disposición a enfrentarse con los obispos de la Iglesia católica en al ámbito de la política social, mientras que las izquierdas centroamericanas son las menos propensas a tales peleas, pero hay una inclinación en el kirchnerismo y en los gobiernos centroamericanos hacia la izquierda.

Ahora bien, las victorias electorales de la oposición debidas al enojo de los votantes no se dan únicamente en la izquierda; algo similar ocurrió en Colombia con la victoria presidencial del derechista Uribe en 2002, aunque se dieron más victorias de la izquierda a comienzos del siglo XXI. A mediados de la década de 2010, la derrota electoral por la oposición no es un mal peculiar de gobiernos o de partidos de izquierda; han perdido los gobiernos con la mala suerte de gobernar cuando se desinfla la economía mundial; por ejemplo, perdió la derecha las últimas elecciones presidenciales en Chile y por primera vez también perdió en El Salvador, así como en Costa Rica perdió el partido eminentemente centrista Liberación Nacional y el Partido Acción Nacional (PAN) en México. Sin embargo, ha sido una mala época electoral, sobre todo para las izquierdas.

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En el periodo transcurrido entre las victorias de la izquierda a comienzos de siglo y sus varias derrotas recientes, los gobiernos que se consideran de izquierda aumentaron el peso del Estado en la economía, si bien se distinguieron unos de otros por sus políticas y medidas económicas específicas y su disposición para enfrentar o no a la Iglesia católica, especialmente en las políticas sobre uniones civiles o matrimoniales entre homosexuales. Son sesgos de gobiernos de izquierda.

Es menester señalar que los partidos de izquierda retienen un amplio apoyo electoral. Como Torrico recuerda, inclusive en el plebiscito de febrero de 2016 que le prohíbe a Evo Morales una reelección adicional, el Presidente logró obtener casi la mitad de los votos. La derrota parlamentaria del chavismo en Venezuela en diciembre de 2015 dejó a Maduro solamente con la tercera parte de la Asamblea Nacional a pesar de haber ganado el 41% de la votación (el chavismo había preferido una fórmula electoral que generara más escaños para el partido que ganara más votos, lo cual resultó en su contra por primera vez en 2015). En Argentina, el candidato favorecido por la presidenta Fernández de Kirchner obtuvo más del 38% de la votación en la primera vuelta, en la que se expresa el voto “sincero”, mientras que el eventual presidente Mauricio Macri obtuvo poco más del 24% y la totalidad de la coalición que representaba alcanzó el 30%. En Brasil, Rousseff fue destituida pero por acción parlamentaria. Como indica Van Dyck, lo más probable es que el PT obtenga malos resultados electorales en las próximas elecciones, pero retendrá un caudal electoral importante, ya que sigue siendo el único partido bien organizado en Brasil. Igualmente, la suma de los partidos de izquierda en México subraya la presencia de un notable elemento de la ciudadanía con esos valores políticos. En la primera vuelta presidencial en las elecciones peruanas de 2016, una izquierda democrática coaligó a una sexta parte del electorado.

La votación peronista, bien señalada por Malamud, no debe comprenderse en términos ideológicos, aunque es probable que una buena proporción de izquierdistas argentinos haya apoyado a Cristina Fernández. La votación por el PT brasileño ha comprendido una gran franja de apoyo de las clases medias, pero también la izquierda brasileña tiene un peso importante. Al paso del tiempo, la coalición chavista adquirió más un sesgo clasista que ideológico, pero ahí otra vez la izquierda ha sido fundamental en la organización de ese movimiento político. La votación a favor de Morales comprendió un grupo heterogéneo pero que aglutina un fuerte componente de izquierda. Los partidos vencidos recientemente poseen este matiz de izquierda, lo cual marca su derrota pero aun en ese momento de pérdida brillan por su todavía impresionante apoyo popular. Sí hay izquierdas.

La necesidad de una izquierda democrática

Ni la izquierda ganó tanto ni perdió tanto, ni son los partidos de izquierda los únicos que han creído en las supuestas bondades del estatismo económico ni los únicos que han cometido errores de gobierno. Además, la gente normalmente no piensa en esos términos ideológicos. Ya desmitificadas las exageraciones desde la izquierda y contra la izquierda, es importante afirmar no solamente que sí hay izquierdas, sino también que es valiosa la izquierda democrática.

En un sistema político democrático, la competencia política es una importante garantía ciudadana contra la perpetuidad de un mal gobierno y contra el abuso del poder por parte del Estado o del presidente en turno. En muchos casos, esa competencia política se organiza mejor y es más eficaz si hay grupos de políticos y grupos sociales que comparten valores ideológicos de izquierda y que están dispuestos a dedicar tiempo a esas contiendas democráticas. Por supuesto, es igualmente valioso que ocurran procesos similares en el centro y la derecha ideológica, pero en este breve artículo coyuntural hago hincapié en la izquierda. Además, la competencia política genera una fuente de opciones que deben ser consideradas. En el siglo XXI se han producido experimentos útiles en política social precisamente por el libre, intenso y eficaz intercambio de criterios entre la izquierda, el centro y la derecha.

La izquierda en el poder ha aportado cambios que merecen aplausos. El PT brasileño ha sido particularmente innovador en sus políticas de inclusión social y participativa, desde los gobiernos municipales hasta su tránsito por la presidencia. Bolivia, gobernada por Evo Morales, ha pasado por una revolución social que, por primera vez en la historia de ese país, ha logrado incluir, promover y valorar a su población indígena.

La izquierda, como la derecha, debe ser democrática. La tragedia venezolana del siglo XXI surge no simplemente de la grave crisis económica que relata López Maya, sino, además, del giro autocrático del presidente Chávez y del presidente Maduro. Las preocupaciones justificadas en Bolivia, Ecuador o Nicaragua apuntan principalmente a sesgos autoritarios también en estos países, aunque menos agudizados que en Venezuela.

La izquierda democrática debe ser una estrella —aunque no la única— en el firmamento nacional. Debe representar los derechos y los deseos de quienes la apoyan, formular opciones eficaces y justas de política nacional y confrontar los abusos de quienes ejerzan mal el poder. Sí hay y sí debe haber una izquierda, pero en particular, esa izquierda comprometida con un régimen democrático que auspicia, defiende y promueve.

JORGE I. DOMÍNGUEZ es profesor de la Harvard University. Su investigación actual se centra en las relaciones internacionales y la política interna de los países de Latinoamérica.

 

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One Response to ¿Qué ha pasado con la izquierda en Latinoamérica?

  1. Johanna dice:

    Desde mi perspectiva el perfil de la actual izquierda latinoamericana se aleja mucho al de la década pasada, que era en escencia el deseo de un sistema político diferente a lo que observamos; y es que la tendencia al alejamiento de los postulados ideológicos es lo que ahora distingue a está izquierda; siendo la lucha por el poder y sus intereses sus máximos aliados. Lo que conlleva a que no se defina una postura ideológica concreta. En la actualidad observamos que el pensamiento ideológico no es más el medio central que utilizan para llegar el poder, sino mas bien medidas paliativas y conyucturales que les permitan posicionarse. Esto también aplicado para la derecha latinoamericana.

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