El mundo al revés

29 agosto, 2019 • Artículos, Asuntos globales, Latinoamérica, PJ Comexi, Portada • Vistas: 6314

Brasil y México frente al (des)orden internacional

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Lila Abed

Agosto 2019

Una colaboración del Programa de Jóvenes del Comexi

El sistema internacional atraviesa por un reajuste ideológico y busca un nuevo balance de poderes. Algunos países se alejan del sistema neoliberal y de las instituciones internacionales establecidas después de la Segunda Guerra Mundial. Regresa una ola de populistas y demagogos, tanto de izquierda como de derecha, que prometen solucionar las carencias heredadas de sus antecesores. Los bastiones tradicionales de poder a nivel mundial, representados en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) -China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia- demuestran la complejidad del cambio que existe en distintos continentes.

La mayoría de estos países han adoptado una política exterior nacionalista, enfocada en restaurar lo que consideran asuntos internos prioritarios que están amenazados por fuerzas ajenas. Estados Unidos, desde la llegada de Donald Trump al poder, adoptó una política exterior de asilamiento y rechazo del orden liberal, abandonó su poder suave de ser el líder benévolo ante el mundo. La recién llegada del Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, promete un brexit para el 31 de octubre de 2019, con o sin acuerdo, a pesar de los grandes retos económicos que tendrá que enfrentar al salirse de la Unión Europea. Por su lado, Vladimir Putin intenta recuperar su hegemonía regional, demostrando ser un mandatario de mano dura y sumamente estratégico en su manera de conducir la política internacional de Rusia. Xi Jinping impulsa a China como la próxima potencia económica mundial, con proyectos ambiciosos, como la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de Seda, cuyo objetivo es expandir la ideología política del gigante asiático a nivel internacional. Francia parece ser la única que mantiene viva la esperanza de que el sistema neoliberal no está derrotado en su totalidad. Emmanuel Macron es de los pocos líderes que insisten en requilibrar el orden internacional a favor de los principios liberales, en mantener a los países europeos unidos, y pretende posicionarse como la antítesis de los populistas que han surgido.

El sistema internacional siempre ha estado sujeto a ciclos de cambio radical en distintas épocas. Sin embargo, en la actualidad, pareciera que el mundo está al revés. Es interesante que los países que construyeron los principios y las normas internacionales modernas, son actualmente los que amenazan su existencia. Trump se ha dedicado a abandonar y a criticar a sus aliados tradicionales, mientras estrecha lazos con líderes antidemocráticos. Irónicamente, resulta que China es el país que defiende la economía global, rechaza el proteccionismo y festeja la globalización.

Ante esta coyuntura, los países emergentes tienen una oportunidad de posicionarse con mayor liderazgo y relevancia en el sistema internacional. En Latinoamérica, el mosaico de ideologías políticas es semejante al que existe en el panorama mundial. El continente se divide una vez más entre los populistas de cada extremo político. Los dos países más poderosos -Brasil y México- se encuentran envueltos en proyectos de desarrollo y estrategias de política exterior distintas con presidentes de polos opuestos.

El México de López Obrador

El arrasador triunfo de Andrés Manuel López Obrador en México desató una esperanza de que su plan de gobierno, conocida como la «Cuarta Transformación», terminará con la corrupción y velará por los intereses de la población más pobre del país. Aunque apenas comienza su sexenio, la política exterior no tiene rumbo ni estrategia clara, lo cual ha posicionado a México en una desventaja ante la comunidad internacional. Desde su campaña presidencial, López Obrador proclamó que la agenda nacional marcaría la política exterior del país, con total respeto a los principios delineados en el artículo 89 de la Constitución mexicana. En particular, el concepto de la no intervención sería uno de los más respetados. Es decir, México se desentiende de sus responsabilidades internacionales para enfocarse en resolver asuntos internos urgentes.

La falta de una estrategia de política exterior contundente traerá consecuencias fuertes para la implementación de las políticas que López Obrador promete cumplir.

Esta estrategia se aplicó de manera evidente cuando manifestó la neutralidad de su gobierno ante la crisis humanitaria en Venezuela. Sin embargo, su debilidad fue evidenciada ante la amenaza lanzada por Trump de imponer aranceles a todas sus exportaciones a Estados Unidos. La negociación entre ambas partes favoreció a los intereses estadounidenses, sometiendo a México a una evaluación cada 45 días para reducir los números crecientes de migrantes en la frontera norte, sin detallar la metodología que aplicaría para medir los resultados alcanzados.

A la par, Estados Unidos intenta convertir a México en un tercer país seguro, lo que requeriría la aprobación del Congreso mexicano, pero en términos prácticos, lo ha hecho de facto. Utilizando amenazas y presión, la Casa Blanca logró doblar a México y evidenció el poder que tiene sobre su vecino. En pocas palabras, el principio de la no intervención perdió credibilidad ante esta potencia mundial y el sistema internacional en general. Estados Unidos intervino de manera directa por medio de exigencias y amenazas en la soberanía nacional de México. Si continúa con una estrategia diplomática y de política exterior desentendida del orden internacional, el país seguirá reaccionando ante crisis imprevistas conforme le vayan llegando.

A pesar de esto, desgraciadamente el mandatario mexicano no quiere entender el destacado papel que tiene su país en el mundo. No ha asistido a ninguna de las cumbres internacionales importantes, como la del G-20 y la Alianza del Pacifico, y no ha realizado ningún viaje al extranjero desde que llego al poder. Esto, aunado a que sus políticas populistas de austeridad han causado una profunda desconfianza en los mercados internacionales y con un crecimiento económico del 0.1% en el segundo trimestre de 2019, la falta de una estrategia de política exterior contundente traerá consecuencias fuertes para la implementación de las políticas que López Obrador promete cumplir. Sin crecimiento económico y con menor inversión, el país está destinado a fracasar. Es por ello que, aunque se aplique una interpretación conservadora de los principios de política exterior emanados de la Doctrina Estrada, México requiere de una presencia fuerte y proactiva internacional para atraer inversión financiera directa y para mantenerse como uno de los países emergentes con mayor relevancia en el mundo.

El Brasil de Bolsonaro

El otro gigante en Latinoamérica, Brasil, bajo el mandato de su Presidente de derecha, Jair Bolsonaro, se posiciona como un líder emergente en la región. En comparación con México, la política exterior brasileña está alineada con los ejes principales de Trump: favorece el bilateralismo en lugar del multilateralismo, presume una nueva alianza y cercanía con Estados Unidos, critica abiertamente los sistemas comunistas de China y Cuba, expresa un disgusto por la rigidez ideológica de Mercosur y aplaude el libre comercio. Tanto es su compromiso de obtener una posición privilegiada con la potencia hegemónica que trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, incrementó las sanciones a Venezuela, y Bolsonaro hizo su primera visita de Estado a Washington. Incluso, como símbolo de fraternidad, designó a su hijo Eduardo como embajador de Brasil en Estados Unidos.

La política exterior de Brasil indudablemente causará un reacomodo en el escenario regional y tendrá resonancia a nivel mundial.

Siendo la novena economía del mundo y la primera en Latinoamérica, la política exterior de Brasil indudablemente causará un reacomodo en el escenario regional y tendrá resonancia a nivel mundial. El gobierno bolsonarista se integra a este grupo de populistas de extrema derecha que prometen regresarle el poder al pueblo y restablecer la soberanía nacional. Se convertirá en un aliado estratégico de Estados Unidos para contrarrestar la presencia de China y Rusia en la región. Desde principios del siglo XXI, cuando China comenzó a comprar materia prima en Latinoamérica, ningún país había retado al gigante asiático como Bolsonaro. Tendrá que ser cauteloso con sus declaraciones, ya que el 22% de todas las exportaciones brasileñas tienen como destino a China.

En relación a la crisis de Venezuela, Brasil apoya la iniciativa impulsada por Washington de intervenir y derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, por mucho que Brasil intenta evitar que Venezuela se convierta en una nueva Cuba, el desorden interno político que hay dentro de la oposición venezolana, podría resultar desestabilizador para toda la región. De igual manera, será importante valorar su cobijamiento con Estados Unidos, ya que las elecciones presidenciales se llevaran a cabo en 2020, y si llega a perder Trump, quedaría desamparado ante otras potencias mundiales.

Conclusión

La actual coyuntura que se presenta en el orden internacional les ofrece a países emergentes una oportunidad de convertirse en actores con mayor margen de acción. Si bien es cierto que las potencias emergentes no podrán dominar el orden mundial por sí mismas, tienen el potencial de formar parte activa del nuevo ordenamiento internacional. En lugar de continuar en una situación de sumisión, países como Brasil y México pueden asumir un papel más activo en cuanto a la nueva interpretación y definición de lo que son las normas internacionales tradicionales. Incluso, podrían incorporarse a la toma de decisiones para reformar las reglas de las instituciones internacionales más pertinentes, como la posible reconfiguración del Consejo de Seguridad de la ONU.

Desafortunadamente, es improbable que estos dos líderes latinoamericanos logren aprovechar este reajuste geopolítico a su favor. México, al encontrarse sin una política exterior bien definida y de asilamiento, le impedirá colocarse dentro del futuro escenario mundial. Por su parte, la cercanía que Brasil adoptó con Estados Unidos lo compromete a funcionar como una mera sombra de una potencia dominante, imposibilitándolo a construir su propio camino en el sistema internacional. Sin duda, este vacío de liderazgo en Latinoamérica será ocupado por otras economías emergentes que valoran la trascendencia de este momento histórico mundial.

LILA ABED es maestra en Estudios Latinoamericanos, con especialidad en Gobierno, por la Georgetown University. Es licenciada en Relaciones Internacionales, Estudios Hispanoamericanos y Chinos por el Boston College. Trabajó en varias instituciones del gobierno federal mexicano y fue candidata a diputada local. Actualmente, es asesora de política pública para Latinoamérica en una firma de abogados internacional en Washington. Sígala en Twitter en @lilaabed.

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One Response to El mundo al revés

  1. Antonio Zhar dice:

    Me encanta esta revista, sin embargo, no creo que se deban permitir estás situaciones, la primer mitad del artículo me parece un parafraseo del artículo: Equilibrio de poder una mirada desde la teoría crítica.

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