Transparencia durante el covid-19

6 mayo, 2020 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 5435

Tres ejemplos desde América Latina y el Caribe

Tomada de la cuenta de Twitter @FundacionIMSS

Alejandro Baron

El filósofo y estadístico Nassim Taleb abrió recientemente un ácido debate a nivel mundial al argumentar que el covid-19 no era un cisne negro, es decir, un acontecimiento muy improbable y de difícil predicción, sino que teníamos que haber estado preparados. Sea como fuere, lo importante ahora no es llorar sobre la leche derramada, sino luchar contra los efectos devastadores del virus. Precisamente eso es lo que están haciendo la mayoría de los gobiernos en América Latina y el Caribe: centrarse en gestionar la infección y movilizar material sanitario. En paralelo, muchos de los países latinoamericanos han decretado alguna restricción a los derechos fundamentales de movilidad y congregación para salvaguardar a la población.

Este paro cardíaco de la vida pública tal y como la conocíamos hasta ahora está teniendo efectos devastadores en un segundo sentido: una caída drástica de la actividad económica. Como ha señalado la economista Carmen Reinhardt, “esta vez es realmente diferente”, en alusión a los vaticinios que se cumplieron en la anterior crisis y ahora amenazan con superarse. Para contrarrestar este impacto, algunos gobiernos latinoamericanos, como Argentina o Brasil, han avanzado paquetes de estímulos fiscales y financieros. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también han anunciado que tendrían abiertas líneas de financiación específicas.

La transparencia es fundamental para la gestión de ambos aspectos. Los ciudadanos tienen demandas de información legítimas acerca de la capacidad hospitalaria o las distribuciones de material. También necesitan saber qué prestaciones pueden solicitar para paliar la pérdida de su empleo o la caída en los ingresos de su empresa. Sin embargo, muchos ciudadanos no entienden la lentitud de los Estados a la hora de responder a la pandemia y proveer información sobre la misma, al estar acostumbrados a la inmediatez de internet y, en especial, las interacciones en aplicaciones como Twitter, WhatsApp, Telegram o TikTok. El desencanto con la democracia sobre la que han escrito en los últimos meses autores tan diferentes como Adam Przeworski o Larry Diamond no solo se puede circunscribir a la incapacidad de los Estados de asegurar las expectativas de bienestar de sus ciudadanos, sino que también se debe al anquilosamiento de instituciones públicas poco responsivas que en muchos casos puede llegar incluso a dificultarnos la vida. Tenemos poca paciencia y, a veces, con razón.

La alta persistencia de la corrupción y la opacidad entroncan directamente con este desencanto, y las situaciones de emergencia no son el mejor momento para sacar pecho. Cuando la necesidad apremia, las garantías para asignar contratos de compras de material o servicios públicos son susceptibles de relajarse, se pueden preferir determinadas importaciones sobre otras, o tal o cual allegado del poder de turno puede encontrarse con un jugoso contrato entre manos para cubrir un servicio público. Como han recordado los especialistas del BID Roberto de Michele y Juan Cruz Vieyra, no se trata de montos menores: hasta 16% de la ayuda de emergencia canalizada para luchar contra el huracán Katrina se desvió en corrupción. No es de extrañar que doce capítulos latinoamericanos de Transparencia Internacional hayan alertado en marzo de 2020 que los riesgos de corrupción en estos momentos son altos.

La respuesta de los gobiernos en América Latina y el Caribe ha sido desigual. Aunque algunos países de la región han relegado la transparencia y gestión de la información a una posición accesoria en su escala de prioridades, otros han seguido la estela de países asiáticos como Corea del Sur y Taiwán y pueden servir como ejemplo tanto para otros países en Latinoamérica como para gobernantes del Norte global. Por ejemplo, los casos de Paraguay, Colombia y Brasil (a nivel subnacional) evidencian cómo soluciones fáciles y de bajo coste pueden tener un alto impacto en materia de transparencia.

Cuando la necesidad apremia, las garantías para asignar contratos de compras de material o servicios públicos son susceptibles de relajarse.

Paraguay ha hecho de la necesidad virtud, utilizando los sistemas de información ya existentes para proveer datos a la ciudadanía. Todo lo que bien acaba suele empezar bien: el Decreto de Emergencia promulgado el 26 de marzo de 2020 ya incluía expresamente la obligación de seguir principios de transparencia y eficiencia en la contratación pública. También se obliga a supeditar cualquier gestión de recursos ejecutados durante el estado de emergencia a los estándares de transparencia y rendición de cuentas que el Equipo Nacional de Integridad y Transparencia venía coordinando de modo horizontal con diferentes ministerios y agencias. Además, el gobierno ha presentado un módulo en internet para visualizar y fiscalizar información sobre líneas de emergencia sanitaria, subsidios y contratos relacionados con la pandemia en un formato fácil e intuitivo aprovechando la estructura de MapaInversiones, la plataforma de transparencia sobre inversión pública ya existente en el país, todo ello a coste mínimo.

Colombia es otro caso a seguir. El organismo de compras públicas central, Colombia Compra Eficiente, ha publicado una guía sobre cómo contratar con transparencia durante el covid-19, en cumplimiento del decreto de emergencia promulgado en marzo de 2020. Además, algunas entidades del Estado, especialmente aquéllas encargadas de controlar la corrupción como la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría han lanzado el programa Transparencia para la Emergencia y ha avisado a los operadores de mercado que vigilarán las plataformas de compras públicas y transparencia para detectar gastos excesivos o desvíos de fondos. El que avisa no es traidor: una revisión de más de 8000 contratos ya suscritos por alcaldías y gobernaciones en las primeras semanas de la pandemia ha permitido descubrir sobrecostos que superan un 10% del monto total. Y este es solo el inicio.

En cuanto a Brasil, la posición de Jair Bolsonaro minimizando en público los efectos de la pandemia contrasta con la política seguida por algunos estados. Ante las necesidades de atender a las poblaciones locales en un país-continente y las desavenencias de muchos gobernadores estatales con el gobierno federal, los propios estados han tomado las riendas del problema y están ofreciendo datos, máxime cuando financian una parte importante del gasto en atención sanitaria. El vistoso mapa interactivo creado por la organización no gubernamental Open Knowledge Brasil refleja que estados como Pernambuco, Ceará y Espírito Santo liberan ingente información sobre la infección y capacidad hospitalaria, a diferencia de otros como Río de Janeiro, São Paulo o Minas Gerais. Es de esperar que esta competencia ayude a elevar el nivel de transparencia general (a pesar de las enormes diferencias entre estados), y no a abrir batallas políticas estériles.

Otros países de la región latinoamericana también están poniendo todo de su parte para luchar contra la pandemia del modo más eficaz y transparente posible. En este momento, es difícil culpar a un gobierno por centrarse en salvar vidas. Con todo, nunca es mal momento para recordar que la transparencia es un buen negocio: a tenor de lo que apuntan recientes estudios, puede ayudar a reducir sobrecostos e ineficiencias de manera muy significativa. Como reza el lema de la Real Academia de la Lengua, la transparencia “limpia, fija y da esplendor” a la acción de los gobiernos, especialmente en momentos tan difíciles como este.

ALEJANDRO BARON es doctorando en Economía Política Internacional en la Johns Hopkins University (SAIS). Se especializa en temas de transparencia y lucha anticorrupción. Sígalo en Twitter en @abarongg.

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One Response to Transparencia durante el covid-19

  1. […] versión latina de la revista Foreign Affairs, en su última publicación, comenta sobre el uso de la transparencia en algunos países […]

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