Tan cerca y tan lejos: México y Brasil, a la vuelta de la esquina

1 abril, 2014 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 3763

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Abril 2014

MATERIAL ORIGINAL DE FOREIGN AFFAIRS LATINOAMÉRICA Volumen 14 Número 1

¿Por qué hablar tanto de México y de Brasil? ¿Qué tienen estas dos economías que nos llevan continuamente a compararlas? Durante décadas, Brasil y México han sido consideradas las economías líderes en Latinoamérica. Líderes en tamaño, en producción, en políticas públicas. Líderes, tal vez, en el impacto que tienen sobre otras economías.

En la década pasada, Brasil era el camino a seguir. El mundo volteaba sus ojos hacia Brasil, que acaparaba la inversión hacia Latinoamérica y que nos mostraba cómo tenían que ser las reformas energéticas. Era el ejemplo de cómo podían ser exitosas las políticas públicas proteccionistas. Ya no vemos a Brasil así. Hoy, vemos a un Brasil que crece lentamente, que empieza a destruir los beneficios que le había otorgado su reforma energética, que se ha convertido en víctima del gasto superfluo, de la corrupción, de los malos servicios. ¿Qué ha pasado en Brasil para que haya cambiado tanto la percepción que se tiene de este país?

Por otro lado, está México, que en años recientes se ha visto como un país plagado de violencia, y aunque ha mostrado estabilidad macroeconómica, esta no se ha reflejado en el bienestar de los mexicanos. A finales de 2012, el gobierno de México cambió y regresó a manos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de 12 años de gobierno del Partido Acción Nacional (PAN). Un día después de que Enrique Peña Nieto tomara posesión de su cargo, la nueva administración mostró preparación y capacidad para lograr acuerdos. Un ejemplo fue la firma del Pacto por México, un acuerdo suscrito por los líderes de los principales partidos políticos, en el que se comprometen a impulsar reformas legislativas y acciones políticas que amplíen la libertad y fomenten el crecimiento del país.

Aunque hubieran transcurrido solo unos pocos días del nuevo gobierno, tal vez este inicio ordenado ayudó a cambiar la percepción que se tenía de México en la arena internacional. No obstante, si a principios de 2013 se esperaba un crecimiento del PIB de alrededor de 3.8 %, esas expectativas se han ido ajustando a la baja hasta llegar a 1.2% en noviembre. ¿Qué ha pasado en México para que haya cambiado tanto la percepción que se tiene de este país?

4Corners

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BRASIL: ENTRE GOLES Y MEDALLAS

Ser el anfitrión del campeonato mundial de futbol y de los juegos olímpicos es popular entre los votantes: parece que no están conscientes de que ellos pagarán la fiesta. Probablemente esperan que se recupere su inversión con el turismo, aunque es raro que esto suceda. La economía brasileña se aceleró durante el gobierno de Luiz Ignácio Lula da Silva a principios de la década de 2000, y alcanzó un crecimiento de 7.5% en 2010. El optimismo aumentó cuando Brasil fue designado sede del mundial de futbol de 2014 y de los juegos olímpicos de 2016. Sin embargo, algo pasó: en 2012, el PIB brasileño creció únicamente un 0.9%.

Brasil tiene serios problemas que atender, no únicamente para recibir estos eventos, sino para poder crecer a un mayor ritmo y atender las demandas de su población. Las protestas de junio de 2013, inicialmente en contra de un alza en los precios del transporte, derivaron en un reclamo mayor hacia el gobierno. Se tornaron protestas hacia el gasto enorme que tendrán estos juegos, el despilfarro del gobierno y los malos servicios.

Actualmente, la infraestructura de Brasil dista de ser buena. Solo el 14% de sus caminos están pavimentados. De acuerdo con el índice de calidad de infraestructura publicado por el Foro Económico Mundial, Brasil se encuentra en el lugar 104 de una lista de 142 países. El gasto que este país tendrá que hacer para estar listo para el mundial y para las olimpiadas es enorme.

Si bien aprovechará las sinergias de hacer estos eventos con una diferencia de solo 2 años, según datos del periódico mexicano El Economista, se estima que gastará alrededor de 18 000 millones de dólares para el mundial, y más 15 000 millones de dólares para los juegos olímpicos. Brasil estima que estos gastos se compensarán por los beneficios que traerán en cuanto a creación de empleos, inversión, infraestructura y turismo.   Eso está por verse.

AP

El gasto enorme que dedicará Brasil a estos eventos deportivos no es el único problema. Brasil está viviendo las consecuencias de haber sido considerada una economía brillante en años recientes: la entrada de capital ocasiona una apreciación de la moneda; esta apreciación infla el PIB al transformarlo a dólares y provoca que la economía parezca más rica de lo que realmente es. Sin embargo, la economía se vuelve más cara en detrimento de sus exportaciones.

Además, Brasil tiene uno de los gobiernos más caros. De acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2010, su gasto público representó un 43.5% del PIB, superior al de todos los países latinoamericanos, con la excepción de Cuba. Solo en pensiones, Brasil gasta 13 puntos del PIB, más que la mayoría de los países del G7, tal y como lo demuestra Joe Leahy en el Financial Times, y el triple de lo que dedica la región en su conjunto. Brasil tiene un problema importante en este tema. El sistema de pensiones brasileño es uno de los más generosos del mundo. Si consideramos la estructura poblacional de Brasil, solo hay diez personas mayores de 65 años por cada cien habitantes de entre 15 y 64 años. Brasil es un país joven. De acuerdo con un informe de BNAmericas de julio de 2013, las normas del sistema brasileño son tan laxas que permiten a los hombres jubilarse a los 53 años y a las mujeres a los 48. Brasil gasta el 3% de su PIB en mantener las pensiones de los beneficiarios de los asegurados en caso de muerte. El resto de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) no gasta más del 1% de su PIB en este rubro. No es de extrañar que este esquema muestre un déficit creciente y ocasione una presión cada vez mayor para las cuentas públicas de la economía. Con estas cifras, es claro que Brasil necesita una reforma en el sistema de pensiones, pero no es claro que pueda llevarlas a cabo dadas las condiciones sociales actuales.

El gobierno brasileño padece una enorme burocracia. De acuerdo con la última edición de Doing Business del Banco Mundial, Brasil ocupa el lugar 116 de 184 en la facilidad de hacer negocios. (México ocupa el lugar 53.) Subió unos peldaños, pues en el informe anterior ocupaba el lugar 130. Este exceso de regulación e ineficiencia frena a Brasil. En este país, no solo hay muchas secretarías (Brasil tiene 39 secretarías), sino muchos burócratas de alto nivel. El costo también es alto.

Por otro lado, Brasil comparte con México un problema de desigualdad y de pobreza. Los coeficientes de Gini para ambas naciones han disminuido en años recientes, y de acuerdo con este índice, la distribución del ingreso es ligeramente mejor en México. Brasil tiene un Gini de 51.9 y México de 48.3. (El coeficiente de Gini mide la distribución del ingreso entre 0 y 100: a mayor índice, peor distribución.) La distribución del ingreso es un problema serio y difícil de atacar. La pobreza no se queda atrás. El gobierno de Lula fue reconocido por haber sacado de la pobreza a 25 millones de personas gracias a Bolsa Família, un programa de transferencias condicionadas (adaptado del sistema mexicano Oportunidades), que cubre a 13 millones de personas y cuyo costo rebasa los 8500 millones de dólares. Bolsa Família se convirtió en la referencia socialdemócrata del gobierno de Lula, y su éxito no es menor. Sin embargo, se estima que el 21.4% de la población total de Brasil (su población es de 201 009 622 personas) aún se encuentra por debajo de la línea de pobreza.

Brazil Property Group Management

En 1997, durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, se reformó la industria petrolera: se permitió la participación de capital privado, nacional y extranjero, en la exploración, explotación y refinación de hidrocarburos en Brasil, y Petrobras empezó a cotizar en la Bolsa de Nueva York. Petrobras sigue siendo la empresa dominante, pero ha mejorado su eficiencia. Esta reforma permitió que en 2010 se descubriera un importante yacimiento, Presal. El yacimiento de Presal tiene reservas de petróleo de aproximadamente 1500 metros cuadrados, pero es muy profundo. A partir de este descubrimiento, el gobierno decidió cambiar la estrategia petrolera, y ahora Petrobras es el operador exclusivo de los nuevos yacimientos, aunque podrá asociarse con terceros. El 21 de octubre de 2013, Brasil lanzó la licitación para explotar el área. Llama la atención que las grandes petroleras ―como British Petroleum, Exxon o Chevron― decidieran no participar. Algunos analistas aseguran que esto se debió a la alta proporción de beneficios que exige el gobierno brasileño. Para desarrollar Presal, se requieren mínimo 200 000 millones de dólares. Es un proyecto de largo plazo. Quien gane la licitación tendrá que pagarle al gobierno brasileño, por adelantado, una prima de 5000 millones de dólares.

No es de extrañar que haya habido protestas. Tampoco lo será que la presidenta Dilma Rousseff enfrente obstáculos para llevar a cabo las reformas necesarias. El crecimiento sostenido en Brasil siempre está a la vuelta de la esquina.

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MÉXICO: ENTRE TIGRES Y GATITOS

México se ha destacado en los últimos años por su estabilidad macroeconómica y por sus finanzas públicas balanceadas. Si pensamos en el México de los ochenta ―con devaluaciones, alto déficit público, alta inflación― y en el México de hoy ―con tipo de cambio flexible y estable, finanzas públicas sanas e inflación de un dígito―, podemos ver que mucho ha cambiado. Algo bien ha hecho México para movernos a la estabilidad macroeconómica que tenemos actualmente. La queja es otra: ¿cuándo se traducirá esta salud macroeconómica en mejoras en el bienestar de la población?

El inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto a finales de 2012 cambió el ánimo ―de un profundo pesimismo a un optimismo moderado― de que México podría empezar finalmente a crecer de forma sostenida. Así, empezó a percibirse como un país digno de recibir mayor inversión extranjera. Incluso el Financial Times llamó a México “el Tigre Azteca”. México ya no estaba bajo la sombra de Brasil, y los inversionistas foráneos empezaron a notarlo.

Tal vez este optimismo haya sido ocasionado, en parte, por el Pacto por México, que produjo en sus inicios una reforma educativa y una reforma en el sector de telecomunicaciones: la primera, una reforma indispensable para mejorar la calidad de la educación de los mexicanos, y la segunda, necesaria para incrementar la competencia en el sector. Otras tres reformas importantes —la financiera, la fiscal y la energética— siguen en discusión en el Congreso, aunque no es claro que estas reformas sigan bajo el paraguas del Pacto por México.

En este entorno optimista, México empezó a recibir importantes flujos de capital. Había que tomar en cuenta la lección de Brasil e impedir que la moneda mexicana se apreciara revirtiendo este flujo de inversión. México es un país atractivo, sobre todo en ciertas industrias, como la automotriz, y se ha convertido en un hub en el que las empresas automotrices pueden exportar tanto a Estados Unidos como al resto del mundo. Por ejemplo, Volkswagen fabrica todos sus Beetles y Jettas en Puebla, México. De acuerdo con The Economist, de los 2.6 millones de coches producidos en México en 2011, 2.1 se exportaron. En Brasil, antes una potencia automotriz, se produjeron 3.4 millones de coches, de los cuales solo se exportaron 540 000. Brasil está siguiendo una política proteccionista con la idea de aumentar la demanda interna. Sus importaciones de coches han aumentado, en parte debido a la apreciación del real, pero Brasil está poniendo aranceles de hasta 30% a estas importaciones. México y Brasil han adoptado políticas distintas. La apertura de México hizo que la industria se volviera altamente competitiva (no sin costos). La protección a la industria en Brasil ha disminuido su eficiencia.

A pesar del optimismo de principios de 2013, nunca dejó de reconocerse que México tenía mucho por hacer. Tenía que invertir en infraestructura, mejorar la educación, mejorar la recaudación, hacer eficiente el uso de los recursos públicos. En cuanto a infraestructura, únicamente el 40% de los caminos de México están pavimentados: el gobierno tendría que gastar más y mejor en carreteras, puertos, aeropuertos que permitan una mejor conectividad dentro del país y hacia afuera. El 14.2% de los bienes manufacturados importados en Estados Unidos proviene de su vecino del sur. Si México quiere incrementar esta participación, tendrá que mejorar su infraestructura. Por otro lado, México, que ha sido tradicionalmente un país atractivo para el turismo, recientemente dejó de estar entre los diez principales destinos turísticos, tal vez por el incremento de la violencia. Para recuperar su atractivo, tiene que ponerse trabajar. (Vale la pena mencionar que el índice delictivo es menor en México que en Brasil.)

Asimismo, la pobreza y la distribución del ingreso son problemas aquejan a México. Brasil y México son países ricos, y ambos están entre las principales economías del mundo. No obstante, son economías ricas, con problemas de pobreza y de desigualdad. Es importante tener esto claro para poder pensar en fórmulas para atacar la pobreza y la desigualdad de distinta manera que si se tratara de economías pobres.

Notimex

En 2002, México inició un programa integral de combate a la pobreza, Oportunidades. Este programa tiene como objetivo contribuir a la ruptura del ciclo intergeneracional de la pobreza y favorecer el desarrollo de las capacidades de los beneficiarios. Lo relevante de Oportunidades es que las familias participantes son corresponsables de su desarrollo y se pretende dejar de lado el enfoque asistencialista de programas anteriores. El programa consiste en dar transferencias monetarias (también becas y suplementos nutricionales) a las familias, condicionadas a que los niños asistan a la escuela y a las unidades de salud. Existe un sistema de selección basado en las características socioeconómicas de la familia. La metodología de selección es clara, homogénea y objetiva. Los fondos se otorgan directamente a las madres de familia, porque se entiende que es mejor asignarles a ellas los recursos. Las becas escolares que comprende el programa son mayores para las mujeres en edad escolar, con la idea de disminuir la deserción, que es mayor entre las mujeres. Participan en Oportunidades 6.5 millones de familias y el costo es superior a los 5000 millones de dólares. Prácticamente, uno de cada tres mexicanos es beneficiario de este programa.

Oportunidades ha sido un programa exitoso y se ha vuelto modelo para otros programas de transferencias, como el brasileño y otros latinoamericanos, africanos y asiáticos. Las evaluaciones externas han demostrado mejoras en la salud, en la inserción escolar, en la nutrición y en los salarios posteriores de los jóvenes que fueron beneficiarios. Sin embargo como todo programa de transferencias, tiene problemas que tendrán que resolverse.

Si bien estos programas ayudan a combatir una parte del problema, no necesariamente combaten el otro. Tanto en México como en Brasil, el índice de Gini ha disminuido, pero el problema de la pobreza continúa. Sin duda, la forma más efectiva de mejorar la distribución del ingreso es la educación. No basta con más escuelas, con más profesores, ni siquiera con más alumnos. Se debe mejorar la calidad en la educación. El desempeño de los estudiantes de ambas economías medido a través de la prueba pisa se encuentra significativamente debajo de la media de los países miembros de la OCDE. Si no hay mejoras sustanciales en la calidad educativa, la movilidad social estará limitada y la distribución del ingreso tendrá mayores obstáculos para mejorar.

En febrero de 2013, el Congreso mexicano aprobó una reforma educativa. En esta reforma se permite la evaluación de los maestros y se someten las plazas a concurso; por esta razón, la reforma se ha enfrentado a la oposición por parte de un grupo de maestros, principalmente de Guerrero y de Oaxaca, que no quieren ser evaluados. No obstante, la propuesta no toca el currículo educativo ni cambia la forma de enseñar. Más que una reforma educativa, parece una reforma laboral en el sector educativo. Sin pretender minimizar la reforma, sí es necesario acotar su alcance: por algún lado se tenía que empezar. Habrá que ver si, en el mediano plazo, esta reforma tiene algún impacto sobre la calidad en la educación de los mexicanos, que es lo que se pretendía mejorar. Si esto no mejora, no podemos esperar un avance sustancial en la productividad.

Agence France-Presse Getty Images / Ari Versiani

Actualmente, se encuentran en discusión en el Congreso otras dos reformas fundamentales: la energética y la fiscal. La reforma energética se vislumbra como la más importante en este sector en muchos años. También se discute la reforma fiscal, que ha cambiado considerablemente desde que fue propuesta. Ambas han estado sujetas a intensas negociaciones políticas. Es poco probable que se sigan discutiendo en el marco del Pacto por México. Si fuera así, habría una sola propuesta. Únicamente en la reforma energética hay tres propuestas: cada una corresponde a cada uno de los tres principales partidos políticos. Posiblemente esto sea señal de que el Pacto se firmó con las cúpulas de los partidos y no con los legisladores, quienes finalmente hacen las leyes. En el tema de la reforma energética, la propuesta del PRI consiste en otorgar contratos a firmas privadas, nacionales o extranjeras, que competirían en los mismos términos que PEMEX. Se pretende mejorar la transparencia y la rendición de cuentas de la paraestatal y disminuir su carga fiscal. Es un paso que debe darse, sin duda. En México, se cree que el petróleo corre por nuestras venas, y cualquier cosa que lo toque se considera casi un sacrilegio. No obstante, se tiene que cambiar la forma como opera actualmente, que no le permite invertir ni crecer.

En este sentido, el PAN propone una apertura mayor en PEMEX, que incluye concesiones en lugar de solo contratos. En la propuesta del PRI, ningún privado “tocaría” el petróleo; en la propuesta del PAN, sí. No podemos pensar que la reforma hará que PEMEX se convierta en una empresa eficiente en condiciones para competir con cualquier compañía privada. Tendrían que hacerse cambios previos para hacerla competitiva. Es una reforma necesaria, pero no es una varita mágica. La reforma sigue en discusión y parece ser que, aparte del contenido en sí, será una negociación entre partidos, una reforma a cambio de otra, ya que ningún partido tiene mayoría en el Congreso. En todos los lugares del mundo, la clase política negocia: es una característica inherente al sistema. Sin embargo, si la negociación es lo único que se toma en cuenta y se deja de pensar en los cambios que realmente necesita el sector, el resultado sería lamentable.

En temas energéticos, pero no petroleros, la reforma ofrece mejores opciones. De entrada, se permite al sector privado la generación de electricidad. Actualmente, se permite parcialmente, pero las condiciones en las que se autoriza son tan restrictivas que el sector no ha despegado.

NotiMéxico

Sobre la reforma fiscal, no hay mucho que decir. Tal como está propuesta, ocasionará tantas distorsiones e incentivos perversos que habrá que ver si sus anunciados beneficios los contrarrestarán. La perspectiva de crecimiento del PIB para México para 2013 ha disminuido. Hay muchas razones para explicarlo: la recuperación estadounidense no ha sido tan rápida como se esperaba, ha habido restricciones fiscales, el gasto del gobierno autorizado para 2013 no se ha utilizado y la producción petrolera ha disminuido. Algunos analistas han estimado que, de aprobarse la reforma fiscal, podrían tener un impacto en el PIB de hasta 2.5%.

México tiene que aprender las lecciones de Brasil, ahora que es un país más interesante para la inversión. El Financial Times ha dicho que si México quiere seguir siendo el tigre azteca, tendrá que ponerle más rayas. El optimismo no debe disminuir, pero no podemos depender solo de él para crecer.

México tiene que aprovechar el momento. Tiene que aprovechar las reformas, pero no pensar que son la única receta para crecer. Tiene que aprovechar la ventaja que le ha dado el incremento salarial en China y las medidas proteccionistas de Brasil, y debe mejorar su productividad. No podemos seguir esperando al gobierno. Brasil dejó escapar una oportunidad para entrar en una senda de crecimiento. Aprendamos de sus errores. No podemos dejar que el crecimiento se quede a la vuelta de la esquina.

VALERIA MOY es profesora y economista egresada del ITAM, con posgrado en la London School of Economics and Political Science. Ha trabajado en el sector público y el privado como tesorera en Grupo Nacional Provincial, la compañía de seguros más grande de México. Recientemente, se integró a la Universidad de Harvard, en la Escuela de Negocios, como investigadora sénior. Sígala en Twitter en @ValeriaMoy.

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One Response to Tan cerca y tan lejos: México y Brasil, a la vuelta de la esquina

  1. Alfonso Salcedo Capetillo dice:

    Excelente Valeria coincido contigo, pero seria posible que escribieras un artículo donde les describas a los políticos y secretarios del gobierno actual como lograr una administración de las finanzas públicas para no llegar al escenario de una debacle económica como la que mencionaste en el programa de Leo(La Hora de Opinar).
    Un simulador donde se observen las diferentes variables que influyen en los mejores resultados para lograr un México estable desde el punto de vista económico.
    Gracias por tu participación e involucra miento desde tu trinchera para lograr un País mejor.
    felicidades.

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