Repensando a Cuba y su cambio de estrategias

17 marzo, 2016 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1831

Reuters

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Marzo 2016

En 1928 el presidente Calvin Coolidge visitó Cuba a bordo de un buque de guerra, convirtiéndose en el primer y único presidente en funciones en visitar la isla caribeña. La relación entre Cuba y Estados Unidos, si bien ha tenido una complejidad propia a través del tiempo, no se ha caracterizado particularmente por el número de viajes oficiales que los mandatarios de ambos países han hecho entre ellos. Parece que la relación se ha construido con base en ausencias y en muchas imágenes que, como dice el escritor y ensayista cubano José Lezama con su famosa frase: “La imagen es la realidad del mundo invisble”, nos dice mucho sobre el escenario que han construido lleno de paradojas. Se trata de una curiosa contradicción para dos vecinos separados por 145 kilómetros y 88 años, como si ambos fueran invisibles.

La anunciada visita del presidente Barack Obama a Cuba en marzo de 2016, junto con la posibilidad de ir a otros países latinoamericanos, se enmarca en la culminación —más simbólica que sustancial— de un proceso de acercamiento diplomático entre el régimen castrista y el gobierno estadounidense. Para Obama esta no es solo una visita necesaria para cerrar con broche de oro el acercamiento con Cuba, sino que también se relaciona con el tema de la desarticulación de la prisión de Guantánamo, un tema que ya había considerado desde su campaña electoral. Sin embargo, aún no se plantea el regreso de la bahía al gobierno cubano, con lo que Estados Unidos mantiene así una de sus bases militares más importantes por su ubicación geoestratégica en el Caribe Occidental.

Las reformas del gobierno cubano en materia principalmente económica han sido muy progresivas y limitadas. En este sentido, pese a que los acuerdos comerciales entre Cuba y Estados Unidos son incipientes, representan un avance en aspectos significativos, principalmente en acuerdos “técnicos” en relación a las personas (vuelos comerciales, transacciones bancarias, el fin de las restricciones de viaje, entre otros). No obstante, son estos compromisos, más allá de la diplomacia pública y de los simbolismos, los que alimentan realmente el acercamiento. Las negociaciones técnicas suelen ser el sustrato de las relaciones a largo plazo y no sólo los discursos.

Pese a que hablar de la “normalización” de las relaciones entre ambas naciones resulta tentador, vale la pena reflexionar si en verdad se trata del mismo escenario al que vio el alejamiento previo a la Guerra Fría. No sólo se trata de pensar en la propia situación de la isla, sino también en el contexto que la rodea. Debemos comprender qué es lo que posibilitó el acercamiento y cuánto del trasfondo latinoamericano de los últimos años tiene injerencia. ¿Cómo es que los vecinos invisibles de pronto se vuelven visibles, y qué hay de los otros que ahí han estado?

Época de acercamiento

En primer lugar, habría que considerar que la visita del presidente Obama se da en el marco del comienzo de los preparativos para la salida de Raúl Castro prevista por el régimen hacia 2018. Uno de los nombres señalados para suceder a los Castro es Miguel Díaz-Canel Bermudez, hombre cercano al actual presidente que llevará a sus espaldas el complicado papel de equilibrar y de avanzar en el proceso de negociación con quien gane las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Además, deberá de mantener la cordialidad y algunos otros compromisos sustanciales —no sólo ideológicos— con las naciones latinoamericanas, en especial en el marco de la salida de diversos gobiernos de izquierda.

La relación entre los países latinoamericanos y Estados Unidos siempre ha sido un tema sensible, particularmente para los primeros. No obstante, durante la era Obama la importancia geopolítica de la región no fue un aspecto estratégico para su política exterior. Basta revisar la lista de los asuntos preferentes para el gobierno estadounidense en turno para ver que Latinoamérica y el Caribe no figuran como un tema prioritario. Sin embargo, no podemos confundir a la región con el tema de Cuba, pues este tiene otro tenor para el gobierno de Obama.

Las relaciones de Cuba con los países latinoamericanos en los últimos diez años se han basado en una serie de correlaciones geopolíticas que están pasando por su prueba más difícil. Esta correspondencia de fuerzas se estableció inicialmente más por una serie de afinidades ideológicas y por empatía con la causa cubana que por un proyecto común. Sin embargo, no hay que perder de vista que las redes y las estructuras que con el tiempo se crearon tienen aspectos sumamente interesantes como son los ejes de producción, distribución y venta de energéticos en la región.

¿El ocaso de los aliados?

AFP / Getty Images

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De los esquemas políticos y económicos que Cuba sostiene con la región, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) es posiblemente el que se ve más afectado. Esto se debe no sólo por la decisión del gobierno cubano de restablecer sus relaciones diplomáticas y económicas con Estados Unidos, sino porque los países miembro están atravesando por una serie crisis económicas o por cambios políticos importantes derivados de elecciones presidenciales recientes.

Un ejemplo de esto es Venezuela, que se encuentra en una de las peores crisis que haya tenido, de índole tanto política como económica a raíz de las recientes medidas tomadas por el ejecutivo para mantener la economía a flote, así como por el arribo de la oposición al Congreso. Esta situación ha tenido un impacto en la relación entre el gobierno cubano y el venezolano que, desde la creación de la ALBA en 2004, ha tenido implicaciones y áreas de trabajo conjunto importantes, como en el sector educativo y en el de la salud.

No obstante, hay que recordar que uno de los principales pilares reales de esta estrecha relación tiene que ver con la cooperación en materia de energéticos: Petróleos de Venezuela envía a La Habana un aproximado de 115 000 barriles de petróleo diarios en condiciones de financiamiento preferenciales, además de tener derechos de explotación sobre la Zona Económica Exclusiva cubana en el Golfo de México. Este aspecto es importante porque el gobierno de la isla caribeña ha señalado que, de obtener inversores, su potencial de producción podría ser de 20 000 millones de barriles de petróleo diarios, aunque el Servicio Geológico de Estados Unidos ha rebajado la estimación a entre 5000 millones y 7000 millones. Considerando las necesidades de consumo propias de Cuba, así como las de obtener ganancias de la comercialización, puede comprenderse por qué este es un momento decisivo para Cuba: es de vital importancia para el presidente Castro encontrar el mejor postor para la exploración y la producción petrolera, así como a las inversiones extranjeras.

En este entorno, resulta sumamente imprescindible analizar también los intereses de Moscú en torno al crudo cubano. No debe olvidarse que la petrolera rusa Zarubezhneft también tiene derechos de explotación en virtud de que Vladimir Putin le condonó a Cuba el 90% de su deuda con la Unión Soviética a cambio de estos derechos y de otras oportunidades de inversión en distintas áreas de la economía cubana.

A lo anterior debemos añadir también la situación por la que atraviesa Bolivia, otro de los países pilares del ALBA. Si bien es cierto que la economía boliviana ha tenido un desempeño económico extraordinario —sostiene un crecimiento promedio anual de 4.9% según el Banco Mundial—, el reciente plebiscito en el que Evo Morales perdió la oportunidad de reelegirse por cuarta ocasión explica también la decisión del gobierno cubano de redirigir sus esfuerzos para alcanzar nuevos aliados. Pese a que este parece ser un ejercicio saludable para la democracia boliviana, hay que reconocer que es un fuerte golpe para el eje del ALBA.

El resto de la región parece tener problemas similares. No es menor el caso de Ecuador, país que en 2016 tendrá un decrecimiento del 2% y se encuentra en una crisis fiscal que ha comenzado a golpear a la llamada Revolución Ciudadana. Brasil atraviesa también por una delicada situación económica y tiene graves problemas a raíz de las investigaciones por corrupción en Petrobras, por la organización del Mundial de Futbol 2014 y por otros escándalos que han colocado en el ojo del huracán a la presidenta Dilma Rousseff. Por su parte, Uruguay y Argentina, con los recientes cambios de mandatarios y de enfoques económicos y políticos, han dado un viraje en sus relaciones no sólo al interior de la región, sino con otros jugadores como los organismos y bancos internacionales.

Hacia el pragmatismo cubano

Presidencia Venezuela

Presidencia Venezuela

La lectura de La Habana sobre su futuro a corto y a mediano plazo evidentemente cruza por la recomposición de las fuerzas en Latinoamérica y en la economía global, así como por una valoración del lugar que puede ocupar Cuba en el mundo. No se puede decir que ante la salida de la izquierda latinoamericana el país quedé aislado o solitario nuevamente. Por el contrario, parece muy interesante el hecho de que el gobierno haya dado un giro completo a las políticas que venía teniendo en los últimos años. Si se piensa detenidamente, hace cinco años hubiera parecido impensable que las relaciones cubanoestadounidenses se dieran nuevamente. Se trata de un contexto en el que Cuba se mueve de manera muy diferente.

El tema de Cuba no es prioritario para Estados Unidos, no lo fue durante la era Obama ni en las campañas de 2016 más allá de las declaraciones de Ted Cruz y de Marco Rubio. Sin embargo, el proceso de consolidar las negociaciones para establecer relaciones diplomáticas y económicas se ha revestido de importancia. Es probable que lo que debería llamar más nuestra atención sean las estrategias del gobierno cubano para fortalecer una economía que ha subsistido con enormes esfuerzos y las medidas que considera como intereses estratégicos de La Habana dentro y fuera de la región, independiente de quien esté o no en el poder. ¿Acaso estamos a la puerta de un incipiente pragmatismo cubano hacia sus vecinos?

ISMENE ITHAÍ BRAS RUIZ Doctora en Filosofía y Maestra en Estudios en Relaciones Internacionales. Es profesora de la carrera de Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

 

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2 Responses to Repensando a Cuba y su cambio de estrategias

  1. Javier Aguilar Frías dice:

    Excelente análisis, me gusto mucho..

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