La Asamblea General y la fractura latinoamericana

24 octubre, 2016 • Entrevistas, Latinoamérica, Portada • Vistas: 2088

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Entrevista FAL a la embajadora Olga Pellicer Silva

avatarDefault Mario Rodríguez Heredia y Rebeca Juárez Arellano

 Octubre 2016

El debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas pasó revista a los principales temas que acontecen a nivel internacional. El mundo en general y Latinoamérica en particular atraviesan por momentos de gran resonancia y conocer las perspectivas de los expertos nos ayuda a descifrar estos procesos. Por ello, el equipo editorial de Foreign Affairs Latinoamérica entrevistó la embajadora Olga Pellicer, una de las principales autoridades en temas multilaterales, acerca de los principales debates y reflexiones que surgen tras este período anual de sesiones.

 

Foreign Affairs Latinoamérica¿Cuál es el legado de Ban Ki-moon al frente de la Secretaría General?

 Olga Pellicer —Hay que ser cuidadosos si vamos a evaluar al secretariado, sobre todo al determinar cuáles han de ser los criterios para evaluarlo. La función del secretario general es llevar a cabo lo que le piden los Estados miembros. De acuerdo al artículo 99 de la Carta de las Naciones Unidas, el secretario tiene cierto margen de maniobra porque puede llamar la atención del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General sobre temas que afecten la paz y la seguridad internacionales. Esto le da un campo de acción independiente. Porque al momento en que pone sobre la mesa un problema él influye sobre la agenda pero también puede hacer propuestas de mediación como el envío de una misión política.

Pero su principal tarea, una muy poco atractiva, es lograr que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tenga los presupuestos para llevar a cabo todo lo que le piden. El problema de las Naciones Unidas es que existe un gran desequilibrio entre lo que se espera y los recursos financieros que recibe para llevar a cabo su labor. La ONU no tiene un presupuesto muy grande y a veces lo que se espera de ella—que lleve la paz a diversos conflictos al mismo tiempo— resulta prácticamente imposible. Si se pierde de vista esa dimensión, se podrían hacer juicios apresurados sobre los pocos éxitos de las Organización en los últimos tiempos.

Si se hace un informe de gobierno que analice qué pasó desde la llegada de Ban Ki-moon hasta su partida, en términos de resolución de conflictos, ocurrió poco. Se puede hablar del Acuerdo sobre el Programa Nuclear de Irán como un éxito, ya que aunque las negociaciones no fueron en el seno de la ONU, sí fueron auspiciadas por el Consejo de Seguridad. Además de eso, pocos conflictos de gran calado han tenido un avance significativo durante los últimos tiempos.

La situación internacional es de enorme caos, de explosión y de conflictos inesperados. En ese cuadro de descomposición tan grande de la seguridad internacional, es muy difícil reconocer avances que se pueden adjudicar a Ban Ki-moon. No ha sido un Secretario que se distinga. Él tenía siempre que velar por la realidad financiera de la Organización.

FAL¿A quién le hubiese gustado ver como nuevo secretario general?

 OP —Hay una diferencia entre a quien me hubiese gustado y a  quien se puede elegir. Me hubiese gustado ver a una mujer al frente de la Secretaría. Ha llegado el momento. La ONU es una institución que ha desempeñado un papel importante en las propuestas en materia de género. Sería deseable que, siendo congruente con lo que ha auspiciado, le tocase el lugar a una mujer.

En la realidad, el secretario general es elegido a propuesta o a sugerencia del Consejo de Seguridad por la Asamblea General. Dentro del Consejo los que, evidentemente, deciden son los cinco miembros permanentes: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia. Es difícil ver a un secretario a quien abiertamente rechaza Rusia o Estados Unidos. Aunque aparentemente hay una mayor apertura en la elección, no hay ninguna trasparencia dentro de cuáles son los criterios que van a utilizar los cinco permanentes.

Dentro de las mujeres candidatas estaba la actual Directora de la Unesco [Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura], Irina Bokova, de nacionalidad búlgara. Las relaciones entre Bulgaria y Rusia se tienen que tomar en cuenta. ¿Estaría muy contenta Rusia con ese candidato? Probablemente no, y eso fue suficiente para sacarla de la lista. Al final, António Guterres resultó el más votado. Parece ser bastante respetado y tiene muy buena trayectoria dentro de la ONU, además de haber sido un buen primer ministro de Portugal.

En el caso de América Latina se presentaron dos candidatas. Lo cual fue un error de cálculo de la región latinoamericana. Nos habla de lo poco coordinada que está la región.

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FAL¿Cuál fue el legado de Barack Obama en el marco de la Asamblea General y de las Naciones Unidas?

 OP—Es un legado muy ambivalente, porque es un legado de 8 años que se inicia con una gran esperanza en el impacto positivo que el Presidente de Estados Unidos podría tener sobre la ONU. Empezó con propuestas audaces, como las que estableció en su famoso discurso en Praga sobre desarme nuclear. Por otro lado, su discurso en El Cairo fue un llamado al acercamiento entre países musulmanes y no musulmanes que tuvo, en su momento, un gran impacto. Logró algo muy importante con el acuerdo nuclear de Irán y en materia de cambio climático. Esto último lo enmarca muy bien el acercamiento sobre el tema entre China y Estados Unidos – los dos principales emisores de gases de efecto invernadero-como antecedente fundamental para el acuerdo de París en Diciembre pasado. Es un paso adelante sin el cual se estaría muy lejos de la meta. Hubo un cambio cualitativo con el entendimiento que tuvieron  estos dos países.

Pero en otros temas, el legado de Obama no es muy rico. En materia de desarme no solo no se avanzó, hubo retrocesos. Él habla de su herencia en materia de seguridad nuclear, sin embargo, lo anterior no es lo mismo que desarme. En materia de desarme, Obama no solamente no ha hecho nada, sino que aumentó el presupuesto para la modernización de los arsenales nucleares de Estados Unidos. El argumento que se daría para ello es que lo está haciendo Rusia. Entonces, se regresa a la idea de equilibro nuclear entre las dos grandes potencias, lo cual es peligroso.

El talón de Aquiles más serio para la herencia de Obama en política exterior es la situación en Siria. Porque esta es el foco principal de inestabilidad en el Medio Oriente —no es el único, desde luego, pero es el principal—. Se acusa, con o sin razón, a Obama, porque se duda  si este hizo todo lo suficiente para tratar de detener el deterioro de la situación. Aquí hay que tomar en cuenta que dentro de Estados Unidos hay una gran resistencia a mandar tropas al exterior. Entonces el conflicto de Siria tiene que solucionarse por medio de negociaciones entre las partes, lo cual es muy complicado. Esa negociación llevaba a un tema central que es la presencia y permanencia del presidente Bashar al Assad. Para Obama y muchos países occidentales, dialogar con al Assad era imposible. Sin embargo, sin esto era muy difícil pensar cuáles eran las partes que se sentaban sobre la mesa. Entonces ha sido una historia de encuentros y desencuentros entre Estados Unidos y Rusia sobre cómo tratar el problema de Siria, en particular la relación con al Assad. La relación con Rusia es el gran dilema de Estados Unidos para determinar cuánto pueden avanzar en la solución del problema de Siria que implica, a la vez, el avance o no del Estado Islámico. Es un conflicto en el que solo se llegará a una solución por la vía diplomática.

FALHablemos de los dos posibles sucesores de Obama, ¿cuáles son sus perspectivas?

 OP— Veo casi inevitable que, de ser electo Donald Trump, haya rompimiento con las líneas de Obama y seguramente desconocimiento de la importancia de la ONU. En el caso de Hillary Clinton, una vez en el poder, revisaría algunas de las decisiones importantes de Obama. Ella tiene que crear su propia legitimidad. Ser la continuidad de Obama en términos de economía quizá está bien porque no ha resultado mal. Pero en términos de política exterior es difícil hablar de continuidad. Es un momento histórico en el que grandes órdenes corren muchos riesgos.

Por otro lado, un ataque terrorista más serio en el territorio de Estados Unidos llevaría necesariamente a un nuevo enfoque en torno a cómo tratar el problema del radicalismo islámico, que se ve como la cuna del terrorismo. Creo que obligaría a un escalamiento de la acción militar, incluido envío de tropas.

Otro tema importante  del cual se discutió mucho en el primer debate presidencial es el del comercio. Obama fue un partidario del libre comercio. Lo usó de manera estratégica—uno de sus objetivo fue aislar a China—. Ha habido un cambio marcado en la posición de los demócratas con Clinton. Habrá aquí un quiebre muy importante porque tiene que ver con una serie de temas que forman parte del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) y de las negociaciones generales en torno al libre comercio (en las que aparentemente ya no hay acuerdo).Se vislumbra el regreso de un proteccionismo más activo.

FALEn cuanto a Latinoamérica, empecemos con el discurso de Enrique Peña Nieto en la Asamblea General. Los siete puntos para hacer de la migración hacia y desde México un proceso más seguro para los migrantes. ¿Cuál es su opinión? ¿Son verdaderamente viables?

 OP—En términos generales, estoy de acuerdo con sus propuestas que me parecen acertadas. Pero hay una gran diferencia una vez que se contrastan las palabras con la realidad. Se pierde la confianza en las palabras. Por ejemplo, en el discurso de Peña Nieto en la reunión de alto nivel sobre migración, este estuvo bien articulado y contenía ideas valiosas, pero ninguna de ellas se ha llevado a la práctica.

Por otra parte, algo que también se ha discutido mucho, es el tema de la frontera sur. Es algo que en términos del presupuesto de 2017 está terriblemente castigado. Tanto en el discurso frente a la Asamblea como en la reunión de alto nivel, hay posiciones bastante sensatas que llevan a preguntarnos ¿entonces por qué no lo han hecho? Por ejemplo, se habla acerca de la migración como un problema donde existe corresponsabilidad de Estados Unidos, de México y, en su caso, de Centroamérica. Pero lo primero que hicieron sus embajadores fue decir que la política migratoria era un asunto interno de Estados Unidos. Esa fue su tesis durante prácticamente todo el tiempo, entonces ahorita ¿ya se cambió de opinión? ¿Por qué hay esa incongruencia? En el caso de refugiados, que son sobre todo refugiados provenientes de Centroamérica, en la ley hay muy buenas definiciones de lo que se puede y se debe hacer, pero no hay fondos para hacerlo ni tampoco estructura. Sí es un caso en donde tenemos que contrastar las palabras con los hechos, y encuentro que desgraciadamente no coinciden.

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FAL¿Qué mecanismos serían necesarios para llevar el discurso de los siete puntos a los hechos?

OP —No hay política sin presupuesto. Se deben estudiar los presupuestos y ver cuántas partidas están destinadas para la atención a problemas de migrantes.

FALPor otra parte, las negociaciones entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) tuvieron un gran impacto mediático pero ¿qué precedentes sientan para Latinoamérica?

OP —El acuerdo firmado es muy positivo, porque fue una negociación enormemente compleja que sienta precedentes sobre cómo se puede equilibrar la meta de la paz —entendida principalmente como el fin de las hostilidades militares – y, al mismo tiempo, la aplicación de la justicia. No se trató solo de dejar las armas. Se trató de volver a los orígenes del conflicto. Estos tienen que ver, sobre todo, con el reparto de la tierra en varias regiones de Colombia. Haber tratado ese punto y lograr encontrar una solución sería un gran adelanto en esta visión integral en materia de solución de conflictos.

El siguiente aspecto importante fue el del narcotráfico. Se trató el asunto de la sustitución de cultivos. Además, se incorporó a todos los actores del conflicto. No solo los que agradaban al gobierno, sino con los que se tenía que hablar si realmente se buscaba una solución. En ese sentido, Colombia sí crea un precedente interesante para todos los países. Hay pocos países con una guerrilla tan organizada o con tanta historia como las FARC, pero donde sí persisten problemas de crimen organizado. Aunque no sugiero el modelo colombiano para negociar con narcotraficantes, tampoco lo descarto.

Además, está el complejísimo tema de la justicia transicional: ¿qué es? ¿Cómo se concibe? ¿Cómo se justifica ética, moral y jurídicamente? ¿Cómo es indispensable para poder sellar un acuerdo de paz? Estoy muy a favor de ese acuerdo de paz aunque también soy consciente de que va a haber muchas piedras en el camino.

Esto también nos habla de una sociedad colombiana movilizada. Una sociedad colombiana que se está comprometiendo. No es sólo en Bogotá, es por allá, por las selvas amazónicas. Todo esto supone un cambio en esta Colombia fracturada —como está la mayoría de los países latinoamericanos—entre los sectores urbanos modernos y los marginados muy pobres, que se tienden a olvidar como consecuencia del proceso de modernización.

FALYendo hacia el sur: Brasil. Vimos que cuando el presidente Michel Temer pasa a dar su discurso ante la Asamblea se retiran algunos representantes diplomáticos, como los de Bolivia, Costa Rica y Venezuela. ¿Qué nos dice esto?

OP —Que Temer tiene muy poca legitimidad. Es un precedente que llega en medio de un escándalo en donde la gran parte de los acusadores de Dilma Rousseff ahora están en la cárcel. Es decir, la descomposición del sistema político brasileño se hizo muy patente con la destitución de Rousseff. Tampoco creo que no hubiese que perseguir todo ese tejido de corrupción inmensa que había, pero al perseguirlo se derrumban también las instituciones políticas.

Tengo una pésima opinión del Congreso brasileño y de las personas que llevaron a la cárcel a Dilma, cuando los que debían también haber entrado a la cárcel son ellos. En medio de ese pantano que hay ahora en las instituciones políticas brasileñas, Temer no se salva ni creo que se vaya a salvar. Creo que vendrán nuevas elecciones, esto se tendrá que aplacar poco a poco, y la reconstitución de las instituciones es necesaria. Hoy por hoy, Temer es un Presidente con poca legitimidad al que le toca acabar lo que hubiese sido el periodo de Dilma, convocar a nuevas elecciones y ver qué pasa.

Brasil es un gran país. Hay muchos indicadores que nos hablan de que ha logrado un adelanto bastante importante en materia de ciencia y tecnología, que es bastante avanzado en ciertos sectores económicos y que tiene una población enorme. Está destinado a ser la mayor potencia de Latinoamérica, pero antes tiene que salir de este bache. Afortunadamente, tiene los elementos necesarios para lograrlo.

FAL¿También México?

OP —También México tiene los elementos, claro. Por supuesto que los tenemos, pero el nuestro es un país también fracturado. Piense en Nuevo León o el Bajío por un lado y Oaxaca y Guerrero por el otro. Y es una fractura que cada vez se nota más. En numerosos países latinoamericanos -no todos- encontramos lo mismo. Es conocido que es una de las regiones más desiguales del mundo. Algunos países tienen mayor potencial que otros para superarlo.

MARIO RODRÍGUEZ HEREDIA y REBECA JUÁREZ ARELLANO son Editor Web y Asistente Editorial de Foreign Affairs Latinoamérica. Sígalos en Twitter en @ForeignAffairsL. Esta entrevista ha sido editada y resumida para ajustarse al formato de publicación.

 

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One Response to La Asamblea General y la fractura latinoamericana

  1. Alicia Sosa dice:

    Cómo poder leer la entrevista completa?

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