Francia decide

27 Abril, 2017 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 2659

La contienda entre la apertura y el aislacionismo

RFI

Juan Ernesto Trejo y Ricardo Smith

Abril 2017

Una colaboración del Programa de Jóvenes del COMEXI

Hablar de Francia nos obliga a referirnos a un país políticamente diverso y con características únicas. Conocemos su papel como líder y fundador de la Unión Europea, un organismo supranacional que lidera gracias a lo que podríamos llamar “matrimonio franco-germánico”; las acciones que realiza como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU); su desempeño en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); su sistema de gobierno peculiar —entre presidencial y parlamentario—, y hasta su poder blando.

Gracias a su pasado colonial, la francofonía se extiende desde el territorio de la Guayana en América hasta la antigua Indochina Francesa de la actual Vietnam y las islas francesas del Pacífico, como Nueva Caledonia. Francia tiene una de las redes diplomáticas más grandes del mundo, es el país más visitado con 84 millones de turistas al año (como si toda la población de Alemania decidiera visitar Francia en un momento dado), universidades y redes educativas amplias, confianza para hacer negocios y cultura. Casi todo el mundo tiene en la mente la Torre Eiffel, la cocina francesa, el museo Louvre o la Riviera Francesa.

Sobre el plano internacional, Francia es un país con una capacidad considerable para proyectar su poder militar y ejercer el poder blando. No solo cuenta con uno de los diez ejércitos más grandes y mejor equipados de Europa y del mundo, también mantiene una importante presencia militar en África y el Medio Oriente. Por otro lado, su poder blando es uno de los más reconocidos: la consultora de comunicación británica Portland sitúa al país galo en el lugar cinco de los treinta países con mejores resultados en un índice de poder blando. El británico Simon Anholt —experto en temas referentes a la imagen y prestigio de los países— sitúa en octavo lugar de su Good Country Index a este país, sitio que obtiene gracias a algunos factores como la percepción que tienen los estudiantes extranjeros que se educan en sus aulas, sus esfuerzos para combatir el cambio climático, su tradición multilateralista en la ONU, su cooperación en la política europea de recepción de refugiados, su industria farmacéutica, su participación en el libre comercio y su cooperación para el desarrollo.

El cristianismo y el islam son las dos corrientes religiosas más profesadas en el país galo: 66% y 9% del total de la población respectivamente, según datos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. La mayoría de los franceses, casi el 40%, tiene entre 25 y 54 años. En promedio, una o un francés tiene 41 años de edad. Además, su tasa de inmigración no se sitúa entre las más altas: según un ranking de la CIA, Francia es el país 59 con la tasa de migración más alta (la superan países como Rusia, Israel, Corea del Sur, Chipre o Catar). Asimismo, Francia es un país urbano, con 80% de sus habitantes que habitan en sus ciudades. París, Lyon y Marsella sobresalen entre el resto de ciudades que aglomeran al 80% de la población francesa.

Todos esos antecedentes nos ayudan a situarnos en la actualidad política francesa. Desde el 10 de abril de 2017, comenzó oficialmente el periodo de campaña, en la cual contendieron once candidatos para suceder al presidente François Hollande, cuyo gobierno en crisis económica y de seguridad hundieron las posibilidades presidenciales del candidato de su partido Benoît Hamon. Así, el domingo 22 de abril de 2017, Emmanuel Macron y Marine Le Pen pasaron a la segunda vuelta de los comicios presidenciales con el 24.01% y 21.3% de los votos respectivamente, según cifras oficiales.

Después de esta primera vuelta, la fecha definitiva para conocer al ganador o ganadora será el 7 de mayo de 2017. El proceso electoral francés es digno de atención por tres razones: primero, el resultado de las elecciones tendrá impactos importantes en el sistema internacional actual. Quien suceda a Hollande tendría el poder de poner a votación la salida de dicho país de la Unión Europea y otras instituciones internacionales, tal como desea hacer Le Pen. En segundo lugar, quizá es en Francia donde es posible encontrar un modelo claro de cómo hacer frente al ascenso de las versiones más nocivas del populismo, con una victoria de Macron. Finalmente, será la primera vez que ninguno de los dos partidos tradicionales de derecha e izquierda de Francia —Los Republicanos y el Partido Socialista, respectivamente— pase a la segunda ronda.

Debate-211

Marine Le Pen

Ciertamente, nunca antes un candidato del Frente Nacional —un partido tradicionalmente vinculado con el régimen colaboracionista del mariscal Philippe Pétain y grupos antisemitas— ha obtenido un porcentaje tan alto de votos. La dimensión internacional es uno de los grandes pilares de la plataforma de Marine Le Pen. Aunque ha creado un discurso más moderado que el de su padre, el fundador del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen, la candidata apela al rechazo de una élite francesa vinculada con la Unión Europea, la globalización y cuyos errores —de acuerdo con su narrativa— han llevado al fortalecimiento del islam en Francia. Más allá del plano discursivo, la propuesta más notable del Frente Nacional es someter a votación por referendo la permanencia de Francia en la Unión Europea. También ha puesto sobre la mesa el salirse del comando integrado de la ya frágil OTAN. Por si fuera poco, Le Pen es una aliada declarada de Vladimir Putin y ha mencionado su simpatía por Donald Trump.

El riesgo de que ocurra un “frexit” no es menor. Datos de Pew Research arrojan que más del 60% de los franceses tiene una opinión negativa de la Unión Europea. Adicionalmente, como sucedió en el Reino Unido, el euroescepticismo rompe las fronteras partidistas: solo el 30% de los simpatizantes del Frente Nacional tienen una opinión favorable sobre la Unión Europea, frente a un 39% de la base de Los Republicanos y el 51% de los simpatizantes del Partido Socialista. Con la salida de Francia, la Unión Europea perdería al segundo país que más recursos aporta al presupuesto comunitario y también a uno de los dos pilares políticos fundamentales del proyecto de integración.

Un sector importante de la población joven francesa apoya a Le Pen. Víctimas del desempleo y provenientes de generaciones que no conocen la guerra, un amplio sector de los millennials educados, la mayoría con estudios de posgrado, encuentran en la parisina la alternativa más viable para acabar con el desempleo. De hecho, según datos de Ipsos France para los días previos a la primera vuelta, Le Pen habría obtenido el 21% de los votos de los jóvenes de 18 y 24 años, frente a un 18% obtenido por su rival, Emmanuel Macron.

Además, mientras que declara una guerra jurada a la inmigración, al islam, al multilateralismo, al liberalismo o a las grandes empresas europeas, el Frente Nacional no ha asumido una posición clara sobre temas sociales polémicos y se ha mostrado ambivalente respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo o al aborto. Así, a pesar de que Le Pen ha dicho que desea sustituir la figura legal del matrimonio por otro tipo de unión civil, ha acertado en colocar a colaboradores abiertamente homosexuales en puestos clave, tal como su segundo al mando en el Frente Nacional, el vicepresidente Florian Philippot. Por ello, para una parte del sector LGBT —vulnerable ante las amenazas y acoso de personas que, para mala suerte, resultan ser musulmanas— Le Pen es una opción atractiva para mejorar su seguridad, sobre todo, comparado con un Macron que ha tenido un acercamiento un tanto forzado con el sector de la diversidad sexual. Es así como durante las elecciones regionales de 2015, el Frente Nacional obtuvo el voto de uno de cada tres matrimonios de parejas del mismo sexo, de acuerdo con Cevipof.

Emmanuel Macron

El otro elemento que hace particularmente interesantes a las elecciones francesas es el surgimiento de Emmanuel Macron como una alternativa liberal en respuesta al ascenso de los populismos de discurso antielitista y vocación globalifóbica. El candidato por el movimiento independiente En Marcha! fue el único candidato capaz de frenar el avance de Marine Le Pen. Con su movimiento progresista, laico y a favor de la Unión Europea (con todo y zona Schengen), calificado por la prensa como el “liberalismo del futuro”, logró pasar a la segunda vuelta. Sin pertenecer a un partido ni de izquierda ni de derecha, Macron demuestra su parte conservadora, por ejemplo, permitiendo que las empresas tengan una mayor libertad para definir sus reglas laborales y proponiendo el endurecimiento de las políticas migratorias (únicamente a la migración ilegal). El lado más progresista de su agenda radica en el apoyo al crecimiento de Francia en una plataforma de energía sustentable, así como apoyos sociales a emprendedores y adultos mayores, y seguir permitiendo la acogida de refugiados orquestada por Angela Merkel.

Gran parte del éxito de Macron es que ha entendido las fallas de los partidos tradicionales para atender el desencanto de los ciudadanos con las instituciones democráticas y el modelo de desarrollo económico imperante. En términos discursivos, su plataforma parte del reconocimiento de que los problemas económicos de Francia no han sido correctamente atendidos durante los últimos 30 años ni tampoco lo ha sido el tema de la integración europea. Así, de acuerdo con distintas encuestas, En Marcha! ha logrado atraer al 50% de los franceses que votaron por el presidente François Hollande en 2012 y el 13% de los electores de Nicolas Sarkozy, definiendo a un enemigo claro, el populismo de derechas, tal y como ya lo ha declarado.

La tarea de Macron no será nada fácil: deberá enfrentarse a una de las versiones más peligrosas del movimiento populista que ha aparecido en varias democracias occidentales. Le Pen ha sido demasiado exitosa en transformar a su partido en una opción política que atiende las reivindicaciones de gran parte del pueblo francés. Pero el joven candidato tiene cartas fuertes y las sabe utilizar. Logró arrebatar a Le Pen el monopolio de la etiqueta de “independiente” y de candidato outsider. Más relevante todavía, ofrece una visión positiva hacia el futuro contra la plataforma de Le Pen, que anhela un pasado nacionalista y soberano. Es la política de la esperanza contra la política del miedo y del retroceso, y por si fuera poco, hasta ha logrado avanzar en las redes sociales con ayuda del propio Expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, y de la canciller alemana Angela Merkel.

20minutos-EFE-Philippe-Wojazer

El 7 de mayo

Más que entre derecha e izquierda, la elección francesa será una contienda entre la apertura de Macron y el aislacionismo de Le Pen. De cara a las elecciones definitivas de la segunda vuelta, Macron tiene un gran punto a su favor: de acuerdo con la encuesta Cevipof-Ipsos de Sciences Po de abril, En Marcha! es el grupo más comprometido, pues 79% de los simpatizantes del movimiento declararon su participación en las elecciones, es decir, acudirán a votar, mientras que el Frente Nacional de Le Pen presenta una cifra de 76%. Según apuntalan las encuestas, los votantes de Macron, situados principalmente en las grandes aglomeraciones urbanas, saldrán más a votar que los de Le Pen, localizados en las zonas rurales, así como en el norte y sureste francés, con lo que Macron se convertiría en el octavo presidente de la Quinta República de Francia con el 61% de preferencia ante el 39% de Le Pen, según sondeos. Sin embargo, las elecciones no acabarán ahí. En 2017 también se renueva el legislativo francés: en junio, la Asamblea Nacional tendrá elecciones y, en septiembre, será el turno del Senado.

Francia y el futuro de la integración europea, más allá de las elecciones

Más allá de quién gane en la segunda ronda, los resultados actuales arrojan ciertas implicaciones importantes para Francia y la Unión Europea. Los votos obtenidos por Jean-Luc Mélenchon y Marine Le Pen representan el 40% del electorado. Es decir, una gran parte de los votantes franceses apoya plataformas políticas que rechazan a las instituciones europeas como existen hoy. Por supuesto, hay distintas variables que influyen en la decisión de quienes votaron por estos dos candidatos. No obstante, incluso si quienes votaron por Mélenchon o Le Pen no son electores motivados por el euroescepticismo, al menos queda claro que para una gran parte del electorado no es una prioridad que Francia pertenezca a la zona Schengen, que comercie en el Mercado Común y que goce de todos los demás beneficios que implican pertenecer a la Unión Europea.

Si, como proyecta la mayoría de las encuestas, Macron se convierte en el presidente más joven de Francia, tendrá una gran oportunidad frente a sí mismo: puede usar todo su capital político y el apoyo del sector más cosmopolita de sus ciudadanos para renovar y promover cambios en la Unión Europea. Primero, podría dar más peso a la presencia francesa en la Unión, equilibrando lo que muchos ven como una indebida preponderancia de Alemania. El gobierno de Macron podría ejercer un papel de mediador entre esta y quienes piden replantear las políticas europeas de austeridad y migración. Además, tal como propone en su plataforma de campaña, podría dar prioridad a un proceso de diálogo ciudadano sobre el futuro de la Unión Europea, considerando seriamente las críticas de quienes ven con temor una mayor integración.

Después del brexit y las elecciones en Países Bajos, ha llegado el momento de que uno de los dos países más relevantes de la Unión Europea promueva cambios que aseguren la supervivencia del proyecto de integración regional más ambicioso de la historia. De paso, el nuevo presidente de Francia podría evitar que el Frente Nacional —u otros movimientos más radicales— lleguen al poder en 2022.

JUAN ERNESTO TREJO GONZÁLEZ es licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Secretario del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y colaborador de programas de agenda internacional en televisión y radio. Sígalo en Twitter en @JuanErnestoTG. RICARDO SMITH NIEVES es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), asesor en la Fundación Desarrollo Humano Sustentable y Asociado Joven del COMEXI. Sígalo en Twitter en @Ric_SmithN.

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One Response to Francia decide

  1. Farid Hannan dice:

    Excelente artículo. General y al mismo tiempo preciso. El antes, el presente y el después bien descritos y estructurados. ¡Fan!

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