Caminar en círculos

1 febrero, 2014 • Artículos, Latinoamérica, Portada, Sin categoría • Vistas: 1095

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Febrero de 2014

El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) publicó una encuesta sobre la disponibilidad y uso de las tecnologías de la información en México. La relevancia de esta radica en que, con el advenimiento de la sociedad de la información, nos permite saber dónde  estamos parados en este contexto.

Cada época llega con diferentes retos y requiere de diferentes habilidades. La era industrial no se asemejaba a la del renacimiento o la Edad Media con la de las cavernas. En cada una, hombres y mujeres han tenido que enfrentar diferentes retos y circunstancias. El Estado  es responsable de crear las condiciones para que una sociedad sea y se mantenga competitiva. Por ejemplo, infraestructura de carreteras, hospitales, transporte público, etcétera. Esto se logra mediante  las aportaciones tributarias y de inversión privada. Desafortunadamente, México siempre parece estar un paso atrás en cuanto a competitividad se refiere.

Por ejemplo…

Leer y escribir es una de las herramientas fundamentales para comunicarnos unos con otros. Además, el lenguaje entre seres humanos es el más complejo entre todas las demás especies, por lo que no poder ejercer esta capacidad es perder una de nuestras funciones esenciales.

México, de ser un país de 12 millones de habitantes en 1895, de los cuales seis eran analfabetos, ha pasado a ser uno de 113, con sólo 5.4 millones. Esta es una mejora sustancial. Sin embargo, con los recursos e infraestructura que cuenta el país, el número debería ser cercano a cero.  Y con esa deuda pendiente, ahora tenemos nuevos retos en los que estamos rezagados.

En la encuesta publicada por el INEGI, en México contamos apenas con 46 millones de usuarios de Internet. Ni siquiera la mitad de la población. El Internet es uno de los inventos más significativos y que más impacto han tenido en el mundo en los últimos tiempos. Ha transformado prácticamente todas las industrias, y aún hay muchos debates abiertos sobre las nuevas formas de organizarnos con base en estos cambios.Con él, llegó la época de la información. Esta ha permitido nuevas posibilidades de interacción, mucho más exponenciales e incluyentes. Para participar en ella, leer y escribir son sólo uno de los requisitos básicos.

Esta nueva comunidad cuenta con la mayor cantidad de información que jamás había tenido a la mano un ser humano en la historia. Los individuos de esta nueva comunidad saben de economía, historia, literatura, antropología; pueden crear blogs, videos y subir fotografías.

Los beneficios o consecuencias de participar en esta nueva sociedad todavía no han sido definidos cabalmente, y las diferencias de opinión pueden ser variadas. Sin embargo, la era digital es una nueva etapa en la historia de la humanidad, en la cual México, cómo hace 100 años con la lectura y la escritura, sólo ha podido incorporar a la mitad de su población.

“La tecnología puede servir para unir o dividir a las personas”, señala Jesús Savage Carmona, profesor de robótica en la Universidad Nacional Autónoma de México. “Por ejemplo, poder fragmentar el átomo nos permitió hacer la bomba atómica, y generar energía nuclear. Claramente el uso que se le de a la tecnología, definirá su función”.

Es por esto, que no solo se trata de incorporar por incorporar a más ciudadanos a la sociedad de la información, solo porque es correcto. Es preciso hacerlo de una manera adecuada y pertinente, en donde se les dote de los recursos necesarios para adaptarse a una nueva dinámica.

Salim Ismail, uno de los fundadores de la Singularity University, en California, comenta que actualmente, las universidades utilizan un modelo de  400 años de antigüedad. “Uno de los enfoques de Singularity, es que, aprovechando las tecnologías de alto impacto, tratan de resolver los grandes problemas de la humanidad: agua potable, alimentación, salud, etcétera. Si bien el gobierno de Barack Obama nos ha acostumbrado a que los drones solo funcionan para matar a posibles terroristas –y civiles inocentes–, la realidad es que pueden tener otras tareas como transportar alimento y medicamento entre comunidades sin infraestructura vial”, acota Salim.

Para el fundador de la Singularity University, México es uno de los lugares más emocionantes para estar en los siguientes 50 años porque puede modernizar su infraestructura de manera dramática. Uno de los problemas que encuentra, sin embargo, es la mentalidad. “En México, si fracasas, te castigan”, dice.

Uno de los proyectos en México que actualmente está  buscando reducir esta brecha es ENOVA. Lo hace a través de enseñar computación, inglés y matemáticas entre otras cosas. Las clases son complementarias a la escuela y de un muy bajo costo para dirigirse a las personas en la base de la pirámide. Raúl Maldonado, uno de los fundadores del proyecto, comenta que han graduado a más de 130 mil personas en los últimos cuatro años. Sin embargo, para que un proyecto de estas características pueda trabajar en México, necesita de apoyos gubernamentales, algo que en el mediano y largo plazo siempre puede generar desconfianza en un país como México, que según el nuevo estudio de Transparencia Internacional, ocupa el lugar 106, de 177 en cuanto a corrupción. No sobra decir que la brecha es demasiado grande, y que la cantidad de proyectos de esta categoría necesitan ser mucho más numerosos y efectivos.

Los problemas de rezago en México son históricos. Desde la llegada de los españoles y la subsecuente colonización, el proceso de civilización ha sido áspero, violento y muy poco incluyente. Decir que hace cien años 50% de la población no sabía leer y escribir, y que hoy 50% no tiene acceso a Internet, es decir que nuestros problemas estructurales siguen siendo los mismos. Y que el mundo gira más rápido de lo que nosotros nos adaptamos.

Las oportunidades son grandes, porque las posibilidades de transformación son  difíciles de imaginar. Para eso, hay que construir un México más incluyente y competitivo. O como diría Salim, en vez de ver al pasado, hay que aprender a ver hacía el futuro.

 

 RODRIGO MUSI es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) y estudiante de Letras Inglesas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fungió durante dos años como editor para el periódico El Nuevo Mexicano. Sígalo en Twitter en @RodrigoMusi

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