Propaganda en la campaña presidencial de Donald J. Trump

15 febrero, 2018 • Artículos, FEG Anáhuac, Norteamérica, Portada • Vistas: 3439

Tomado de la cuenta de Twitter @realdonaldtrump

Gerardo Trujano Velásquez Yussef F. Núñez

Febrero 2018

Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México

Cuando Donald J. Trump se presentó como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, el mundo entero dudaba que pudiera lograrlo. Sin embargo, y a pesar del escepticismo, la noche del 8 de noviembre de 2016, el magnate resultó victorioso en las polémicas elecciones presidenciales.

La demagogia establecida en la campaña presidencial estadounidense tuvo como motor primordial la esencia pura de la propaganda política contemporánea. Lo que permitió al entonces candidato conseguir la silla presidencial fue la apelación al voto duro republicano y la interacción con los estadounidenses damnificados por la crisis financiera de 2008.

La presencia de una crisis económica de tal magnitud da cabida a individuos que, como Trump, deciden manifestar públicamente y de manera explícita un sentimentalismo que muchos catalogan como regresivo. Aunque lo cierto es que el uso del subversivo discurso xenófobo, el nacionalismo, la misoginia y las falsas promesas permitieron al candidato Trump conseguir la victoria apelando a los sentimientos reprimidos del pueblo estadounidense.

En el uso de la propaganda es de vital importancia el acercamiento a estrategias retóricas, por ejemplo el uso de metáforas y la facilidad de transmitir un mensaje complejo mediante frases simples. De igual manera, el uso de la evidencia puede ser reemplazado por la persuasión; al ser empleada efectivamente, el discurso será aceptado a pesar de carecer de hechos verídicos.

El discurso idiosincrático de Donald Trump, por más simple que parezca, disfraza una complejidad digna de mayor crédito del que se le atribuye. El lenguaje coloquial con que se dirige al público le permite hacer declaraciones contundentes, a pesar de la falta de originalidad o evidencia que lo respalde. Trump manipula la verdad para acomodarla a su conveniencia y los intereses de su campaña; aunque sus declaraciones no son ciertas, ni falsas, sino son hechos acomodados minuciosamente para ser ensamblados en sus discursos.

Posverdad

La falta de información presentada por el entonces candidato fue idealmente premeditada para evitar el escepticismo. Si los hechos se hubieran respaldado, el motor de la campaña se hubiera visto damnificado al perder el nivel de persuasión.

El uso constante de hipérboles en sus discursos políticos hace emerger la preocupación de la ciudadanía sobre los temas que a él le convienen. De esta manera, puede expandir con mayor rapidez el grado de respuesta estimulante entre el público.

La ideología detrás de esta práctica empleada por Trump yace en su supuesta veracidad, pues él se autodenomina como un político honesto, alegando que la razón busca sus medios para manifestarse, y en este caso el conducto es él. Basándose en el mismo argumento, se excusa de cualquier inconformidad que pueda ocasionar al manifestar la verdad, por más cruda que sea.

En el caso de Trump, él se autodenominó la fuente confiable de información y con ello transfiguró la polarización del cuarto poder en fake news.

 

El doctor Denis Müller declara que la llegada de Trump y el uso de la propaganda revolucionan la manipulación de la verdad en la política contemporánea, cuestionando el desempeño de la democracia en cuestión al manejo manipulativo de la realidad. Es paradójico que en pleno siglo XXI, el auge de la tecnología y de la información, la población parece ignorar el hecho de que los políticos mienten con descaro.

Los funcionarios públicos se ven beneficiados del término contemporáneo denominado: posverdad. En el uso tecnócrata de esta variante de la propaganda, el individuo que la emplea presenta un lado de la realidad; el resto será manipulado para apelar a algún sentimiento, primordialmente el odio. El origen de esta técnica comienza con el deseo de querer presentar la imagen de un mundo utópico, uno que se acomode al beneficio del demagogo o tirano que lo emplee.

Fake news

De igual manera, la fragmentación de los medios de comunicación da cabida a la utilización de la posverdad. Al existir tantos medios de comunicación, el pueblo se encuentra con una aparente ilimitada aportación de perspectivas, aunque en el fondo se trate de polarizar la realidad. En el caso de Trump, él se autodenominó la fuente confiable de información y con ello transfiguró la polarización del cuarto poder en fake news.

La minimización continua que Trump ha empleado hacia los medios de comunicación ha establecido una postura “a mi favor o en mi contra”. Al desacreditarlos, Trump despierta el escepticismo en el público y le otorga mayor relevancia a las declaraciones hechas por su persona. La ciudadanía se encuentra en un dilema al no saber qué fuente es válida o en cuál de los medios de comunicación o representantes en Washington D.C. se puede confiar. Esta técnica permitió al candidato convencer a los votantes indecisos de depositar su confianza en él y no en las distintas fuentes de fake news.

Simbolismos

La construcción de la estructura del sentimentalismo que se busca transmitir será fortalecida tras el uso de distintos simbolismos que alimenten la esencia de la campaña. La recepción por parte del público deseado se verá incitada al otorgar un rostro a la problemática que se combate. Los simbolismos creados por el Presidente han fortalecido los prejuicios y estereotipos que afectan directamente a los grupos minoritarios de la sociedad estadounidense, primordialmente la comunidad latina, musulmana, afroestadounidense y LGBTTTI.

El gran muro, por instantes, es sin duda el más grande de los simbolismos xenófobos de la campaña de Trump, al representar una separación física de uno de sus mayores socios comerciales, México. La futura construcción de este muro podrá ser analizada desde dos posturas distintas: la física y la política. La primera postura representa el deseo por detener la migración “ilegal” que ocurre en la frontera entre Estados Unidos y México. El muro personifica una utopía “Trumpeana” libre de crimen, un país ideal. Dicho muro promete erradicar la violencia acarreada por los inmigrantes latinoamericanos. La segunda postura se puede analizar en el deseo por renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y un distanciamiento paulatino entre ambos países. Paralelamente, el muro representa un gobierno proteccionista al distanciarse del mundo globalizado del que Estados Unidos es responsable.

Rompiendo el sistema

Al emplear correctamente la propaganda, permite a quien la está utilizando poder corromper la democracia misma. Esta figura demagógica será capaz de apelar a su público, lo suficiente para obtener su apoyo hasta que lo necesite para conseguir los resultados anhelados. Donald Trump no buscaba obtener el voto popular sino todo lo contrario; su campaña estuvo centrada en convencer a los swing-states para conseguir la victoria en el Colegio Electoral.

Paradójicamente, la campaña de Trump se sustentó en una búsqueda interminable por cambiar la política estadounidense; sin embargo, el empresario representa al partido Republicano, conocido defensor del statu quo. Usualmente, el conjuntar cambio y conservador resulta algo oxímoron; no obstante, la campaña de Trump estableció un uso efectivo del emotional-branding para apelar nostálgicamente a su público.

La nostalgia referida por Trump es el hito del “estilo de vida estadounidense”, donde la población era primordialmente blanca, el cristianismo (protestante) era la religión hegemónica y toda lengua, fuera del inglés, era rechazada. Dicho sentimiento retrograda ha sido presenciado previamente a lo largo de la historia. Fue el mismo candidato a la presidencia en la década de 1980, Ronald Reagan, quien utilizó como eslogan político la frase “Make America Great Again”, aludiendo a la época progresista de 1950.

El mundo se encuentra en una etapa transicional, en una batalla entre retomar el proteccionismo y las visiones conservadoras o continuar con la globalización y el liberalismo.

 

Más allá del impecable uso de la propaganda empleada por Trump, la victoria debe acreditarse al sentimentalismo reprimido por la comunidad blanca en Estados Unidos. Lamentablemente, la ciudadanía estadounidense está dolida, harta, y en su momento de debilidad recurrió a lo que parecía ser una solución acorde.

El mundo se encuentra en una etapa transicional, en una batalla entre retomar el proteccionismo y las visiones conservadoras o continuar con la globalización y el liberalismo. El sistema internacional presencia una nueva e inédita crisis de identidad sin que exista una propuesta alternativa al cambio en proceso. Dicha etapa transicional ha sido severamente influenciada por el decadente sistema capitalista, que, aunque líderes populistas como Trump nieguen rotundamente, es el culpable de los altos márgenes de desempleo, inequidad económica, pobreza, entre otros.

La sociedad estadounidense se encuentra en una nueva etapa para descubrir su identidad. A pesar de que desde su fundación ha recibido a distintas culturas, se ha caracterizado por adoptar e integrar dichas diferencias. Con la llegada del mandatario retrógrada, la civilización puede dirigirse hacia dos posibles panoramas. El primero analiza el error cometido y progresa en retomar el camino liberal, acogedor y velador por los derechos civiles. La alternativa sería retroceder e ir en contra de todo progreso obtenido entre los siglos XIX y XX.

El uso maquiavélico analizado evolucionará la política estadounidense, donde se podrá visualizar un efecto dominó en el transcurso de la historia. Afortunadamente, el fenómeno no fue repetido en las elecciones francesas, dejando como perdedora a la candidata populista, Marine Le Pen. Por otra parte, el impacto que podría tener en México podrá ser percibido en las próximas elecciones presidenciales de 2018, donde el candidato populista, Andrés Manuel López Obrador, aparece con ventaja en las encuestas por la desafortunada victoria del magnate estadounidense.

La realidad es que Donald Trump tiene a su cargo la presidencia de Estados Unidos, tiene como Vicepresidente a un reconocido homofóbico, Mike Pence, y un gabinete conformado por individuos de su círculo social, por lo que apostar a un proceso de destitución o la ejecución de la enmienda 25 no son la solución. Lo cierto es que Trump manipuló y utilizó la ignorancia y la rabia de los grupos mayoritarios de la sociedad para conseguir su objetivo: la presidencia estadounidense.

GERARDO TRUJANO VELÁSQUEZ es articulista de análisis económico internacional en la columna “Foro Internacional Anáhuac” del periódico Excélsior de México. Es maestro en Desarrollo Urbano por El Colegio de México y especialista en Estudios Avanzados en Intervención Pública y Economía Regional por la Universidad del País Vasco. Actualmente es coordinador académico del área de Economía en la Facultad de Estudios Globales en la Universidad Anáhuac. Sígalo en Twitter en @gtrujano64. YUSSEF F. NÚÑEZ es estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac. Sígalo en Twitter en @YussefNunez.

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