Crisis en Venezuela

30 octubre, 2018 • Artículos, Asia/Pacífico, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1541

¿Qué tienen en común Venezuela y Sri Lanka?

El Caribe

Ana Soliz de Stange

Noviembre 2018

Venezuela es un país en bancarrota, con un régimen no democrático y una oposición también responsable de la crítica situación que atraviesa. La crisis en Venezuela amenaza con mayores efectos negativos, no solo para los venezolanos, sino también para todo el continente. Uno de esos potenciales efectos negativos subyacentes lo ilustran las similitudes entre los casos de Sri Lanka y Venezuela, cuyo factor común es China.

El país con la reserva más grande de petróleo pesado del mundo está en quiebra. Petróleos de Venezuela S.A. fue utilizada como financiador de campañas electorales y de programas sociales. La falta de una visión a largo plazo, de nuevas inversiones especialmente en el sector petrolero, el descontrolado gasto público, el control del cambio de divisas y de precios de productos, sumado a la creciente corrupción, son algunos de los factores que llevaron a que, por ejemplo, en Venezuela la gente muera por falta de medicamentos para tratar enfermedades simples.

El actual gobierno de Nicolás Maduro se asemeja más a un régimen autoritario que a uno democrático. La persecución de opositores políticos, los recientes poco transparentes procesos electorales, el desconocimiento de la Asamblea Nacional Constituyente elegida democráticamente por el pueblo de Venezuela en 2015, la inexistencia de independencia de los poderes del Estado, son muestra de los atentados a las bases de la democracia y propio de regímenes autoritarios.

La fallida oposición venezolana

Sin embargo, tampoco se ven alternativas de una oposición política que pueda acceder al gobierno. La falta de esa alternativa hace de la oposición también responsable de la situación en el país. Peor aún, una parte de la oposición ha abierto la puerta a la posibilidad de un golpe militar, cuando en realidad solo los mecanismos democráticos deberían de ser la única salida.

La oposición, o más bien, los diferentes grupos de la oposición, no han entendido que la cultura política en Venezuela cambió como resultado de los 19 años de Hugo Chávez y de Maduro en el poder. Si bien los programas sociales del chavismo ya no funcionan adecuadamente y se han convertido en un nido de corrupción, una parte del electorado percibe con temor a la oposición que amenaza con desmantelar toda la ayuda social al llegar al poder. La oposición en Venezuela no ha logrado presentar una alternativa creíble de un programa de gobierno.

Se estima que más de dos millones de venezolanos han tenido que inmigrar hacia Estados Unidos, Europa y, principalmente, hacia otros países latinoamericanos.

La excepción a la incapacidad de la oposición venezolana fue la candidatura presidencial de Henrique Capriles en 2012, quien alcanzó el 44.9% de los votos, el resultado opositor más exitoso en una elección presidencial contra el chavismo. Una de las claves de esta campaña presidencial fue precisamente el llamado a respetar las obras sociales del chavismo para los menos favorecidos. Capriles fue capaz de recibir el apoyo de un sector de ciudadanos chavistas que no estaban conformes con el oficialismo.

La crisis regional

Pero la crisis en Venezuela ha dejado de ser un tema de política interna y se ha convertido en una crisis regional, donde su principal cara son los migrantes venezolanos en búsqueda de subsistencia en otros países. Se estima que más de dos millones de venezolanos han tenido que inmigrar hacia Estados Unidos, Europa y, principalmente, hacia otros países latinoamericanos.

Las consecuencias de la migración para la región son legales, económicas, políticas y hasta xenófobas. Los países vecinos han empezado a cambiar su normativa de migración para intentar frenar la ola de migración venezolana, como es el caso de Ecuador. Los países sudamericanos tampoco están preparados para asumir la llegada de una gran cantidad de personas; por ejemplo, los sistemas de salud se pueden ver colapsados. La problemática de la migración ha pasado a ocupar un espacio dentro de las campañas electorales, como es el caso de la elección de gobernador de 2018 en el estado de Roraima, en Brasil. También se ha generado un fuerte rechazo de una parte de la población sudamericana a la migración venezolana, con reacciones xenófobas.

El problema geoestratégico

Las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países parecen no ayudar a una transición en Venezuela; al contrario, son contraproducentes. Esto estimula un mayor acercamiento y dependencia de Venezuela con aliados como China y Rusia, y más recientemente con Turquía. Venezuela tiene una deuda aproximada de 1000 millones de dólares con Rusia, y si bien el apoyo del Kremlin a Venezuela es en gran parte diplomático, esta relación puede tener efectos geoestratégicos para Estados Unidos. Cabe recordar que parte de los préstamos que Rusia entregó a Venezuela, fueron a cambio del 49% de las acciones de Citgo, dados como garantía a Rusia. Citgo, de propiedad venezolana, es la empresa de refinería de petróleo y comercializadora de gasolina y lubricantes en Estados Unidos.

La relación de Venezuela con Turquía es aún incipiente, pero la tendencia muestra un creciente interés político-diplomático e intercambio comercial. En julio de 2018, por primera vez un presidente venezolano visitó Turquía. Además, el intercambio comercial de los últimos meses entre ambos países equivale al intercambio comercial de los últimos años. Venezuela se ha abierto a las inversiones turcas principalmente dentro del campo de la minería, con la explotación de oro y piedras preciosas.

En el caso de las relaciones de Venezuela con China, el país sudamericano ha recibido en préstamos aproximadamente 65 000 millones de dólares. Beijing ha sido un gran financiador del régimen de Chávez y Maduro hasta 2017. Ese año se empezaron a cumplir los plazos para el pago de los préstamos y las exportaciones de petróleo a China son para pagar los préstamos, de modo que estas exportaciones venezolanas al país asiático no implican ingreso de divisas para Venezuela. Hay algunas voces dentro del mundo académico que indican que, llegado el momento de incumplimiento de pago de Venezuela, China no tendrá más remedio que condonar las dudas y reconocer que sus inversiones en ese país fueron un mal negocio. No creo que sea así.

Similitudes entre el caso de Sri Lanka y Venezuela

La inmensa deuda de Venezuela con China no es de menospreciar, y puede tratarse de un tema de interés continental. Para ello, el caso de Sri Lanka sirve para ilustrar las potenciales implicancias.

Pese a las grandes diferencias, Sri Lanka y Venezuela tienen algunos aspectos en común. Ambos países han tenido gobiernos instalados por más de una década, en el caso de Sri Lanka con el presidente Mahinda Rajapaksa, de 2005 a 2015. Ambos países fueron sancionados por la comunidad internacional y, sobre todo, los dos recurrieron a China como principal financiador. Sri Lanka le cedió a China la administración del puerto de Hambantota por 99 años a cambio de aproximadamente 1100 millones de dólares. Cabe preguntase, ¿qué podría ceder Venezuela a China por los más de 65 000 millones de dólares, además del petróleo?

Tanto Sri Lanka como Venezuela fueron sancionados por la comunidad internacional y, sobre todo, los dos recurrieron a China como principal financiador.

China y Sri Lanka acordaron en 2010 en invertir en el puerto de Hambantota, cuyos estudios previos indicaban que no sería rentable. China aceptó invertir, otorgándole créditos al gobierno de Sri Lanka, pero Beijing tuvo la libertad de elegir que empresa haría los trabajos, lo que incluía el envío de trabajadores chinos para la obra. En el caso de Venezuela, China también negoció qué empresas realizarían las obras de infraestructura en Venezuela o a qué proyecto se destinarían los recursos económicos a cambio de otorgar los créditos.

Por razones humanitarias y geopolíticas, la crisis venezolana requiere soluciones rápidas y viables. La región no puede quedarse mirando hasta que sea demasiado tarde, y Venezuela no puede llegar a situaciones extremas como lo hizo Sri Lanka con China. La región y la comunidad internacional pueden apoyar una salida democrática en el país. Al final, lo que Venezuela necesita es una oposición fortalecida que mantenga la senda democrática.

El papel de la comunidad internacional es el de reforzar el proceso democrático, no solamente negociando con el chavismo, sino también apoyando la unificación de la oposición que se comprometa con los intereses del país y no con sus intereses personales y de liderazgo. Una oposición unificada y creíble también puede sentarse a negociar con China.

El gobierno venezolano debe llamar a elecciones presidenciales, que sea el pueblo de Venezuela que escoja entre más del régimen de Maduro o un cambio de gobierno. Esperemos que Sri Lanka y Venezuela tengan algo más en común y ocurra lo que pasó con el presidente Rajapaksa: después de 10 años en el poder, acusado de autoritarismo, corrupción y abusos contra los derechos humanos, reconoció su derrota en las elecciones y aceptó una transición democrática pacífica.

ANA SOLIZ DE STANGE es investigadora en el Instituto de Estudios Globales y Regionales (GIGA) y en la Universidad del Ejército (Bundeswehr) en Hamburgo. Es abogada, cientista política y maestra en Estudios Internacionales. Escribió su tesis doctoral para la Universidad de Hamburgo sobre las relaciones triangulares entre China, Estados Unidos y Latinoamérica. Contáctela en solizdea@hsu-hh.de.

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One Response to Crisis en Venezuela

  1. ¡Que lamentable desequilibrio institucional de países como Venezuela. La base es un populismo corrupto, que dice buscar mejores condiciones de vida para el pueblo, y adecúan lo que hacen a robar sin escrúpulos y sin límites. Es algo que hemos visto en la última década en Argentina. Nuestro país conoció la inflación a partir de 1947 cuando apareció el dictador Juan Domingo Perón y desde entonces el pobre es más pobre. En estos momentos la anterior Presidente Cristina Kirchner, lleva adelante un movimiento de retorno y los ilícitos económicos cometidos no se juzgan y sus partidarios dicen que no les importa que haya robado con tal que a ellos los subsidien. La realidad es que los tienen de aplaudidores y los llevan en micros como aplaudidores, gastos que por cierto lo pagamos todos los argentinos. El actual Presidente Macri, es otro improvisador. En mi programa radial hablo permanentemente de la necesidad de hacer como corresponde un plan de desarrollo de nuestras regiones, valorando sus recursos económicos. En 1997 junto con la Unión Europea, se me otorga el PREMIO NACIONAL A LA INNOVACIÓN SOCIAL y pretendía implementarlo, pero cuando me piden lo lleve adelante, los ministros del entonces Presidente Menem, me dijeron que el proyecto era bueno, pero que a ellos los políticos les hacen falta los pobres. Así es el sistema y así estamos y seguramente, seguiramos igual.

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