La geopolítica nuclear

3 marzo, 2016 • Artículos, Asuntos globales, Medio Oriente, Portada • Vistas: 5297

El acuerdo iraní y sus consecuencias geopolíticas

Iranian President Hassan Rouhani attends a ceremony while awarding medals of honor to its nuclear negotiators who helped clinch a landmark deal with world powers last year, in Tehran, Iran, Monday, Feb. 8, 2016.  President Hassan Rouhani awarded the "Medal of Merit" to Foreign Minister Mohammad Javad Zarif and the "Medal of Courage" to Defense Minister Hossein Dehghan and Vice President Ali Akbar Salehi, who is also the country's nuclear chief. (AP Photo/Ebrahim Noroozi)

AP Photo/Ebrahim Noroozi

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Marzo 2016

El 14 de julio de 2015, después de casi dos años de negociaciones, se firmó en Viena un acuerdo sobre el programa nuclear iraní entre la República Islámica de Irán, el G5+1 –conformado por China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia, más Alemania– y la Unión Europea, con el objetivo de frenar el acceso iraní a la bomba atómica. A cambio, se decidió levantar el veto económico al país persa, así como la liberación de millones de dólares en activos que le han sido congelados.

Entre las principales acciones del acuerdo destacan la desactivación de más de 12 000 centrifugadoras y la remoción de 10 toneladas de uranio enriquecido que serían trasladadas a Rusia. Además, son importantes el bloqueo del principal reactor de plutonio, la prohibición de construir nuevas instalaciones para el enriquecimiento de materiales con efectos nucleares y el seguimiento de un estricto protocolo de vigilancia y de supervisión por organismos internacionales. En caso de que Irán llegara a violar dicho pacto, habría una reimplementación inmediata de las sanciones.

Es necesario señalar que el Acuerdo no es de carácter vinculante: su cumplimiento dependerá de la voluntad política de las partes y únicamente norma sobre la temática nuclear.  Sin embargo, existen desafíos relacionados con la conducta de Irán que no fueron considerados como parte del acuerdo, entre ellos se encuentran el apoyo a actores no estatales como Hezbolá, su participación en guerras regionales y las pruebas de lanzamiento de misiles balísticos de largo alcance prohibidas por la ONU.

Antecedentes

Irán es parte del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, que permite el desarrollo de un programa nuclear con fines pacíficos. Sin embargo, desde 2002 se denunció la existencia de un programa iraní paralelo al oficial sin fines pacíficos, por lo que le fueron impuestas sanciones económicas (resoluciones 1737 y 1747 del Consejo de Seguridad de la ONU).

En 2011, la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) informó por primera vez que Irán podría estar desarrollando un programa nuclear con el propósito de producir armamento. Por ello, Irán prohibió la entrada de los inspectores de la IAEA y se le impusieron nuevas sanciones.

En 2013, durante el segundo mandato del presidente estadounidense Barack Obama, se formó el G5+1 y empezó el proceso de negociación de forma secreta. En junio del mismo año se celebraron elecciones presidenciales en Irán y ganó el candidato Hassan Rohaní, un reformador y un moderado.  Rohaní contó con el beneplácito del dirigente clerical y líder supremo ayatolá Ali Jamenei quien, al ver que Irán estaba aislado internacionalmente y sofocado económicamente, le permitió negociar sobre el programa nuclear.

Consideraciones

Un Irán nuclearizado es percibido por los países del Medio Oriente como una amenaza a la seguridad internacional y al equilibrio del poder, ya que existe la posibilidad del inicio de confrontaciones, de una mayor militarización, así como de una carrera y proliferación armamentista nuclear. Irán no es un país árabe sino persa y su líder es chiíta –una minoría religiosa dentro de la región dominada por países sunitas–, por lo que el programa nuclear es visto por Irán como una cuestión de supervivencia, de legitimidad y de nacionalismo. Además, la capacidad para producir armas nucleares representa un poder de disuasión frente a sus rivales, con lo que Irán refuerza su posición como potencia regional, aspiración que siempre ha tenido.

El desarrollo de un programa nuclear persa con fines bélicos representa una amenaza a la seguridad nacional de varios países de la zona, especialmente para Israel y para Arabia Saudita. Sin duda el más preocupado es Israel, pues esto significa el fin del monopolio nuclear y un cambio en el balance de poder. Además, las constantes amenazas que el expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad profesaba contra dicho Estado permanecen aún en la memoria colectiva. Por otro lado, Arabia Saudita e Irán son rivales tanto por el liderazgo regional como por la el enfrentamiento entre las diferentes corrientes musulmanas: entre el Irán chiita y el sunismo saudí.

EFE

Ante esta situación, se identificaron diversos escenarios posibles. En primera instancia, se promovió la idea de realizar un ataque contra Irán, que fue apoyada por Arabia Saudita e Israel. Sin embargo, debido a que no era bien vista por Estados Unidos y a que no acabaría con el programa, esta idea nunca se realizó. En cambio, Estados Unidos buscó una solución negociada a través de presiones diplomáticas y económicas.

En 2013, las negociaciones del acuerdo nuclear se vieron favorecidas debido a que el contexto interno en varios países cambió. En primer lugar, se obtuvo la victoria del presidente Rohaní, figura que era bien vista por Occidente. Por otro lado, comenzó el segundo mandato del presidente Obama quien, al principio de su gestión, gastó su capital político en la aprobación del Obamacare y se avocó a mitigar los efectos de las crisis financiera de 2008.

Por este motivo, en materia de política exterior Obama hizo un repliegue de acuerdo a sus intereses nacionales, priorizando ciertas regiones para contener y neutralizar a los adversarios y analizó dónde intervendría directamente. En este sentido, realizó esfuerzos infructuosos y sin resultados para ser mediador en el conflicto entre Israel y Palestina, lo que provocó fricciones con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Como consecuencia de este distanciamiento, Netanyahu calificó al acuerdo nuclear como “un error histórico”.

En Medio Oriente, Estados Unidos decidió replegarse y usar la diplomacia, dejando un vacío ocupado posteriormente por otras potencias y actores. Pese a que Estados Unidos reconoció la amenaza de la situación con Irán, no vio la guerra como una posibilidad real de solución porque Obama necesitaba una victoria diplomática. En consecuencia, la proximidad estadounidense con Irán produjo reacciones con sus tradicionales aliados: Arabia Saudita e Israel.

En 2016, se celebrarán elecciones en Estados Unidos y en Irán, por lo que los sectores duros y conservadores de ambos países usarán este convenio con fines políticos y tratarán de revertirlo. Adicionalmente, se debe considerar la aparición y la presencia del Estado Islámicos en territorios sirios e iraquíes, zonas de influencia iraní. Además, la guerra civil siria –donde Irán juega un papel relevante porque apoya con recursos económicos y militares al régimen de Bashar al Assad– representa otro potencial punto de conflicto que puede poner en peligro al acuerdo.

Consecuencias geopolíticas del acuerdo

Irán salió beneficiado y empoderado, pues terminó con su aislamiento internacional y  fortaleció su legitimidad en la comunidad internacional, lo que repercute en los equilibrios de poder y en la formación de alianzas. Además, gracias al levantamiento de sanciones, contará con mayores recursos económicos y aumentará su influencia en la región. De este modo tendrá más capital para el desarrollo de armamento convencional, por lo que se teme que aumente el apoyo que otorga a sus aliados, como Hezbolá que combate en Siria contra los rebeldes, apoyados por Arabia Saudita y Turquía. En este sentido, un mayor apoyo a Hamas —enemigo de Israel— y los houthis en Yemen —enemigos de Arabia Saudita—provocará una reconfiguración en los equilibrios geopolíticos en una región sacudida por la violencia.

Pese a que este Acuerdo no significa un restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán, se estableció un canal de diálogo al más alto nivel y una estrecha cooperación en la lucha contra el Estado Islámico. En este sentido, Irán otorga apoyo militar y político con milicias chiítas y personal de élite bajo los bombardeos aéreos encabezados por la coalición internacional liderada por Estados Unido. Incluso, este canal diplomático tuvo su primer éxito ante el incidente donde marinos estadounidenses fueron capturados por los Guardianes de la Revolución iraní y se utilizó la vía diplomática para lograr un pronto arreglo.

Además, existe un gran interés de los países Occidentales por Irán después del embargo económico. Este país representa un importante mercado potencial —su población es de casi 80 millones de personas— y está ávido de recibir inversiones, capital y tecnología. Incluso, después de varias décadas de ausencia, en enero de 2016 el presidente iraní realizó una gira por Europa donde cerró acuerdos millonarios.

Irán también es un importante proveedor de gas y petróleo, por lo que introducirá un mayor número de barriles de crudo a un mercado con sobreoferta. Ante esta expectativa, han disminuido los precios, lo que impactó a los países productores de petróleo, particularmente en lo refeerente a sus finanzas públicas. Tal es el caso de México, Rusia e incluso de Arabia Saudita. Además, la inserción al mercado petrolero profundiza aún más su rivalidad con Arabia Saudita, ya que ambos compiten en ese mercado y Arabia Saudita no permitirá que Irán le quite clientes.

Una de las principales consecuencias en el Medio Oriente ha sido la reacción de los vecinos de Irán. En este sentido, el acuerdo fomentó una alianza entre Arabia Saudita, Israel y Turquía. El primero encabezó la creación de una fuerza militar conjunta formada por países sunitas afines a la monarquía saudí.

Queda claro que Arabia Saudita hará todo lo que esté a su alcance para detener la presencia iraní en la región, por lo que intervendrá más en el conflicto en Yemen para detener a los houthis apoyados por Irán. Además, se reconcilió con sus rivales Catar y Turquía para obtener su apoyo en sus intereses nacionales. Finalmente, mantiene relaciones de cooperación con Israel y quiere recuperar la influencia de financiamiento de Hamas para contrarrestar la influencia iraní.

AP

Por otro lado, Israel se opuso enérgicamente al acuerdo y trata de influir en la política interna de Estados Unidos. Bajo esta lógica, exigirá una estricta vigilancia a Irán y logró concesiones y acuerdos favorables en materia militar y económica. Además, Rusia no quiere perder influencia en el Medio Oriente, ya que Irán representa la entrada de su presencia política y económica en la región. Moscú también apoya al régimen de Assad, ya que hay una base naval rusa en Siria llamada Tartus. Con la anulación de las sanciones, existe una cooperación entre Rusia e Irán en los ámbitos energéticos, agrícolas  y la industria militar.

Es evidente que este Acuerdo acercó a enemigos, alejó a aliados tradicionales y transformó la geopolítica en la región.

YOANNA SHUBICH GREEN es licenciada en Relaciones Internacionales y maestra en Estudios Internacionales y Diplomacia. Trabajó en la Embajada de México en Etados Unidos, en la Cámara de Diputados, en la Procuraduría General de la República y en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es columnista de la sección Foro Internacional Anáhuac de la sección Global de Excélsior y en la Revista Consultoría, Industria del Conocimiento. Además, es comentarista en programas de análisis de actualidad internacional en radio y televisión. Es conferencista en el Museo Memoria y Tolerancia y Coordinadora Académica de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac del Norte.

 

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