Es momento de atacar a Irán

1 noviembre, 2013 • Artículos, Medio Oriente, Norteamérica, Portada, Sin categoría • Vistas: 2177

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Noviembre 2013

Los que se oponen a la acción militar contra Irán suponen que un ataque de Estados Unidos sería mucho más peligroso que dejar que Teherán construya una bomba. Pero esto no es así: con un ataque diseñado cuidadosamente, Washington podría mitigar el costo y evitar una amenaza inaceptable. Aquí las razones que hacen de la guerra la opción menos mala.

A principios de octubre, los funcionarios estadounidenses acusaron a los agentes iraníes de planear el asesinato del embajador de Arabia Saudita ante Estados Unidos en suelo estadounidense. Irán negó la acusación, pero el episodio ya ha logrado aumentar la tensión entre Washington y Teherán. A pesar de que el gobierno de Barack Obama no ha amenazado públicamente con tomar represalias aplicando la fuerza militar, las acusaciones han puesto de manifiesto el riesgo real y creciente de que ambas partes vayan a la guerra en cualquier momento, en especial, considerando el avanzado programa nuclear iraní.

Desde hace ya varios años, mucho antes de este episodio, los expertos y los formuladores de políticas públicas estadounidenses han estado debatiendo si Estados Unidos debe atacar a Irán y tratar de eliminar sus instalaciones nucleares. Los que proponen el ataque argumentan que lo único peor que la acción militar contra Irán sería que éste tuviera armas nucleares. Los críticos, mientras tanto, han advertido de que probablemente una acción de este tipo fallaría e, incluso si tuviera éxito, desencadenaría una guerra total y una crisis económica global. Han instado a Estados Unidos a recurrir a opciones no militares, como la diplomacia, las sanciones y las operaciones encubiertas, para evitar que Irán construya una bomba. Por temor al costo que representa una campaña de bombardeos, la mayoría de los críticos sostiene que si estas otras tácticas no logran impedir el avance de Teherán, Estados Unidos debería simplemente aprender a convivir con un Irán nuclear.

Sin embargo, quienes no creen en la acción militar no comprenden el verdadero peligro que representaría un Irán con armas nucleares para los intereses de Estados Unidos en el Medio Oriente y en otras regiones. Sus sombríos pronósticos suponen que el remedio sería peor que la enfermedad; es decir, que las consecuencias de un ataque contra Irán serían tan malas o peores que las que tendría Irán de lograr sus ambiciones nucleares. No obstante, esta suposición es errónea. La verdad es que un ataque militar para destruir el programa nuclear de Irán, si se maneja con cuidado, podría evitarle a la región y al mundo una amenaza muy real y mejorar de manera espectacular la seguridad nacional de Estados Unidos en el largo plazo.

LOS PELIGROS DE LA DISUASIÓN

Tantos años depresiones internacionales no han logrado impedir que Irán trate de construir un programa nuclear. El gusano informático Stuxnet, que atacó los sistemas de control de las instalaciones nucleares iraníes, afectó temporalmente las actividades de enriquecimiento de uranio de Teherán, pero un informe de mayo de 2011 del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reveló que las plantas que fueron objeto del ataque se han recuperado totalmente. Los hallazgos más recientes de la OIEA sobre Irán, publicadas en noviembre, arrojan las pruebas más convincentes de que la república islámica ha sorteado las sanciones y el sabotaje, probando, supuestamente, dispositivos de activación nuclear y rediseñando sus misiles para que lleven cargas nucleares útiles. El Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, una institución internacional sin fines de lucro, estima que Irán ahora podría producir su primera arma nuclear en un plazo de 6 meses si lo quisiera.

Los planes de Teherán de trasladar las operaciones nucleares sensibles a instalaciones más seguras durante el próximo año podrían reducir aún más la ventana para una acción militar eficaz. Si Irán expulsa a los inspectores de la OIEA, empieza a enriquecer sus reservas de uranio a un 90% (grado militar) o establece centrífugas avanzadas en su instalación de enriquecimiento de uranio de Qom, Estados Unidos debe atacar de inmediato o perder la última oportunidad para evitar que Irán se una al club nuclear.

Algunos países de la región están dudando de la determinación de Estados Unidos para detener el programa y están cambiando su lealtad hacia Teherán. Otros han comenzado a hablar de lanzar sus propias iniciativas nucleares para hacerle frente a una posible bomba iraní. Para esos países y para Estados Unidos, la amenaza sólo seguirá creciendo mientras Teherán se acerca a su objetivo. Un Irán con armas nucleares limitaría inmediatamente la libertad de acción de Estados Unidos en el Medio Oriente. Con poder nuclear, Irán podría amenazar cualquier iniciativa política o militar de Estados Unidos en el Medio Oriente con la guerra nuclear, lo que forzará a Washington a pensar dos veces antes de actuar en la región. Los rivales de Irán en el área, como Arabia Saudita, probablemente se decidirán a adquirir su propio arsenal nuclear, lo que desencadenaría una carrera armamentista. Para limitar a sus rivales geopolíticos, Irán podría optar por impulsar la proliferación transfiriendo tecnología nuclear a sus aliados: a otros países y grupos terroristas por igual.

Tener una bomba le daría a Irán mayor cobertura de agresión convencional y diplomacia coercitiva, y los enfrentamientos entre sus agentes terroristas e Israel, por ejemplo, podrían incrementarse. Además, ni Irán ni Israel cuentan con todas las garantías que ayudaron a Estados Unidos y a la Unión Soviética a evitar un intercambio nuclear durante la Guerra Fría: la capacidad de responder a un ataque nuclear, líneas de comunicación claras, tiempos de vuelo prolongados para los misiles balísticos de un país a otro y experiencia en el manejo de arsenales nucleares. Sin duda, un Irán con armas nucleares no lanzaría intencionalmente una guerra nuclear suicida. Pero el volátil equilibrio nuclear entre Irán e Israel podría salirse de control fácilmente si surgiera una crisis, lo que provocaría un intercambio nuclear entre esos dos países, que también podría arrastrar a Estados Unidos.

Estas amenazas de seguridad requerirían que Washington contuviera a Teherán. Sin embargo, la disuasión tiene un alto costo. Para contener la amenaza iraní, Estados Unidos tendría que desplegar unidades navales y de tierra y, posiblemente, armas nucleares en todo el Medio Oriente, así como mantener una gran fuerza en el área durante décadas. Junto con esas tropas, Estados Unidos tendría que desplegar, de manera permanente, importantes activos de inteligencia para vigilar cualquier intento de transferencia de tecnología nuclear por parte de Irán. Además, quizá también tendría que dedicar miles de millones de dólares para mejorar la capacidad de defensa de sus aliados. Esto podría incluir la ayuda a Israel para la construcción de misiles balísticos de lanzamiento submarino y silos fortificados para misiles balísticos con el fin de garantizar que pueda mantener una capacidad de contraataque segura. Lo que es más importante, para que la contención fuera convincente, Estados Unidos tendría que ampliar su paraguas nuclear a sus socios de la región, y prometer defenderlos con la fuerza militar si Irán lanzara un ataque.

En otras palabras, para contener a un Irán con armas nucleares, Estados Unidos necesitaría hacer una inversión sustancial de capital político y militar en el Medio Oriente todo esto en medio de una crisis económica y mientras trata de sacar a sus fuerzas de la región. La disuasión tendría un enorme costo económico y geopolítico, y tendría que continuar mientras Irán fuera hostil a los intereses de Estados Unidos, lo que podría durar varias décadas o más. Dada la inestabilidad de la región, este esfuerzo también podría fallar, lo que provocaría una guerra mucho más costosa y destructiva que la que esperan evitar los críticos de un ataque preventivo contra Irán.

UN BLANCO FACTIBLE

Un Irán con armas nucleares supondría una enorme carga para Estados Unidos. Sin embargo, eso no significa necesariamente que Washington deba recurrir a medidas militares. Para decidir qué hacer, la primera pregunta por responder sería si funcionaría un ataque contra el programa nuclear de Irán. Los que dudan señalan que Estados Unidos podría desconocer la ubicación de las instalaciones iraníes clave. Debido a los intentos previos de Teherán de ocultar la construcción de ese tipo de estaciones, en particular las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Natanz y Qom, es posible que el régimen ya posea activos nucleares que una campaña de bombardeos podría pasar por alto, lo que dejaría al programa iraní con daños, pero vivo.

Este escenario es posible, pero improbable; de hecho, esos temores quizá sean exagerados. Las agencias estadounidenses de inteligencia, la OIEA y los grupos de oposición dentro de Irán han hecho una advertencia oportuna acerca de las actividades nucleares de Teherán en el pasado, exponiendo, por ejemplo, la construcción secreta en Natanz y Qom antes de que esas instalaciones comenzaran a funcionar. De este modo, aunque Teherán podría seguir intentando construir instalaciones clandestinas, Washington tiene muy buenas posibilidades de encontrarlas antes de que empiecen a operar. Además, dado el tiempo que se requiere para construir y activar una instalación nuclear, la escasez de recursos de Irán y su incapacidad para ocultar con éxito las instalaciones de Natanz y Qom, es poco probable que Teherán tenga alguna instalación nuclear importante en operación que las agencias occidentales de inteligencia no conozcan.

Incluso si Estados Unidos lograra identificar todas las plantas nucleares de Irán, destruirlas podría ser, no obstante, muy difícil. Los críticos de un ataque estadounidense argumentan que las instalaciones nucleares de Irán están dispersas por todo el país, enterradas profundamente, fortificadas contra ataques y rodeadas de defensas antiaéreas, lo que haría de una incursión de este tipo una empresa compleja y peligrosa. Además, aseveran que Irán ha ubicado intencionalmente sus instalaciones nucleares cerca de poblaciones civiles, que, sin duda, quedarían bajo el fuego en un ataque de Estados Unidos, lo que podría provocar cientos, si no es que miles, de muertes.

Estos obstáculos, sin embargo, no evitarían que Estados Unidos inhabilitara o demoliera las instalaciones nucleares de Irán que ya se conocen. Una operación preventiva necesitaría dirigirse contra la planta de conversión de uranio de Isfahán, contra el reactor de agua pesada de Arak y contra varias plantas de fabricación de centrífugas cercanas a Natanz y a Teherán, todas ellas ubicadas en la superficie y muy vulnerables a un ataque aéreo.

También tendría que atacar las instalaciones de Natanz, que, aunque están enterradas en concreto reforzado y rodeadas de defensas antiaéreas, no sobrevivirían un ataque con la nueva bomba contra búnkers del ejército estadounidense, Massive Ordnance Penetrator, la artillería masiva de 13600 kilogramos, capaz de penetrar hasta 60 metros de concreto reforzado. La plata de Qom está construida en la ladera de una montaña y, por lo tanto, representa un blanco mucho más difícil. No obstante, la instalación aún no está funcionando y tiene muy poco equipo nuclear, por lo que si Estados Unidos actúa rápidamente, no necesitaría destruirla.

Washington también podría limitar las bajas civiles en cualquier campaña. Irán construyó sus plantas nucleares más importantes, como la de Natanz, en zonas alejadas de áreas densamente pobladas. Para las instalaciones menos importantes cercanas a poblaciones civiles, como las plantas de fabricación de centrífugas, los misiles guiados de precisión de Estados Unidos podrían dirigirse a edificios específicos, sin dañar los alrededores. Washington podría reducir aún más el daño colateral atacando por la noche o eliminando esas plantas menos importantes de su lista de blancos, sin que esto representara un gran costo para el éxito general de la misión. Aunque sin duda Irán daría a conocer cualquier sufrimiento humano resultado de una acción militar, la mayoría de las víctimas serían los militares, los ingenieros, los científicos y los técnicos que estuvieran trabajando en dichas instalaciones.

MARCAR LOS LÍMITES CORRECTOS

El hecho de que Estados Unidos pudiera retrasar o destruir el programa nuclear de Irán no implica necesariamente que deba hacerlo. Un ataque de ese tipo podría tener consecuencias devastadoras —para la seguridad internacional, para la economía global y para la política interna iraní— que es necesario explicar.

En primer lugar, según los críticos, la acción militar estadounidense podría provocar fácilmente una guerra en gran escala. Irán podría aplicar represalias contra las tropas estadounidenses o contra sus aliados, lanzando misiles contra las instalaciones militares o contra la población civil en el Golfo o, quizá, incluso en Europa. Podría activar a sus agentes en el extranjero, provocando tensiones sectarias en Iraq, trastornando la Primavera Árabe y ordenando ataques terroristas contra Israel y Estados Unidos. Esto podría arrastrar a Israel o a otros países a la lucha y forzar a Estados Unidos a escalar el conflicto como respuesta. Los poderosos aliados de Irán, incluidos China y Rusia, podrían intentar aislar a Estados Unidos en el ámbito económico y diplomático. En medio de tal escalada de violencia, ninguno de los bandos podría tener una vía clara para salir de la batalla, lo que tendría como resultado una prolongada y devastadora guerra, cuyo efecto podría dañar gravemente la posición de Estados Unidos en el mundo musulmán.

Los que temen un ataque de Estados Unidos también señalan que Irán podría intentar, como represalia, cerrar el estrecho de Ormuz, el angosto punto de acceso al Golfo Pérsico por el que transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo. Incluso si Irán no amenaza el estrecho, los especuladores, por temor al posible trastorno del suministro, aumentarían el precio del petróleo, lo que podría desencadenar una crisis económica mayor en un momento ya de por sí frágil.

No obstante, ninguno de estos resultados está predeterminado; de hecho, Estados Unidos podría hacer mucho para mitigarlos. Sin duda, Teherán sentiría que debe responder a un ataque de Estados Unidos con el fin de restablecer la disuasión y evitar la humillación en su país. Pero también es posible que trate de calibrar sus acciones para evitar el inicio de un conflicto que podría llevar a la destrucción de su ejército o del régimen mismo. Es probable que el liderazgo iraní recurra a las peores formas de represalia, como cerrar el estrecho de Ormuz o lanzar misiles contra el sur de Europa, sólo si siente que su existencia se ve amenazada. Una operación dirigida de Estados Unidos no necesita amenazar a Teherán de una forma tan fundamental.

Para asegurarse de que no lo haga y tranquilizar al régimen iraní, Estados Unidos primero podría dejar en claro que sólo está interesado en destruir el programa nuclear de Irán, no en derrocar al gobierno. Entonces, podría identificar ciertas formas de represalia a las que respondería con una acción militar devastadora, como intentar cerrar el estrecho de Ormuz, realizar ataques masivos y continuos contra los países del Golfo o contra las tropas o los barcos de Estados Unidos, o lanzar ataques terroristas en Estados Unidos. Washington tendría que expresarle claramente estos “límites” a Teherán, durante y después del ataque, para asegurarse de que el mensaje no se haya perdido en la batalla. También necesitaría aceptar que debería absorber las respuestas iraníes que no superaran esos límites, sin escalar el conflicto. Lo anterior podría incluir la aceptación de ataques de advertencia con misiles contra las bases y los barcos estadounidenses en la región —varios bombardeos a lo largo de algunos días que se reducirían en poco tiempo— o el asedio de los buques comerciales y de la armada de Estados Unidos. Para evitar este tipo de contingencias que podrían obligar a la Casa Blanca a intensificar la lucha, Estados Unidos necesitaría evacuar al personal no esencial de las bases que se encuentren dentro del rango de los misiles iraníes y garantizar que sus soldados estén seguros en refugios antibombas antes de que Irán lance su respuesta. Washington quizá también necesite tener medidas más intensas para los agentes de Irán en Afganistán e Iraq, y contra los ataques terroristas y de misiles dirigidos a Israel. Al hacerlo, podría provocar que Irán siga el camino de Iraq y de Siria, países que se abstuvieron de iniciar una guerra después de que Israel atacara sus reactores nucleares en 1981 y 2007, respectivamente.

Incluso si Teherán cruzara los límites de Washington, Estados Unidos aún podría manejar el enfrentamiento. Al inicio de cualquier violación de esa índole, podría dirigir su ataque contra las armas iraníes que considere más amenazantes para evitar que Teherán las despliegue. Para contener rápidamente la situación y evitar una guerra regional más extendida, Estados Unidos también podría obtener el acuerdo de sus aliados de evitar responder a un ataque iraní. Esto mantendría a otros ejércitos, en especial a las Fuerzas de Defensa de Israel, fuera del enfrentamiento. Israel deberá demostrar que está dispuesto a aceptar un acuerdo de ese tipo a cambio de que Estados Unidos elimine la amenaza nuclear iraní. De hecho, llegó a un acuerdo similar con Estados Unidos durante la Guerra del Golfo, cuando se abstuvo de responder al lanzamiento de misiles Scud de Saddam Hussein.

Finalmente, el gobierno de Estados Unidos podría mitigar las consecuencias económicas de un ataque; podría, por ejemplo, compensar cualquier interrupción del suministro de petróleo abriendo su reserva estratégica de petróleo y alentando discretamente a algunos países del Golfo a aumentar su producción en el período previo al ataque. Dado que muchos países productores de petróleo de la región, en especial Arabia Saudita, han presionado a Estados Unidos para que ataque a Irán, lo más probable es que cooperen.

Washington también podría reducir las repercusiones políticas de la acción militar aumentando el apoyo mundial de antemano. Quizá muchos países aún critican a Estados Unidos por usar la fuerza, pero algunos —los Estados árabes en particular— le agradecerían en privado a Washington por eliminar la amenaza iraní. Logrando tal consenso durante los momentos previos a un ataque y tomando las medidas establecidas para mitigarlo una vez que comenzara, Estados Unidos podría evitar una crisis internacional y limitaría el alcance del conflicto.

CUALQUIER MOMENTO ES BUENO

Los críticos tienen otra objeción: incluso si Estados Unidos lograra eliminar las instalaciones nucleares de Irán y mitigar las consecuencias de dicha acción, los efectos no durarían mucho tiempo. Es cierto que no hay garantía de que un ataque disuada a Irán de tratar de reconstruir sus plantas; podría incluso fortalecer la determinación de Irán de adquirir tecnología nuclear como medio para aplicar represalias o protegerse en el futuro. Estados Unidos podría no contar con los medios o con el capital político para lanzar otro ataque, lo que lo obliga a depender de las mismas herramientas inútiles que utiliza para frenar la carrera nuclear de Irán. Si eso sucediera, las acciones de Estados Unidos sólo demorarían lo inevitable.

Sin embargo, según la OIEA, Irán parece estar totalmente decidido a desarrollar un programa de armas nucleares y no precisa más motivaciones de Estados Unidos. Además, no podría reanudar simplemente su avance cuando toda su infraestructura nuclear sea reducida a escombros. De hecho, una ofensiva devastadora como ésa bien podría forzar a Irán a renunciar completamente al juego nuclear, como lo hizo Iraq cuando su programa nuclear fue destruido durante la Guerra del Golfo y como lo hiciera Siria tras el ataque israelí de 2007. Incluso si Irán tratara de reconstruir su programa nuclear, se vería forzado a lidiar con la presión internacional continua, con más dificultades para adquirir los materiales nucleares necesarios en el mercado internacional y con la posibilidad de enfrentarse a ataques posteriores. La acción militar, por ende, podría retrasar el programa nuclear de Irán desde unos cuantos años hasta una década, y quizá de manera definitiva.

Los escépticos podrían incluso argumentar que, en el mejor de los casos, un ataque sólo les daría más tiempo. Pero el tiempo es un bien muy valioso. A menudo, los países tratan de retrasar lo más posible este tipo de situaciones con la esperanza de eliminar la amenaza por completo. Los países cuyas instalaciones nucleares han sido atacadas —Iraq y Siria, entre los más recientes— han demostrado no estar dispuestos a reiniciar sus programas o ser incapaces de hacerlo. Por ende, lo que parece ser únicamente un contratiempo temporal para Irán podría convertirse, a la larga, en el punto de quiebre.

Otro argumento más contra la acción militar dirigida a Irán es que animaría a la línea dura del gobierno iraní, ayudándole a reunir a la población en torno al régimen, y eliminaría cualquier reformista. Esta crítica ignora el hecho de que la línea dura ya tiene el control. El régimen gobernante ha llegado al extremo de marginar incluso a los líderes que alguna vez se consideraron de derecha, como el ex Presidente Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, por su indulgencia. Además, Rafsanjani o el ex candidato a la presidencia Mir Hosein Musavi continuarían probablemente el programa nuclear si asumieran el poder. Un ataque podría crear más oportunidades para los disidentes en el largo plazo (después de unir temporalmente a Irán tras el ayatolá Alí Jamenei), con lo que les daría motivos para criticar a un gobierno que invita al desastre. Incluso si un ataque fortaleciera a la línea dura de Irán, Estados Unidos no debe darles prioridad a los resultados de los conflictos políticos de Irán por encima de su interés de seguridad nacional vital de impedir que Teherán desarrolle armas nucleares.

ATACAR AHORA O SUFRIR DESPUÉS

Difícilmente, atacar a Irán es una perspectiva atractiva. Pero Estados Unidos puede anticipar y reducir muchas de las temidas consecuencias de este tipo de ataques. Si tiene éxito, podría eliminar el incentivo para que otros países de la región comiencen sus propios programas atómicos y, de manera más amplia, fortalecer la no proliferación global demostrando que utilizará la fuerza militar para evitar la propagación de las armas nucleares. También puede prevenir una operación israelí contra Irán, que, dada la limitada capacidad de Israel de mitigar un posible enfrentamiento y de infligir daño duradero, probablemente tendría consecuencias mucho más devastadoras y tendría muchas menos probabilidades de tener éxito que un ataque estadounidense. Finalmente, un ataque gestionado cuidadosamente por Estados Unidos podría resultar menos riesgoso que la perspectiva de contener a una república islámica con armas nucleares; una propuesta costosa y prolongada que, quizá, acarrearía graves amenazas para la seguridad nacional. De hecho, tratar de manejar a un Irán con armas nucleares no sólo es una terrible opción: es la peor.

Dado que las guerras contra Afganistán y contra Iraq están llegando a su fin ya que Estados Unidos atraviesa dificultades económicas, los estadounidenses tienen poco interés en enzarzarse conflictos adicionales. No obstante, el rápido desarrollo nuclear de Irán forzará a Estados Unidos, en última instancia, a elegir entre un conflicto convencional y una posible guerra nuclear. Ante esta decisión, Estados Unidos debe llevar a cabo un ataque quirúrgico contra las instalaciones nucleares de Irán, debe reducir el efecto de una inevitable ronda de represalias y luego buscar la manera de acabar rápidamente con la crisis. Hacerle frente a la amenaza hoy evitará que Estados Unidos se enfrente a una situación mucho más peligrosa en el futuro.

MATTHEW KROENIG es investigador visitante en Seguridad Nuclear en el Council on Foreign Relations y autor de Exporting the Bomb: Technology Transfer and the Spread of Nuclear Weapons. De julio de 2010 a julio de 2011, fue asesor especial en la Oficina del Secretario de Defensa de Estados Uni- dos, a cargo de la estrategia y política de defensa para Irán.

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2 Responses to Es momento de atacar a Irán

  1. Alexander Fuentes dice:

    Recuerde lo que le paso al Dron Americano (Sentinel), no saben realmente lo que Iran ha desarrollado y es capaz

    Uds. se quedaron con el dinero del Sha de Iran y eso es imperdonable para los Iranies. Luego dicen que los arabes , musulamanes y persas los odian.

  2. leandro dice:

    Perdon genocida blanco, pero no habria que bombardear “humanitariamente” a pakistan? Porque de ahi nacio el apoyo a alc.i.ada , perdon “al qaeda” , otra cosa, y arabia saudita? Dona millones y millones de petrodolares al isis, idiologia y entrenamiento en conjunto con jordania y turquia.
    O eso no le molesta gringo asqueroso, y repugnante! Asesinos, genocidas, eso son los que dicen defender el mundo “libre”, ladrones, y muy cobardes, porque mandan a descerebrados a invadir paises diciendo que llevan “democracia”.
    Freedom fighters, decia el puto de reegan,no? Ojala te mueras de un lento y doloroso cancer, gringo de mierda!

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