Agenda 2030 y la política exterior de AMLO

15 noviembre, 2018 • Artículos, FEG Anáhuac, Latinoamérica, Portada • Vistas: 939

lopezobrador.org.mx

Laura Paulina Axotla Flores

Noviembre 2018

Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México

Han transcurrido 3 años desde que los países cambiaron el paradigma del Desarrollo Sostenible y pactaron la Agenda 2030. Si bien, veníamos de un pasado poco fructífero, el ánimo por mejorar la calidad de vida y asegurar el futuro de la humanidad eran generalizados en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este nuevo paradigma ha moldeado la formulación de la política exterior de manera tal que pareciera infalible. En el caso de México, la aceptación de la transición hacia el nuevo paradigma se dio de forma natural y muy acorde a nuestra política exterior tradicional. Pero nos enfrentaba, sin duda, a una paradoja entre lo políticamente aceptado y las necesidades de la sociedad por sobrevivir a un ambiente violento y de pobreza.

Después de una contienda electoral ardua contra candidatos con propuestas que no parecían un proyecto de nación si no una campaña de desprestigio, el Presidente electo, Andrés Manuel Lopez Obrador, se posicionó como líder de facto en nuestro país y comenzó a definir todas aquellas promesas que serían cumplidas en los próximos 6 años. Una de ellas es el establecimiento de la Agenda 2030 como eje principal de su política exterior. No sorprendió que el Presidente electo prometiera a sus seguidores un proyecto que mirara al interior con una perspectiva mundial. Pero las implicaciones de esto nos llevan a pensar si nos encontramos en un momento de la evolución de nuestra política exterior en donde lo internacional pasa a un segundo plano y solo servirá como herramienta para resolver lo interno. ¿Esto será intrínsecamente malo o bueno para el país?

Esta posición tiene su origen en la genuina necesidad por resolver los grandes problemas sociales, políticos y económicos que afectan al Estado mexicano, y de los incontables esfuerzos fallidos por resolverlos. A pesar de que no es la primera vez que se aplica la Agenda de Desarrollo Sostenible, los avances que ha tenido México en la materia son poco claros. Los indicadores reportados a la oficina representativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en México son insuficientes y tienen lagunas que alarman a quienes los lean. Esto es una situación que contrasta con los discursos del gobierno de Enrique Peña Nieto, que desde el origen de la Agenda 2030 la tomó como estandarte y modificó el Plan Nacional de Desarrollo para que se adaptara a lo dispuesto en la Asamblea General. Entonces, ¿sería viable cumplir estos objetivos o mirar los problemas que suceden en nuestro país bajo otra visión?

No sorprendió que el Presidente electo prometiera a sus seguidores un proyecto que mirara al interior con una perspectiva mundial.

De acuerdo con lo declarado por el Presidente electo, la estrategia de incorporar la Agenda 2030 será repetida bajo el modelo del gobierno saliente. Con el fin de dar soluciones mundiales a problemas locales, Lopez Obrador pretende fortalecer la participación estatal para fomentar la producción agrícola y generar empleos en el sector primario. En el mismo tenor, el Presidente electo pretende consolidar las relaciones con organismos internacionales y con la sociedad civil para compartir la responsabilidad del cumplimiento de la Agenda. Con lo anterior, robustecer al país y busca posicionarse en una situación más ventajosa para le negociación con nuestros vecinos regionales y aliados estratégicos en el mundo.

En el caso del nuevo gobierno, tenemos un plan que nos remite a las tendencias en el continente e incluso a nivel mundial. ¿Populismo o el ejercicio de una verdadera democracia? Particularmente, para la Agenda de Desarrollo debemos cuestionarnos si estamos en un escenario en donde es posible llevarla a cabo. ¿México es la tormenta perfecta para la consolidación de un sistema que solo promete y da en razón a las conveniencias políticas? ¿O simplemente vemos la repetición de los sistemas anteriores en donde solo un cuantos serán beneficiados?

Del dicho al hecho

¿Cómo lograr 17 objetivos que apuntan tan alto? El reto para el Presidente electo es grande. Casi tan grande que la mayoría de los países ven el 2030 como un nuevo replanteamiento. López Obrador planea que la manera de logar esta Agenda se remite al ahorro que ganara el Estado mexicano al erradicar la corrupción. Es decir, evitar que los ricos sigan robando para que podamos ayudar a los pobres. Como máxima de su visión de país, el Presidente electo ha prometido hasta el cansancio que una vez reordenadas las lógicas del poder, los problemas de desarrollo nacional podrán ser resueltos, pero esto nos puede llevar a un ciclo asistencialista que nos hará más dependientes de un gobierno si no se lleva de manera estratégica.

México debe sumarse a las agendas de desarrollo y colaboración internacional que ponen a la persona en el centro ontológico de la formulación de soluciones mundiales y locales. ¿Pero a qué costo? La situación actual, después de una consulta dudosa y de un silencio conveniente ante la caravana migrante procedente de Centroamérica, es crítica y representa un reto para la construcción del Plan de Gobierno y por ende de nuestro desempeño nacional e internacional. Hoy, más que nunca, la presencia de nuestro país está comprometida a nivel internacional por tener titubeos o malas prácticas en la aplicación de la Agenda 2030, y de no mejorar nuestro rendimiento nos llevaría a la profundización del desprestigio con el que cargamos como país.

El reto para el Presidente electo es grande. Casi tan grande que la mayoría de los países ven el 2030 como un nuevo replanteamiento.

Entonces, ¿qué debe hacer nuestro Presidente electo? La respuesta es clara: planeación y claridad en su mandato. Primero, en el cumplimiento de la promesa de eliminar la corrupción del país en los tres niveles de gobierno y, posteriormente, analizar la recaudación de impuestos y reordenamiento del sistema fiscal. El desarrollo, como proyecto de nación, es una ambición costosa que ha quebrado los sistemas bienestar desde la década de 1970, pero que de ser bien planeado puede marcar una nueva época de esplendor para los ciudadanos.

Dado a que vivimos en un México que debe rendir cuentas a 62.8 millones de personas que están en pobreza y pobreza extrema, de acuerdo con los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el Presidente electo debe escuchar las demandas de políticas que más sistematizar su dependencia al gobierno, permitan su salida de estas lógicas que perpetúan su condición precaria. Sin duda, la visión creada en la ONU pretende eliminar la pobreza y mejorar el bienestar en todo el mundo y ser flexible para adaptarse a las situaciones particulares de cada Estado, por tanto, una solución que parece pertinente y viable. El problema es que este instrumento, que en principio tiene un objetivo claro, es tergiversado o incluso ignorado. ¿Cuál será la forma en la que se aplique en el gobierno del Presidente electo?

En el México real, los costos políticos de los errores de los gobiernos anteriores ya no deben ser tolerados o incluso ignorados. Las buenas intenciones dichas en la arena internacional deben de ser un reflejo de la construcción de las políticas públicas que resuelvan los problemas de la desigualdad y pobreza. Estamos viviendo en una terrible necesidad de dejar las promesas políticas y pasar a una acción tangible. La Agenda 2030 está a 12 años de ser completada o replanteada, en principio parece mucho tiempo, pero si de verdad el Presidente electo desea ser el cambio que se espera, debe de sentar las bases para que en el futuro y más allá de su sexenio podamos lograr los 17 objetivos de la agenda. El tiempo corre y México debe de actuar.

LAURA PAULINA AXOTLA FLORES es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Anáhuac México Sur. Es maestrante en Asuntos Internacionales por la Universidad Anáhuac México. Es especialista en temas de Seguridad Internacional, Organismos Intergubernamentales e Igualdad de Género en la esfera internacional. Actualmente trabaja como Asistente Académico de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.

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2 Responses to Agenda 2030 y la política exterior de AMLO

  1. Marco Alejandro Axotla Escalona dice:

    Mis felicitaciones al trabajo publicado por objetividad

  2. Bernardo Ramos Rodríguez dice:

    ¿De dónde se obtienen las cifras de pobreza y pobreza extrema? No corresponden con aquellas reportadas por CONEVAL en su medición de 2016.

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