Perspectiva política de la crisis económica en Turquía

6 septiembre, 2018 • Artículos, Asuntos globales, CEI Gilberto Bosques, Medio Oriente, Portada • Vistas: 961

Economis

David Hernández López

Septiembre 2018

Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques

Durante las recientes semanas la moneda turca, la lira, ha sufrido uno de los descensos más dramáticos en su valor, por lo menos en los últimos años. Específicamente, los principales efectos de la devaluación de la divisa turca se presentaron del 10 al 13 de agosto de 2018 cuando su precio descendió a 7.24 liras por dólar, un mínimo histórico. En otras palabras, la lira perdió en un fin de semana 20% de su valor, mientras que durante 2018 se ha depreciado en casi el 40% en el mercado mundial. El tema no es menor, ya que se piensa que se podría generar un efecto similar en otras economías en vías de desarrollo.

El Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, anunció un paquete de medidas económicas con el objetivo de aminorar el impacto negativo en el valor de la moneda local. Entre ellas se encuentra la introducción de 6000 millones de dólares; aumentar los depósitos de garantías para transacciones en liras, y reducir el volumen de divisas que deben mantener los bancos como reserva. Aunque la lira logró estabilizarse, estas decisiones no han dado los resultados esperados porque los problemas de fondo no necesariamente están relacionados con las finanzas del país, o por lo menos no del todo.

La percepción de que esta crisis es solo económica podría limitar los posibles escenarios de solución. Más bien, su origen está ligado a elementos políticos que, a su vez, han afectado las finanzas locales. Sin duda, la situación interna, luego del fallido golpe de Estado de 2016 en Turquía y su relación con Estados Unidos, son piezas clave para entender el contexto actual.

Fallido golpe de Estado de 2016: origen de la crisis

Luego del fallido golpe de Estado en 2016, el gobierno de Turquía ha iniciado un proceso de depuración en la administración pública del país, principalmente en el ejército. El objetivo es identificar a los posibles colaboradores de Fethullah Gülen, líder del Movimiento Hizmet, quien desde la perspectiva del gobierno turco es el autor intelectual del levantamiento en contra del presidente Erdogan. Es necesario señalar que esta operación, tanto en la administración pública como entre la población turca, ha sido criticada por distintas organizaciones internacionales, entre ellas Amnistía Internacional, por presuntamente violar los derechos humanos de los sospechosos. Evidentemente, personas y organizaciones vinculadas al Movimiento Hizmet en territorio turco han sido afectadas, incluso escuelas y hospitales, entre otras instituciones, han cerrado. Actualmente, Gülen se encuentra autoexiliado en Estados Unidos y las autoridades turcas demandan al gobierno estadounidense la extradición del exclérigo.

Sin duda, la situación interna, luego del fallido golpe de Estado de 2016 en Turquía y su relación con Estados Unidos, son piezas clave para entender el contexto actual.

Cabe destacar que el Movimiento Hizmet y su líder fueron importantes aliados en las elecciones de 2002 cuando el Partido de la Justicia y el Desarrollo, organización política del presidente Erdogan, llegó al poder. Sin embargo, las relaciones entre el Movimiento y el actual mandatario turco se fragmentaron irreparablemente en 2013 luego de las investigaciones contra autoridades gubernamentales por supuestamente estar involucrados en casos de corrupción. El principal sospechoso fue el entonces primer ministro Erdogan, quien acusó a Gülen y a su Movimiento de promover las investigaciones e intentar realizar un golpe de Estado. Desde entonces, el mandatario turco ha calificado al Movimiento Hizmet como una organización terrorista.

Asimismo, en el marco de la política de persecución de los involucrados en el Movimiento Hizmet, el pastor estadounidense Andrew Brunson fue detenido desde el 6 de octubre de 2016 acusado de apoyar a una organización terrorista y de espionaje político. Las autoridades turcas afirman que Brunson tiene vínculos con el Movimiento Hizmet y, por ende, está relacionado con el intento de golpe de Estado. Por su parte, Estados Unidos acusa a Turquía de haber violado en un primer momento el debido proceso del acusado al haber negado la reunión de Brunson con un representante del consulado estadounidense.

Polémica actual: intercambio de ciudadanos y diferencias políticas

Turquía ha reclamado la extradición de Gülen, mientras que Brunson es requerido por Estados Unidos, pero ambos países se han negado a entregarlos. Washington ha respondido con el aumento de aranceles en las importaciones de acero y aluminio turco, entre otras sanciones, que finalmente han ocasionado la inestabilidad en la lira. No obstante, cabe aclarar que, aunque estas medidas también han sido aplicadas a países como China, la economía de Turquía se había deteriorado durante 2018, lo que finalmente limitó su capacidad de respuesta y resistencia. Sin duda, las sanciones económicas de Estados Unidos tienen mayor impacto en economías como la turca, en comparación con Canadá, China, México o la Unión Europea. La estabilidad política y social es el factor común entre estos países.

Sin embargo, las diferencias entre Estados Unidos y Turquía no se limitan al conflicto en las solicitudes de extradición. Otras importantes divergencias se han desarrollado desde hace ya varios meses. El principal escenario de discrepancias ocurre en cuanto al conflicto en Siria. Por un lado, Estados Unidos ha apoyado con armamento y capacitación a los kurdos en el norte del territorio sirio para combatir contra el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico. Sin embargo, Turquía califica a los kurdos de terroristas, e incluso desde principios de 2018 inició una campaña militar en su contra. Estas diferencias han causado que la relación bilateral entre ambos países haya sido caracterizada por la tensión diplomática, incluso al interior de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

¿Riesgo para México?

Por último, y de manera breve, cabe mencionar que en México se pudiese haber sentido el efecto en la caída de la moneda turca. De acuerdo con cifras del Banco de México, del 10 al 13 de agosto de 2018 el peso mexicano redujo su valor frente al dólar, ya que esa moneda se cotizaba antes de la crisis en 18.92 pesos y tras el embate a la lira en 19.18. Desde entonces, aunque el peso mexicano se ha recuperado, no ha logrado recobrar la ventaja que había ganado en el último par de meses.

Aunque es probable que este fenómeno no dependa únicamente de la crisis turca, existe el temor latente de que por la similitud de las economías (países en vías de desarrollo), los empresarios decidan que es muy arriesgado mantener sus inversiones en países con dichas características. En su lugar, bien podrían llevar su capital hacia economías más fuertes o menos riesgosas.

Las decisiones del presidente Erdogan han generado mayor incertidumbre porque no presentan soluciones profundas a la crisis.

Por otro lado, cabe recordar que BBVA, una institución bancaria con una importante presencia en territorio mexicano, tiene alrededor del 50% de participación en el banco turco Garanti. Y en total, entre otros bancos españoles que también funcionan en México, acumulan 83 000 millones de euros invertidos en territorio turco. Dada la importante presencia de estas instituciones bancarias en México se ha hablado sobre el posible contagió indirecto a la economía local.

Perspectiva de la crisis

Las decisiones del presidente Erdogan han generado mayor incertidumbre porque no presentan soluciones profundas a la crisis. Principalmente porque las medidas implementadas desde entonces son más bien de carácter económico; que si bien han ayudado a estabilizar la moneda turca, no son garantía de que no se presente nuevamente una crisis a corto plazo. Además, el nombramiento de su yerno Berat Albayrak, un par de meses atrás, como Ministro de Finanzas fue tomado con cierta inconformidad en los mercados financieros. Asimismo, su reciente reelección como Presidente, bajo un nuevo sistema presidencialista, ha sido percibida como el inicio de un mayor control del presidente en la economía del país.

Además, la actual crisis en materia de derechos humanos en Turquía es sin duda poco estimulante para las inversiones en el país. El ambiente social es más bien tenso y las redadas en contra de miembros del Movimiento Hizmet y personas cercanas a Gülen han propiciado la división interna. El bono económico con el que contaba Turquía hace algunos años se ha deteriorado por la inestabilidad social, entre otros elementos desfavorables para emprender negocios en el país.

La actual crisis económica en Turquía tiene componentes políticos muy importantes. Su solución definitiva tendrá que ver más con movimientos meramente políticos que con medidas económicas. La relación bilateral con Estados Unidos, importante actor en este escenario, serán fundamentales para recuperar la confianza de los inversores. Sin embargo, es poco probable que alguno de los dos actores decida finalmente ceder a las presiones de sus contrapartes. En su lugar, Turquía podría acercarse a aliados como China y Rusia, como ya lo ha adelantado, para suplir el apoyo estadounidense.

DAVID HERNÁNDEZ LÓPEZ es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es investigador en el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República. Además, es miembro asociado del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Sígalo en Twitter en @DavidHdzLpz.

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