Incertezas y transiciones

17 julio, 2018 • Artículos, Asuntos globales, Portada • Vistas: 3287

¿Es el Mundial de futbol un reflejo del sistema internacional?

diario.mx

Gladys Lechini y Gisela Pereyra Doval

Julio 2018

Si hacemos una analogía entre el sistema internacional y el futbol, se podría decir que las configuraciones de poder que varios años atrás se planteaban como previsibles, hoy no lo son tanto. El orden mundial se podía caracterizar como una hegemonía oligopólica, donde pocos Estados determinaban las reglas del juego, al igual que los equipos exitosos en las sucesivas copas del mundo. En ellas eran siempre los mismos cinco o seis equipos los que salían triunfadores y el resto (alrededor de treinta) les hacían de complemento, sabiendo que los campeones eran incontestables. Lo mismo ocurría en el sistema internacional. Aunque hubo momentos de unipolaridad, generalmente fueron unos pocos quienes dictaban las reglas del “juego internacional” (por ejemplo, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas o el G-7: rule makers) y el resto de los Estados las aceptaban pues tenían pocas posibilidades de modificarlas (rule takers).

Con el fin de la Guerra Fría y del sistema bipolar, se comenzó a transitar un escenario de incertezas y transiciones en torno a quienes establecerían las reglas del juego y cuáles serían las mismas. En la década de 1990, parecía que el sistema internacional se aglutinaba en torno a la hegemonía incontestable de Estados Unidos, con la democracia como modelo político y la economía de mercado como modelo económico. Pero los inicios del siglo XXI mostraron cambios en la estructura de poder mundial, principalmente con el ascenso de los llamados países emergentes que comenzaron a adquirir un papel preponderante, principalmente, luego de la crisis económico-financiera de 2008.

A partir de ese año, la hipótesis de que algunos Estados que no formaban parte del núcleo decisorio en un futuro no muy lejano podrían alterar las condiciones de las interacciones internacionales para el resto de los actores, aumentó las posibilidades de actuación conjunta. El papel que comenzaron a desempeñar la suma de los países emergentes más importantes ganó importancia en la agenda económica y política.

La crisis financiera intensificó la percepción de la incapacidad de las potencias mundiales para ejercer control sobre la gobernanza global, por lo menos desde el punto de vista económico. En el viejo continente, esto se vivió como una triple crisis: de deuda soberana, del sistema bancario y del sistema económico en general. Si bien fue originada en Estados Unidos, rápidamente golpeó al bloque más antiguo y puso en evidencia falencias estructurales.

Con el fin de la Guerra Fría y del sistema bipolar, se comenzó a transitar un escenario de incertezas y transiciones en torno a quienes establecerían las reglas del juego y cuáles serían las mismas.

Consecuentemente, se incrementó el poder relativo de los emergentes junto a la pérdida de espacio de los países del G-7. Estos Estados no solo incluyen a los llamados BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) sino también a otros países como Colombia, Corea del Sur, Egipto, Indonesia, México, Tailandia, Turquía, entre otros, que parecían dispuestos a ocupar “otro lugar bajo el sol” en función de indicadores económicos que mostraban un PIB en crecimiento, en paralelo a la posesión de importantes recursos naturales. Este ascenso pudo producirse, tal como en la década de 1970, por el retraimiento quizás coyuntural, obligado o estratégico, de los entonces poderes centrales, que ahora crearon el G-20 financiero para poder cooptar a varios países emergentes en un nuevo sistema de gobernabilidad. Entre ellos está incluido Argentina que, además, en 2018 es sede de todas las reuniones preparatorias hasta la Reunión de Líderes del G-20 el próximo 30 de noviembre.

A su vez, los propios países emergentes sorprendieron al proponer la creación de instituciones y desarrollar acciones autonómicas, tales como el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS o el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura creado a iniciativa de China, las reuniones entre los ministros de medio ambiente para estudiar la posibilidad de crear una plataforma BRICS para el intercambio de buenas prácticas y tecnología limpia y el know-how, entre otros. No obstante, cabe aclarar que la década de 2010 no ha sido tan auspiciosa para los países emergentes como la precedente, pues dificultades, principalmente internas, junto a algunas cuestiones sistémicas, han modificado el panorama y achicado la luz en el túnel, aunque esta sigue existiendo. De tal forma que el orden internacional actual podría caracterizarse como de hegemonía interdependiente, en palabras de Li Xing.

El sistema futbolístico

Con respecto al futbol, el deporte que convoca multitudes, desde 1930 —año en que la Copa del Mundo comenzó a jugarse—, fueron ocho los países que salieron campeones, a quienes podríamos llamar potencias futbolísticas. Entre ellas, dos (España e Inglaterra) lo hicieron en solo una ocasión, dejándonos con seis Estados estrellas (Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Uruguay y el último campeón: Francia). Si bien estos equipos no representan stricto sensu a los mismos Estados que han ejercido el poder a nivel del sistema internacional en el periodo mencionado, para el “sistema futbolístico”, de alguna manera, han actuado como verdaderas potencias deportivas.

Como se destacó en los comentarios respecto a las transformaciones del actual orden internacional, las cosas parecen estar cambiando también en el futbol. La Copa del Mundo Rusia 2018 fue, en general, un torneo lleno de sorpresas. Por una parte, porque hubo algunos ausentes como Holanda e Italia, que siempre tuvieron una presencia relevante. Asimismo porque no se esperaba el retiro tan temprano del campeón de 2014 Alemania, ni de Argentina ni Brasil; tampoco se esperaba que España fuera eliminada a manos de Rusia ni que Inglaterra perdiera la medalla de bronce enfrentándose con Bélgica. En términos positivos, también fue una sorpresa que Japón y Suecia llegaran a octavos, Rusia a cuartos y Croacia a la final enfrentando a Francia.

Volviendo al sistema internacional, es de tener en cuenta que, hasta hace poco, Estados Unidos marcaba lo que había que hacer dentro o fuera del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, y hoy debe consensuarlo o buscar cierto nivel de alianzas, aun cuando no sea con las potencias. De igual forma, un solo jugador hoy no puede determinar la suerte de un partido, aunque sea el mejor del mundo, como es el caso de Lionel Messi en Argentina y de Cristiano Ronaldo en Portugal. Si tenemos en cuenta que los últimos seis Balones de Oro —el Oscar del futbol— fueron ganados intermitentemente por estos dos jugadores, podría haberse previsto un desempeño más exitoso de los equipos en los cuales juegan. Esto muestra que si no se articula un equipo difícilmente se puede ganar.

Tanto los Estados como los equipos de futbol practican juegos globales y están siendo sujetos a un nivel de interacciones e influencias mutuas que replican las incertidumbres y novedades, pues la arena internacional está colmada de sorpresas.

Otro dato interesante es la contribución de jugadores nacionalizados o de inmigración relativamente reciente, pertenecientes a países del sur (considerados países débiles), que demuestra que el sur también tiene potencialidades si se dan las condiciones mínimas. De las 32 selecciones, 24 presentaron al menos un “extranjero” entre sus filas; a notar por ejemplo, que Francia aportó a Steve Mandanda, Samuel Umtiti y Thomas Lemar (más allá del importante componente nativo de ascendencia africana de otros jugadores); España a Rodrigo Moreno y a Diego Costa; Inglaterra a Raheem Sterling; Portugal a Pepe, William Carvalho y Gelson Martins, entre otros.

Todos estos datos interesantes revelan algunos movimientos en torno a los poderes tradicionales en el futbol, tal como acontece en el sistema internacional. Hay sorpresas, incertezas e inquietudes en torno al futuro que comienza a ser menos previsible.

Finalmente, para concluir con estas reflexiones, amerita aclarar que el sistema internacional está dominado por Estados-nación en tanto que el futbol se compone de actores no estatales, cuyas versiones nacionales son nucleadas por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). A pesar de participar en dos espacios diferentes —el público y el privado— tanto los Estados como los equipos de futbol practican juegos globales y, en consecuencia, están siendo sujetos a un nivel de interacciones e influencias mutuas que replican las incertidumbres y novedades de ambos ámbitos, pues la arena internacional está colmada de sorpresas.

Sin embargo, como dicen: “Dar la sorpresa no es sinónimo de ganar el Mundial”. Lo mismo está sucediendo con algunos países que, de alguna manera, compitieron con las grandes potencias en la década de 2000, sin necesariamente convertirse en una de ellas.

Quizás la diferencia más importante entre el futbol y el sistema internacional sea el factor suerte. En el primero, la definición por penales es un factor aleatorio que recuerda la “fortuna” de Maquiavelo. En el segundo no es cuestión de fortuna, sino de “virtud” que refiere a la “capacidad de proporcionar estabilidad, orden y de conducir a los súbditos por el mejor camino en épocas turbulentas”. Asimismo, una potencia debe ser hábil y poseer poder duro para establecer un orden internacional que la beneficie.

En última instancia, podría existir el caso de un grupo “dotado de tanta virtud que sepa inmediatamente prepararse a conservar lo que la fortuna le ha puesto entre las manos”. En el futbol, será un campeón; en el sistema internacional, ¿sería potencia?

GLADYS LECHINI es doctora en Sociología. Es investigadora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicet) de Argentina y profesora de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. GISELA PEREYRA DOVAL es doctora en Relaciones Internacionales. Es investigadora del Conicet y profesora de Problemática de las Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

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One Response to Incertezas y transiciones

  1. Gladys Silvia Lopez dice:

    Muy interesante el análisis de las similitudes futbolísticas y económico-politicas

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