El desafío para los Fondos Soberanos de Inversión Árabes

18 febrero, 2016 • Artículos, Asuntos globales, Medio Oriente, Portada • Vistas: 2419

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El declive del precio del petróleo y la OPEP

Suenan las alarmas en Estados Unidos, en la Unión Europea y en el Medio Oriente. El 21 de enero de 2016 el precio del petróleo tocó cifras cercanas a las de 2003, cotizándose a 26.55 dólares en Texas y a 23.55 dólares en los Estados miembro de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Esta caída escalofriante para las finanzas internacionales se debe al exceso de oferta vigente en comparación con las cantidades demandadas mundialmente. Pese al esperanzador anuncio de las autoridades estadounidenses acerca de que sus reservas de petróleo no eran las esperadas — acontecimiento que significó un repunte del 4.5% en el precio del barril— el mercado no repuntó considerablemente.

En este contexto, los ojos del mundo se posaron en los países miembros de la OPEP y en la decisión que como institución podrían tomar, considerando que un recorte de la producción por su parte lograría repuntar el precio internacional del barril. Pese a la negativa inicial sustentada en el temor a perder cuotas de mercado frente a los productores de petróleo “no convencional”, las autoridades de Arabia Saudita —país líder de la OPEP— aceptaron sentarse a negociar con Rusia, el mayor productor de crudo. De este modo, se abre un canal de dialogo con la intención de llegar a puntos en común que permitan apuntalar el precio del barril y palear la crisis que el actual precio significa para los Estados con economías débiles y dependientes exclusivamente de los ingresos provenientes del crudo.

El declive en el precio del petróleo impactó de diferente manera a los Estados productores a nivel mundial. Por ejemplo, Moscú sufrió una gran depreciación del rublo y Caracas sintió un fuerte impacto en su ya endeble economía. Sin embargo, los Estados miembros de la OPEP —fundamentalmente aquellos ubicados en el Golfo Arábigo— viven un panorama totalmente diferente debido al bajo costo de producción del barril y a que se trata de poblaciones pequeñas en comparación con Indonesia, Nigeria, Rusia y Venezuela.

Ria Novosti / Sergey Guneev

Ria Novosti / Sergey Guneev

Los Fondos Soberanos de Inversión: Funciones y estrategias

Conscientes de los problemas que conlleva el depender exclusivamente de los ingresos petroleros, Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait apostaron por los Fondos Soberanos de Inversión (FSI), instituciones públicas que tienen como función atender diferentes objetivos macroeconómicos utilizando un porcentaje de las regalías provenientes de las exportaciones de crudo y de gas. Es decir, revitalizaron el papel del Estado en las actividades económicas valiéndose de instrumentos públicos y de la lógica privada para materializar la inserción en los mercados.

En un principio, los FSI tuvieron un papel activo dentro del escenario nacional porque fueron utilizados para generar estabilidad y fomentar el desarrollo de la obra pública. Sin embargo, el auge que el precio que el petróleo experimentó a partir de 2000 les permitió plantearse una estrategia de expansión internacional basada en multiplicar las utilidades y diversificar la estructura productiva. Con esto en mente, adoptaron diferentes medidas como comprar paquetes accionarios en empresas líderes a nivel internacional —entre ellas se encuentran HSBC, Volkswagen, Sony, Twitter y Apple— y actuar como prestamistas para proyectos de infraestructura en países en vías desarrollo —como Argelia, Argentina, Egipto y Marruecos, entre otros—. Además, crearon diferentes empresas de carácter mixto que les permitieron consolidarse en mercados internacionales; Fly Emirates, Qatar Airways y Rotana Group son algunos ejemplos.

A partir de estas políticas económicas, los países de la OPEP comenzaron a cumplir el objetivo de diversificar sus estructuras productivas, especialmente gracias al aumento de la participación de la industria, la banca, el transporte y el turismo. Un ejemplo claro de ello es que el 55% del PIB de Emiratos Árabes Unidos está representado por el sector terciario (comercio internacional, transporte y turismo), mientras que Catar se consolidó como un gigante de las telecomunicaciones a nivel regional e internacional —gracias a Al Jazeera— y Kuwait destacó como un prestamista para diferentes Estados a partir del Fondo Kuwaití de Desarrollo Económico.

Respondiendo a las crisis

Hasan Jamali / AP

Hasan Jamali / AP

Los ingresos logrados por los FSI y las acciones realizadas para obtenerlos parecieron verse amenazados durante la crisis que golpeó la economía en 2008, pues sufrieron pérdidas cercanas al 10% de su patrimonio neto en algunos casos. Sin embargo, estos tuvieron un papel activo en las primeras respuestas que la comunidad internacional brindó a este problema, especialmente comprando acciones de diferentes bancos como Citigroup —Kuwait Investment Authority invirtió 12 500 millones de dólares—, Merril Lynch y Morgan Stanley. De este modo, inyectaron capital para evitar el colapso de las instituciones financieras.

La experiencia ganada como resultado de Gran Recesión coloca a estas instituciones en un lugar clave frente a la actual caída del precio del petróleo. En 2008, las acciones emprendidas por los FSI dotaron a los tomadores de decisiones del tiempo necesario para analizar las diferentes alternativas existentes. Ante la estrepitosa caída del precio del petróleo, su acción será decisiva por tres factores. Por una parte, el crudo ha reducido su papel dentro del PIB de los países del Golfo Arábigo. Además, las inversiones hechas por el sector industrial permitieron reducir los costos de producción del barril, aumentando así los márgenes de ganancia aun en periodos negativos —actualmente el precio es de producción es de 10 dólares y el valor de venta en el mercado oscila alrededor de los 30 dólares—. Finalmente, la acumulación de reservas que permiten cumplir con la función de estabilizador macroeconómico en casos de shocks externos. Por estos motivos, los FSI se presentan actualmente como la principal herramienta que tienen Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait para esperar que el precio del crudo comience a apuntalarse.

ABÁS TANUS MAFUD es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de San Juan, Argentina y asesor parlamentario en asuntos árabes y relaciones exteriores. Es candidato a Magister en Economía y Política Internacionales por la Universidad de San Andrés y profesor en la Universidad Católica de La Plata. Posee un Certificate in Geopolitics in the Middle East de la University of Kaslik-Lebanon. Sígalo en Twitter en @atmafud.

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