A 2 años del gobierno de Narendra Modi

9 junio, 2016 • Asia/Pacífico, Opinión, Portada • Vistas: 2090

Intolerancia, desilusión y esperanza

PTI

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avatarDefault Mario González Castañeda

Junio 2016

Al escribir estos párrafos para dar cuenta del actual panorama político, económico y social de la India, es casi inevitable tener un déjà vu. Hace aproximadamente 40 años, el Partido del Congreso Nacional Indio (Partido del Congreso) encabezado por la entonces Primera Ministra, Indira Gandhi, arrasó en las elecciones generales, consiguió no solo la mayoría absoluta en la Lok Sabha (Cámara de Diputados del Parlamento), sino también la dominación del sistema político por parte de su partido. Hace tan sólo 2 años, Narendra Modi, Gobernador del estado de Gujarat, y el Bhartiya Janta Party (BJP) —partido supremacista hindú— repiten el mismo resultado. Las comparaciones resultan odiosas y, aunque no busco yuxtaponer los escenarios, me gustaría resaltar algunas similitudes.

Indira Gandhi atrajo al electorado de su momento con dos estrategias innovadoras: la primera fue su aproximación no solo física, sino también política a las minorías —musulmanes, castas bajas y pobres—. Y la segunda, precisamente, el garibi hatao (erradicación de la pobreza), un programa asistencialista destinado a los más “necesitados”. Modi, por su parte, innovó la campaña de 2014 con el uso extensivo de las redes sociales, principalmente de Twitter, inundando la plataforma con eslóganes tan singulares como achche din aane baale hain (“mejores días están por venir”), “haremos en sesenta meses lo que el Partido del Congreso no hizo en 60 años”. Ganó la atención de los millennials. La estrategia electoral también se centró en su figura: “hombre de resultados”, así como en el éxito económico de su estado.

Ahora bien, aún tengo presente aquella ocasión en la que en un noticiero se me pidió hacer un ejercicio de prospectiva del gobierno del BJP y de Modi. El escenario perfilado no fue nada positivo —teniendo en cuenta la primera experiencia en el poder del partido (de 1998 a 2004)— y, desgraciadamente, mi pronóstico comienza a cumplirse. De entrada, resulta imposible no situar al BJP y a Modi al mismo nivel ideológico, discursivo y programático que el Frente Nacional y Marie Le Pen en Francia, Alternativa para Alemania, en Alemania, u otros partidos hipernacionalistas y antiinmigrantes europeos.

El supremacismo hindú

El BJP es una organización política abiertamente supremacista hindú —la India es para los hindúes, no para los indios musulmanes ni cristianos—, cuya estructura ha dependido históricamente de la Rashtriya Swayamsevka Sangh (RSS), grupo paramilitar de inspiración fascista e involucrado en el asesinato de musulmanes, cristianos y miembros de castas bajas. El propio Modi no pierde oportunidad para expresa su orgullo de pertenencia a dicho grupo. Sí, ese Primer Ministro fotografiado mientras realizaba asanas (posiciones) durante el Día Internacional del Yoga o celebrando el éxito de la primera misión espacial india a Marte. Y él mismo, cual estrella internacional de pop, abarrotó el Madison Square Garden de Nueva York, el estadio de Wembley en Londres y otros escenarios en Sídney, Toronto y Singapur.

Casualmente, desde que Modi está en el poder se han incrementado los linchamientos de personas quienes, de acuerdo a rumores de vecinos, sacrificaban vacas. Militantes de la RSS y del BJP han sido acusados de incitarlos. Estas muertes han tenido lugar en el interior del país, pero ya han alcanzado la periferia de Nueva Delhi. También se puede sumar el asesinato de un misionero cristiano por rumores acerca de la conversión forzada de hinduistas. La respuesta del Primer Ministro ha sido el silencio. Los casos de linchamiento han sido acompañados de la prohibición oficial de la venta y consumo de carne de res y de alcohol en algunos estados, ambos asociados, incidentalmente, con musulmanes y cristianos. Estas medidas, calificadas como aisladas por algunos, deberían leerse junto con la censura a los sitios pornográficos en internet y a algunas escenas de películas “occidentales” —clasificadas de eróticas— por parte del Ministerio de Información y Telecomunicaciones. ¿Acaso se trata de una campaña por la preservación de la moral, las buenas costumbres hinduistas y en contra de la perversión de occidente?

Daniel Berehulak / Getty Images

Daniel Berehulak / Getty Images

Recientemente, un estudiante dalit (intocable) de la University of Hyderabad se suicidó en el cuarto de su hostal. Rohith Vemula, como se llamaba el estudiante, participó en una trifulca con miembros de la asociación de estudiantes del campus vinculada con la RSS, quienes habrían hecho un comentario negativo sobre un líder dalit. A raíz del incidente, Rohith se vio acosado por integrantes de la asociación. Sus quejas ante las autoridades no fueron escuchadas por ser de casta baja. La falta de respuesta pudo haberlo orillado a quitarse la vida. La noticia generó el rechazo de la comunidad estudiantil, pues consideraron que es el reflejo de la discriminación aún sufrida por las castas bajas. Se produjeron, asimismo, protestas callejeras en varias ciudades del país, las cuales fueron reprimidas por los gobiernos locales.

Irónicamente, las autoridades decidieron intervenir en un evento realizado en el campus de la Jawaharlal Nehru University (JNU), una de las universidades más importantes del país. La policía arrestó a un estudiante acusado de haber organizado una ceremonia para recordar la muerte de un dirigente separatista cachemiro, donde se afirma se injurió al Estado indio. El incidente no habría alcanzado las implicaciones que hasta estos días tiene de no haber sido por el cargo de sedición presentado por la policía. Catedráticos, investigadores y estudiantes no solo de la JNU, sino de otras universidades han expresado su consternación por ese cargo, una medida ampliamente aplicada durante el periodo colonial a todo aquel o aquella que osara expresar públicamente su opinión en contra de las autoridades británicas. Tras la presentación del estudiante en la Corte de Delhi, un grupo de abogados acosó al estudiante a las afueras del lugar, gritándole “traidor”.

En ese sentido, la comunidad académica ha denunciado el sistemático deterioro de la libertad de expresión y el ambiente de intolerancia por el que está atravesando el país. Connotados intelectuales, artistas, productores y directores de cine se han unido a estas denuncias a las que se suma el asesinato de dos reconocidos literatos. Treinta escritores, aproximadamente, decidieron regresar el Sahitya Akademi, el premio nacional de literatura, en un acto de protesta. Entre ellos se encuentra la autora de El dios de las pequeñas cosas, Arundathi Roy. En una carta publicada en el periódico The Indian Express, el 5 de noviembre de 2015, Roy justificó su decisión. Lo más revelador y contundente, quizá, sea el que la autora considere incorrecto referirse simplemente como “creciente intolerancia” a los linchamientos, asesinatos e inmolaciones de seres humanos. En una rueda de prensa, Aamir Khan, uno de los actores más populares de Bollywood y productor de Lagaan (la primera película hablada en hindi en ser nominada al premio Oscar como mejor película extranjera), afirmó haber considerado la posibilidad de irse del país ante la zozobra del momento. Sus declaraciones provocaron el enojo del Ministro de Asuntos Internos, Kiren Rijiju, quien hizo notar la mala imagen para el país generada por las declaraciones de Aamir. Rijiju minimizó el tema a un asunto de evasión de impuestos. Algunos miembros de la dirigencia del BJP lo invitaron, incluso, a irse a Arabia Saudita. Estas posiciones en torno a la figura de Aamir se alejan de aquellas en donde se le veía como todo un patriota, por posicionar a la India en las salas de cines del mundo.

El caso de Aamir representa a un grupo de quienes comienzan a preguntarse si es seguro vivir en el país, en su hogar. Pero también, a un grupo fuertemente criticado, atacado y etiquetado de “antipatriótico”, de instigadores en contra del país. El tratamiento contrasta con la veneración expresada por este gobierno a los No Residentes Indios (NRI) calificados de héroes: los asistentes al y etiquedosaje a Canadinvestigador djiju, quien sugiriMadison Square Garden y Wembley. Los NRI son héroes porque construyen la India, porque construyen patria, se escuchó decir a Modi en ambos eventos. Claro, lo hacen mediante las remesas enviadas al país, del cual decidieron marcharse un día, algunos de ellos, no por falta de libertades, ni tampoco por amenazas. Tomaron la decisión de irse porque “no pueden vivir en un país sucio, corrupto y atrasado”, alguno que otro me ha confesado, o posiblemente para evitarse el “fastidio de pagar” altos impuestos como, Ratan Tata, uno de los indios más acaudalados y Presidente del Grupo TATA: el conglomerado multinacional indio más importante del mundo; primer productor de acero y dueño de las marcas de automóviles Land Rover y Jaguar. Tata reside desde hace un par de años en Londres.

De acuerdo a Modi, estos NRI madrugan, recorren grandes distancias para llegar a sus empleos o negocios, cuidan de su familia y de las costumbres hindúes y, quizá lo más importante: “no se quejan”. Pues lo mismo hacen millones de ciudadanos indios todos los días no en Australia ni en Canadá ni en Estados Unidos, mucho menos en el Reino Unido, sino en la India: su país natal, en donde decidieron quedarse. Pero su más grande problema para no ser considerados “héroes” ni hacedores de patria son sus constantes quejas por la falta de agua, el hambre, las disparidades económicas, la falta de infraestructura, y también por la intolerancia, el silencio, así como por la inacción de este gobierno ante los asesinatos de musulmanes, cristianos o dalits.

Estos sucesos de intolerancia, de deterioro de la libertad de expresión y de un ambiente político donde se califica de “antipatriota” a todo aquel crítico del gobierno son solo comparables con los ocurridos durante el estado de emergencia decretado por Indira Gandhi en 1975. En ese nada honroso capítulo de la democracia india, se encarceló a la mayoría de los líderes de la oposición por confabular, supuestamente, en contra del país, pero también a quienes a pesar de ser miembros del Partido del Congreso no coincidían con la Primera Ministra. Se censuró a los medios de comunicación y la policía entró a los campus universitarios en reiteradas ocasiones. He aquí, de nuevo, el déjà vu.

 

NPR

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El éxito electoral del BJP y de Modi

Ante este escenario por el que atraviesa la India, cualquiera se preguntará: ¿acaso la gente no sabía por quién votaba en 2014? La respuesta es sí, sí sabía a quién votaban. El BJP empleó a Modi y su historia personal como la mejor estrategia para ganar las elecciones. El exitoso Modi fue un vendedor de chai durante su infancia; creció alejado de lujos y de privilegios de clase o casta, después de ir a la escuela por la mañana, ayudaba a su padre en el negocio familiar. A los 19 años se enlistó en la RSS. Como Gobernador de Gujarat (reelegido en tres ocasiones), se caracterizó por ser incorruptible, alejarse de discursos ideológicos y vacíos; prefería hablar de las cosas de forma sencilla y en gujarati, sin importan su audiencia. Se acercó al empresariado; reformó y cambió lo necesario para desarrollar y atraer inversiones al estado: sin dilación, ni titubeos. Construyó caminos y puentes, y proveyó de luz y agua potable. A esta impecable trayectoria personal y profesional utilizada durante la campaña se debe sumar la asesoría de expertos en redes sociales, los mismos que manejaron la primera campaña presidencial de Barack Obama. Como se mencionó, el uso de eslóganes haciendo referencia a la prontitud y la efectividad en la toma de decisiones y en su implementación sedujeron al elector común y corriente, singularmente a los jóvenes. Los millennials encontraron más proximidad y afinidad personal y política con Modi. Propongo tres argumentos para explicarlo.

El primero de ellos: por ser un político acostumbrado, aparentemente, al uso no solo de las redes sociales, sino también de las plataformas electrónicas, haciéndolo menos “acartonado” por realizar videoconferencias o tomarse selfies con los votantes. De hecho, Modi consiguió separar su imagen de la del partido. Un grupo considerable de votantes lo reconocía más como Gobernador de Gujarat que como candidato del BJP. Al compararlo, por ejemplo, con su contrincante, Rahul Gandhi, el no declarado candidato del Partido del Congreso, las afinidades se reducen abismalmente. Rahul, miembro de la dinastía Nehru-Gandhi, la cual ha gobernado la India por cerca de 30 años, fue percibió como un júnior, un privilegiado. En pocos casos permitía que la gente se le acercara, salvo cuando “la foto” así lo ameritaba. Igualmente, concedió muy pocas entrevistas, la mayoría de ellas pobremente preparadas. Sus estrategas políticos calcularon en su edad (44 años, en ese entonces) una afinidad “natural” con el votante de entre 18 y 35 años. Sin embargo, ese grupo de electores lo situó más en el contexto de una gerontocracia partidista sin posibilidad de cambio generacional. De hecho, su “juventud” jugó en su contra, dado que la campaña de Modi transformó el tema en falta de madurez y experiencia política. Y, francamente, Rahul ha probado con creces ambas cualidades. En 10 años como miembro de la Lok Sabha solamente hizo uso de la tribuna en cinco ocasiones muy poco memorables. En las campañas de 2004 y 2009 su hermana y su madre, Priyanka y Sonia Gandhi, literalmente “le hicieron la campaña” en el distrito donde tradicionalmente la dinastía gana más votos.

El segundo argumento: el manejo del discurso. “Mover”, nuevamente, la campaña en términos de eslóganes simples, concretos y eficaces como el achche din permitió hacer más asequible la agenda de gobierno del partido y del candidato. Además, se debe tener en cuenta que la estrategia electoral se enfocó, principalmente, en los millennials, quienes en promedio son más susceptibles a información menos densa y menos ideologizada. En contraste, la campaña del Partido del Congreso —si acaso se le puede llamar así— ni siquiera se centró en algún sector de los votantes en específico, los principales ejes temáticos fueron los tradicionalmente asociados con él: secularismo, defensa de minorías y combate a la pobreza. De hecho, las pasadas elecciones giraron en torno a la crisis financiera, las aplazadas reformas económicas, el incremento de los precios, el desempleo y la corrupción. Evidentemente, Modi desarrolló su discurso en torno a dichos temas y a sus posibles soluciones. De singular importancia resultó su constante crítica a los casos de corrupción durante los 10 años de gobierno del Partido del Congreso, en donde estuvieron involucrados ministros y miembros del partido. El Partido del Congreso, por su parte, no articuló una respuesta concreta y específica a esos casos de corrupción: su fantasma durante toda la elección. De hecho, bloqueó en el Parlamento la posibilidad de reformar la Ley para el Acceso a la Información. De haber sido aprobada, los partidos políticos habrían estado sometidos a dicha legislación.

El tercer argumento: Modi logró canalizar discursivamente las aspiraciones y expectativas del electorado, por ejemplo, acelerar las reformas económicas, la reducción de impuestos, la creación de empleos para cerca de un millón de profesionistas egresados mensualmente, pantallas LCD, acceso a internet, carreteras, electricidad y agua potable. Como se puede observar, cada una de esas promesas de campaña trató de incluir las expectativas del amplio electorado: los industriales e inversionistas, los jóvenes, los habitantes de las ciudades y el campo. El Partido del Congreso, en contraste, articuló su propuesta de gobierno sobre la base de aspiraciones ajenas a las necesidades más urgentes del ciudadano: fortalecer el sistema democrático, defender el secularismo, incrementar las cuotas para mujeres, creación de nuevos partidos, cambiar el sistema de elección, la descentralización del poder.

El resultado de las elecciones representó una cátedra magistral de cómo se debe organizar una campaña para ganar una elección e igualmente de cómo perderla. Asimismo, los resultados nos han revelado importantes cambios en términos del perfil del votante y de sus preferencias. Baste mencionar que votantes tradicionalmente secularistas, quienes tienden a votar al Partido del Congreso u otros partidos nacionales y regionales, votaron por el BJP en función de la posible cobertura a sus necesidades materiales y no ideológicas, sin importar su nivel socioeconómico. El caso se repite para musulmanes y miembros de castas bajas, más afines a la plataforma de discriminación positiva del Partido del Congreso, quienes en esta elección también cambiaron su voto a favor del BJP. Igualmente, se registró el caso de votantes tradicionales de un determinado partido nacional o regional que cambiaron su voto para el BJP como una muestra de enojo y de extrañamiento por los casos de corrupción en donde estuvieron involucrados.

Shekhar Yadav/India Today Group/Getty Images

Shekhar Yadav/India Today Group/Getty Images

Resultados del gobierno y perspectivas

 

Ahora bien, ¿el gobierno de Modi ha logrado transformar las expectativas generadas en hechos concretos? A 2 años de haber ganado las elecciones, un banco de neblina ha comenzado a interferir en los achche din. Hace unas semanas el gobierno presentó a la Lok Sabha su propuesta de presupuesto para 2016 y 2017. El sector más ampliamente cubierto es el campo. Ello ha generado una reacción negativa en las clases medias y en el sector empresarial: reclaman por segundo año consecutivo no ser contemplados por el gobierno. Tampoco se incluyó la reducción de impuestos ni el posible incremento a las ayudas para el financiamiento de las empresas privadas. El gobierno tampoco ha conseguido proveer al sector privado de los insumos financieros suficientes para incentivar la creación de nuevos empleos. La macroeconomía sigue registrando buenos números: el PIB se ha mantenido, pero aún no regresa a la tasa de crecimiento del 7% anual, una promesa de campaña. El mercado financiero no ha dado muestra de desilusión. De hecho, la bolsa de valores de Mumbai continúa aprobando a Modi. Lo mismo pasa con los inversionistas nacionales y extranjeros, requeridos por el gobierno para los grandes proyectos de infraestructura.

Sin embargo, otros sectores de la población comienzan a desengañarse de la campaña electoral, y tal vez de Modi. Varios periódicos de circulación nacional y revistas de análisis político se han dado a la tarea de evaluar el ánimo de la población, un “corte de caja” de estos 2 años de Modi. Existen ciertas coincidencias entre ellos, por ejemplo, de los nuevos votantes del BJP se identifica un grupo abiertamente desilusionado con Modi: los jóvenes. Confiaban que las promesas de trabajos, internet y pantallas LCD se dieran en el más corto plazo, en una prontitud comparable al darle “me gusta” a una publicación en Facebook. Algunos de ellos no comprenden en dónde radica la dificultad de reproducir el “éxito gujarati” a nivel nacional. Una respuesta simple, pero concreta a esa inquietud es que Gujarat cuenta con ciertas características geográficas, económicas, sociales y culturales distintas a las del resto de India que le permitieron ser un polo de atracción para las inversiones nacionales y extranjeras.

Otros tantos reclaman a Modi sus proyectos (o quizá más bien fantasías) como las “ciudades inteligentes”, pero aún están confiados en el cambio: el hecho de que el Director Ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, haya respaldado la iniciativa Digital India (internet gratuito para los pobres), o la visita de Tim Cook de Apple les permiten conservar la esperanza. Como dicen: “apenas van 2 años de gobierno, faltan 3 más para que se cumplan las promesas”. Este grupo de votantes afirma que volvería a votar por Modi si hoy fueran las elecciones. Para ellos la intolerancia y la falta de libertad de expresión ocupan un segundo plano. Afirman ser asuntos de la vida cotidiana, se justifican afirmando que los conflictos entre hindúes y musulmanes siempre han estado presentes. Lo más importante para ellos es que el gobierno sepa controlarlos para que la economía siga funcionando. Habrá que esperar, tan solo han pasado 24 meses de los 60 prometidos por Modi para la transformación de la India.

MARIO GONZÁLEZ CASTAÑEDA es maestro y doctor en Estudios de Asia y África con especialidad en el Sur de Asia por el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. Actualmente es profesor e investigador invitado en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa. Sus publicaciones abarcan los temas de comisiones de investigación en India poscolonial, el sistema de partidos, el programa nuclear indio, la política exterior india y las relaciones entre China y la India. Sígalo en Twitter en @mariogzzcastane

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