Preguntas ausentes

26 noviembre, 2015 • Artículos, Asuntos globales, Europa, Medio Oriente, Portada • Vistas: 1948

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Una reflexión en torno a París

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 Noviembre 2015

Llevamos años caminando en círculos −cada vez más cerrados− proponiendo las preguntas equivocadas y llegando a conclusiones erróneas. Los atentados de París, aunque estaban en el marco de lo verosímil, nos dejaron perplejos y empezamos a buscar las causas para tanto horror. Entre otros factores, recordamos los problemas de integración social en los suburbios parisinos, la herencia del imperialismo europeo y la ideología fanática de los islamistas.

Sin embargo, todas las explicaciones son insuficientes porque ninguna conduce a un debate político serio y después vienen las reacciones. François Hollande afirmó que Francia está en guerra y, al día siguiente a los atentados, intensificó los bombardeos contra el Esto Islámico, conocido como ISIS. Vale la pena entonces preguntarnos si había sido planificada con anterioridad. De no ser así, ¿cómo podemos interpretarla? ¿Es una reacción emocional? Sería peligroso que el jefe de Estado de un país democrático reaccione de manera pasional y decida lanzar bombas. Sin embargo, probablemente hay otra explicación: Hollande trata de mostrar imagen de firmeza y situarse en buena posición para las próximas elecciones regionales. Esto es grave porque significa que los extremistas están dictando la agenda y no sólo en Francia.

Las fronteras europeas van a cerrarse y los refugiados sirios van a encontrar aún muchas más dificultades para llegar a la Unión Europea −aunque en realidad ya se les había cerrado el camino antes de los atentados−. Los partidarios de limitar la movilidad de las personas, de vigilar las comunicaciones y, en suma, de cercenar los derechos civiles han encontrado cabida en esta coyuntura porque los debates sobre el bienestar se limitan a concentrarse en reforzar la seguridad. La nueva moción de orden es el estado de excepción. Por ejemplo, el 18 de noviembre, Albert Rivera, el líder del partido político español Ciudadanos, hizo sus propuestas para limitar el uso de Internet en un contexto de estado de excepción.

Fue Carl Schmitt, el teórico del derecho vinculado al movimiento nazi, quien desarrolló toda una elucubración que ponía en el centro de la problemática de la construcción de lo político al estado de excepción. Schmitt ha resurgido de forma importante en las últimas dos décadas entre los estudiosos de la política, algunos de ellos de izquierda que utilizan con desparpajo las categorías del pensador alemán sin siquiera recordar los aspectos más oscuros de su biografía.

La recuperación de Schmitt es un síntoma de nuestros tiempos, pues su teoría de la soberanía resulta reveladora. El soberano para Schmitt es el que puede decidir, sobre todo en condiciones de estado de excepción, y se legitima al garantizar la protección a sus ciudadanos. De este modo, la política es un estado cercano al de la guerra y, en el fondo, el soberano es aquel que tiene la capacidad para distinguir al amigo del enemigo y actuar en consecuencia.

En el fondo, Schmitt hizo una revisión radical del Leviatán de Thomas Hobbes con grandes consecuencias para la política internacional. Agudamente, Schmitt observó que el llamado derecho internacional era una construcción de los imperios europeos y que solo funcionaba porque distingue a unos sujetos del derecho −las naciones civilizadas− de los pueblos colonizados que no pueden acogerse al mismo. Una vez que el derecho internacional se universalizó –lo que según Schmitt se dio con la creación de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial− perdió significado y dejó de ser válido, ya que no hace diferencia entre un “nosotros” de un “ellos”. Dicho de otra manera, para Schmitt el derecho es simplemente una expresión de la política de guerra, del estado de excepción. Lo más terrible es que, en nuestra visión de la política internacional, seguimos prisioneros de la lógica de Schmitt.

ONU / Mark Garten

ONU / Mark Garten

En la década de 1990, con el final de la Guerra Fría, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) intentó recuperar un protagonismo que en el terreno de la seguridad le había sido robado por las superpotencias. De esta búsqueda de protagonismo surgió el concepto de “responsabilidad de proteger” y la ONU se arrogó el derecho a intervenir en un país cuando las autoridades no estuvieran cumpliendo con su obligación de proteger a la población. Aunque bienintencionada en muchas ocasiones, se estaba construyendo una doctrina −que bebía directamente de la idea de Hobbes y de Schmitt− de que el soberano es aquel que protege de los enemigos.

De este modo, el estado de excepción y la guerra civil se estaban convirtiendo en la base para la discusión política. La idea discutida en la ONU ganó enorme aceptación y pronto fue retomada por organizaciones no gubernamentales, otros organismos internacionales como la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN) e incluso por Estados Unidos. De este modo, Barack Obama había trazado una línea roja en Siria: la utilización de armas químicas. Finalmente la habilidad diplomática rusa evitó la intervención estadounidense, pero, en el fondo, era una intervención en nombre de la responsabilidad de proteger. En este contexto, los bombardeos franceses parecen más un caso de autoprotección que de intervención, lo cual nos conduce a un nuevo círculo.

Casi todos los analistas coinciden en que para destruir a ISIS los ataques aéreos no son suficientes porque debe ser derrotado por un ejército en el terreno. En este sentido, ya han surgido voces que reclaman el envío de tropas. De momento esta posibilidad es complicada dada la reluctancia de las sociedades europeas a implicarse en estas aventuras bélicas. Sin embargo, si el pánico por el terrorismo se extiende, puede ser que la opción militar gane apoyo pese a que debe ser rechazada por razones prácticas y políticas.

La pasada experiencia nos ha mostrado el fracaso de las intervenciones. De hecho, la guerra de Iraq plantó las semillas de las que surgió ISIS. Pese a que las fuerzas norteamericanas son superiores militarmente y son capaces de ganar batallas, no han sido capaces de dejar un legado de construcción institucional estable. En parte esto se debe a una cuestión política y a nuestra incapacidad para plantearnos una pregunta crucial: ¿qué quieren los sirios? Esto es algo que los estadounidenses tampoco se plantearon cuando invadieron Iraq, pues nunca pensaron que, por más que muchos iraquíes rechazaran a Sadam Husein, no iban a recibirlos como libertadores.

En el fondo, de nuevo está en juego la cuestión de qué define la soberanía política, de quién es el soberano y qué o quién legitima a la autoridad. Por supuesto que se espera que una autoridad representativa del soberano defienda y proteja al pueblo pero ese no puede ser el criterio de legitimidad. ¿No creíamos que era en el consentimiento de los gobernados donde reside la clave de una autoridad legítima? Si reflexionáramos de esta forma llegaríamos a la conclusión de que quizás los sirios, como antes los iraquíes, no quieren que les protejamos. Por este motivo, la idea de que debemos intervenir para proteger hunde sus raíces en la vieja visión imperial de que algunos pueblos no estaban preparados para el autogobierno.

Sin embargo, sí estamos obligados a emprender acciones para proteger a nuestras sociedades. En primer lugar, debemos preservar el pluralismo político y el debate, cosas en las que ni Schmitt ni ISIS creen. Por más que nos emocione la Marsellesa cantada por miles de voces unánimemente, debemos resistir la tentación al unanimismo. Al preservar el pluralismo permitiremos que surja la reflexión pausada y hacer las preguntas que no hemos querido plantear. Por ejemplo, nos plantearemos cuál es la lógica política detrás de los atentados. No basta con la idea de los problemas sociales de los emigrantes musulmanes o de sus hijos porque, pese a que se trata de un problema serio que hay que atender, la mayoría de los emigrantes musulmanes con problemas de integración no se hacen terroristas y muchos condenan estos actos. Tampoco nos sirve la idea del fanatismo. Por supuesto que una ideología religiosa extrema mueve a ISIS, pero no todos sus soldados son fanáticos.

Getty Images

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Más importante resulta destacar que los atentados han sido pensados buscando algunos objetivos políticos y sobre esto debemos reflexionar. Una posibilidad, como ha indicado Gilles Kepel, es que desean provocar una guerra civil en Francia al desestabilizar la convivencia con la población musulmana. Sin duda, esto es algo que debemos evitar. Una segunda posibilidad, que no contradice a la primera, es que pretendan provocar un incremento de los bombardeos de los países occidentales, lo que ya han conseguido. Con ello esperan conseguir más seguidores, indignados al ver como inocentes son masacrados desde el aire.

La alternativa es dejar de hablar de guerra y, como lo ha indicado Mary Kaldor en The Nation, condenar los atentados como crímenes contra la humanidad y perseguir a los criminales para juzgarlos y condenarlos. Debemos usar los sistemas tradicionales del Estado de derecho y también los sistemas tradicionales de seguridad como los espías. Tenemos que vigilar las fuentes de financiamiento de ISIS, incluidos algunos de nuestros aliados árabes. Tenemos que invitar a los actores en conflicto a que negocien un acuerdo de paz.

Sin embargo, me temo que esto no terminará con ISIS ni con el terrorismo. El incendio provocado por la intervención de Estados Unidos en Iraq es demasiado grande y va a tardar años en apagarse. En última instancia son los propios sirios e iraquíes los que lo apagarán, son ellos los que tienen que decidir cómo quieren gobernarse y por quién. Por supuesto podemos y debemos apoyar a las opciones que defienden una visión más pluralista del orden social si ellas nos lo piden, pero hay muchas maneras de hacerlo mejores que arrojar bombas sobre la población.

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ ROMÁN es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid.

 

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2 Responses to Preguntas ausentes

  1. Carolina Dominguez dice:

    Muy interesante el artículo,hace pensar cosas mas allá de la evidencia.

  2. Rodrigo dice:

    Lo peor es que se acabarán cometiendo los mismos fallos que en Iraq y, en vez de frenar o acabar con el terrorismo, se le alimentará. Hollande no se va a echar atrás ahora en vísperas de elecciones. Además, se creará odio a la Europa occidental en los refugiados.

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