El sorprendente ascenso de la India

9 marzo, 2015 • Artículos, Asia/Pacífico, Latinoamérica, Medio Oriente, Portada, Regiones • Vistas: 4804

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Marzo 2015

Hacia finales de la Guerra Fría, la India aún era considerada como un país de escasa relevancia internacional. Si bien es cierto que en términos geográficos y demográficos existen pocos países que puedan competir con la India en importancia, hasta hace poco menos de 2 décadas, la falta de recursos económicos y capacidad militar habían impedido que aquel país desempeñara un papel importante en el horizonte de la geopolítica global. Sin embargo, en tiempos recientes, el rápido y sostenido desarrollo económico y la creciente actividad diplomática de su gobierno han hecho que las afirmaciones respecto al nuevo estatus de la India como potencia emergente sean ya casi un lugar común.

Durante la Guerra Fría, el gobierno indio mantuvo una postura internacional basada en la defensa del idealismo pregonado por el Movimiento de Países No Alineados. No obstante, en años recientes este país ha realizado una transición hacia la diplomacia multilateral como forma de ampliar su influencia en el escenario internacional. Su ascenso como potencia emergente, opacado solamente por el de China, ha ido acompañado por el aumento de su credibilidad ante la comunidad internacional, es el resultado de su prosperidad económica, estabilidad política y capacidad nuclear.

Los cambios en la política exterior de la India están íntimamente ligados a cambios en su economía y su política. Las primeras décadas posteriores a la creación del Estado indio estuvieron dominadas por la imponente figura de Jawaharlal Nehru, quien desde la independencia de 1947 hasta su muerte en 1964 fungió como Primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores. El fin del colonialismo dejó a la India hundida en la precariedad y el desorden. Gran parte de la producción agrícola dependía aún de los caprichos de las lluvias, y la poca industria existente —plantas procesadoras de yute en las inmediaciones de Calcuta, la industria textil de Bombay, los ferrocarriles y las plantaciones de té— estaba destinada a servir a los intereses del dominio colonial.

La vida pública en la India durante sus primeros años de vida independiente estuvo marcada por el imperativo de generar la autosuficiencia económica, asegurar el abasto de alimentos y pacificar los conflictos internos. Para este fin se estableció una Comisión de Planeación que centralizaría las decisiones de desarrollo económico y un sistema de planes quinquenales al estilo soviético. El comercio exterior no figuró entre las prioridades del gobierno indio.

En términos de política exterior, la actuación de la India durante la vida de Nehru estuvo marcada por una conciencia de la debilidad económica y el peligro de la inestabilidad interna, por un lado, y por un idealismo internacionalista reflejado en el papel central desempeñado por la India en el proyecto de los países no alineados, por el otro. El movimiento rechazaba la sujeción respecto a las dos grandes potencias de la época y abogaba por la solidaridad entre los países del tercer mundo.

La época que se extendió desde finales de la década de 1960 hasta mediados de la década de 1980 estuvo marcada por la continua fragilidad económica, la creciente tensión respecto a Occidente y el crecimiento de una alianza estratégica con la Unión Soviética. No obstante, a partir de 1984, el nieto de Nehru, Rajiv Gandhi, comenzaría a virar el timón de la economía hacia una mayor liberalización, así como hacia una mejora de las relaciones con los gobiernos de Occidente.

El cambio fundamental en el rumbo de la India como actor internacional comenzó a partir de las reformas implementadas en 1991 por el gobierno de Narasimha Rao, y orquestadas por el entonces ministro de Economía Manmohan Singh, las cuales dieron un empujón a la economía mediante la liberalización de las políticas gubernamentales y la revitalización del sector privado. Estas reformas transformaron la economía mediante cambios profundos en el sistema financiero, la modernización del sistema tributario, la liberalización de los regímenes de inversión y comercio, y la apertura del sector público a la inversión privada.

Indranil Mukherjee / Agence France Presse

Indranil Mukherjee / Agence France Presse

En unos cuantos años, inversionistas de los principales países de Occidente, así como de China y Japón, comenzaron a invertir en la India y abrieron el campo para el nacimiento de una nueva camada de compañías indias que en poco tiempo se codearían y competirían en la arena internacional. En pocos años, la lista de socios comerciales de la India, se extendería para incluir a Estados Unidos, la mayor parte de los países del Sudeste Asiático, China y Europa.

Actualmente, la India se ha convertido en la tercera economía más importante del mundo y ha presumido de una considerable estabilidad y fortaleza en comparación con economías como la de Estados Unidos, que fueron afectadas gravemente por la crisis financiera de 2008 y 2009. En el ámbito de la política exterior, a partir de 1991 el gobierno indio se vio obligado a insertarse en el sistema multilateral mundial tras varias décadas de relativo aislamiento. En un inicio, la principal meta de la política exterior de la India fue contribuir a la superación de la inmovilidad económica mediante el acercamiento a la inversión internacional, al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Más adelante, se buscó cimentar el creciente éxito económico del país y perseguir sus intereses estratégicos. Hoy, la India está presente en las reuniones del G-8, así como un punto de referencia relevante en decisiones sobre temas de interés mundial como la proliferación nuclear, el calentamiento global y el conflicto en el Medio Oriente. Ya en 1992, la India presentó una petición para la expansión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas con el fin de mantener su efectividad moral y política en el nuevo escenario global posterior a la Guerra Fría. Este reclamo ha sido recurrente y ha acercado a la India a otros países que lo comparten como Alemania, Brasil y Japón.

Si bien la conflictiva relación con Pakistán y la intención de afianzar el liderazgo en la región del sur de Asia marcaron la agenda internacional india durante las primeras décadas de independencia, en años recientes esta se ha visto ampliada considerablemente. Uno de los países que han adquirido centralidad indiscutible para la política exterior India es China, su gigante vecino y principal competidor regional en la búsqueda por recursos energéticos, la obtención de recursos naturales y el desarrollo militar. La relación entre ambos países tiene una larga historia de rivalidad y desconfianza marcada por los eventos fundacionales de la oposición de la India a la invasión china del Tíbet y la breve guerra entre ambos en 1962, causada por conflictos fronterizos.

Aunque en tiempos recientes ambos países han sabido desarrollar y defender un acercamiento comercial que les genera grandes beneficios, la desconfianza y los enfrentamientos en temas de seguridad aún enturbian la relación entre ambos gigantes asiáticos. Un territorio en el que esta rivalidad se ha desarrollado plenamente es África, continente en el que ambas potencias han invertido sumas millonarias con la intención de agenciarse preciados recursos naturales.

Amigos de India

Amigos de India

Por otro lado, la India —que cuenta con la segunda población musulmana más grande del mundo— tiene importantes lazos que van más allá de lo puramente económico con países del Medio Oriente. Esta región provee a la India de casi tres cuartas partes de su petróleo. De especial importancia son las relaciones con Irán, con quien la India guarda importantes afinidades culturales y con quien (para disgusto de Estados Unidos) en años recientes ha desarrollado tratos militares, energéticos y comerciales de gran importancia. Así mismo, el golfo Pérsico tiene una relevancia enorme para la India, tanto por sus necesidades energéticas como por la enorme población migrante india, que desde los países petroleros mandan importantes remesas de regreso al país.

 Siguiendo con la tradición de los no alineados, la India ha buscado activamente una amplia cooperación con otras democracias emergentes, principalmente con Brasil y Sudáfrica, junto a los que integra el Foro Trilateral IBSA (India, Brasil y Sudáfrica) y los recientemente afamados BRICS (a lado de China y Rusia). La relación con Rusia, el último integrante de este grupo, se nutre de la larga tradición de acercamientos cultivada durante la Guerra Fría, así como por la necesidad de la India de proveerse de recursos energéticos para dar abasto a su enorme y creciente población. Es una clara señal de la importancia de esta relación que Vladimir Putin haya sido el invitado de honor en el desfile del Día de la República en 2009.

Finalmente, es necesario señalar en esta breve nota, la sana y productiva relación de la India con Estados Unidos. Por un lado, la relación ha estado marcada por el interés voraz de los inversionistas y empresarios estadounidenses en el gigantesco mercado interno de la India. Por el otro, es de gran importancia la cooperación entre ambos países en cuestiones de energía nuclear, que alcanzó su punto más alto en 2006, cuando ambos gobiernos firmaron un acuerdo civil nuclear, un raro privilegio entre los países asiáticos. A principios de 2015, el primer ministro Narendra Modi le propuso a Barack Obama ser el invitado de honor en las mismas celebraciones en las que 6 años antes Putin fue agasajado.

A pesar del gran optimismo respecto al futuro que se vive en la India, los retos para su política exterior son numerosos y complejos. Por una parte, el país debe asegurar su seguridad alimenticia y energética, en un entorno de inestabilidad en la región del Medio Oriente y una creciente rivalidad con China. A su vez, debe mantener en equilibrio su cercanía con Estados Unidos mientras intenta conservar su buena relación con potencias enfrentadas con este país y otros rivales, entre las que destacan China y Rusia o Irán e Israel.

Asimismo, numerosas dificultades en el futuro cercano surgirán para la India como resultado de la volatilidad crónica en su región, en la que la India representa el único Estado fuerte y estable. Por último y para que la dinámica de crecimiento económico y ascendencia internacional de la India sea sustentable, el gobierno deberá hacerse cargo de la creciente polarización interna causada por su modelo de desarrollo, la disparidad entre el campo y la ciudad, las carencias en la infraestructura educativa, agrícola e industrial y la creciente escasez de agua.

 

DANIEL KENT CARRASCO es maestro en Estudios de Asia y África por el Colegio de México y especialista en historia política contemporánea del Sur de Asia. Actualmente, se encuentra realizando un doctorado en el King’s India Institute, del King’s College London.

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