Uruguay: entre la izquierda y la derecha

23 octubre, 2014 • Artículos, Latinoamérica, Portada, Regiones • Vistas: 2116

Los escenarios para las elecciones nacionales de 2014

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Octubre 2014

El 26 de octubre de 2014 se llevarán a cabo las elecciones nacionales en Uruguay. Ese día los ciudadanos renovarán a los representantes del Poder Legislativo y se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Después de 10 años de gobierno de la izquierda en el país, representado por el Frente Amplio (FA), estas elecciones se caracterizan por ser las de mayor incertidumbre desde 1994. A pocos días de los comicios, no existe un consenso claro entre empresas de opinión pública ni analistas políticos sobre quién será el ganador cuando —seguramente luego de una segunda vuelta electoral— el proceso llegue a su fin.

Esta elección es la séptima consecutiva desde 1985, año de la reinstauración democrática en Uruguay, con varios cambios de gobierno entre los tres principales partidos. El Partido Colorado (PC) triunfó en tres elecciones (1985-1990, 1995-2000 y 2000-2005), el Partido Nacional (PN) salió victorioso en una ocasión (1990-1995) y el Frente Amplio (FA) fue el ganador en los dos últimos periodos electorales (2005-2010 y 2010-2015). Esto da cuenta del alto grado de estabilidad política e institucionalización del proceso democrático, que posiciona al país en un lugar de privilegio en la región, como lo muestran todas las mediciones internacionales sobre democracia.

En las siguientes líneas se busca analizar algunas claves para entender qué se está decidiendo en estas elecciones, quiénes están compitiendo y cuáles serán los escenarios de gobernabilidad y desafíos en el próximo periodo de gobierno.

 ¿Quiénes están compitiendo?

En Uruguay se celebran elecciones cada 5 años, sin posibilidad de reelección presidencial. Al igual que otros sistemas electorales de Latinoamérica, desde las elecciones de 2000 existe el denominado sistema de balotaje o segunda vuelta para elegir presidente. En este caso, el umbral para que un candidato sea electo presidente en primera vuelta es el más alto de la región, debiendo superar el 50% de los votos válidos. Este sistema buscó dotar de gobernabilidad al ejecutivo mediante la conformación de mayorías parlamentarias de su partido o en coalición con otros.

A pocos días de las elecciones, según reflejan las encuestas, es difícil pensar que uno de los candidatos logre obtener dicho porcentaje de votos. Parece evidente que la elección presidencial se definirá en segunda vuelta entre los dos candidatos que han liderado las encuestas en los últimos meses, Tabaré Vázquez del FA y Luis Lacalle Pou del PN.

No obstante, un análisis rápido permite identificar un escenario electoral estable, pero aún incierto. En los últimos tres meses no ha habido cambios significativos en las preferencias de los votantes, el FA tiene una intención de voto en el entorno del 42%, el PN cuenta con alrededor del 32% de las preferencias y el PC permanece en tercer lugar con entre 11% y 15% de la intención del voto. Además, un partido menor, el Partido Independiente (PI), tiene una intención cercana al 3%, lo que le permitiría obtener 3 diputados y un senador, y aspirar a ser el “fiel de la balanza” en el Parlamento para el logro de mayorías.

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Tabaré Vázquez y Luis Lacalle en sus respectivos actos de campaña.

Los resultados posibles de una segunda vuelta muestran un leve favoritismo para el candidato oficialista. Sin embargo, aunque el FA tiene una ventaja importante sobre su inmediato competidor, su victoria en el balotaje no es segura porque los partidos tradicionales (PN y PC) por lo general han operado como una coalición en la segunda vuelta y han arrastrado una cantidad importante de votos de uno a otro. Por el contrario, el PI se ha mostrado reticente a dar apoyo explícito a otro partido.

Tabaré Vázquez fue electo presidente para el periodo de 2005 a 2009, cuando la coalición de izquierda logró obtener por primera vez en la historia el gobierno nacional —aquella vez sí en primera vuelta—. En las elecciones de 2009, el FA ganó nuevamente las elecciones con mayoría parlamentaria —aunque no en primera vuelta— y fue elegido como presidente José Mujica.

Por otra parte, el otro candidato que hoy se avizora como el competidor más fuerte para romper con el gobierno frenteamplista es Luis Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera, quien gobernó al país en la década de 1990. Un tercer candidato (aunque con pocas chances de llegar a la segunda vuelta) es Pedro Bordaberry, quien también es hijo de un expresidente. Su padre, Juan María Bordaberry, fue electo en 1971 y en 1973 dio un golpe de Estado que instauró un gobierno militar similar al de otros países latinoamericanos durante las décadas de 1970 y 1980.

¿Qué está en juego en las campañas?

Si bien el país tiene dos polos partidarios grandes, uno orientado a la centroizquierda y otro a la centroderecha, las propuestas programáticas de ambos han seguido ejes temáticos similares. Luego de la crisis económica que afectó al país en 2002, Uruguay ha tenido un crecimiento económico significativo en los últimos 10 años. Este contexto, asociado a un manejo macroeconómico exitoso, permitió un incremento significativo en el gasto público social y se ha reflejado en una reducción sustantiva de la pobreza —de 39% a 11%—, mejoras en la distribución del ingreso —el coeficiente de Gini pasó de 0.455 en 2006 a 0.384 en 2013— y una caída del desempleo —de 10.8% a 6.5%, en el mismo periodo—, así como en importantes inversiones y emprendimientos productivos.

Esta situación ha llevado a que muchos de los problemas que históricamente han sido objeto de preocupación de los gobiernos y de los ciudadanos en Uruguay, no estén presentes en las futuras agendas de gobierno de los partidos como temas prioritarios.

Por el lado del partido de gobierno, el desafío consiste en renovar su agenda luego de 10 años de exitosas reformas económicas y sociales. En este caso, la profundización de las políticas de bienestar tiene a la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados como uno de sus buques insignia.

Por su parte, los partidos tradicionales buscan construir su agenda en aquellas áreas donde el gobierno no logró avanzar o tuvo problemas de gestión importantes.

¿Cuáles son los desafíos para el próximo gobierno?

En términos generales se pueden identificar tres problemas que todos los partidos han tomado como prioritarios en su agenda: (1) la seguridad ciudadana, (2) la educación y (3) la infraestructura.

Posiblemente, la seguridad es el tema que más atención ha recibido en la campaña, pese a que Uruguay es el país con los índices de criminalidad y violencia más bajos de América Latina. Todos los partidos han presentado propuestas para atacar el problema, planteando medidas orientadas a fortalecer la capacidad de la policía para responder al incremento de los delitos. En consecuencia, junto con las elecciones nacionales se realizará una consulta popular (plebiscito) sobre el proyecto de reforma constitucional impulsado por el PC que establece la aplicación del Código Penal para adultos a los adolescentes de entre 16 y 18 años. Esta reforma no es apoyada por el FA ni por buena parte de las organizaciones de la sociedad civil que han realizado una fuerte campaña para que la ley no sea aprobada, argumentando que su aprobación tendrá efectos negativos a largo plazo.

En materia educativa, si bien se han logrado avances como el Plan Ceibal, que le brindó una computadora a cada niño en edad escolar y que ha sido catalogado como un programa modelo, persiste la noción de carencias importantes. Sobre todo, prevalece una imagen de bloqueos entre los actores políticos que han evitado avances y reformas estructurales al sistema educativo.

Por último, el desarrollo económico y el alto grado de inversiones ha tensionado la capacidad del Estado para avanzar en la dotación de infraestructura necesaria que dé sustentabilidad a estos procesos, corriéndose el riesgo del denominado “apagón logístico”. Allí, son varias las propuestas para atacar este problema: construcciones y mejoras portuarias, creación de redes ferroviarias eficientes, construcción y mejoramientos de carreteras, entre otras.

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Seguidores del Frente Amplio.

¿Qué esperar de la gobernabilidad en Uruguay?

Más allá de los resultados en las elecciones presidenciales, la manera en que estos temas sean abordados por el próximo gobierno están condicionados por un asunto no menor para entender los escenarios de gobernabilidad: la conformación del Poder Legislativo. En los últimos dos gobiernos, el FA obtuvo mayorías parlamentarias. Esta configuración legislativa le permitió al partido de izquierda impulsar una serie de reformas solamente con los votos de sus representantes.

De esta forma, reformas como la de salud o la tributaria fueron aprobadas, pese a la oposición de las bancadas de los otros partidos. Incluso leyes que han tenido un fuerte impacto no solo a nivel nacional sino también internacional —como la legalización de la marihuana o la aprobación de la ley de salud sexual y reproductiva que despenalizó el aborto— fueron aprobadas por los votos mayoritarios del FA.

Sin embargo, esto puede cambiar para quien conforme el próximo gobierno, ya que no es seguro que se alcancen mayorías parlamentarias de un solo partido. Ante esta incertidumbre, se prevén tres escenarios posibles para el país. En el primero (y quizás el menos probable), el FA obtendría una vez más mayorías parlamentarias, lo que le permitiría ejecutar su paquete de reformas sin mayor oposición.

Un segundo escenario plantearía que el PN logre ganar las elecciones, que en caso de hacerlo será sin mayorías parlamentarias, lo que implicaría establecer un gobierno de coalición con el PC y eventualmente conseguir el apoyo del PI para lograr gobernabilidad. Este escenario sería intenso en negociaciones pero con agendas políticas que encontrarían sinergias claras.

Además de las negociaciones internas entre partidos, en este escenario el gobierno también tendría que negociar con la central sindical (PIT-CNT), que históricamente ha sido un actor cercano al partido de izquierda. Durante la campaña, el PIT-CNT ya ha manifestado su preocupación de que un gobierno del PN sería un retroceso para los derechos que han sido alcanzados por los trabajadores en los últimos 10 años (como los Consejos de Salarios, la ley de 8 horas para los trabajadores rurales y la ley de responsabilidad penal empresarial). Si esto ocurriese, seguramente se presentarán situaciones de conflicto entre el gobierno y los trabajadores.

Un tercer escenario (y quizás el más probable), es que el FA logre la victoria pero sin mayorías parlamentarias. En este caso, el partido de gobierno inevitablemente necesitará negociar con otros partidos para gobernar. Ahora bien, ¿cuáles son los posibles acuerdos a los que el gobierno del FA podría llegar en caso de enfrentarse a un parlamento fragmentado y sin mayorías? En el caso de que los representantes sumados del FA y del PI alcancen la mayoría parlamentaria, el FA podría buscar una alianza con el PI y gobernar en coalición. La otra opción es que el FA negocie las decisiones por temas específicos con todos los partidos. En ambos casos lo llevaría a tener una agenda más alejada de la original.

El hecho de que se pueda presentar un escenario en donde no existan coaliciones de gobierno ni mayorías parlamentarias genera incertidumbre sobre la estabilidad de la gobernabilidad, dado que representa un hecho novedoso desde la existencia de un sistema multipartidista estable.

 Más allá de los escenarios posibles, lo cierto es que Uruguay, de forma similar a su vecino Brasil, se encuentra frente a una difícil coyuntura. Por un lado, los uruguayos pueden elegir a un gobierno de izquierda que ha logrado resultados tangibles en materia social y económica, pero que se enfrenta a los límites de su propio éxito y que a pesar de los buenos resultados no logra el respaldo necesario para asegurar su continuidad. Por el otro, los votantes pueden inclinarse por los partidos de derecha, quienes han cambiado su discurso tradicional, reconocido los logros del gobierno e incorporado nuevos temas que logren captar parte del electorado descontento.

 

MARTÍN FREIGEDO es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de la República (Uruguay), máster en Políticas Públicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (México) y candidato a doctor en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-México). Se desempeña como investigador y docente del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales y del Centro Universitario de Tacuarembó. ALEJANDRO MILANESI es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de la República (Uruguay) y máster en Políticas Públicas por la Victoria University of Wellington (Nueva Zelanda). Es investigador y docente del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de la República) en las licenciaturas de Ciencia Política y Desarrollo.

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