¿Qué tienen en común Al Qaeda, el cártel de Medellín y Los Zetas?

1 noviembre, 2013 • Artículos, Latinoamérica, Medio Oriente, Portada, Sin categoría • Vistas: 3037

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Noviembre 2013

A principios de 2009, el gobierno mexicano puso en marcha una estrategia de supresión de objetivos de alto valor para detener a los líderes de los cárteles mexicanos. Se han puesto en práctica, con éxito, estrategias similares contra otras organizaciones que amenazan la seguridad del Estado. El artículo analiza los factores que propiciaron que su implantación no tuviera los efectos esperados.

En Afganistán y en Iraq, la estrategia había sido exitosa. Gracias a la focalización de las agencias estadounidenses de inteligencia en la supresión de objetivos de alto valor (del término en inglés high-value target, empleado por las agencias estadounidenses de inteligencia para identificar a individuos cuya detención es prioritaria), se logró inhibir la actividad de varios líderes, se recolectó información precisa sobre la ubicación de otros miembros y el funcionamiento de células operativas importantes, y con ello, se logró la dislocación de una parte sustancial de la estructura de Al Qaeda. Cierto, a principios de 2009, Al Qaeda seguía operando y su líder máximo no había sido detenido aún, pero era una sombra de lo que había sido en los años noventa, y Osama Bin Laden desempeñaba un papel secundario en las operaciones de la organización, más como un líder moral. Asimismo, en Colombia en la misma década, se había empleado una estrategia similar con buenos resultados: se habían desmantelado las estructuras operativas de los cárteles de Cali y de Medellín tras la detención de miembros clave del primer y segundo escalafón de las organizaciones. El narcotráfico no había cesado en Colombia, pero la amenaza que los dos mega cárteles representaban para el Estado se había eliminado definitivamente.

En México, el mismo equipo estadounidense encargado de las operaciones de inteligencia contra Al Qaeda estaría a cargo de la instrumentación de una estrategia semejante. Las contrapartes mexicanas estaban entusiasmadas con la propuesta. Primero, se elaboraría una lista de objetivos prioritarios, basada en intereses mutuos. Dispuesta la lista, se establecerían los términos operativos: Estados Unidos aportaría la información de inteligencia para el operativo, y México proporcionaría los recursos humanos y técnicos si disponía de ellos; si no, Estados Unidos también los proveería. Ambos países participarían en el diseño de los operativos. México puso como condición que las agencias estadounidenses que participaran en los operativos se comprometieran a mantener un perfil bajo, de manera que el gobierno mexicano no fuera criticado por violaciones a la soberanía nacional y pudiera capitalizar las detenciones en apoyo público. En este sentido, en términos de política pública, la supresión de objetivos de alto valor ofrecía grandes ventajas porque su métrica se basaba únicamente en el número de objetivos desactivados, además de que era directa, sencilla y fácil de vender al público.

La Agencia Central de Inteligencia y la Agencia Federal Antidrogas estadounidense capacitaron a policías mexicanos y los dividieron en seis nuevas Unidades de Investigaciones Sensibles, conformadas por alrededor de veinticinco oficiales. Cada unidad se centraría en la detención de un grupo reducido de elementos pertenecientes a una misma organización criminal. El 23 de marzo de 2009, se publicó en el Diario Oficial de la Federación de México la lista de objetivos de alto valor formada por 37 individuos pertenecientes a seis organizaciones narcotraficantes. La nueva estrategia arrojó inmediatamente resultados, pues sólo en la primera semana se lograron tres detenciones.

SALDOS

Al final del sexenio de Felipe Calderón, el saldo de la estrategia de supresión de objetivos de alto valor fue de 25 de 37 criminales desactivados o dos tercios de la lista —9 fueron abatidos y 16 detenidos—. A pesar de que la cifra es positiva, en particular este componente de la estrategia contra la delincuencia organizada ha sido criticado porque las detenciones y los abatimientos de líderes pudieron haber precipitado un escalamiento de la violencia criminal en México. Ya en otros artículos se ha analizado el vínculo entre la detención de criminales, la fragmentación de los cárteles y la violencia en México; sin embargo, no se ha evaluado con detenimiento por qué la estrategia de supresión de objetivos de alto valor —de relativa eficacia en otros casos— en México tuvo resultados tan desfavorables.

FALLAS EN LA CONCEPCIÓN

En el diseño de la estrategia de supresión de objetivos de alto valor se trató de encuadrar el fenómeno de inseguridad mexicano dentro de parámetros preexistentes. Las dos referencias de mayor peso en la definición de la estrategia fueron los casos de Al Qaeda y los cárteles colombianos, ejemplos en los cuales el Estado había logrado desarticular estructuras terroristas y criminales, suprimiendo objetivos de alto valor. Sin embargo, al utilizar estas referencias de forma rígida, se pasaron por alto diferencias contextuales y estructurales que provocaron efectos imprevistos.

El entorno en el que opera Al Qaeda en el Medio Oriente en la actualidad y el de los grandes cárteles colombianos en los noventa son sustancialmente diferentes al medio criminal de México. El mosaico criminal de México a mediados de la década pasada era multipolar, formado por al menos seis cárteles que se repartían las rutas y los accesos a un mercado altamente lucrativo de forma más o menos equitativa, por lo que contaban con capacidades y recursos similares. Cada cártel operaba con cierto grado de autonomía territorial en un frágil balance, en donde el territorio perdido por uno era rápidamente ocupado por otro. Esta tensión estructural generada por un medio “hipercompetitivo” provocaba que, ante el eventual debilitamiento temporal —por una detención, el decomiso de un cargamento importante o el bloqueo de una ruta o punto de salida a Estado Unidos—, cada organización criminal invirtiera una parte sustancial de sus recursos en armamento, de forma que pudiera aguantar el asedio rival mientras restablecía sus redes —es decir, las organizaciones narcotraficantes mantenían una especie de carrera armamentista preventiva—.

A diferencia de México, en el Medio Oriente y en Colombia los contextos terroristas y criminales no son hipercompetitivos. Las organizaciones terroristas islámicas no compiten entre sí para consumar un acto terrorista con el mayor impacto mediático o número de víctimas. Existe animadversión entre algunos grupos terroristas —por ejemplo, entre algunas células de Al Qaeda y Hezbolá—, pero en la mayoría de los casos, cada organización maniobra de forma independiente e incluso han llegado a cooperar —por ejemplo, Hamas y Hezbolá comparten redes de financiamiento y proveedores de armamento—. Por lo tanto, el debilitamiento de una célula terrorista no significa una oportunidad para otra. La dinámica colombiana del narcotráfico en los noventa era competitiva, pero la competencia ocurría sólo entre dos grandes organizaciones, por lo que la desarticulación de la organización A significaba que la organización B tomaría control monopólico sobre el narcotráfico de forma relativamente pacífica, pues no existía una organización C que le disputara a B los vacíos desocupados por A.

DINÁMICA INTERNA

Una estrategia de desactivación de objetivos de alto valor supone que las organizaciones son jerárquicas, centralizadas y que la disponibilidad de líderes es limitada, por lo que la detención de un individuo clave descompondrá la capacidad operacional de la organización (…).

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