Prosur: ¿hacia una nueva integración latinoamericana?

15 marzo, 2019 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1041

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Gustavo Edgar Herrera Caballero

Marzo 2019

La integración regional en América Latina y el Caribe cuenta con una gran historia, cuyo periodo inicial podríamos situarlo en la etapa independentista y a las propuestas integracionistas de Simón Bolívar, materializadas en el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826. Sin embargo, la región despliega un paradigma en la forma de pensar y conducir la integración, a partir de mediados del siglo XX, asumiéndola como una vía importante para alcanzar una mejora en el nivel de vida, al tratar de incorporar la cooperación y complementariedad con una propia identidad.

Hoy existen distintos procesos de integración en la región con diferentes objetivos, reglas, procedimientos y niveles de consolidación, donde las prioridades políticas, económicas, comerciales y sociales varían de acuerdo al proyecto y contexto en el que surgen. Estos procesos que se iniciaron a principios de la década de 1960, en gran medida, fueron inspirados en la Comunidad Económica Europea, que desde entonces progresó hasta lo que actualmente es la Unión Europea.

Innegablemente, las aspiraciones de autonomía en la región dan surgimiento a los primeros sistemas integracionistas como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ahora Asociación Latinoamericana de Integración), el Mercado Común Centroamericano, el Pacto Andino (ahora Comunidad Andina de Naciones) y la Comunidad del Caribe. Después avanzó con la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur), la Asociación de Estados del Caribe, el Sistema de Integración Centroamericana y el Mercado Común Caribeño. Más recientemente se formaron las iniciativas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Alianza del Pacífico.

Si bien, la complementariedad en las distintas regiones de América Latina y el Caribe, pareciera ser el punto de partida para lograr consolidar una integración regional total en la zona, en la práctica se puede visualizar un estancamiento en las actividades de la mayoría de los procesos de integración, donde su funcionalidad depende de los modelos de desarrollo en turno, aunado a factores económicos mundiales, así como el surgimiento de nuevos escenarios bajo el impulso de distintos gobiernos. En este sentido, resultaría pertinente cuestionarse ¿realmente los procesos de integración están cumpliendo con sus objetivos?

Frágil integración latinoamericana

La voluntad política y el esfuerzo de la región a favor de la cooperación se han profundizado para mejorar en la productividad y la competitividad. Sin embargo, los cambios ideológicos y de orientación, así como las crisis económicas y humanitarias por los que han pasado los gobiernos de América Latina y el Caribe durante las últimas décadas han impactado en el fortalecimiento y consolidación de una verdadera integración latinoamericana.

En ese sentido y, aunque pareciera una dinámica normal las crisis e impases políticos en un mundo globalizado, recientemente, el complejo agravamiento de la crisis humanitaria y de gobernabilidad en Venezuela ha expuesto la frágil integración latinoamericana y el debilitamiento de los distintos procesos de integración que han intervenido o han intentado buscar una solución negociada factible para el país sudamericano, al dejar en claro la división ideológica entre los distintos gobiernos. En consecuencia a la tensa situación venezolana, algunos procesos de integración en la región se han visto afectados. Tal es el caso de la CELAC, en el que la segmentación ideológica entre los países miembros ocasionaron la cancelación de diversas reuniones en todos sus niveles, asociado al hecho de que El Salvador ostentara la Presidencia Pro Témpore (PPT) durante un periodo bienal, cuando el cargo debería ocuparse por un año.

Resultaría pertinente cuestionarse ¿realmente los procesos de integración están cumpliendo con sus objetivos?

En dicho contexto, el reto actual para la PPT en turno, a cargo del Estado Plurinacional de Bolivia, será el buscar reactivar el mecanismo e intentar impulsar la integración regional y fomentar la unidad, en función al ser el único foro que reúne a los 33 países latinoamericanos y caribeños. Sin embargo, parece una labor titánica dada la segmentación política existente al interior, claramente perceptible en la búsqueda de una solución a la situación del país sudamericano, donde el Grupo de Lima y el Mecanismo de Montevideo contrastan en sus ideas.

Asimismo, otro foro que acapara la atención es la Unasur, no por su notoriedad, si no por el reciente anuncio, en enero de 2019, realizado por el Presidente de Colombia, Iván Duque, y el mandatario de Chile, Sebastián Piñera, de trabajar con otros gobiernos sudamericanos en la creación de Prosur, una nueva organización de integración regional sudamericana que buscaría reemplazar a la Unasur, que se encuentra paralizada desde 2017. Al igual que la CELAC, las diferencias ideológicas de los miembros han dificultado la toma de decisiones, principalmente en el nombramiento de un nuevo secretario general, ya que tras la salida del último representante, el expresidente colombiano Ernesto Samper, el 31 de enero de 2017, el foro se encuentra sin titularidad.

Durante meses Bolivia y Venezuela obstaculizaron la elección del nuevo titular al rechazar la única candidatura, hasta ahora presentada, del diplomático argentino José Octavio Bordón. Esta situación se agravó en abril de 2018, momento en el que seis países decidieron suspender su participación —Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú— en las instancias de la Unasur hasta contar con resultados que garanticen su funcionamiento. Colombia, en agosto de 2018, notificó su decisión de retirarse, usando como su principal argumento el considerar que ese organismo ha sido cómplice del gobierno de Venezuela.

Asimismo, el 13 de marzo de 2019, Ecuador decidió suspender su participación en todas las actividades y compromisos del organismo e iniciar los procedimientos internos para la denuncia del Tratado Consultivo de Unasur. Cabe recordar que, en julio de 2018, el gobierno ecuatoriano anunció que iniciaría los trámites para la devolución del edificio donde actualmente funciona la Unasur (en Quito), con la finalidad de darle uso para una universidad indígena. En su lugar, se puso a disposición una casa patrimonial en el centro de la capital; esta decisión contrastaría con la inauguración, en septiembre de 2018, de la sede del Parlamento de la Unasur, en la ciudad boliviana de Cochabamba.

Si bien, Bolivia, país que asumió la presidencia desde abril de 2018, ha efectuado gestiones al más alto nivel para repuntar el bloque, tal parece que no existirá voluntad política para encontrar acuerdos que permitan salir del impase actual y mucho menos con el nuevo anuncio respecto a la creación de Prosur.

Retroceso en los procesos de integración latinoamericanos

Prosur, de acuerdo a sus creadores, sería un foro de diálogo abierto de integración y desarrollo para los países sudamericanos. De acuerdo con el presidente Piñera, este espacio sería la versión “sin ideologías” de la Unasur, mismo que excluiría al país bolivariano, por no ejercer una democracia plena ni respetar a los derechos humanos. Sin embargo, el Presidente chileno confirmó la invitación a Juan Guaidó, situación que resultaría contradictoria a la decisión de excluir a Venezuela.

Para concretar la puesta en marcha de Prosur, se planeó una reunión en Santiago de Chile el 22 de marzo de 2019, oportunidad a la que, hasta ahora, de acuerdo con la prensa, los presidentes de Brasil, Colombia y Paraguay han confirmado su participación. Sin embargo, con la creación de este nuevo foro, ¿no se estaría causando mayor división al interior de la región y a los procesos de integración regional ya existentes?

¿No se estaría causando mayor división al interior de la región y a los procesos de integración regional ya existentes?

Resultaría pertinente realizar un profundo análisis sobre la viabilidad de crear un nuevo foro, pues cabe recordar que esta alternativa regional surge en sintonía al Grupo de Lima y el desconocimiento del gobierno de Nicolás Maduro por la mayoría de los gobiernos de Sudamérica. De concretarse la creación de este nuevo organismo, indudablemente, las mediaciones y decisiones tendrían mayor alineación y coherencia con las políticas de Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe que con los propios intereses de la región, donde las intervenciones de Washington siguen presentes. Este sería un escenario que claramente crearía una mayor segmentación en los procesos de integración ya existentes.

Desde un punto de vista objetivo, el avance de esta iniciativa se traduciría en un retroceso en los procesos de integración latinoamericanos. Es necesario fortalecer y trabajar en mecanismos ya existentes, tales como la CELAC, la relación entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, incluso la propia Unasur, donde el objetivo central sea fortalecer la integración política y social, la economía y el comercio de los países de la región, para evitar duplicar actividades y buscar complementariedad entre los mismos.

GUSTAVO EDGAR HERRERA CABALLERO es licenciado en Relaciones Internacionales y maestro en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es especialista en análisis político y social. Actualmente se desempeña como Jefe de Departamento para la CELAC, UNASUR y ALBA-TCP en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. Sígalo en Twitter en @gheca787.

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