Origen y alcances de la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán

17 noviembre, 2016 • Medio Oriente, Opinión, Portada • Vistas: 3609

REUTERS/Adnan Abidi

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Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México

Noviembre 2016

Las guerras civiles en el Medio Oriente tienen un factor común: la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán. Durante años, este antagonismo ha alimentado la violencia en zonas anteriormente afectadas por la guerra y ha creado nuevos campos de batalla donde antes no existían. Esta competencia se ha expandido a los mercados energéticos internacionales producto del reciente levantamiento de las sanciones económicas a Irán por parte de Occidente.

El origen

Desde hace más de 1000 años, Arabia Saudita e Irán han mantenido argumentos opuestos sobre el legítimo heredero del profeta Mahoma, dando origen a la división del Islam en dos corrientes dominantes: el sunismo y el chiísmo, respectivamente. Como principales exponentes de estas ramificaciones del Islam, Arabia Saudita e Irán han visto influenciada su visión de política exterior. Ambos han formado alianzas con países afines a sus ideologías y, por tanto, han apoyado a grupos rebeldes que favorecen su corriente religiosa.

Numerosos ejemplos de esta rivalidad se hicieron presentes durante los siglos XX y XXI, tales como: la revolución iraní de 1979, la cual significó la caída del régimen prooccidental del sha Mohamed Reza Pahlevi, la toma del poder de las autoridades chiítas y la instauración de la República Islámica de Irán. Entre 1980 y 1988, en el preludio de la guerra del Golfo, Arabia Saudita apoyó al régimen de Saddam Hussein, un sunita, resultando en la muerte de cientos de nacionales iraníes durante la guerra entre Irak e Irán. Posteriormente, con la invasión a Irak de 2003 y el derrocamiento de Hussein, Arabia Saudita vio con impotencia la instauración de un gobierno chiíta en su frontera norte. En 2011, durante la oleada democrática en el Medio Oriente, mejor conocida como la Primavera Árabe, Irán mostró su apoyo a su aliado Bashar al Assad, Presidente de Siria, mientras Arabia Saudita apoyaba a los grupos de oposición, alimentando la vigente guerra civil. Mientras que en Bahréin, el ejército saudita brindó apoyo al gobierno para sofocar las protestas de oposición orquestadas por la mayoría chiíta del país. 

El surgimiento de la potencia petrolera árabe

En 1938, Arabia Saudita vio el inicio de su riqueza petrolera cuando una subsidiaria de la empresa estadounidense Standard Oil of California descubrió enormes cantidades de petróleo. Este descubrimiento resultó ser el primero de muchos, dando origen al gigante petrolero del Medio Oriente y del mundo. La potencia petrolera árabe fungió como proveedora de energía para los países aliados de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta relación tuvo una naturaleza asimétrica y benéfica para los países occidentales, lo que dio origen a la creación de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), fundada por Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela en 1960.

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La formación de la OPEP marcó un punto de inflexión en la soberanía de los recursos naturales. Desde entonces, las decisiones del cártel han desempeñado un papel fundamental en el mercado energético mundial y en la historia de las relaciones internacionales. Tal fue el caso del embargo petrolero de 1973, en represalia contra actores occidentales que apoyaron a Israel durante la guerra del Yom Kippur, y de la crisis financiera de 2008 que motivó a la OPEP a tomar acciones coordinadas para reducir la producción petrolera en 2.2 millones de barriles diarios y para estabilizar los precios.

Desde 2015, en una estrategia encabezada por Arabia Saudita, la OPEP ha incrementado su producción pese a la significativa baja en los precios del petróleo. De hecho, en abril de 2016 la organización alcanzó niveles récord de producción en 27 años al superar los 33 millones de barriles diarios. Estas acciones han tenido como objetivo reducir la participación en el mercado de países no miembros, tales como Estados Unidos y su creciente industria de shale gas y shale oil. Esta estrategia ha afectado a varios países productores que dependen importantemente de sus ingresos petroleros.

La joya petrolera de Persia y las sanciones económicas

En 1908, la empresa inglesa AngloPersian Oil Company encontró petróleo en el suroeste de Irán. Este descubrimiento sentó las bases para el surgimiento de una de las mayores potencias petroleras del mundo. Durante los siguientes 40 años, Irán fungió como suministro de petróleo en las dos guerras mundiales, principalmente para Europa. Estas acciones dieron origen a una explotación de los recursos iraníes por las empresas occidentales y, en consecuencia, a un creciente resentimiento en la población.

En 1951, el Primer Ministro iraní, Mohamed Mosaddeq, nacionalizó la industria petrolera, lo que desencadenó un golpe de Estado que llevó al poder al sha Reza Pahlevi y, de nueva cuenta, al establecimiento de consorcios petroleros en el país. Lo anterior detonó la revolución iraní de 1979 y el surgimiento de la República Islámica. Para 1980, derivado de la toma de su embajada y la crisis de los rehenes en Irán, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas y prohibió la mayoría de los intercambios comerciales con este país. Después de 4 años, los estadounidenses colocaron a Irán en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo mundial.

En 2002, George W. Bush acusó a Teherán de operar un programa secreto de armas nucleares. Las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas entre 2006 y 2010constituyeron el marco legal para que la Unión Europea adoptara limitaciones al comercio y transacciones financieras con Irán. Por su parte, Estados Unidos impuso prohibiciones a empresas e individuos extranjeros para disuadirles de mantener relaciones comerciales con Irán, entre las que destaca la compra de petróleo.

Entre 2009 y 2012, las negociaciones multilaterales en materia nuclear entre Irán y las grandes potencias se estancaron. Pero fue en 2013, con la elección presidencial de Hassan Rohaní que comenzó un nuevo diálogo con el P5+1 (China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Rusia y Alemania) alcanzando un pacto provisional en el cual Irán acordó frenar su programa nuclear a cambio de una flexibilización limitada en las sanciones. En enero de 2016, la Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó que Irán tomó las medidas requeridas para restringir sus actividades nucleares, dando pie al levantamiento de las sanciones.

Desde la consolidación del acuerdo nuclear para Irán, el antagonismo bilateral se ha agudizado, alimentando la violencia en Irak, Siria y Yemen, y motivando la inestabilidad regional. Las consecuencias de esta rivalidad han prendido focos rojos en la volatilidad de los mercados energéticos y, por ende, en la economía mundial.

Reuters

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El Diálogo de Argelia y el regreso de Teherán

En 2015, la producción de petróleo de Irán cayó a 2.8 millones de barriles diarios, de 3.6 millones en 2011. Sin embargo, desde junio de 2016, la producción iraní ha logrado elevarse a niveles de 2011 a raíz de la disminución de las sanciones acordadas a principios de año, sumándose a la sobreoferta mundial de energía que ha disminuido dramáticamente los precios del petróleo.

Los actuales precios del petróleo han sido fuertemente impactados por la negativa de la OPEP, en especial de Arabia Saudita, a reducir los niveles de producción, lo que ha resultado en consecuencias negativas para las economías petroleras. Por esta razón, Arabia Saudita y Rusia iniciaron, desde abril de 2016, un diálogo entre la OPEP y países no miembros con miras a un acuerdo que congele los niveles de producción. Irán se convirtió en el principal obstáculo para lograr este objetivo, dado que el país está decidido a recuperar sus niveles de producción y participación en el mercado perdidos durante el periodo de sanciones. Arabia Saudita insiste en que un acuerdo para congelar la producción debe contar con la participación de todos los países productores, especialmente Irán.

El 28 de septiembre de 2016, en el marco del denominado Diálogo de Argelia se llegó a un acuerdo informal en el cual la OPEP se comprometió a reducir la producción entre 240 000 y 740 000 barriles diarios de los 33.2 millones de barriles diarios ofertados en agosto de 2016. Por ahora, se acordaron excepciones para Irán, Libia y Nigeria, países cuya producción se ha visto afectada por la violencia, así como por sanciones económicas. Las negociaciones y el acuerdo final serán el tema principal de la siguiente cumbre de la OPEP, la cual se llevará a cabo en Viena el 30 de noviembre de 2016. No se debe olvidar que los incentivos económicos de Riad y Teherán se ven motivados por su fiera rivalidad geoestratégica y sectaria, en las que Arabia Saudita no está dispuesto a ceder, e Irán está decidido a recuperarse.

En este contexto, es importante reflexionar sobre el trasfondo de los sucesos de 2016. Por un lado, el P5+1 ha dado un nuevo voto de confianza a Irán, brindándole una oportunidad para reconstruir su economía y por ende fortalecer su industria petrolera. Por otro lado, está Arabia Saudita, el líder del cártel petrolero, acercándose poco a poco a un entendimiento sin precedentes con Rusia —su más cercano competidor en el mercado petrolero internacional— para estabilizar los precios.

De estos sucesos, surgen diversos cuestionamientos. ¿Cómo afecta el acercamiento de Irán con Occidente —no solo a la relación bilateral Arabia Saudita-Estados Unidos—, sino a la influencia geopolítica de Rusia en Eurasia? ¿Es posible un desgaste en la relación bilateral entre Irán y Rusia por el surgimiento de una competencia en el mercado del gas? ¿Qué consecuencias tiene este nuevo entendimiento pragmático entre Arabia Saudita y Rusia? ¿Cómo impactan estas nuevas complicidades a los conflictos sectarios en el Medio Oriente? En un contexto de alta volatilidad política y financiera, los ajustes de esta rivalidad histórica pueden significar el cambio geopolítico más significativo de nuestros tiempos.

PAMELA OLVERA MORALES es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Anáhuac, Maestra en Derecho y Diplomacia por The Fletcher School of Law and Diplomacy-Tufts University. Cuenta con estudios sobre seguridad energética en la Academia Diplomática de Azerbaiyán. Es titular de la Cátedra BP-Anáhuac en Estudios Estratégicos y columnista del Foro Internacional Anáhuac del periódico Excélsior. Sígala en Twitter en @olvpam_.

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One Response to Origen y alcances de la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán

  1. Vicente Martínez dice:

    No queda claro cómo se enlazan las lógicas «cultural» (chiitas vs sunitas) con la económica/petrolera. Los razonamientos pragmáticos de poder económico intentan iluminar la historia reciente del medio oriente. Pero cómo se cobijan con la enconadas diferencias sectarias musulmanas, en medio de las ideologías y culturas mercantiles occidentales (incluyendo a Rusia). En medio, la guerra se instaura como expresión de juegos de ajedrez geopolítico, negocios de armas y también de tramas culturales (justificaciones terroristas, de kurdos, etc. ) Y en este escenario, Israel qué papel juega? Qué está pasando con las relaciones de poder entre dirigentes y dirigidos si recordamos la Primavera Árabe, y si esta fue realmente una expresión de lucha democratizadora?

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