México en la geopolítica energética mundial

21 enero, 2019 • AMEI, Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1326

Retos y oportunidades

El Diario de Coahuila

Alejandra Gricelda Hernández Hernández

Enero 2019

Una colaboración de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales

A medida que la energía se ha posicionado como la base del progreso económico, tecnológico, social y humano, la necesidad de acceder a ella se ha vuelto una cuestión de seguridad. En este sentido, la seguridad energética es un elemento fundamental de la política interna y externa de cualquier país del mundo. Según Brenda Shaffer, hay un vínculo intrínseco entre la energía y la política; la habilidad de un país para acceder a ella y la manera en que la usa determina de modo decisivo el estado de su economía, su seguridad nacional, así como la calidad y sostenibilidad de su medio ambiente.

Aunque la seguridad energética, citando a Chris Lo, ha sido un “esfuerzo trasnacional durante muchos años”, el significado del concepto continúa difuso y no hay una sola definición del mismo (depende de la posición que el país ocupa en el mapa energético: importador, exportador o de tránsito). De manera tradicional, la seguridad energética se ha definido como el flujo energético ininterrumpido a precios asequibles. Sin embargo, ante la emergencia de otros problemas que van más allá del solo abastecimiento de energía, hoy el concepto incluye nuevos elementos. Así, de acuerdo a Shaffer, la seguridad energética es ampliamente concebida bajo tres componentes: fiabilidad y asequibilidad en el suministro y en amistad con el medio ambiente.

De esta manera, a medida que el paradigma de seguridad energética se ha ido ampliando, las respuestas y sus implicaciones para su consecución se vuelven más complejas. La hoja de ruta para garantizar la seguridad energética es la política energética la cual delinea, por medio de diversas medidas, la estrategia que el país en cuestión desplegará en aras de garantizar finalmente su desarrollo económico, político y social con base en la energía. De ahí la importancia de definir una política energética clara cuyo contenido responda a la situación nacional e internacional en el ámbito energético.

La política energética mexicana

En este marco conceptual podemos ubicar a México, que al igual que cualquier país poseedor de recursos energéticos, es un Estado que no puede explicarse sin la cuestión de la energía en su historia, en su desarrollo económico y en su vida política tanto interna como externa. Específicamente el petróleo ha tenido un papel preponderante en su historia contemporánea, sin embargo, en los albores de un cambio en el modelo energético, el uso de energías limpias puede ser vista en el país no solo como un instrumento de política para preservar y proteger el medio ambiente sino también como un instrumento de gestión de política exterior que le permita aprovechar las oportunidades que ofrece la coyuntura energética internacional. Por eso, el inicio de un nuevo año, de la mano de un nuevo gobierno, que abarcará de 2018 a 2024, resulta un buen momento para analizar la manera en la que México pretende, con base en su política energética, incursionar en la compleja geopolítica mundial de la energía para garantizar la seguridad energética del país y dilucidar los retos y oportunidades que ello implica.

A medida que el paradigma de seguridad energética se ha ido ampliando, las respuestas y sus implicaciones para su consecución se vuelven más complejas.

La política energética de México, siguiendo a Alberto Montoya-Martín del Campo, ha consistido esencialmente en la utilización de Petróleos Mexicanos (PEMEX), en un primer momento, como garantía de pagos de los intereses de la deuda externa e interna, y después como un soporte fiscal y de divisas del Estado. Con ello, según Montoya, se ha establecido una política que se ha caracterizado por la dependencia energética mediante la explotación acelerada de petróleo crudo sin valor agregado y de la utilización de la renta petrolera para subsanar la falta de aportación fiscal de las empresas nacionales y extranjeras asociadas al sector, así como para compensar la deficitaria balanza comercial del país por la exportación de hidrocarburos. Hacer de PEMEX la clave del desarrollo económico nacional ha puesto en jaque la propia existencia de la empresa y, por ende, la estabilidad económica del país debido a las dificultades financieras que enfrenta. La reforma energética de 2013 intentó subsanar esta situación abriendo el sector energético a la inversión privada para lograr aumentar la producción petrolera nacional, sin embargo se mantiene la esencia de la política energética basada en la exportación de hidrocarburos.

Abanderado en la impopularidad de la reforma energética, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pretende ser el parteaguas en la continuación de dicha política. Su estrategia, en palabras del propio Presidente, es “rescatar la industria petrolera” y recuperar la soberanía energética del país (la capacidad del Estado mexicano de decidir libremente sobre el uso de sus recursos energéticos). El plan energético se basa en el Plan Nacional para la Producción de Hidrocarburos (PNPH) y el Plan Nacional de Refinación (PNR).

La idea es básicamente aumentar la producción de petróleo y procesarlo para consumo interno. De hecho, en el mensaje que emitió el Presidente durante el acto de lanzamiento del PNPH lo deja claro cuando dice que los 2 654 000 barriles diarios que se pretenden producir para 2024 son suficientes para el consumo interno y para dejar de importar crudo. Esto se pretende mediante la inyección de capital tanto a PEMEX como a la Comisión Federal de Electricidad (la empresa estatal encargada de producir la energía eléctrica), así como por medio de la rehabilitación de las seis refinerías existentes y en la construcción de una nueva, según lo expresó en la presentación del PNR la titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle.

Soberanía energética

En el contexto geopolítico actual caracterizado por la relativamente importante caída del precio del petróleo (debido, entre otras razones, por la emergencia de Estados Unidos como un importante productor de hidrocarburos gracias al fracking); la creciente participación de China y Rusia tanto en el mercado energético de petróleo como en el de energías renovables (China es el principal productor de energía eólica a nivel mundial); el aumento en la demanda de recursos energéticos en los próximos 20 años proveniente del acelerado crecimiento económico de los países en desarrollo (principalmente China y la India) y por el creciente peso político que están empezando a ganar las energías limpias en el mapa energético mundial.

Uno de los grandes retos que enfrenta México en materia de energía es desarrollar todo el potencial que tiene en la producción de energías renovables.

La pretendida soberanía energética tiene importantes implicaciones que conllevan retos pero también oportunidades para México. En primera instancia la pregunta gira en torno a qué va a pasar con la reforma energética. De momento, la Secretaria de Energía ha comentado, en el marco de la XXX Reunión de Embajadores y Cónsules 2019, que se respetarán los contratos de exploración y explotación de petróleo que fueron ganados en las rondas anteriores. Si la capacidad de México para disponer de sus recursos energéticos significa el regreso del monopolio a PEMEX en la producción de petróleo, sin la participación de las empresas multinacionales, no está del todo claro. Sin embargo, se considera que se abre la oportunidad para que el Estado mexicano reconfigure la relación política que ha mantenido con ellas. En otras palabras, es la oportunidad para que, bajo la idea de que las empresas multinacionales minan la soberanía nacional, el gobierno tenga presente que, de acuerdo a Jorge Rebolledo “las [corporaciones multinacionales] no cuentan con la capacidad de aplicar la ley que tienen los gobiernos por muy pequeños que sean”. He ahí una gran oportunidad para demostrar que el ejecutivo federal está firme en su decisión de tener un gobierno sin corrupción.

La sombra estadounidense

Otra de las importantes implicaciones en el ámbito geopolítico gira en torno a la relación entre Estados Unidos y México. Considerando que la política energética de México responde en gran medida a los intereses de la política energética del país vecino, la prometida bonanza petrolera de México podría verse afectada por los intereses comerciales de Estados Unidos, pues en los últimos años México ha sido un importante mercado para la exportación de crudo y combustibles. Por otro lado, la aludida independencia energética de México podría ser positiva al proyecto de integración energética en Norteamérica, ya que, al estar bajo su esfera de influencia, el auge petrolero de México se traduce en seguridad energética y, por lo tanto, en seguridad nacional para Estados Unidos. Si bien el gobierno estadounidense no ha mostrado signos de desacuerdo con el giro en la política energética mexicana, la espontaneidad y la ocurrencia improvisada que caracteriza la toma de decisiones del presidente Donald Trump podrían dificultar la plena consecución de la soberanía energética.

Energías renovables

Finalmente, se considera que uno de los grandes retos que enfrenta México en materia de energía es desarrollar todo el potencial que tiene en la producción de energías renovables. Tan solo en energía solar el país figura como uno de los cinco países con mayor potencial en el mundo. Fincar la seguridad energética una vez más en la dependencia de los hidrocarburos no es la clave para ganar influencia en el mapa energético mundial —ni por prestigio ni por desarrollo económico—. Como se ha mencionado, las energías renovables están ganado cada vez mayor peso en la geopolítica mundial, China, Estados Unidos y Rusia lo han entendido, por eso son los países que lideran el mercado de la energía solar y eólica. Si bien es cierto que México ha registrado importantes avances en el tema, el hecho de que el país depende de tecnología extranjera para su desarrollo mina las posibilidades de que puedan ser un recurso no solo para mejorar la seguridad energética sino también una herramienta de política exterior para la proyección de poder blando. Por eso el gobierno actual no debe poner todos los huevos en una sola canasta.

ALEJANDRA GRICELDA HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ es miembro de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI). Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad del Mar, Campus Huatulco. Sígala en Twitter en @AleGrice.

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One Response to México en la geopolítica energética mundial

  1. Rafael Sánchez Hernández dice:

    De acuerdo con lo señalado, en el gran proyecto que pretende llevar a cabo el actual gobierno, las universidades y centros de investigación en México pueden ser el elemento diferenciador clave para llenar ese vacío tecnologiico; no solo se trata de mejores, viables y más seguros métodos de extracción y refinación, sino del desarrollo de tecnología eólica propia y principalmente, en el aprovechamiento del reciclaje de residuos y basura.

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