Los efectos políticos de la migración

15 Diciembre, 2016 • Asuntos globales, Del Archivo, Portada • Vistas: 6378

Cómo responde la sociedad en la era de la migración global

avatarDefault Allert Brown-Gort

Diciembre 2016

Material original de Foreign Affairs Latinoamérica Volumen 16 Número 4

El mundo vive lo que el sociólogo australiano Stephen Castles y el politólogo estadounidense Mark Miller denominaron “la era de la migración”. De acuerdo con las últimas cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2015 había en el mundo unos 244 millones de migrantes; es decir, un 3.3% de la población mundial de 7350 millones ahora vive en un país en el que no nació. Esto representa un aumento del número de migrantes de aproximadamente 60% en los últimos 25 años o de más de 25% en la última década.

A pesar de la envergadura de estos movimientos, se ha estudiado desde una perspectiva sociodemográfica, o si acaso económica, pero no necesariamente como tema de política; esto es, la migración internacional se describe cuantitativamente: el tamaño de los flujos, su procedencia, su destino, su impacto económico y, a veces, su impacto social. Sin embargo, debe reconocerse que los movimientos humanos siempre tienen importantes efectos de largo plazo tanto en las sociedades receptoras como en las originales.

Migración y globalización

El aumento de los flujos migratorios se ha producido en el contexto de la globalización, lo cual significa que hay más países afectados por la migración y que además de los viejos flujos migratorios han surgido otros nuevos. Algunos países de origen se han convertido en países de destino; otros son de tránsito. Los países que eran de destino ahora exportan a sus ciudadanos y en algunos más se observan varias formas diferentes de migración.

También han cambiado la edad y el sexo de los migrantes, así como sus motivos. Muchas veces, los flujos de trabajadores provisionales en una primera instancia, se convierten en flujos de reunificación familiar. También hay una tendencia creciente a los flujos mixtos; por ejemplo, en el nuevo fenómeno del refugiado, que es tanto refugiado político como migrante económico.

La globalización ha presentado desafíos a la soberanía de los Estados nacionales. Los acuerdos internacionales, como los de Schengen en Europa o del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), protegen y limitan las posibilidades de acción de los países. Al mismo tiempo, el tamaño de los nuevos flujos migratorios, junto con las tecnologías modernas de transporte y comunicaciones, han aumentado la viabilidad de las comunidades trasnacionales. Los Estados modernos han reaccionado contradictoriamente, pues a veces se aferran a las nociones tradicionales de soberanía nacional, mientras que en otros momentos aceptan la complejidad y la fragmentación de la autoridad provocadas por la globalización y cooperan con otras organizaciones e instituciones. La migración afecta las políticas nacionales y, por consiguiente, las políticas de seguridad nacional y las relaciones bilaterales y regionales, de modo que ha adquirido una importancia política cada vez mayor.

La migración afecta las políticas nacionales y, por consiguiente, las políticas de seguridad nacional y las relaciones regionales

Otro efecto de la era moderna de la migración en masa es el aumento de la diversidad étnica de los países receptores. En muchos casos, los nuevos flujos —o su envergadura— implican que los idiomas, las costumbres, la fisionomía y la religión de los inmigrantes resalten en el país receptor.

Christopher Furlong/Getty Images

Migración y política

La migración se considera un fenómeno primordialmente sociodemográfico, pero puede argumentarse que sus efectos más permanentes son los políticos, y tienen manifestaciones tanto activas como pasivas. Es decir, la complejidad de las expresiones de estos efectos ha limitado la descripción de las consecuencias políticas de la migración. Esta afecta a la política internacional tanto de los países de origen como de destino. Impacta asimismo en la política interior de los países receptores, tanto por sus repercusiones en la población nativa, cuanto por su peso en las funciones del Estado, como seguridad, educación y gasto social. Además, muchas veces afecta la política nacional de los países emisores, al considerar las acciones de su diáspora en sus nuevos hogares. Finalmente, los migrantes inciden también en la política nacional del país al que llegan.

Quizás el efecto más común de la migración en la política nacional de los países de destino es el que tiene que ver con la población original. La inmigración cambia la política interna del país de muchas maneras, por motivos culturales, religiosos o lingüísticos, aunque da la impresión de que estos efectos se concentran principalmente en la economía. Es indiscutible que el capital es más móvil que la mano de obra; sin embargo, la economía mundial sufriría sin los flujos migratorios. Al mismo tiempo, los trabajadores de los países más desarrollados piensan que los inmigrantes les quitan su trabajo. Otra causa de malestar es una peculiaridad de la inmigración: mientras que los costos siempre son locales (y por lo tanto fáciles de identificar), los beneficios tienden a ser difusos (y difíciles de demostrar). Además, muchas veces los migrantes responden a la demanda de trabajo que se genera cuando se dan profundas reestructuraciones económicas. Por eso, como se ha puesto en relieve en la campaña presidencial del candidato republicano Donald Trump en Estados Unidos, así como en la aprobación del brexit en el Reino Unido y los resultados de las elecciones en Austria —por dar solo tres ejemplos de muchos—, en los países desarrollados no hay otro tema en el que la opinión de las élites políticas y económicas y la población en general esté más dividida.

La diferencia fundamental en cómo enfrentan los países estas presiones tiene que ver con la capacidad de sus sociedades para integrar a los nuevos residentes. La integración es una dialéctica entre los inmigrantes y la sociedad de recepción; es una negociación permanente y a varios niveles: si la sociedad de recepción no lo permite, los inmigrantes no podrán integrarse a su nuevo país. Mucho depende, entonces, de cómo traten los gobiernos y las sociedades de destino a los inmigrantes. Otros factores importantes en la integración son los orígenes, los tiempos, la naturaleza y el contexto particular del flujo migratorio. Por ejemplo, la facilidad con la que los inmigrantes puedan adquirir la ciudadanía o si los hijos nacidos en el país son considerados automáticamente como ciudadanos. También importa si los ciudadanos del país receptor consideran que el flujo de migrantes es predominantemente “legal” o “ilegal”, y (un factor que a menudo está relacionado) si pensaban que era un fenómeno temporal, pero resultó ser más permanente.

En este número de Foreign Affairs Latinoamérica ofrecemos un panorama de la inmigración moderna y las dimensiones de sus efectos políticos. Diego Nuño García examina cómo la crisis migratoria de 2016 en Europa ha afectado la política interna de los países del continente y los ha llevado a establecer medidas nacionales de restricción de la migración y el asilo. Estas reacciones inciden en las relaciones entre estos países y sus vecinos, y entre la Unión Europea y otras entidades fuera de la región.

AP

Stephania Corpi y Rodolfo Córdova Alcaraz trazan una imagen de la migración a través de México, en la cual, por desinterés o falta de capacidad de los Estados y sociedades emisoras, de tránsito y de destino, quedan los inmigrantes en condición de vulnerabilidad. En este vacío que dejan las autoridades, los comités ciudadanos y los grupos de familias de migrantes de México y Centroamérica han cumplido un importantísimo papel en la búsqueda de un trato más justo.

Jorge Duany, en su descripción de la oleada migratoria cubana desatada por el acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos, muestra que el fenómeno ha afectado las relaciones internacionales entre los dos países y entre otros gobiernos del continente, desde Ecuador hasta México. Explica que la Ley de Ajuste Cubano de Estados Unidos ha sido el detonador de este flujo y, por lo tanto, es motivo de protestas en Cuba y en los países de Centro y Sudamérica.

Finalmente, Allert Brown-Gort refiere cómo, a pesar de ser el destino más importante de la migración mundial, Estados Unidos insiste en tratar el tema como un asunto de soberanía nacional. Las divisiones sociales del país, alimentadas en gran parte por el temor a los cambios demográficos, se reflejan en la incapacidad del sistema político para reformar el régimen migratorio. Este fracaso tiene serias consecuencias no solo para Estados Unidos, sino también, y tal vez peores, para sus vecinos

La cara humana de la globalización

Estos artículos nos recuerdan que la inmigración es, en el fondo, un proceso político, y presentan los efectos correspondientes. La migración es un fenómeno humano natural que responde a las necesidades de los individuos; es una serie de negociaciones continuas en todos los niveles: el de los individuos, las familias, los grupos organizados de la sociedad civil, las sociedades, los países y aun los bloques trasnacionales. Muestran también que, en muchos sentidos, la migración se trata fundamentalmente de identidad: como individuos, como miembros de un grupo, de una localidad o de un país. La migración es un vehículo para cuestionar nuestra identidad humana, sus horizontes y sus límites, para mostrar la multiplicidad de identidades que todos poseemos y para servir como testigo de la increíble capacidad humana para la adaptación.

ALLERT BROWN-GORT es miembro distinguido del Institute for Work and the Economy, un think tank independiente con sede en Chicago, y profesor visitante en el Departamento de Estudios Internacionales del ITAM. Sígalo en Twitter en @AllertBG.

Tags:, , , , ,

3 Responses to Los efectos políticos de la migración

  1. Es un derecho fundamental del ser humano ELEGIR y, en este caso, el lugar del Planeta Tierra para dejar su mejor huella

  2. Interesante visión desde el punto de vista de fenómeno en sí. No obstante hay que tomar en cuenta el efecto que produce en sociedades que reciben un número notable de migrantes con diferente fe y costumbres que representan el pasado con relación a la condición de la mujer, por ejemplo, basado en principios religiosos. O también si tiene una comunidad que ya es cuerpo electoral consistente, como es el caso de los ecuatorianos en Italia, que lleva al presidente Correa a hacer una reunión proselitista. Derechos individuales que se transforman en efecto y sustancia cuando llegan a ser un número importante, pequeñas colectividades con fuerza cultural y política.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando…