La diplomacia del “lenguaje colorido”

12 septiembre, 2016 • Artículos, Asia/Pacífico, Portada • Vistas: 2617

Los derechos humanos y el imperio de la ley en Filipinas

REUTERS/Erik De Castro

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Septiembre 2016

Una contribución del Departamento Académico de Estudios Internacionales del ITAM

En agosto de 2016, el presidente Rodrigo Duterte de Filipinas, durante un discurso pronunciado frente a sus fuerzas armadas, insultó al Embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg, por su orientación sexual, y lo acusó de interferir durante su campaña electoral en noviembre de 2015. Además, tanto el Embajador de Australia, Bill Tweddell, como el diplomático estadounidense repudiaron una broma vertida por Duterte en abril de 2015 sobre la violación de una misionera australiana que fue vejada y asesinada durante un motín de reos en la ciudad de Davos en 1989. Esto ha dejado en evidencia una vez más el lenguaje poco cuidadoso de este político de línea dura —en enero de 2015 habría maldecido al papa Francisco durante su visita a Manila por el caos vial causado—.

En su más reciente muestra de torpeza, Duterte insultó el 5 de septiembre de 2016 al propio presidente Barack Obama antes de la reunión programada (ahora cancelada) en Laos de una cumbre de líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). El trasfondo de estas reacciones y de este “lenguaje colorido” —eufemismo usado por Obama— reside en las recientes medidas radicales contra el crimen, incluyendo la venia de Duterte para que escuadrones de la muerte (e incluso la guerrilla del país) maten a narcotraficantes. Las ejecuciones extrajudiciales han sumado más de 2000 víctimas en el país desde el inicio de su gobierno.

Filipinas, a pesar de ser considerada una economía emergente, sufre desde su independencia en 1946 de enormes disparidades económicas (actualmente 6% de desempleo y más del 26% de incidencia de pobreza), de malos gobiernos, corrupción, narcotráfico y, desde finales de la década de 1960, extremismo musulmán. Desde finales de agosto de 2016, tropas del gobierno y militantes del grupo extremista Abu Sayyaf —vinculado a la red del Estado Islámico— han cobrado la vida de al menos 30 soldados y civiles en la isla de Jolo y en la ciudad de Davao en la isla de Mindanao. No es de extrañarse la popularidad de un político de mano dura.

Duterte —invitado varias veces para fungir como ministro del interior (que rechazó siempre) y exalcalde de Davao— es conocido por sus efectivas políticas de pacificación (es apodado el castigador) y combate a la pobreza, que le valió una amplia ventaja (6.6 millones de votos) en las elecciones presidenciales por encima de su más cercano contendiente Mar Roxas. Sin embargo, es conocido su desdén por los derechos humanos, tema en el cual se han concentrado las críticas internacionales, incluyendo las del propio embajador Goldberg y de todo el gobierno de Obama. La enemistad personal y los recientes insultos homofóbicos contra el Embajador y el Jefe de Estado de su más importante aliado en la región pueden tener graves consecuencias en la relación bilateral, en particular luego del histórico fallo en julio de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya a favor de Filipinas y en contra de China y de sus ambiciones marítimas en el mar de China Meridional.

ROBINSON NIÑAL/PPD

ROBINSON NIÑAL/PPD

La embajada estadounidense en Manila ya advirtió que la ayuda de 32 millones de dólares aprobada para combatir el crimen está condicionada al respeto de los derechos humanos. Al parecer Washington deseaba resolver la primera crisis en el marco de una política consistente de defensa de los derechos humanos, teniendo en “la congeladora” este insulto a su representante diplomático. Sin embargo, la ofensa al presidente Obama, a pesar de la disculpa un día después, pone en peligro la propia alianza bilateral. ¿Estados Unidos está recibiendo señales de un posible distanciamiento que Filipinas quiere mantener con la Casa Blanca o con el Presidente saliente y, más preocupante, de un posible acercamiento con China?

El gobierno de Duterte, al contrario de su predecesora, mantiene todavía un bajo perfil ante el histórico veredicto de la Corte frente a China y sus posibles consecuencias. Al saber que probablemente sacará poco provecho en términos de comercio, de inversión y de cooperación económica de su vecino asiático, Duterte envió al expresidente Fidel Ramos a Hong Kong para romper el hielo en la relación y reavivar el diálogo. Y es que el propio desarrollo del país podría estar en juego: frente al comercio total que Filipinas mantiene con Estados Unidos (2300 millones en 2015), China representa veinte veces más (45 600 millones en 2015).

El gobierno filipino necesita emprender una campaña diplomática más activa para sensibilizar a la comunidad internacional sobre la contribución del fallo de la Corte para el Derecho internacional en general, y para la construcción de jurisprudencia en el Derecho del mar. Pero esto será imposible si continúan los insultos a su más cercano aliado. Esto es, literalmente, “darse un tiro en el pie”. Duterte debe mostrar liderazgo a nivel internacional, y debe iniciar con la más alta estima a las normas internacionales del Estado de derecho, a los derechos humanos y a la propia diplomacia.

ULISES GRANADOS es profesor y Coordinador del Programa de Estudios Asia Pacífico del ITAM. Sígalo en Twitter en @ulisesgranados.

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