La cumbre intercoreana

3 mayo, 2018 • Artículos, Asia/Pacífico, CEI Gilberto Bosques, Portada • Vistas: 1698

¿Una solución encaminada al desarme nuclear y la pacificación en la península? 

Belfast Telegraph

Jorge O. Armijo de la Garza

Mayo 2018

Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques

En el marco de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, tuvo lugar un proceso de acercamiento entre los gobiernos de Corea del Sur y Corea del Norte, el cual resultó en la celebración de la tercera cumbre intercoreana el 27 de abril de 2018 en Panmunjom, la zona desmilitarizada ubicada a 130 kilómetros al sur de la frontera intercoreana delimitada por el Paralelo 38. Esto permitió, a su vez, que el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aceptara la invitación del Líder Supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, para sostener un encuentro a finales de mayo o principios de junio. A pesar de que este anuncio en parte ha eclipsado la cumbre intercoreana, el éxito de esta resulta fundamental para la concreción del encuentro entre Kim y Trump. No obstante que el encuentro con Trump podría no darse.

Además, el acuerdo de paz que se espera alcanzar enfrenta una serie de obstáculos, entre ellos, la desnuclearización de la península de Corea, una condición que difícilmente será aceptada por el régimen de Corea del Norte. A pesar de haber anunciado la suspensión temporal de pruebas nucleares y lanzamientos balísticos durante los diálogos, eso no asegura que Corea del Norte esté dispuesto a ceder en cuanto al desarme nuclear se refiere. Solo es un punto de partida. Por lo tanto, es posible que la búsqueda de un acuerdo de paz sea en sí mismo, un obstáculo para lograr un progreso significativo en la solución de las diferencias.

Proceso de acercamiento entre las dos Coreas

Históricamente, Corea del Sur y Estados Unidos han implementado una serie de estrategias para persuadir a Corea del Norte de poner fin a su programa nuclear y con ello lograr la desnuclearización y distensión en la península de Corea. Es importante recordar que las diferencias entre Corea del Sur y Corea del Norte surgieron a partir de los enfrentamientos que tuvieron lugar entre 1950 y 1953, durante la denominada Guerra de Corea en la que hubo una serie de enfrentamientos entre las tropas del territorio del norte que estaba bajo dominio de la entonces Unión Soviética y que más adelante fue apoyado por China, y las tropas del territorio del sur que se encontraban bajo la influencia de Estados Unidos, principalmente. Fue en ese contexto que con la ayuda inicial de Moscú, Corea del Norte estableció su programa nuclear con miras a contar con capacidad de respuesta ante un posible ataque. Por su parte, Washington se hizo cargo de la protección del territorio del sur.

Las hostilidades se mantuvieron durante todo este periodo, hasta julio de 1953, cuando las partes involucradas acordaron el cese de las hostilidades mediante la firma de un armisticio que solo estableció las condiciones para que no continuaran los enfrentamientos armados, sin embargo, no puso fin al conflicto. Tampoco propuso alternativas para alcanzar la paz en la península de Corea. Por lo tanto, aún existen importantes diferencias entre Corea del Sur y Corea del Norte, que en opinión de diversos expertos, solo podrían resolverse mediante un acuerdo de paz.

Sin embargo, desde ese momento se han llevado a cabo diversos acercamientos y negociaciones entre las dos Coreas, con la intención de resolver las diferencias. Inclusive, se han celebrado dos cumbres intercoreanas. La primera de ellas en junio de 2000 entre el entonces Presidente de Corea del Sur, Kim Dae-jung y el entonces líder norcoreano, Kim Jong-il en Pyongyang. El acercamiento resultó en una serie de proyectos de cooperación comerciales y culturales conjuntos, que incluyen la construcción de un complejo industrial y la reunificación de familias separadas durante la guerra. Más adelante, en octubre de 2007, se celebró la segunda cumbre intercoreana entre el entonces Presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, y el líder norcoreano Kim Jong-il, una vez más en Pyongyang. El encuentro resultó en una declaración de paz que establecía la necesidad de llevar a cabo conversaciones internacionales para reemplazar el armisticio con un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto.

No obstante, estos esfuerzos no fueron suficientes para cambiar el statu quo. Y nos encontramos en un momento donde a pesar del aislacionismo diplomático internacional y las sanciones económicas que Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le han impuesto al régimen norcoreano, este ha logrado mantener el impulso de su programa nuclear, adquiriendo una mayor fuerza militar. Es así que, a principios de 2017, como parte de su discurso con motivo del inicio de año, Kim Jong-un estableció una serie de objetivos orientados a mejorar las capacidades del programa nuclear norcoreano, haciendo mención explícita de los ensayos nucleares y afirmando que Corea del Norte estaba entrando en la “etapa final de preparación para el lanzamiento de prueba de un sistema intercontinental”. Este anuncio, que coincidía con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, marcó el inicio de un nuevo periodo de tensiones que estuvieron marcadas por el intercambio de ofensas y amenazas entre los mandatarios de ambos países.

A partir de los encuentros diplomáticos entre funcionarios de Corea del Sur y Corea del Norte, ambos gobiernos acordaron que la cumbre intercoreana se llevaría a cabo a finales de abril de 2018 en Panmunjom.

 

Las diferencias llegaron a su punto más álgido en septiembre de 2017, tras el anuncio por parte de Corea del Norte de que había realizado con éxito pruebas de una bomba nuclear miniaturizada que puede ser instalada en un misil de largo alcance. Meses más tarde, la situación se tornó más álgida, concretamente en noviembre de 2017 cuando el régimen anunció el lanzamiento exitoso del misil balístico intercontinental Hwasong-15 con capacidad de transportar una ojiva nuclear. Con ello, Corea del Norte anunció que finalmente había alcanzado el objetivo de su programa nuclear: desarrollar un misil de largo alcance capaz de llegar a territorio estadounidense. Fue a partir de estos acontecimientos que el gobierno de Trump optó por reincorporar a Corea del Norte en la lista de países patrocinadores de terrorismo, resultando en un mayor aislacionismo diplomático, y aumentar las sanciones económicas impuestas a Corea del Norte, logrando afectar al 90% de las exportaciones del país asiático con el mundo.

A pesar de todo, tras el anuncio de la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno, Corea del Sur y Corea del Norte manifestaron su interés por aprovechar la coyuntura para generar un acercamiento bilateral y reestablecer negociaciones, como continuación de los esfuerzos históricos orientados a lograr el mejoramiento de las relaciones entre ambos países. Fue así que los gobiernos de ambos países acordaron participar de manera conjunta durante la celebración de los Juegos Olímpicos que tuvieron lugar en Pyeongchang, Corea del Sur en febrero de 2017. Esta acción es, a su vez, reflejo de la política de acercamiento intercoreano del Presidente surcoreano, Moon Jae-in, quien desde que asumió la presidencia del país se comprometió a forjar un nuevo capítulo en las relaciones entre Corea del Sur y Corea del Norte con miras a lograr la pacificación de la península coreana.

La cooperación bilateral durante los Juegos Olímpicos de Invierno generó un ambiente propicio para que el presidente Moon, se reuniera con la hermana del líder norcoreano, Kim Yo-jong, quien le hizo extensiva una invitación para visitar Corea del Norte y reunirse con el Líder Supremo norcoreano. Este acto motivó que más adelante, una delegación de funcionarios surcoreanos viajara a Pyongyang para sostener un encuentro con Kim Jong-un para hablar sobre una posible normalización de las relaciones. Fue entonces cuando ambas partes coincidieron en que había el interés y las condiciones para llevar a cabo una tercera cumbre intercoreana. Además, los funcionarios surcoreanos buscaron persuadir a sus contrapartes para que su líder considerara la posibilidad de retomar el diálogo con Estados Unidos y con ello retomar las negociaciones sobre el desarme nuclear en la península de Corea y de esa manera relajar las tensiones con el país norteamericano.

Aspectos relevantes de la cumbre intercoreana

A partir de los encuentros diplomáticos entre funcionarios de Corea del Sur y Corea del Norte, ambos gobiernos acordaron que la cumbre intercoreana se llevaría a cabo a finales de abril de 2018 en Panmunjom. Asimismo, fue un incentivo para que el gobierno de Trump tuviera un acercamiento con el gobierno norcoreano, que podría llegar a su máximo punto con un encuentro bilateral. La invitación para reunirse fue entregada a la Casa Blanca por medio de los canales diplomáticos de Corea del Sur, incluía el ofrecimiento por parte del líder norcoreano de suspender las pruebas nucleares y considerar la posibilidad de tratar el tema de la desnuclearización.

A partir de ese hecho, el 20 de abril de 2018, durante su discurso en la tercera sesión del Comité Central del Partido de los Trabajadores, Kim anunció la suspensión, a partir del día siguiente, de las pruebas nucleares y lanzamientos de misiles balísticos, así como el cierre de Punggye-ri, el centro de ensayos nucleares ubicado al noroeste del territorio con el objetivo de garantizar la suspensión de las pruebas, pues es ahí donde se han realizado las últimas seis pruebas nucleares, la más reciente en septiembre de 2017. Aunado a ello, tanto el gobierno de Corea del Sur como el de Corea del Norte, ejecutaron otra serie de acciones encaminadas a generar un ambiente de reconciliación en la península coreana de cara a la cumbre intercoreana. Ambos países establecieron por primera vez una línea telefónica directa que permitirá a Moon y Kim intercambiar directamente puntos de vista y mantener un diálogo en situaciones de crisis. Asimismo, el Ministerio de Defensa de Corea del Sur decidió suspender la transmisión de propaganda antinorcoreana en la frontera, además de los ejercicios militares conjuntos que realizan las fuerzas armadas de Corea del Sur y Estados Unidos de manera cotidiana. Aunque estas medidas son temporales y pueden representar un acto meramente simbólico, sí son aspectos que influyeron en el desarrollo del encuentro intercoreano.

Por lo tanto, para esta cumbre el tema de la desnuclearización de la península de Corea se mantuvo como la prioridad dentro de la agenda, junto al mejoramiento de las relaciones intercoreanas para lograr la concreción de la paz permanente en la región. En ese sentido, durante la cumbre los mandatarios de las dos Coreas sostuvieron largas conversaciones que resultaron en la firma de la Declaración de Panmunjom mediante la cual, ambos gobiernos reafirman el objetivo común de lograr la desnuclearización de la península de Corea y avanzar en las negociaciones para alcanzar un acuerdo de paz que sustituya al armisticio firmado en julio de 1953, sobre todo con miras al posible encuentro entre Trump y Kim.

Aunque la cumbre estableció de cierto modo las condiciones que permitirían retomar las conversaciones sobre un posible acuerdo de paz,  es algo que se antoja inviable por dos razones importantes. Primero, porque en estricto sentido, la paz no puede ser pactada unilateralmente entre las dos Coreas, ya que requiere necesariamente el reconocimiento de la comunidad internacional a partir de la condición establecida desde la firma del armisticio de Corea en julio de 1953, donde Corea del Sur estuvo representada por el militar estadounidense, Mark Wayne Clark, Comandante en Jefe de las Fuerzas de la ONU. Por lo tanto, es Estados Unidos quien tendría la capacidad jurídica de dar por terminado dicho instrumento para ser reemplazado por otro. Segundo, porque es de esperarse que Corea del Norte condicione la concreción de un acuerdo de esta índole, a mayores concesiones por parte del gobierno estadounidense. De ahí que el alcance del diálogo intercoreano está determinado por el encuentro entre Corea del Norte y Estados Unidos, que  de alguna forma ha eclipsado la cumbre intercoreana.

No obstante, resultó ser muy útil para medir el nivel de compromiso de Pyongyang, pues no solo basta con lograr un consenso bilateral, también es importante tener la capacidad de cumplir con los compromisos establecidos, un aspecto que es indispensable para Estados Unidos. Por ello, durante la cumbre, el presidente Moon Jae-in impulsó la creación de una oficina de enlace intercoreano, con la finalidad de que los funcionarios surcoreanos y norcoreanos mantengan contacto permanente. De esa forma, se espera garantizar la continuidad en el proceso de normalización de las relaciones intercoreanas.

Pero no hay que dejar de lado las aspiraciones de Corea del Norte. A largo plazo, persiste en terminar con la presencia militar estadounidense y el escudo nuclear que mantiene protegido a Corea del Sur, dos aspectos que para el régimen norcoreano son indispensables para garantizar la seguridad y estabilidad regionales. Además, todo indica que en el corto plazo, buscará relajar las sanciones impuestas principalmente por Corea del Sur, Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la ONU y obtener asistencia económica estadounidense, para cumplir con su promesa de generar un mayor desarrollo económico en el país, principalmente.

La relevancia del diálogo intercoreano en vísperas del encuentro entre Trump y Kim

Más allá de las expectativas que ha generado el próximo encuentro entre Trump y Kim, el mandatario estadounidense ha planteado que este encuentro dependía del éxito de la cumbre intercoreana, sobre todo en lo que se refiere al compromiso de Corea del Norte para avanzar en las negociaciones sobre un acuerdo de paz. Por el momento, el presidente Trump ha designado al Secretario de Estado, Mike Pompeo, para sostener conversaciones con funcionarios de Corea del Norte al más alto nivel, incluido Kim, a fin de sentar las bases para el encuentro que se espera llevar a cabo a finales de mayo o principios de junio de 2018. La reunión entre Pompeo y Kim, la de más alto rango de un funcionario estadounidense con Corea de Norte desde que la exsecretaria de Estado Madeleine Albright se reuniera con el entonces líder norcoreano Kim Jong-il en 2000, fue anunciada por Trump, al margen de la visita del Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe, al país norteamericano.

Es difícil pensar que Estados Unidos accederá a un acuerdo de paz entre las dos Coreas, aun sabiendo que Corea del Norte mantiene la capacidad de lanzar un misil de alcance intercontinental.

 

Más allá del interés político que existe entre las partes por concretar el encuentro, ciertamente los buenos resultados dependerán, también de la voluntad de ambas partes de llegar a un acuerdo de paz. Esto resultará un tanto complejo, pues es difícil pensar que Estados Unidos accederá a un acuerdo de paz entre las dos Coreas, aun sabiendo que Corea del Norte mantiene la capacidad de lanzar un misil de alcance intercontinental. De acuerdo con el politólogo Sebastian Harnisch, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Ruprecht Karls de Heidelberg, Washington no le dará un visto bueno a un acuerdo intercoreano si Pyongyang solo se compromete a no avanzar en su programa nuclear. El interés estadounidense radica en lograr el compromiso de Kim Jong-un de permitir el desmantelamiento de su armamento nuclear y de las instalaciones que le permiten fabricarlas.

El único marco de referencia para un posible acuerdo entre Corea del Norte y Estados Unidos es como el firmado el 21 de octubre de 1994 en Ginebra, mediante el cual el gobierno norcoreano se comprometió a suspender la construcción de reactores nucleares bajo la supervisión de la Organización Internacional de Energía Atómica y a adoptar medidas que facilitarían la implementación de la declaración conjunta Norte-Sur de 1992 sobre la desnuclearización de la península. No obstante, todo parece indicar que Trump buscará ir por mayores compromisos.

Y aunque Pyongyang esté dispuesto a hacer concesiones, lo importante es saber si realmente es capaz de cumplir con sus compromisos. Al respecto, Victor Cha, académico y asesor del Center for Strategic and International Studies, con sede en Washington, DC, considera que, de lograrse un acuerdo muy positivo entre Kim y Trump, existirá el riesgo de que se quede estancado en el proceso de implementación ya que, dada la naturaleza inusual del encuentro, éste no ha contado con reuniones de trabajo previas. Mientras tanto, la comunicación entre Corea del Sur y Estados Unidos ha sido constante. Días antes del encuentro intercoreano, Chung Eui-yong, Asesor de Seguridad Nacional del Presidente de Corea del Sur, y su homólogo de Estados Unidos, John Bolton, acordaron impulsar una reunión entre los presidentes Trump y Moon, posterior a la cumbre entre las dos Coreas, y previo a la posible reunión del mandatario estadounidense con el líder norcoreano, con la finalidad de intercambiar puntos de vista sobre la cumbre intercoreana.

Consideraciones finales

La celebración de la tercera cumbre intercoreana es un paso importante en el reconocimiento de la importancia de dar continuidad a los esfuerzos históricos orientados a la normalización de las relaciones entre Corea del Sur y Corea del Norte. La Declaración de Panmunjom arroja un balance muy positivo de la cumbre intercoreana, no obstante, dependerá del compromiso de ambos gobiernos si será posible seguir fomentando los intercambios culturales, como un medio para establecer mejores mecanismos para la cooperación en las esferas político y económico.

Pero el hecho de que Corea del Norte ha mencionado que buscará concentrarse más en desarrollar su economía y mejorar el diálogo con sus países vecinos, no significa que esté dispuesta a renunciar a su arsenal nuclear como una condición para alcanzar un acuerdo de paz que sustituya al armisticio de 1953. Esto implicaría  la aceptación de la verificación internacional por parte de la Organización Internacional de Energía Atómica. Por lo tanto, es posible que la búsqueda de un acuerdo de paz sea en sí mismo un obstáculo para lograr un progreso significativo en la solución de las diferencias. De esa manera, surgen grandes dudas sobre los alcances de un posible encuentro entre Kim y Trump.

JORGE O. ARMIJO es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad del Valle de México y cuenta con estudios de posgrado en Estudios Asiáticos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es Coordinador de Vinculación del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi) e integrante del Grupo de Trabajo Asia-Pacífico. Actualmente se desempeña como investigador del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques de la Cámara de Senadores. Sígalo en Twitter en @jorgeoarmijo .

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