La centralidad de las ciudades en la migración inducida por el cambio climático

15 noviembre, 2018 • Artículos, Europa, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1015

Lecciones compartidas de Europa y Latinoamérica

Proyecto Geo

Lilia García Manrique y Luciano Mateo Rodriguez Carrington

Noviembre 2018

La migración urbana por efectos del cambio climático se ha incorporado en los debates internacionales; sin embargo, existe una falta de entendimiento sobre la conexión entre los efectos del cambio climático y los patrones migratorios. Se pronostica que para 2050 los “migrantes climáticos” serán entre 25 y 300 millones, rango que muestra la complejidad e incertidumbre en esta conexión. En particular, existe un debate sobre la relación entre el cambio climático, la violencia y la migración. Para nosotros el cambio climático es un factor multiplicativo de riesgo indirecto y un factor directo de la migración forzada que se ejemplifica en los casos de Europa y Latinoamérica.

El incremento de la migración urbana presenta una necesidad de entendimiento en la dinámica entre los efectos del cambio climático, la migración y la urbanización. Es vital explorar la importancia y el potencial de las ciudades como gestores de la migración inducida por el cambio climático, que no es un problema único del sur global, sino una realidad mundial, incluida Europa. Un ejemplo claro es la reciente crisis de refugiados provenientes del Medio Oriente y África. Existen varias causas de esta migración, siendo el cambio climático un factor multiplicativo de riesgo que agrava la vulnerabilidad de la gente obligándola a migrar. Asimismo, en los países latinoamericanos se ha incrementado la migración interna y trasfronteriza hacia centros urbanos y sus periferias, en gran parte provocado por efectos climáticos. Estas migraciones pueden exacerbar conflictos urbanos existentes, pero si se gestionan adecuadamente son una oportunidad para generar ciudades resilientes. Las experiencias latinoamericanas y europeas apuntan a la importancia de incluir a los migrantes climáticos en las políticas públicas de planeación y gestión urbana.

Los migrantes y la urbanización en Latinoamérica

En la actualidad el 50% de la población mundial vive en un centro urbano y dos terceras partes de los 22.5 millones de refugiados viven en zonas urbanas. Este patrón refleja el desplazamiento de los migrantes climáticos a las ciudades en la búsqueda de mejores oportunidades de vida. En Latinoamérica, estos migrantes son en su mayoría agricultores en riesgo de perder su sustento de vida por eventos climáticos extremos. Cuando los migrantes climáticos tienen suficientes recursos para emigrar buscan oportunidades en las ciudades más cercanas. Los flujos migratorios muestran que los desplazamientos serán dentro del mismo país si las zonas urbanas ofrecen infraestructura suficiente y oportunidades para los recién llegados.

La migración rural a centros urbanos será un fenómeno trasnacional si las oportunidades en otros países son mejores que las opciones nacionales. La migración puede generar crecimiento económico si la ciudad receptora es capaz de acoger adecuadamente a los migrantes climáticos, es decir, aprovechando su capital socioeconómico y cultural al revigorizar la fuerza laboral. Este es un reto importante para América Latina y el Caribe dada la alta vulnerabilidad de la región a los impactos del cambio climático. Tan solo en 2015 se contabilizó un total de 1.5 millones de personas desplazadas por eventos naturales y climáticos.

Existe una falta de entendimiento sobre la conexión entre los efectos del cambio climático y los patrones migratorios.

Por ejemplo, en Bolivia el problema se ha agravado para su población más vulnerable que es predominantemente indígena. Debido al incremento drástico en la temperatura en las zonas rurales, muchos indígenas Urus han migrado a las ciudades para trabajar en el sector informal, e incluso han migrado a Chile y Argentina para trabajar en fábricas en la periferia urbana.

Haití es otro país altamente vulnerable al cambio climático. El país ha sufrido de eventos extremos climáticos y un terremoto devastador en 2010. Estos eventos y las condiciones socioeconómicas del país generaron una migración trasnacional del 15% de la población haitiana total. Los migrantes climáticos como los Urus y los haitianos terminan laborando en el sector informal y viviendo en grandes asentamientos informales que normalmente carecen de acceso a servicios básicos. Sin embargo, son estos migrantes los que pueden incrementar las perspectivas económicas de la ciudad si el proceso de urbanización es gestionado adecuadamente. La planeación urbana juega un papel básico en la determinación de retos y potenciales en la urbanización por migrantes en Latinoamérica y el mundo.

Europa y la migración trasnacional en las ciudades

En África, desde el norte hasta el área subsahariana, los efectos del cambio climático ―como las sequías, la desertificación, las inundaciones y la escasez de agua― impactan profundamente la movilidad humana. El aumento de la migración africana y del Medio Oriente hacia Europa es la consecuencia de un conjunto de factores, incluido el cambio climático, cuyos efectos son multiplicadores de riesgo. La llamada crisis de refugiados en Europa no es un fenómeno transitorio, la migración trasnacional hacia las ciudades se ha convertido en la nueva realidad de la región. Esta situación no puede ser ignorada, las ciudades europeas y del mundo deben acogerla y crear estrategias de resiliencia urbana de largo plazo.

Cuando la inmigración urbana no es incorporada en la planeación adecuadamente, el resultado más común es un agravamiento de los problemas existentes por recursos e infraestructura limitada en la ciudad. Un ejemplo de esta situación es el caso de las ciudades griegas Atenas y Salónica, que fueron de las más afectadas por la deficiente política migratoria europea, con la que los migrantes quedaron varados en estas ciudades y crearon una mayor tensión por los servicios urbanos limitados. Con las políticas adecuadas, los migrantes pueden ser una fuerza laboral joven y calificada que impulse la productividad por medio de innovación y proyectos emprendedores, así como fomentar una mayor cohesión social y participación civil ciudadana en comunidades locales.

Por medio de la planeación urbana, las ciudades tendrán que crear estrategias flexibles y confiables, de esta manera podrán afrontar los retos políticos que los tomadores de decisiones enfrentan sobre migración y planeación urbana, usualmente, a un nivel nacional e incluso internacional. Algunas ciudades como Ámsterdam, Berlín y París se han organizado a nivel local formulando estrategias y acciones exitosas para los refugiados y migrantes, a diferencia de los gobiernos nacionales. Estos ejemplos reflejan la creciente tendencia mundial de hacer énfasis en la participación de las ciudades en las negociaciones y diseño de políticas públicas para la migración y urbanización.

Implicaciones y recomendaciones para las políticas públicas 

La incapacidad de gestionar la inmigración urbana genera un incremento en las tensiones sociales existentes que van desde la falta de vivienda hasta temas de crimen y racismo. Sin embargo, las ciudades que han considerado dentro de la planeación urbana la migración al desarrollar políticas de respuesta de desarrollo proactivo en vez de estrategias reactivas pueden crecer con la llegada de los migrantes. Este enfoque está volviéndose más común permitiendo una mayor cooperación entre líderes municipales, alcaldes, planeadores urbanos y tomadores de decisiones en todo el mundo.

La incapacidad de gestionar la inmigración urbana genera un incremento en las tensiones sociales existentes que van desde la falta de vivienda hasta temas de crimen y racismo.

Al firmarse los acuerdos de Cancún 2010, los Estados miembros acordaron incorporar estrategias de adaptaciones en sus planes de eventos climáticos. En Latinoamérica existen dos casos exitosos que incorporan la migración climática forzada y la planeación urbana resiliente: el plan nacional de adaptación en Brasil, que considera la migración como una estrategia de adaptación a los efectos del cambio climático y los países latinoamericanos que están trabajando en la construcción de ciudades sustentables. En Bolivia, el gobierno está incorporando prácticas sustentables de manejo de agua en ciudades con crecimiento urbano por migración. Estas acciones, guiadas por un atlas de riesgo urbano, muestra como la planeación de la urbanización por migración toma en cuenta la falta de servicios sociales así como los riesgos por eventos naturales. A pesar de las diferencias de urbanización entre Europa y Latinoamérica, existe una importante analogía en las lecciones compartidas de las acciones urbanas que incorporar estrategias para la migración climática, políticas migratorias y planeación urbana.

Para coordinar las políticas sobre cambio climático, migración y urbanización, es crucial un marco legal humanitario que considere las necesidades de los migrantes climáticos y refugiados. El reconocimiento legal de los migrantes climáticos puede ser la base para la cooperación entre países vecinos y la gestión de los procesos migratorios, que actualmente hacen falta en las políticas migratorias. Además, los gobiernos deben proveer a las ciudades con apoyo financiero que permitan infraestructuras adecuadas y el suministro de servicios sociales básicos a los habitantes que llegan. Por último, las ciudades deben crear una asociación entre gobiernos nacionales y partes internacionales para asegurar un estatuto legal internacional para los migrantes climáticos como base para un apoyo financiero.

Desarrollar estrategias que se adelanten a las tensiones y promuevan el bienestar social y oportunidades económicas son los retos más grandes para las políticas que respondan a la migración climática y la urbanización. Esto es importante tanto para las ciudades europeas como latinoamericanas, que, a pesar de vivir contextos diferentes, tienen mucho por aprender de las lecciones compartidas para crear soluciones de acuerdo con sus propias realidades. Crear una mayor resiliencia urbana inevitablemente implicará cooperación entre los diferentes niveles de gobierno, desde el local hasta el internacional.

LILIA GARCÍA MANRIQUE es maestra en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y licenciada en economía por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Es asistente de investigación en FLACSO México. LUCIANO MATEO RODRIGUEZ CARRINGTON es maestro en Estudios del Desarrollo por la Oxford University y licenciado en Ciencias Políticas por la London University. Este artículo es el resultado de la participación de los autores en el programa IFAIR LACalytics 2018.

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