¿Hacia una Siria posconflicto?

14 enero, 2019 • Artículos, Medio Oriente, Portada • Vistas: 1036

Tomada de la cuenta de Twitter @AhmedAlmdeer

Moisés Garduño García

Enero 2019

Previo a que 2018 terminara, dos eventos marcaron el inicio de un nuevo debate entorno a Siria. El primero fue la visita oficial del presidente de Sudán Omar al Bashir a Damasco el 16 de diciembre; y el segundo, 2 días después, el anuncio del retiro de tropas estadounidenses de Siria por parte del presidente estadounidense Donald Trump.

Aunque muchos analistas interpretaron la visita de al Bashir a Damasco como una invitación a los países árabes para “aceptar la nueva realidad siria y la victoria de Bashar al Assad”, es necesario decir que dicho viaje coincidió con el regreso del principal líder de la oposición en Sudán, Sadiq al Mahdi, cuyo gobierno fue derrocado mediante un golpe de Estado liderado por el actual Presidente en 1989. Si se considera que Al Bashir viajó a Siria respaldado por la fuerza aérea rusa, no es descabellado pensar que el montaje de “la primera visita oficial” que recibe Al Assad en Damasco después de 7 años de guerra se trata más bien de un guiño de ojo del actual Presidente sudanés a Vladimir Putin para solicitar su apoyo político frente a las elecciones que sostendrá el país africano en 2020, y a las que Al Bashir solo se puede presentar si enmienda la Constitución al respecto. Cabe decir que Sudán enfrenta una severa crisis económica y social desde que el sur se separó en 2011, llevándose tres cuartas partes de la producción petrolera, poniendo en aprietos al actual mandatario tras una seria crisis de legitimidad y fuertes protestas populares.

Con respecto a la decisión estadounidense, se debe recordar que la explicación que utilizó Trump para justificar la retirada militar de Siria fue su presunta victoria sobre el Estado Islámico. Sin embargo, de acuerdo con reportes de la Organización de las Naciones Unidas, el Estado Islámico aún concentra entre 20 000 y 30 000 efectivos tan solo en Irak y Siria, sin contar los que tiene en Libia, Yemen y Afganistán. Incluso, entre el 9 y el 15 de diciembre de 2018, la Coalición Internacional Contra Estado Islámico manifiesta haber ejecutado 208 ataques contra la organización en territorio sirio sin grandes logros estratégicos, esto de acuerdo con su comunicado más reciente. Por lo tanto, el retiro de las tropas estadounidenses, más que a una victoria sobre el Estado Islámico, responde a un realineamiento estratégico en la esfera pública trasnacional donde Trump comenzará a pensar en la reelección presidencial hablando de supuestas victorias sobre terroristas y más rechazos a lo que él llama “guerras estúpidas”.

Es importante notar que la presunta retirada de Trump conlleva un movimiento estratégico más.

Sin embargo, es importante notar que la presunta retirada de Trump conlleva un movimiento estratégico más. En Siria aún existen centenas de grupos paramilitares que, directa o indirectamente, Washington ha financiado durante la guerra. Esos grupos ahora encuentran en la retirada estadounidense una oportunidad para consolidar o fortalecer el control de las áreas donde radican, creando un escenario de reagrupación yihadista con otros grupos armados de la oposición, creando un escenario parecido al que ocurrió en Irak tras el vacío de poder que dejó el derrocamiento de Sadam Hussein. Así, en palabras del académico Alireza Noori, la retirada estadounidense de Siria podría plantear una preocupación legítima y similar no solo para Damasco, sino también para Rusia y Teherán, principales actores en el terreno militar. Si bien los casos de Irak y Siria difieren profundamente, incluido el hecho de que Irán y Rusia han ayudado de manera significativa a Damasco a enfrentar las amenazas terroristas, este temor compartido crea de nuevo una base adicional para que Irán y Rusia se apoyen mutuamente en una nueva etapa que los medios de comunicación están denominando “etapa posconflicto” y donde actores como Rusia están invitando a los países árabes a normalizar sus relaciones con Al Assad, tal como muestra la reciente reapertura de la embajada de Emiratos Árbaes Unidos en Damasco el 27 de diciembre de 2018 y la mencionada visita de Al Bashir, mandatario de Sudán.

Con base en lo anterior, Irán y Rusia ven la retirada de Estados Unidos en Siria dentro de un contexto regional más amplio y con cautela. Como tal, el discurso de Trump en la base aérea de Ain Al Asad en Irak ―donde destacó la presencia continua de las fuerzas estadounidenses en el país árabe y la posibilidad de utilizarlas para futuras operaciones en Siria― así como su renuencia a poner fin a la presencia total de Estados Unidos en Afganistán, envía una señal que implica que la retirada militar de Siria no signifique un cambio profundo en el horizonte, sino una nueva etapa donde Rusia e Irán tengan que lidiar con la recomposición yihadista que implica una “Siria posconflicto”.

Lo anterior nos muestra que la idea de “Siria posconflicto” que la mayor parte de la comunidad internacional quiere ver lamentablemente no está cerca de consumarse. El prefijo “pos” no siempre quiere decir “después de”, sino que, en el caso sirio, se trata de un “además de”, considerando una acumulación de elementos previos con ciclos de crisis y violencia que aún estamos por experimentar.

En un país donde han muerto más de un millón de personas y la mitad de la población perdió su hogar, hablar de un escenario posconflicto resulta dificil de plantear pero urgente de desromantizar.

Por ejemplo, además del futuro de los grupos yihasdistas mencionados, entre las múltiples interrogantes que aún quedan abiertas todavía se encuentran las consecuencias que la retirada estadounidense traerán a las milicias kurdas, las cuales quedarán debilitadas frente a las ambiciones del ejercito turco el cual pretende gastar 3500 millones de dólares en armas estadounidenses para cumplir con funciones parecidas a las que ejecutó en Afrin en marzo de 2018. La retirada de Estados Unidos obliga a los kurdos del YPG a negociar con Al Assad una autonomía limitada a cambio del manejo de la seguridad en el norte del país, aunque un acuerdo de este calibre todavía no está garantizado, por lo que el conflicto con los turcos o el diálogo forzado con los sirios es una decisión difícil que tendrán que tomar los kurdos en el corto plazo.

Por otro lado, aunque las hostilidades entre el gobierno sirio y la oposición han disminuido, cuestiones como el regreso de los refugiados después de las leyes de propiedad donde el gobierno sirio ha confiscado o demolido varias casas de disidentes sigue siendo un asunto alarmante. La situación de los derechos humanos de miles de presos en las cárceles del regimen sigue siendo un enigma. El aumento de las pandillas secuestradoras en Afrin es una realidad preocupante. La situacion humanitaria en Idblib aún es un problema mayor, sobre todo si se piensa en los grupos armados a donde llegaron miles de sirios escapando de la crueldad del régimen, islamizando su lucha armada con el paso del tiempo, y encontrándose ahora inmiscuidos en casos de tortura y violencia contra la población civil. Además, los avances diplomáticos entre Irán, Rusia y Turquía son lentos, la reconstrucción es cara y riesgosa, y la reintegración de paramilitares a las fuerzas de seguridad se hace con bastantes dudas.

En un país donde han muerto más de un millón de personas y la mitad de la población perdió su hogar, hablar de un escenario posconflicto resulta difícil de plantear pero urgente de desromantizar. La región entera se encuentra en un reacomodo profundo donde Siria se enfrenta al obstáculo más grande de todos, subsanar la división y la ruptura del tejido social.

MOISÉS GARDUÑO GARCÍA es doctor en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid y maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en el Medio Oriente por El Colegio de México. Es profesor de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). En 2018 fue acreedor al Reconocimiento Distición Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de docencia en Ciencias Sociales que otorga la UNAM. Sígalo en Twitter en @Moises_Garduno.

 

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