¿Hacia un mundo bipolar?

12 diciembre, 2018 • Artículos, Asuntos globales, Portada • Vistas: 3072

AFP-ThinkProgress

Esteban Actis y Nicolás Creus

Diciembre 2018

La imagen más importante que dejó el cierre de la Cumbre del G-20 en Buenos Aires no fue la tradicional “foto de familia” con todos los mandatarios, sino la que retrató a Donald Trump y Xi Jinping al frente de sus comitivas, durante su reunión bilateral. Ciertamente, los tomadores de decisiones de todos los países, así como los empresarios e inversionistas internacionales, estuvieron más pendientes de la evolución de los acontecimientos que tenían lugar en el Palacio Duhau que de la declaración final del foro multilateral. La Cumbre del G-20 quedó en última instancia reducida por la dinámica del G-2, esto es, la centralidad del vínculo bilateral entre Beijing y Washington.

El gran interrogante pasa por dilucidar si nos encontramos rumbo a la conformación de un mundo bipolar con dos potencias bien definidas como centros de poder. En este sentido, cabe destacar que toda “polaridad” es imperfecta a la hora de describir el actual orden internacional. Las nociones de “multipolaridad” (varios polos de poder), “bipolaridad” (dos polos de poder) y “no polaridad” (docenas de actores que tienen y ejercen diversos tipos de poder) resultan imprecisas para aprehender la compleja realidad internacional, producto de que las tres nociones están presentes en algún punto con mayor o menor peso, dependiendo de la agenda temática y la dimensión de la política internacional que se pretenda evaluar.

Asimismo, la idea de polaridad ―arraigada al viejo mundo estado-céntrico― encuentra limitaciones para dar cuenta de un mundo globalizado con múltiples actores muy poderosos que no están radicados en un país determinado. Las empresas y la banca trasnacional, los grupos terroristas y las organizaciones no gubernamentales internacionales, son actores que suelen quedar al margen cuando se habla de polos de poder en las relaciones internacionales.

El gran interrogante pasa por dilucidar si nos encontramos rumbo a la conformación de un mundo bipolar con dos potencias bien definidas como centros de poder.

Sin embargo, y sin perjuicio de lo expresado, algunos indicadores ponen en evidencia que estamos siendo testigos de una bipolaridad emergente ―o al menos de un bilateralismo preponderante― que resulta altamente explicativa de la dinámica internacional actual. Esta bipolaridad emergente tiene características distintas a la última experiencia vivida durante la Guerra Fría. Vale aclarar que la Guerra Fría fue una experiencia de bipolaridad, pero no la única posible.

Cuatro aspectos son centrales a la hora de apuntar por qué la noción de bipolaridad tiene nuevamente fuerza explicativa. En primer lugar, si tomamos como criterio la capacidad de asegurar la provisión de bienes públicos a escala mundial (por ejemplo, financiamiento al desarrollo), los dos únicos países con capacidad de sostener y propagar proyectos estratégicos de alcance mundial son China y Estados Unidos. Hoy el mundo parece circunscrito al debate entre el atlantismo y la Nueva Ruta de la Seda. Justamente, para contrarrestar esta última iniciativa china, en los primeros días de octubre de 2018, el Senado estadounidense aprobó un paquete de 60 000 millones de dólares para proyectos de infraestructura en el exterior.

En segundo lugar ―al igual que durante los inicios de la Guerra Fría―, existe una competencia por la supremacía y por el control de la innovación y “el saber hacer”. La mayor disputa entre China y Estados Unidos no es comercial sino más bien por el exitoso y eficiente desarrollo en áreas como la inteligencia artificial, el internet Cuántico, la nueva era de robotización y automatización en la producción y la infraestructura en comunicaciones. En línea con este diagnóstico, el gobierno chino publicó Plan de Desarrollo de Inteligencia Artificial de Nueva Generación, una precisa hoja de ruta para ser el líder mundial en la materia para 2030. Para muchos analistas, este hecho representó el “momento Sputnik de China”, en alusión a un revuelo similar que generó en Estados Unidos el lanzamiento del satélite soviético en 1957. Desde entonces, el gobierno de Trump comenzó a discutir seriamente sobre el tema y a destinar recursos para una iniciativa nacional sobre inteligencia artificial.

El concepto de bipolaridad resulta muy explicativo para entender la dinámica internacional actual y futura, fuertemente determinada hoy por la evolución del vínculo entre China y Estados Unidos.

En tercer lugar, y estrechamente conectado, como nunca fue visto desde el inicio de la globalización a finales del siglo XX, las grandes empresas mundiales se mueven al ritmo de la geopolítica. La nueva polaridad estatal lentamente coloca a las firmas más importantes y competitivas bajo una lógica política. Las firmas chinas BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) al igual que sus pares estadounidenses GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) están cada día más alineadas ―independientemente del régimen político― con los intereses estratégicos de sus respectivos países. Está lógica no se reduce a las potencias sino que impacta en las tradicionales áreas de influencia. En las últimas semanas una delegación de funcionarios de Estados Unidos viajó a Europa para presionar a los países del viejo continente para que excluyan a la firma Huawei de la renovación de la infraestructura telefónica de 5G por temas de “seguridad nacional”.

Por su parte, Australia y Nueva Zelanda ya prohibieron el ingreso de dicha empresa china, en tanto Europa parece comenzar a experimentar el inicio de una nueva cortina, ya no de hierro sino tecnológica. La decisión de Canadá de detener a Meng Wanzhou, Vicepresidenta de Huawei, muestra con nitidez cómo las firmas están cruzadas por la tensión política entre las potencias.

Por último, la estabilidad financiera internacional depende en buena medida de la evolución de las variables macroeconómicas de China y Estados Unidos, y de las decisiones políticas que se tomen en Beijing y Washington, muchas de las cuales  condicionan la propia dinámica bilateral. Por todo lo dicho, más allá de cualquier sutileza conceptual y de la obvia existencia de otros actores relevantes, el concepto de bipolaridad resulta muy explicativo para entender la dinámica internacional actual y futura, fuertemente determinada hoy por la evolución del vínculo entre China y Estados Unidos.

ESTEBAN ACTIS es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, donde se desempeña como profesor de la cátedra de Política Internacional Latinoamericana. Además, ha sido becario doctoral y posdoctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. Sígalo en Twitter en @actis_esteban. NICOLÁS CREUS es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario y doctorando en la misma casa de estudios. Se desempeña como profesor en la Cátedra de Política Internacional Argentina. Además, es Director de Estrategia Global en Terragene. Sígalo en Twitter en @creusnicolas.

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