Espacios de silencio

6 mayo, 2015 • Artículos, Latinoamérica, Portada, Regiones • Vistas: 2548

Reflexiones sobre la libertad de prensa en México

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Mayo 2015

A partir del despido de la periodista Carmen Aristegui de MVS Radio, el debate sobre la libertad de expresión y, de manera particular, sobre la libertad de prensa, se ha colocado en el centro de la agenda nacional. Este debate ha llamado la atención sobre la posible presión del gobierno para censurar a la periodista, los derechos de las audiencias, los derechos de los dueños de los medios en contraposición con los de los periodistas que trabajan para ellos, el uso de whistleblowers y filtraciones de información como fuentes legítimas, así como muchos otros elementos que afectan de manera directa el ejercicio de libertad de prensa en el país.

Por sí mismo, el caso de Aristegui es de gran relevancia y debe ser objeto de un análisis profundo. Sin embargo, también debe de ser entendido como un caso paradigmático que pone de manifiesto una serie de problemas estructurales mucho más profundos que impiden que en México existan las condiciones propicias para el ejercicio de la libertad de prensa. El presente artículo tiene como objetivo reflexionar precisamente sobre dichas condiciones sistémicas que mantienen a México en la lista de países “no libres” de acuerdo con los reportes anuales sobre la libertad de prensa emitidos por la organización Freedom House, así como de sus consecuencias, no solo para aquellos que se dedican al periodismo —como Aristegui— sino para la sociedad en general.

Sin duda, este debate nos concierne a todos. Por un lado, la libertad de prensa es un “meta-derecho”; es decir, que el goce de otros derechos, como el derecho a la información, dependen de manera directa de que exista dicha libertad. Por el otro, una prensa libre juega un papel central en una sociedad democrática, ya que facilita la toma de decisiones informadas por parte de los ciudadanos al tiempo que promueve la rendición de cuentas, convirtiéndose en cierto sentido en un contrapeso del poder.

En México existen restricciones de carácter legal, económico y político que inciden de manera negativa en el ejercicio de la libertad de prensa. En cuanto a las restricciones legales, algunas de las más preocupantes son la persistencia de leyes de difamación en 12 de los 32 estados de la república. De igual forma, la nueva Ley de Telecomunicaciones incluye algunas previsiones preocupantes como la criminalización del uso no autorizado de frecuencias radioeléctricas —que en la práctica se traduce en una limitación a las radios comunitarias que suelen ser la única fuente de información de las comunidades indígenas más alejadas del país— o la existencia de vacíos en dicha ley que permiten la suspensión de contenidos como “medida precautoria” si el gobierno así lo determina.

dominiociudadano.org

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A estas restricciones legales se suman unas de carácter económico, relacionadas especialmente con la alta concentración de mercado de medios. Asimismo, se relacionan con la creciente dependencia hacia la publicidad oficial que generan el “caldo de cultivo” perfecto para una prensa blanda y poco diversa que ha ido cerrando espacios a los periodistas más críticos, como Lydia Cacho o Carmen Aristegui.

Aunado a lo anterior, el contexto político actual, caracterizado por una crisis de derechos humanos, de seguridad y de legitimidad del gobierno, resulta poco propicio para la libertad de prensa. Los periodistas han sido uno de los grupos más afectados en este contexto, pues sufren ataques y presiones tanto de las autoridades como del crimen organizado. Diversas organizaciones de la sociedad civil, así como instituciones del propio gobierno, han documentado ampliamente las agresiones en contra de los periodistas. Las cifras difieren pero, sin importar la fuente de información que utilicemos, queda claro que ejercer el periodismo en México es un trabajo de alto riesgo.

En este sentido, incluso las cifras oficiales dan cuenta de la precariedad de la situación de los periodistas en el país. Por ejemplo, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión (FEADLE) registró entre 2000 y 2014 más de 100 asesinatos y más de 20 desapariciones de periodistas. Por su parte, de acuerdo con el informe anual “Estado de Censura”, la organización Artículo 19 documentó entre 2006 y 2012 —es decir, en el sexenio de Felipe Calderón— 1092 agresiones contra periodistas y medios de información, mientras que en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto se han documentado 656 agresiones. Dichas agresiones, que incluyen desde amenazas y ataques cibernéticos hasta desapariciones y homicidios, van mucho más allá de un embate personal, pues tienen como finalidad última silenciar mediante un mensaje claro de que es mejor no alzar la voz.

Diversos mecanismos internacionales, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos y los Relatores Especiales para la Libertad de Expresión tanto de la Organización de las Naciones Unidas como del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, han reconocido que los ataques contra periodistas, en especial los asesinatos y las desapariciones, son algunas de las maneras más brutales y burdas de atacar la libertad de prensa, pues tienen como consecuencia la censura o la autocensura, lo que a su vez genera un vacío de información para la sociedad. En este sentido, de acuerdo con el Marco Jurídico Interamericano sobre el Derecho a la Libertad de Expresión, existe una dimensión social de los ataques contra la prensa, ya que “las agresiones contra los periodistas, al tener el objetivo de silenciarlos, son igualmente violaciones al derecho de la sociedad de acceder libremente a la información”.

Artículo 19

Artículo 19

Las agresiones a periodistas se han incrementado de manera preocupante. Según Artículo 19 durante el gobierno de Calderón se registraba una agresión contra comunicadores cada 48 horas, mientras que en el sexenio actual se presenta una cada 26 horas, lo que se debe en gran medida al altísimo grado de impunidad que prevalece en México. De acuerdo a datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos más del 89% de los crímenes contra periodistas permanecen impunes. La falta de sanciones para los culpables, ya sea por incapacidad o por falta de voluntad política del gobierno, tiene un efecto nocivo, no solo para las víctimas y sus familias, sino para toda la sociedad. Como lo reconoció Frank La Rue, anterior Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y expresión, la impunidad promueve un clima de incertidumbre y desconfianza además de propiciar la repetición crónica de las agresiones, constituyéndose en uno de los mayores obstáculos para el ejercicio de la libertad de expresión.

De esta manera, queda claro que el caso de Aristegui no es un hecho aislado, sino que es el reflejo de un sistema complejo de leyes, estructuras económicas y políticas que, a veces de manera sutil y otras de manera burda y directa, termina por acallar a la prensa y por cerrar los espacios más críticos. Ello nos concierne a todos, pues ante la precaria situación que enfrentamos en materia de derechos humanos, evidenciada con las ejecuciones extrajudiciales de Tlatlaya, las desapariciones forzadas en Ayotzinapa y la presunta masacre de Apatzingán, el silencio no es una opción. Los ciudadanos tienen el derecho y el deber de informarse para exigir al gobierno que rinda cuentas, evitando así que hechos terribles como estos se repitan.

 

CHRISTIANE COSTE es licenciada en Relaciones Internacionales por el ITAM y maestra en Derechos Humanos por la Columbia University. Actualmente se desempeña como Oficial de Evaluación y Monitoreo de Freedom House México en temas relacionados con los derechos humanos y la libertad de expresión. Además imparte la materia “Derechos Humanos: Mecanismos Internacionales de Protección” en el ITAM. Sígala en Twitter en @ChrisCoste.

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One Response to Espacios de silencio

  1. myriam cacho dice:

    Felicidades por tan inteligente reflexión!! Es fundamental proteger nuestro derecho a la información.

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