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Escrito por 8:11 AM Artículos, Europa, Latinoamérica, Portada • 11 Comentarios

¿Es Puerto Rico la Grecia del Caribe?

Superlenin

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avatarDefault Efraín Vázquez Vera

Agosto 2015

La colonia estadounidense de Puerto Rico en el Caribe quebró. Hoy no es ni si quiera la caricatura de mal gusto de lo que Estados Unidos pretendió hacer ver al mundo. Lo que fuera una vez el modelo americano en Latinoamérica y el Caribe, es hoy el fracaso de un modelo colonial de otros tiempos que sangra profusamente.

La degradación puertorriqueña ha sido lenta, pero constante. Por medio de la historia reciente, muchas voces profetizaron la hecatombe puertorriqueña, pero fueron ignoradas y silenciadas. Hoy no hay sorpresas.

Por décadas, se trató de mantener vivo un modelo colonial natimuerto mediante préstamos de capital estadounidense que llegaron a acumular la colosal e impagable deuda de más de 70 millardos de dólares estadounidenses. La crisis de Puerto Rico no es tanto financiera como social, económica y política con un efecto financiero. Es una crisis cuyo pecado original es el colonialismo que padecen los puertorriqueños.

El colonialismo puertorriqueño

Se trata de una crisis inédita para Puerto Rico y para el mundo, que resulta incomprensible e inmanejable para todo aquel que no la vea desde la óptica del colonialismo. No estamos ante la crisis de un país que cuenta con todas las herramientas que la soberanía puede ofrecer para enfrentarla, por lo que las formulas y recetas tradicionales son insuficientes y hasta contraproducentes. La competitividad productiva, respuesta natural ante cualquier crisis, es un imperativo que está truncado por leyes estadounidenses que lo impiden.

Estados Unidos se ha desentendido por completo de la tragedia puertorriqueña como si no fueran ellos los principales culpables al diseñar un modelo colonial servil, ajustado a los intereses estadounidenses y no a los puertorriqueños. El desinterés de Estados Unidos parece explicarse por haber encontrado en Cuba un nuevo paraíso caribeño más atractivo para su capital por ser tierra virgen para sus inversiones.

Cabe preguntarse quién se ha beneficiado de la titánica deuda puertorriqueña si no ha sido el mismo capital estadounidense que la ha prestado. ¿Existe alguna duda de que históricamente las colonias son apéndices económicas al servicio de los intereses de la potencia colonizadora?

El aceptar esta verdad es el paso ineludible e imprescindible para componer a Puerto Rico. En otras palabras, no se podrá enfrentar efectiva y definitivamente la quiebra puertorriqueña sin superar la relación de subordinación política a Estados Unidos. Intentar “desquebrar” a Puerto Rico sin vincularlo obligatoriamente con el estatus colonial de Puerto Rico es insustancial y fútil con el efecto certero de perpetuar y ahondar la crisis.

AP

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Si la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos fue siempre una quimera, hoy es ya una alucinación colectiva. La actual condición de subordinación política ha demostrado su incapacidad de responder a las necesidades e intereses de los puertorriqueños y ha quedado maltrecha. La independencia, aunque natural y lógica, no cuenta con el respaldo de los puertorriqueños. La Libre Asociación, tal como lo define la Organización de las Naciones Unidas, se presenta como la alternativa que mejor responde a los intereses estadounidenses y puertorriqueños, resolviendo el problema colonial y otorgando a Puerto Rico los poderes soberanos necesarios para enfrentar la crisis.

Bajo la Libre Asociación, Puerto Rico adviene a la soberanía y al mismo tiempo se asocia a Estados Unidos mediante un tratado internacional en que se delegaría algunos poderes a los estadounidenses. En este supuesto, la nación puertorriqueña formaría un Estado iberoamericano, miembro en pleno derecho de la comunidad internacional.

Puerto Rico versus Grecia

Por dos crisis colosales en dos mares del mundo, hemos sido testigos de un esfuerzo desmedido por comparar a Grecia y a Puerto Rico. Incluso, tal consabida comparación ha sido traída, medio en broma y medio en serio, por protagonistas de alto nivel de ambas crisis, como cuando el Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, que propuso a su colega estadounidense Jack Lew, Secretario del Tesoro, “(…) aceptar a Puerto Rico en la Eurozona si Estados Unidos estaban dispuestos a tomar a Grecia en la unión bajo el dólar”.

Por lo antes expuesto, es el momento que nos preguntemos si Puerto Rico es la Grecia del Caribe. En ese sentido, la primera similitud que resalta es que tanto Puerto Rico como Grecia son economías periféricas que tomaron prestado desmedidamente con el crédito de otro. Cabe preguntarse si aquellos que prestaron lo hubiesen hecho si Grecia no formara parte de la Unión Europea o si Puerto Rico no fuera un territorio estadounidense. Al parecer se hizo la nefasta o conveniente relación de asociación por el lugar donde se vive o por los amigos que se tiene al momento de otorgar los préstamos. En ambos casos, una trágica coincidencia refiere a que los bonistas tenían la certeza de que prestaban de más y que era imposible que se pudiera cumplir con los pagos de la deuda.

¿Cómo es posible que los prestamistas conociendo esta verdad estimularan los préstamos? No es un secreto que la motivación y la naturaleza del prestamista es la ganancia o, mejor dicho, la usura. Podemos estar seguros que, sin importar que se pague o no, los prestamistas europeos y estadounidense hicieron -y continuarán haciendo- jugosas ganancias con el apoyo de sus gobiernos para que así sea.

Otra similitud entre Grecia y Puerto Rico fue la clase política que tomó prestado y el uso que se le dio a esos préstamos. En este ámbito, el mundo se pregunta con razón, dónde está todo el dinero prestado, en qué se utilizó y en qué se invirtió. Gran parte de ese dinero fue a parar a la corrupción y a obras faraónicas sin utilidad ni efecto real socioeconómico. Estamos hablando de sumas astronómicas de dinero prestado que, si fuese bien utilizado, pudieran sacar a cualquier país de la pobreza extrema.

REUTERS - Alvin Baez

REUTERS – Alvin Baez

Las diferencias son más acentuadas y elocuentes. Resalta a primera vista el hecho de que Grecia es soberano y Puerto Rico no, ya que oficialmente es un “territorio no incorporado” de Estados Unidos, entiéndase una colonia. En otras palabras, la “Isla del Encanto” no es parte de Estados Unidos pero le pertenece. Obviamente, esta diferencia abismal posiciona a Grecia en una mejor posición para enfrentar su crisis que Puerto Rico, que como dijera un destacado político puertorriqueño está a la merced del Congreso estadounidense. Es como si se tratara de una pelea de boxeo en el que Grecia se enfrenta a los prestamistas con sus dos brazos, aunque con pobre condición física, mientras por su parte Puerto Rico lo hace sin condición física y con un solo un brazo.

La diferencia soberana plantea inevitablemente el que estamos ante dos crisis muy diferentes.  Mientras la crisis griega es principalmente financiera, la de Puerto Rico es política, social y económica que arrastra innumerables limitaciones financieras, en otras palabras, es una crisis colonial.

Mientras Estados Unidos se ha desentendido convenientemente de la crisis colonial puertorriqueña, por el otro lado, la Unión Europea ha asumido al menos cierto grado de culpa compartida y se ha preocupado por dar la impresión, para bien o para mal, de que acompaña de la mano a Grecia hacia una salida de la crisis.

Son dos las posibles explicaciones a la aparente indiferencia estadounidense. Por un lado, cabe la genuina posibilidad de que muchos en Estados Unidos, en especial en el Congreso, ignoran la naturaleza colonial de la relación con Puerto Rico y asumen la crisis como extranjera, ajena y distante. Por el otro, es posible y deseable que Estados Unidos esté aprovechando la coyuntura de la crisis para dirigir y negociar una solución colonial en Puerto Rico hacia la soberanía. Es muy difícil imaginarse a la Unión Europea sin Grecia por ser cuna de la civilización europea y occidental y, a la vez, es tan fácil imaginarse a Estados Unidos sin Puerto Rico.

Por último y no menos importante, mientras en Puerto Rico la propia clase política colonial que cultivó la crisis es la que pretende una solución, en Grecia se trata de otra clase política diferente a la anterior, hija de la misma crisis, la que pretende sacar a los griegos de la crisis. Esta nueva clase política griega parece ser más competente, menos corrupta y experta, y no parece ser la clase política tradicional que causó la crisis. En Puerto Rico, quienes pretenden resolver la crisis son los que la causaron. Por estas similitudes y diferencias entre las crisis griega y la puertorriqueña, me aventuro a afirmar que Puerto Rico no es la Grecia del Caribe y si una colonia en el Caribe que ojalá fuera Grecia.

EFRAÍN VÁZQUEZ VERA es Rector de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Puerto Rico, así como maestro y doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Además, es egresado de la Escuela Diplomática de España. Fue Secretario de Estado Auxiliar de Relaciones Exteriores de Puerto Rico y asesor relaciones exteriores de la Organización de Estados del Caribe Oriental y Jefe de Misión de la Oficina de Puerto Rico en República Dominicana. Sígalo en Twitter en @efvave.

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Última modificación: 14 agosto, 2015

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