En defensa de la integración económica de Norteamérica

7 abril, 2016 • Artículos, Norteamérica, Portada • Vistas: 4004

Zócalo

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avatarDefault Valeria Moy y Jorge Suárez Vélez 

Una colaboración de México. ¿cómo vamos?

Abril 2016

Veinte años después de la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), surge en Estados Unidos una retórica proteccionista que amenaza, si no con dar marcha atrás a los significativos avances logrados en dos décadas, sí con obstaculizar una trayectoria altamente prometedora que se empezaba a desarrollar. México sería el mayor, aunque no el único, perdedor si esas tendencias se arraigan, considerando que es el país cuyo crecimiento es más dependiente del comercio exterior y de la demanda externa, entre los tres que componen la región.

Desde la perspectiva estadounidense, la promesa de autosuficiencia energética regional es un parteaguas geopolítico que reduce la dependencia de hidrocarburos provenientes del Medio Oriente. Además de la producción de petróleo tradicional en Canadá, Estados Unidos y México, y de la producción canadiense de petróleo obtenido de arenas bituminosas, gracias al acceso a grandes cantidades de gas de esquisto —producido a menos de una cuarta parte del costo que Europa paga por gas ruso— Norteamérica ha renacido como una región manufacturera. Apoyándose en la adopción de nuevas tecnologías y en profundos cambios en las cadenas de abastecimiento, la región logró traer de regreso capacidad productiva que había migrado a Asia.

El colosal mercado interno estadounidense permite que solo 14% del PIB de ese país dependa de lo que exporta. Sin embargo, la importancia de México ha crecido para la economía más grande del mundo. Cuando menos, seis millones de empleos en Estados Unidos dependen de las exportaciones que le hacen a México. Además, México es el país de origen número uno o dos de lo que importan 12 estados de su vecino del norte y el destino uno o dos de las exportaciones de 29 estados.

Sin embargo, después de que se hiciera un esfuerzo bien coordinado entre los sectores público y privado en los años previos a la aprobación del TLCAN por el legislativo estadounidense —en conjunto con una narrativa coherente en medios de comunicación— se abandonó esa labor. Pese a que se ha desarrollado una relación de trabajo cercana a nivel de diferentes secretarías, de agencias de seguridad y de entidades de procuración de justicia, se adolece de una falta de estrategia para que el público estadounidense asimile las ventajas, en términos no sólo de empleo e inversión, sino también de crecimiento en el poder adquisitivo que han provenido de la creciente relación comercial con México. En este sentido, el crecimiento en el poder adquisitivo del pueblo estadounidense ha sido sustancial conforme se ha reducido significativamente el precio de satisfactores básicos gracias a las sinergias desarrolladas en la región.

AP

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Para Estados Unidos, la alternativa jamás sería volver a ser productor de muchos de estos bienes, dígase lo que se diga en la retórica electoral. Ante la perspectiva de una economía mundial que crecerá poco, la apuesta a la región norteamericana es crucial pues busca ganar participación en el mercado mundial. En este sentido, el TLCAN cambió la forma de producir en Norteamérica. México es el segundo receptor de las exportaciones estadounidenses y la industria manufacturera de Estados Unidos depende de la manufactura mexicana: el 40% de las importaciones que hace Estados Unidos de México es de contenido estadounidense. Si lo comparamos con China, las importaciones que hace Estados Unidos sólo tienen 4% de contenido estadounidense.

Hoy se habla poco de los beneficios de esa integración comercial, pero quienes viven en la región se benefician de ésta diariamente. Lamentablemente, se le ha cedido el espacio en medios de información a una narrativa dominada por el narcotráfico, la inseguridad y los problemas que se le atribuyen a la migración ilegal a Estados Unidos.

Pese a que el surgimiento de argumentos racistas y xenófobos ha sido patente, no hay evidencia empírica que justifique señalar las tendencias “criminales” de migrantes mexicanos. De hecho, la tasa de encarcelamiento de estos ha sido sustancialmente menor que la de adultos nacidos en Estados Unidos. Tampoco se puede decir que los migrantes mexicanos “le cuestan” a Estados Unidos: abundan estudios que muestran que su contribución fiscal neta es positiva, incluso en estados de alta migración como Arizona. Midiéndola en términos de contribución a programas de retiro gubernamentales como el del Seguro Social, once millones de indocumentados mexicanos aportan a este alrededor de 17 mil millones de dólares cada año que jamás estarán en posibilidad de recibir en forma de pensiones.

La falta de una estrategia concertada para defender la relación comercial ha sido un gran error de México. El perfil económico del país ha cambiado pues las exportaciones totales equivalen a 32% del PIB y 80% de estas van a Estados Unidos. Hay regiones que se han desarrollado en más de un sentido gracias a las oportunidades que el tratado les abrió. México ocupa un lugar preponderante en la producción de diversos bienes y para regiones enteras del país sería impensable regresar a los años previos al tratado. ¿Cómo sería el Bajío sin la industria automotriz y aeroespacial? ¿Cómo sería el campo mexicano sin el gran mercado que abrieron los vecinos del norte?

MBW

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México es el principal exportador del mundo de aguacates, cerveza, mango, tomate y papaya y está en los primeros lugares de productos como carne, sandía y moras. Además, México es hoy líder en industrias en las que hace 20 años hubiera sido difícil de imaginar. Por ejemplo, es el 6º proveedor de partes para la industria aeroespacial de Estados Unidos y cabe recalcar que no solo las manufactura, sino que también las diseña y las desarrolla. Es el 8º productor de automóviles y de partes automotrices y el 4º exportador de vehículos ligeros. De las 100 compañías de autopartes más importantes del mundo, 89 tienen plantas de producción en México. La capacidad productiva en la industria automotriz crece día con día. La integración de las cadenas productivas en esta industria es asombrosa: las piezas de un auto cruzan las fronteras de los tres países miembros del TLCAN ocho veces, antes de que se termine de producir cada vehículo.

México es el país que más exporta pantallas planas y refrigeradores de doble puerta. En términos generales, el 70% de las exportaciones es valor agregado mexicano, más que en China, Corea o Singapur. Cada minuto se intercambian 2.3 millones de dólares entre Estados Unidos y México. La zona del TLCAN representa un mercado de 20.5 billones de dólares, mientras que la Unión Europea 16 billones. Asimismo, en México se gradúan más ingenieros que en Alemania, Inglaterra o Francia.

La integración de la capacidad productiva de Norteamérica es hoy una realidad que lleva 20 años fraguándose. El tratado ha sido positivo para los tres países. Sin embargo, en 2016 la desinformación es su mayor amenaza. Desarrollar una narrativa alternativa sería relativamente simple y su objetivo sería hacer evidente que México es un socio, no una amenaza. Veinte años de evidencia empírica avalan las bondades del tratado. Sin embargo, la falta de reacción por parte tanto del gobierno mexicano como de los sectores industriales que resultarían más afectados, incrementan diariamente el costo político para quienes podrían defenderlo. Si los candidatos que avalan la retórica proteccionista acaban imponiéndose en las elecciones presidenciales estadounidenses en noviembre, México podría acabar aprendiendo una lección extraordinariamente cara.

VALERIA MOY es economista por el ITAM y cuenta con un posgrado de la London School of Economics (LSE). Ha trabajado en el sector regulador de México en el área de regulación bancaria y de valores. También en el sector privado como tesorera en Grupo Nacional Provincial. En el ámbito académico ha impartido cursos de Macroeconomía desde 2001 y ha colaborado en diferentes publicaciones como la revista Foreign Affairs Latinoamérica. Actualmente, es Directora del think tank México, ¿cómo vamos? Sígala en Twitter en @ValeriaMoy.

JORGE SUÁREZ-VÉLEZ es economista por el ITAM. Es Managing Director de Allen & Company Investment Advisors. Fue socio fundador de SP Family Office y Director General de ING Private Wealth Management. Además, fue Director del Bank Julius Baer para América Latina, Presidente de Banorte Securities y Jefe de Análisis para América Latina de Nomura Research Institute America. Actualmente es asesor en temas financieros en Nueva York. Es autor de La próxima gran caída de la economía mundial y de Ahora o nunca, la gran oportunidad de México para crecer. Sígalo en Twitter en @jorgesuarezv.

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3 Responses to En defensa de la integración económica de Norteamérica

  1. Ricardo horta dice:

    Buen artículo, solo falto pulir mas la redaccion

  2. […] Valeria Moy y Jorge Suárez; En defensa de la integración económica de Norteamérica, Foreign Afffairs […]

  3. Jessica De Alba-Ulloa dice:

    Falta mencionar que no solo se trata de exportaciones de EEUU con 40% de contenido de dicho país, sino de que Norteamérica no solo es sobre exportación, sino co-producción; el contenido mexicano de las exportaciones estadounidenses se tiene también que enfatizar (alrededor de 30-40%) lo mismo que el contenido canadiense (alrededor de 25%). Eso nos hace tremendamente competitivos como región.
    Otra precisión es que justamente los salarios (sobre todo los de la clase trabajadora) de los estadounidenses se han estancado y la movilidad hacia arriba lo mismo; esto por la fuerte afectación que tuvo la inserción de China en la economía internacional -su entrada a la OMC- y que es justamente lo que populistas como Trump están explotando.

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