El Senado también cuenta

13 octubre, 2014 • Asuntos globales, Entrevistas, Latinoamérica, Portada, Regiones • Vistas: 2713

¿Qué tienen que decir los senadores sobre la política exterior de México?

Entrevista FAL a Laura Rojas, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores-Organismos Internacionales del Senado de la República.

avatarDefaultElías Camhaji y Gerardo R. Valenzuela

México busca consolidar su liderazgo en el mundo, por lo que se involucra cada vez más en organismos multilaterales que le permitan afianzarse como actor global preponderante. Aunado a las acciones que el Ejecutivo realiza en materia de política exterior, el Poder Legislativo busca participar de manera más activa en el proceso de integración de México en el escenario internacional. Para conocer de cerca las acciones que, en particular, el Senado de la República realiza para influir en las directrices sobre política exterior del país, Foreign Affairs Latinoamérica dialogó con la senadora Laura Rojas, Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores-Organismos Internacionales. Sígalos en Twitter en @Laura_Rojas_, @eliascamhaji y @ForeignAffairsL.

Foreign Affairs Latinoamérica − A la luz de las reformas recién aprobadas, las grandes apuestas en materia de política exterior del gobierno de Enrique Peña Nieto parecen estar íntimamente ligadas con lo que se discute en las cámaras legislativas. Además de sus atribuciones constitucionales, ¿qué papel ha desempeñado el Senado como parte de este proceso? ¿Cómo ha influido el Senado en la formulación de la política exterior del país?

Laura Rojas – El Senado ha sido una fuerza que ha impulsado diversos temas en materia de política exterior. En esta legislatura hemos construido una dinámica de trabajo estrecho con el Ejecutivo, al menos en la parte de seguimiento a la política exterior multilateral. Uno de los primeros acuerdos a los que llegamos con el gobierno federal fue que nos permitieran ser parte del proceso de ratificación de instrumentos internacionales de manera más activa, porque normalmente el Ejecutivo enviaba los instrumentos a ratificar después de que ellos negociaban todo y era hasta ese momento cuando el Senado se enteraba de las negociaciones en las que México participaba.

La ratificación de un instrumento internacional es un asunto muy serio, por eso nos acercamos a la Cancillería para decirles que queríamos conocer desde antes lo que se negociaba y la posición de México al respecto. Ellos aceptaron y, a partir de eso, nos empezaron a involucrar y nos integraron a las delegaciones mexicanas que participan en los foros de organismos internacionales de los cuales, eventualmente, se derivan los nuevos instrumentos internacionales que tendremos que ratificar.

Este hecho marca un parteaguas en la relación entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo. El primer éxito que obtuvimos en esta nueva etapa fue la aprobación histórica del Tratado sobre el Comercio de Armas, en cuya conferencia final, realizada en Nueva York, participamos una delegación de tres senadores. En ese momento no se pudo adoptar el instrumento y después se pasó a la Asamblea General para su aprobación, pero a esas alturas nosotros ya conocíamos el contenido y las posiciones de los distintos países. La participación de los senadores en la conferencia agilizó los trámites en el Senado y permitió que la ratificación se diera en tiempo récord.

Como México fue un importante promotor de este tratado, teníamos que ser de los primeros en ratificarlo. Además, los legisladores que estamos involucrados en el tema también nos hemos vuelto activistas de su ratificación con los colegas de otros países. Este es un ejemplo también de diplomacia parlamentaria, aun cuando su utilidad ha sido debatida. Sin embargo, cuando hay una causa bien definida y clara, la diplomacia parlamentaria es absolutamente útil para el avance de la construcción del Derecho internacional. Para promover este tratado en los organismos parlamentarios en los que participamos, como la Unión Interparlamentaria, tuve la oportunidad de visitar Argentina, además de escribir cartas para exhortar a los colegas para que les pidan a sus gobiernos que se los envíen para ratificarlo antes de la Conferencia de Estados Parte que se celebrará el año entrante, durante la cual se tomarán decisiones fundamentales al respecto.

De igual forma, hemos seguido de cerca las negociaciones en materia de cambio climático, la Agenda de Desarrollo Post-2015, la revisión de la política sobre el problema de las drogas de Naciones Unidas, la revisión de la estrategia contra el crimen y ahora tenemos el enorme reto de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP). Estos son tan solo algunos ejemplos de cómo en esta legislatura hemos innovado en la relación con el Ejecutivo, pues ahora tenemos una relación de seguimiento muy estrecha, pero también de colaboración, que permite que las cosas funcionen.

FAL − Usted ha sido bastante crítica de una serie de declaraciones del Presidente que apuntan a que el “ciclo de reformas” ha concluido y que ya se consiguió aprobar lo más importante. En su opinión, ¿cuáles son los temas y las asignaturas que aún quedan pendientes?

LR – Claramente, el tema que queda pendiente es el combate a la corrupción. Inmediatamente después de que el Presidente dijo que el ciclo reformador en México se había terminado salimos a decir que no era verdad, que no podía considerarse así sin aprobarse la reforma anticorrupción. Es crucial discutirla, porque va a garantizar que el resto de las demás reformas puedan cumplir sus objetivos.

La corrupción es un cáncer y por mejores leyes que tengas, si hay corrupción, la gente las salta y termina imposibilitando su cumplimiento. También afecta al tema de las licitaciones y las compras públicas. Ahí se pierden miles de millones de dólares que el gobierno paga en sobreprecios, precisamente porque hay corrupción y porque seguimos en el limbo.

Mientras tanto, la minuta anticorrupción tiene prácticamente un año en la Cámara de Diputados sin ser dictaminada y el gobierno, que tiene la mayor fuerza política en las dos Cámaras, permanece sin mover ni un dedo. Estamos en un impasse que es absolutamente conveniente para el gobierno y absolutamente inconveniente para los ciudadanos.

Juan Ernesto Trejo

FAL − Usted preside la comisión de Relaciones Exteriores en lo que concierne a los organismos internacionales y también ha afirmado recientemente que el mundo atraviesa momentos críticos. ¿Qué respuestas pueden encontrarse en las instancias multilaterales para atender a los problemas de la actualidad? ¿Está en crisis el paradigma multilateral?

LR – La falta de capacidad de respuesta de los organismos internacionales ya tiene varios años analizándose. Estos organismos, específicamente la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que es el más grande y el más importante, no se adecuaron a la nueva realidad geopolítica del mundo, pues se quedó con las estructuras internas que derivaron de su creación después de la Segunda Guerra Mundial.

Desde entonces, el mundo ha avanzado y los pesos específicos de los países han cambiado. Ahora tenemos a países como China y la India que tienen un peso geopolítico mucho más importante que Francia o el Reino Unido, y tenemos a los países emergentes, como México, que en términos de tamaño de economías y de población, ya son mucho más importantes que los países que en aquella época dominaban la escena internacional.

Además, al no adecuarse internamente a esta nueva realidad, dificulta muchas acciones. Por ejemplo, en el caso del Consejo de Seguridad y su mecánica de los vetos por parte de los miembros permanentes, imposibilita a la ONU a cumplir de manera oportuna, rápida y eficaz con uno de sus mandatos más importantes: mantener la paz y la seguridad. A su vez, esto genera un enorme sufrimiento por las millones de personas refugiadas, desplazadas y asesinadas, como el vergonzoso caso de Siria. Claramente esta estructura tiene que cambiar. Tiene que haber una reforma, no solo al Consejo de Seguridad, sino también en otras áreas de la ONU para que sea más eficaz.

Por otro lado está el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA) que, lo último más relevante que ha hecho, es entrar al debate sobre el problema de las drogas desde nuestra región. Pero más allá de eso, considero que la OEA se ha vuelto muy irrelevante por lo que ahora vemos aparecer otros mecanismos multilaterales de diálogo, como el G-20, MIKTA y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, porque los Estados no encuentran salida a sus inquietudes, a sus propuestas y a sus demandas. Los organismos se tienen que reformar o van a seguir perdiendo cada vez más relevancia frente a estos foros alternativos.

FAL − El anuncio de la participación de México en las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz puede marcar un hito en la historia del país. ¿Cuáles son las cuestiones que deben ponerse a debate, sobre todo en el Senado? ¿Qué impacto puede tener esta decisión tanto en el ámbito interno como en el plano internacional?

LR – La participación de México en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP) representa un enorme reto. La última vez que participamos en una OMP fue en la década de 1990. Ahora, casi 20 años después, el Presidente de la República anuncia que volveremos a participar, de manera gradual con ayuda humanitaria, lo que implica un reto enorme. En el Senado hemos dado la bienvenida a este anuncio, pero ahora el Ejecutivo tiene que explicar muchas cosas: qué significa gradualmente, tanto en tiempo como en número de civiles o en miembros de las fuerzas armadas que van a participar y en qué OMP vamos a empezar a participar —obviamente creo que tendremos que participar en Haití, que es la que tenemos en nuestra región—. El gobierno federal tiene que decirnos en cuál, cuándo, con cuánta gente y qué va a implicar en términos presupuestales para México la capacitación y el mantenimiento de las fuerzas armadas en el extranjero. Hay muchas preguntas que deben responderse en términos técnicos, de logística y de doctrina.

De igual forma, tiene que quedar muy claro que participar en las OMP no viola la Doctrina Estrada ni el principio de no intervención de nuestra Constitución y de la Carta de las Naciones Unidas. Una OMP tiene que ser autorizada por el Consejo de Seguridad con un mandato muy claro y la petición se hace con pleno conocimiento y aceptación del Estado receptor. También esto se tiene que explicar a los senadores y a la sociedad civil porque, al no estar involucrados como país en el tema, existe una enorme falta de información al respecto. Pero el esfuerzo de explicación y de convencimiento tiene que ir más allá, porque tenemos que aclarar que, por muchos problemas que tengamos en nuestro país, también debemos asumir una responsabilidad como parte de la comunidad internacional, bajo el principio de solidaridad.

En ese sentido, cada Estado, en la medida de sus posibilidades, tiene que participar en la consecución de los objetivos de la comunidad internacional. Si ya participan Ecuador, El Salvador, Guatemala y Honduras, o países sudamericanos como Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay, definitivamente México también tenía que involucrarse en las OMP. México no puede seguir aspirando a incrementar su liderazgo y su influencia en la esfera internacional si estamos ausentes de uno de los principales objetivos de la comunidad: construir y mantener la paz.

En cuanto a las cuestiones técnicas, todavía no hemos llegado a ese nivel de discusión, por lo que convocamos a una sesión de comisiones unidas para que el Ejecutivo aclare muchas dudas. Lo que tenemos claro es que si van a participar miembros de las fuerzas armadas en una OMP, la salida de las tropas tiene que ser autorizada por el Senado de la República, pues es algo que se contempla en la Constitución.

México ha jugado un papel protagónico en los organismos internacionales, pero las OMP vienen a consolidar ese liderazgo que hemos construido en diferentes ámbitos de la política multilateral. Como país, teníamos ese pendiente que nos restaba voz y potencia, sobre todo en la agenda de seguridad, porque en otros ámbitos nuestra voz ya es reconocida.

Juan Ernesto Trejo

FAL − En el último número de Foreign Affairs Latinoamérica, Isabel Allende Bussi, la Presidenta del Senado de Chile, afirma que la diplomacia parlamentaria puede conjugar las demandas ciudadanas y explorar canales poco utilizados por los modelos diplomáticos tradicionales. ¿Podemos pensar en relaciones diplomáticas con un componente democrático más robusto? ¿Cómo pueden fungir las cámaras legislativas como catalizadores de este proceso?

LR – Los organismos internacionales parlamentarios, desde la Unión Interparlamentaria, en la que participan alrededor de 160 países, los foros parlamentarios regionales, subregionales y temáticos, fungen como espacios para llevar las demandas ciudadanas a un ámbito internacional. Esos foros son muy útiles para compartir experiencias y para aprender de las prácticas que realizan en otros países.

Sin embargo, también son importantes para impulsar iniciativas de manera conjunta a nivel legislativo. Por ejemplo, si hay un evento importante, como la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se celebrará en Lima, seguramente habrá un evento paralelo de legisladores. Son esos foros los que ayudan a darle un impulso global o regional a ciertos temas y ciertas agendas. Entre los temas que ya se discutían en foros multilaterales se encuentra el problema de los niños migrantes no acompañados. En este caso, la diplomacia parlamentaria ayuda a que cada país pueda adecuar su legislación interna para que se adapte a los retos que tenemos enfrente.

FAL – Para concluir, si Laura Rojas se convirtiera en Secretaria de Relaciones Exteriores, ¿qué cambios impulsaría en la política exterior de México?

LR – Mi principal preocupación como legisladora, en temas de política exterior, sin duda es la agenda de paz y seguridad, y los dramas humanos que la falta de acción de la comunidad internacional genera.

En segundo lugar, atendería el tema del cambio climático porque considero que no estamos reaccionando de la manera en la que debemos, a pesar de los altos riegos que corremos, como la desaparición de países islas —entre ellas Japón y el Reino Unido, que pueden perder hasta un tercio de su territorio por la subida de los niveles del mar—, o el cambio en los ecosistemas —donde hay sequía ahora habrá lluvias, y donde llueve ahora tiende a inundarse o pueden llegar a padecer severas sequías—. Esto va a generar un movimiento de reacomodo de los asentamientos humanos, lo que lo convierte en un enorme reto, muy difícil, complicado y costoso que, incluso, podría incrementar la crisis alimentaria.

Estos dos retos son mi mayor preocupación junto con el tema de migración, no solo en México, sino como un fenómeno global: la migración de africanos que van a Europa, migrantes de Europa del Este que van a Europa Occidental, y el problema de migración de nuestra región. Estos serían los tres temas más importantes a los que les dedicaría la máxima prioridad.

Además, considero que sería muy importante abordar el tema de la transparencia y la rendición de cuentas en política exterior. Por este motivo, en los próximos días presentaré una iniciativa para que, entre otras cosas, se nos informe cómo se formulan los votos de México en los organismos internacionales, pues hasta la fecha hay mucha discrecionalidad en esas decisiones de política exterior. En ocasiones, nos enteramos por algún funcionario de la Cancillería sobre ciertos temas que se analizan o se votan, porque falta información sustantiva al respecto. Tenemos también el caso de los embajadores que ratificamos y que nunca volvemos a ver, a menos que vayamos a un viaje de trabajo a Finlandia, a Suecia o a Irak. Por esta razón pretendemos que, mínimo una vez por año, nos envíen un informe por escrito para conocer los logros de sus misiones diplomáticas. Definitivamente tenemos que mejorar los mecanismos de rendición de cuentas y transparencia en política exterior.

ELÍAS CAMHAJI y GERARDO R. VALENZUELA son Productores Editoriales de Foreign Affairs Latinoamérica.

*Fotografías por Juan Ernesto Trejo

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