El Mediterráneo desde una mirada geopolítica

17 mayo, 2018 • Artículos, Europa, FEG Anáhuac, Medio Oriente, Portada • Vistas: 4078

AFP-Jack-Guez

Yael Siman

Mayo 2018

Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México

En la actualidad, el consumo de gas natural se ha vuelto muy significativo en los mercados globales de energía. De acuerdo con algunas estimaciones, este hidrocarburo podría llegar a representar 25% del consumo mundial en los próximos años. De ahí que los nuevos hallazgos de gas natural en el Mediterráneo nos obliguen a mirarlos desde una óptica geopolítica.

El Mediterráneo es hoy un espacio importante de recursos naturales. Los descubrimientos de gas natural iniciaron entre 2003 y 2004 en Egipto e Israel, detonando con ello esfuerzos de exploración de hidrocarburos por países como Chipre, la tercera isla más grande en el Mediterráneo después de Cerdeña y Sicilia. Estas actividades dieron lugar a la firma de 69 acuerdos que, de manera conjunta con Egipto, Israel y Líbano, marcaron los límites externos de un área de exploración de 52 kilómetros cuadrados en el sur de la isla, la cual fue dividida en 13 bloques. De manera paralela se han hecho descubrimientos de gas natural en Israel (Dalit, Leviatán y Tamar), en el Norte de África (Argelia y Egipto) y en las costas de Gaza.

Los hallazgos de gas natural han dado lugar a la pluralización de actores económicos y políticos en materia de energía y seguridad, alterando las alianzas, recrudeciendo viejos conflictos y dando lugar a nuevas oportunidades de cooperación trilateral y trasnacional. En términos generales, la zona económica exclusiva de un Estado se extiende a una distancia de 200 millas náuticas (370 kilómetros) desde su costa. La excepción ocurre cuando existe un traslape entre estas zonas; es decir, cuando entre las costas de los Estados hay una distancia menor a 400 millas náuticas. En 2010, Chipre e Israel firmaron un acuerdo que demarcaba sus respectivas zonas económicas exclusivas, pero este fue declarado nulo por Turquía.

Los hallazgos de gas natural han dado lugar a la pluralización de actores económicos y políticos en materia de energía y seguridad.

 

Desde 2007, Chipre ha lanzado distintas licitaciones internacionales para el otorgamiento de licencias de exploración, dando con ello lugar a múltiples acuerdos de colaboración en un marco que, como señala Moisés Garduño García en su artículo de Foreign Affairs Latinoamérica, Vol. 18 Núm.2, “El multilateralismo a la medida”, se pluralizan los actores y se descentraliza la globalización. En 2008, por ejemplo, Chipre le otorgó a Noble Energy, empresa con sede en Estados Unidos, una licencia en el bloque 12 por 3 años, iniciando actividades de perforación en 2011. Dichas actividades dieron lugar al descubrimiento del campo de Afrodita con 198 000 millones de metros cúbicos. A partir de entonces, Chipre ha lanzado nuevas licitaciones internacionales en los otros 12 bloques. En 2013, Chipre firmó acuerdos con ENI-KOGAS (consorcio italiano-surcoreano) para los bloques 2, 3 y 9, y con la empresa francesa Total para los bloques 10 y 11. En las distintas licitaciones han concursado empresas nacionales chipriotas (Winevia Holdings Ltd y Rx-Drill Energy Cyprus Ltd) y empresas y consorcios de Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Israel, Italia, el Reino Unido y Rusia.

Estas exploraciones y descubrimientos han resultado en reacomodos políticos y acercamientos diplomáticos. Chipre e Israel cuentan con reservas importantes de gas natural. Por su lado, Grecia, ubicado en el sureste europeo, podría garantizar el consumo interno de este recurso y convertirse en un importante punto de tránsito para el suministro a Europa. Esta convergencia ha dado lugar a una alianza tripartita, que a su vez responde al interés de Israel de diversificar sus relaciones diplomáticas. Los tres países iniciaron negociaciones sobre el desarrollo de un posible proyecto conjunto para el establecimiento de un gaseoducto desde Israel hasta Europa Occidental, vía Chipre y Grecia. Según el diario Haaretz (5 de abril de 2018), antes de la reunión entre el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, el Primer Ministro griego, Alexis Tsipras, y el Presidente chipriota, Nicos Anastasiades, Israel ya había firmado un memorando de entendimiento con Chipre, Grecia e Italia para avanzar este proyecto. Sin embargo, dadas las tensiones políticas prevalecientes en la región —entre Israel y Turquía y entre Turquía y Chipre— las negociaciones han tenido hasta ahora un tono bajo.

A pesar de la existencia de acuerdos regionales, los nuevos hallazgos de gas natural han recrudecido el conflicto histórico con Turquía y dado lugar a nuevos reclamos por parte de chipriotas griegos y chipriotas turcos. Cualquier asunto de gas que involucra a Chipre y a Israel implica al norte de Chipre y a Turquía, pues la isla permanece dividida como resultado de la ocupación turca de 1974. Turquía disputa las fronteras marítimas y la propiedad marítima de este hidrocarburo. El control de la parte norte de la isla de Chipre le brinda a Turquía beneficios estratégicos importantes, vinculados con los nuevos hallazgos de gas natural. Además, Turquía no se adhiere a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que regula la zona económica exclusiva de Chipre y sus fronteras marítimas.

En este contexto de un conflicto irresuelto, los chipriotas griegos, mayoría en Chipre respaldada por Grecia, y los chipriotas turcos, minoría apoyada por Turquía, avanzan con reclamos nacionalistas divergentes sobre el control de los hidrocarburos. Los chipriotas griegos sostienen que sus actividades de perforación son compatibles con el Derecho Internacional. Su posición es respaldada por los cinco miembros del Consejo de Seguridad y por la Unión Europea. Por su parte, los chipriotas turcos reclaman que los chipriotas griegos no pueden representar legítimamente a la República de Chipre, por lo que se oponen a la firma de acuerdos bilaterales de delimitación de las zonas económicas exclusivas, así como a la emisión de licitaciones internacionales y la autorización de perforaciones. Esto llevó a los turco-chipriotas a firmar, por su cuenta, un acuerdo que demarca la placa continental entre la costa norte de la isla y Turquía. Además, sus autoridades le dieron a la empresa nacional petrolera TPAO licencias de exploración de hidrocarburos en áreas marítimas en el norte, este y sur de Chipre. Uno de los principales focos de tensión entre ambas comunidades nacionales radica en que algunas de las áreas en el sur y en el este de la isla se traslapan parcialmente con el área de exploración de la República de Chipre.

Chipre no es el único espacio de tensiones en el Mediterráneo. Islas pequeñas como Kastellórizo (o Megisti en griego) también se han visto impactadas por el conflicto de intereses entre Grecia y Turquía. Kastellórizo, con tan solo trescientos habitantes, está situada mucho más cerca de Turquía que de Grecia; su zona económica exclusiva conecta con las de Chipre y Grecia. El gobierno de Recep Tayyip Erdogán no cuestiona la soberanía de Grecia sobre la isla sino su derecho de explotar los recursos energéticos. The New York Times (21 de abril de 2018) reporta que Turquía ha lanzado varias provocaciones a Grecia, incluyendo amenazas de invadir sus islas, así como posibles incursiones con barcos y aviones militares. Según datos del ejército griego, las incursiones turcas en el espacio aéreo aumentaron a 3317 en 2017, con respecto a 1269 en 2014, mientras que las incursiones marítimas se incrementaron de 371 a 1998 en el mismo periodo.

 Los chipriotas griegos, mayoría en Chipre respaldada por Grecia, y los chipriotas turcos, minoría apoyada por Turquía, avanzan con reclamos nacionalistas divergentes sobre el control de los hidrocarburos.

 

Las implicaciones políticas del gas natural en el Mediterráneo adquieren a la vez un carácter mundial. Estados Unidos tiene interés en mantener buenas relaciones con Grecia y Turquía, y sostener la seguridad en el Mediterráneo. Esto último es particularmente importante en un contexto de “arco de crisis” que va desde la ocupación de Ucrania por Rusia hasta el conflicto en Siria y las batallas “anárquicas” en Libia. Por su lado, la Unión Europea prioriza dos temas: la resolución del conflicto chipriota-turco y la reducción de su dependencia de gas con respecto a Rusia. Moscú provee un tercio del gas de la Unión Europea, mientras que algunos de los países europeos (sobre todo los excomunistas) dependen al 100% de Rusia. Esto es preocupante si consideramos que el consumo de gas natural de Europa puede crecer en 40% hacia 2030.

En las organizaciones internacionales también existe preocupación en torno a los nuevos descubrimientos de gas natural y su impacto político en el conflicto entre Chipre y Turquía. Varios de los reportes del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) enviados al Consejo de Seguridad en referencia a las Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre contienen observaciones sobre los recursos naturales. En 2013, el Secretario General de la ONU expresó que es importante asegurar que “cualquier riqueza recientemente descubierta”, que “pertenece a todos los chipriotas”, beneficie a “ambas comunidades”.

Una lógica geopolítica en el Mediterráneo implica el análisis de procesos que conllevan a la elaboración de escenarios de cooperación, pero también de conflicto. La estructura de incentivos para los distintos actores cambia en la medida en que surgen nuevas lógicas económico-políticas mediadas por el eje energético. Aun cuando se ha planteado que los nuevos hallazgos de gas natural recrudecen el conflicto entre Chipre y Turquía, no es imposible pensar en que, si Turquía lograra el ingreso a la Unión Europea y contara con la provisión de gas natural barato por parte de Chipre, ello le daría nuevos incentivos para finalmente resolver el conflicto. En este escenario, los países del este del Mediterráneo podrían convertirse en nodos de energía y exportadores de gas natural a Europa a través de Turquía. Sin embargo, dada la realidad actual, este escenario parece todavía una posibilidad remota.

YAEL SIMAN es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana, así como maestra y doctora en Ciencias Políticas por la University of Chicago. Ha sido profesora de asignatura en los departamentos de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana y del ITAM. Actualmente es titular de la Cátedra A.G. Leventis para el Estudio de Chipre en la Universidad Anáhuac México. Sígala en Twitter en @YaelSiman.

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