El impasse político de las elecciones generales italianas y la crisis de la política europea

7 mayo, 2018 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 2362

Vicenza Today

Pierfrancesco Moscuzza

Mayo 2018

El 4 de marzo de 2018, los italianos acudieron a las urnas para las elecciones generales. El proceso electoral, desde la campaña, fue muy conflictivo y produjo un resultado de impasse político sin ningún ganador. Hasta la fecha Italia queda sin una coalición de gobierno, replicando la misma situación que se ha dado en Alemania y el Reino Unido en las pasadas elecciones generales. Esta situación ha sido determinada principalmente por la nueva ley electoral, que es el resultado directo de la decadencia política del país.

La ley electoral ha sido una de las pesadillas de la vida política italiana reciente. El problema comenzó en 2006, cuando poco antes de las elecciones, el entonces primer ministro Silvio Berlusconi decidió cambiar la ley electoral existente por una nueva, porque las encuestas políticas mostraban que iba a perder. La ley electoral en ese momento se basaba en un sistema mayoritario con una pequeña componente proporcional, lo que significa que para ganar era necesaria la mayoría absoluta de los votos en todo el territorio nacional. En el caso de que ninguno de los partidos políticos hubiera alcanzado la mayoría absoluta en la primera ronda, la ley prescribía una segunda votación entre las dos fuerzas políticas más importantes para decidir el ganador. La nueva ley electoral buscada por Berlusconi fue diseñada para desarticular este criterio a fin de favorecer su reelección. La nueva ley se elaboró muy rápidamente y el resultado fue tan malo que el Senador que la diseñó (Roberto Calderoli de la Liga del Norte) lo definió él mismo como porcata, que en italiano significa buena solo para los cerdos. Esa admisión sincera le ganó a la ley el apodo de Porcellum. Además, el Porcellum ni siquiera alcanzó su objetivo porque en las siguientes elecciones, cuando se utilizó por primera vez, Berlusconi perdió frente a la coalición de centro izquierda liderada por Romano Prodi, el Excomisionado europeo. El Porcellum se usó para dos elecciones más, en 2008 y 2013.

En 2015, el Porcellum fue reemplazado por otra ley apodada Italicum, porque se suponía que representaba la singularidad del sistema político italiano. Sin embargo, el problema con esta nueva ley era que regulaba exclusivamente la elección de la Cámara de Diputados (cámara baja). Esta anormalidad se permitió bajo el supuesto de que la reforma constitucional para la restructuración del Senado (la cámara alta) hubiera pasado antes de las elecciones. De esa manera, el Senado italiano se hubiera convertido en un cuerpo político elegido por los diputados regionales y nacionales, representando las regiones de acuerdo con un modelo federal aproximado; por ende, rindiendo innecesaria la reforma de su sistema electoral. Ese exceso de confianza del entonces primer ministro Matteo Renzi en el suceso de la reforma constitucional resultó de la peor manera posible cuando el pueblo italiano la rechazó con una mayoría aplastante en el referendo constitucional de diciembre de 2016, convirtiendo el Italicum en la primera ley electoral aprobada por el Parlamento pero nunca utilizada en una elección general.

En octubre de 2017, el Parlamento italiano propone una nueva ley electoral marcada por el imperdible apodo de Rosatellum. Esta vez, por lo menos, la ley fue diseñada tanto para el Senado como para la Cámara de Diputados, con un sistema mixto de asignación de escaños que incluye un componente proporcional y uno mayoritario. Esencialmente, el Rosatellum es una modificación de la preexistente ley electoral de tipo mayoritario en uso antes de 2006. La supuesta razón para esta modificación innecesaria fue la gobernabilidad del país. En verdad, fue solo otra estratagema maquiavélica ideada por los líderes de los dos partidos mayores, el Partido Democrático de centroizquierda y Forza Italia  de centroderecha para derrotar a la nueva formación política, el Movimiento Cinco Estrellas, que se autodefine apolítico y pos ideológico.

El resultado de esta última ley electoral fue la situación de impasse político de las elecciones del 4 de marzo de 2018, donde ninguna coalición o fuerza política independiente ha sido capaz de ganar la mayoría de los asientos parlamentarios necesaria para gobernar (315 por la Cámara de Diputados y 158 por el Senado), pero que ha visto triunfar las fuerzas antisistémicas, populistas y  antiglobalización, que en muchas ocasiones han tenido un discurso político nacionalista y xenófobo.

 

Fuente: Elaborado por el autor con datos de Politiche e Regionali del 4 marzo 2018, del Ministerio de Interior del Gobierno Italiano (consultado el 10 de abril de 2018), y de “Elezioni 2018” del Corriere della Sera, (consultado el 10 de Abril 2018).

 

Fuente: Elaborado por el autor con datos de Politiche e Regionali del 4 marzo 2018, del Ministerio de Interior del Gobierno Italiano (consultado el 10 de abril de 2018), y de “Elezioni 2018” del Corriere della Sera (consultado el 10 de Abril 2018).

 

Este resultado electoral debe de ser leído con mucha atención porque pone en evidencia algunos aspectos muy significativos de la situación política actual de Italia y de los demás países principales de la Unión Europea, como Alemania, España, Francia y el Reino Unido. El primer dato relevante es el de la participación electoral. En estas elecciones la participación fue del 72.93% contra el 75.24% del 2013. Este ha sido un dato común a muchas de las elecciones europeas donde la participación electoral ha disminuido de manera constante, lo que probablemente es una señal de la insatisfacción del pueblo hacia las clases dirigentes y los resultados de sus políticas, las cuales son percibidas como lejanas de los intereses reales del pueblo y apegadas a intereses corporativos o supranacionales.

El segundo dato importante que emerge de estas elecciones es el derrumbe de los partidos de izquierda, lo que pone en evidencia ahora más que nunca la crisis política, ideológica y de identidad que está atravesando la izquierda europea. Esta crisis es el subproducto de la evolución de la sociedad posmoderna y de la consecuente realidad política, que es caracterizada por su liquidez, por nuevos desafíos y problemas. Entre ellos destacan el desempleo progresivo y crónico debido a la deslocalización de la producción y a la automatización progresiva; las migraciones masivas desde el sur global hacia al norte causadas por los conflictos y las crisis ambientales; el aburguesamiento de las sociedades posindustriales desarrolladas con la consecuente desaparición de las masas obreras nacionales que alimentaban la lucha social como parte del discurso político nacional. En este nuevo marco socioeconómico, la izquierda tradicional no ha sido capaz de mantener claro su objetivo político fundamental, buscando soluciones de compromiso a muchos de los nuevos problemas y por ende perdiendo de vista su función crítica. El resultado ha sido decepcionante e ineficaz produciendo políticas que en los mejores de los casos eran iguales a aquellas de los partidos de orientación política opuesta.

El tercer dato relevante es la afirmación de fuerzas políticas no convencionales, que se distinguen por su carácter populista, anti político y pos ideológico. En Italia, así como en Alemania, España,  Francia y el Reino Unido esa fuerzas anti políticas actualmente representan una parte significativa del electorado nacional que ha sido afectada por las crisis económicas y financieras internacionales, y por las cuales, se culpa a la globalización. La Unión Europea, en cuanto entidad política regional y supranacional, es percibida como la expresión de la globalización a carácter regional, y por ende, es atacada por todos lados por las fuerzas populistas y anti globalizadoras, tal como el Movimiento Cinco Estrellas italiano, el Partido de Independencia del Reino Unido, el Frente Nacional francés, y Podemos en España. Esas nuevas fuerzas políticas han logrado canalizar la insatisfacción popular por medio de una nueva forma de representación y expresión política, que es caracterizada ya sea por el carácter populista y demagógico de su discurso político, o por un nacionalismo soberanista y antiglobalización.

Las víctimas predestinadas de este nuevo estado líquido de la política transnacional de acuerdo con el análisis hecho por Zygmunt Bauman son los partidos políticos tradicionales que no han sido capaces de reaccionar para frenar la avanzada de este nuevo fenómeno. En particular, los más afectados han sido los partidos políticos centristas y moderados de inclinación liberal y socialdemócrata, que no han sido capaces de desarrollar de manera satisfactoria la síntesis política que habían propuesto con la idea de la tercera vía, que tuvo su máxima expresión europea en el Partido Laborista británico de Tony Blair.

El resultado de ese corto circuito en el discurso político posterior a la Guerra Fría ha sido el fracaso del modelo político basado sobre la globalización, el libre comercio y la superación de las ideologías. Los productos de este fracaso son en orden de tiempo: 1) la reafirmación de modelos políticos semiautoritarios en Rusia, China y en muchos de los países del ex bloque socialista; 2) el choque político cultural entre los países secularizados occidentales y aquellos basados en sistemas religiosos y teocráticos, en particular de confesión islámica; 3) la ralentización del proceso de globalización y regionalización a carácter mundial, lo cual se ha manifestado de manera llamativa con el brexit y subsecuentemente con la elección de Donald Trump.

De esta manera, Italia, así como muchos de los países desarrollados occidentales están atravesando una nueva etapa política muy delicada, que debe de ser manejada con mucha atención para evitar una exacerbación de la situación con posibles recaídas sobre la estabilidad política regional y finalmente mundial. Lo que no se debería de olvidar es que hace menos de un siglo el continente europeo fue plagado por la llegada de gobiernos totalitarios y antidemocráticos, los cuales terminaron con desatar la Segunda Guerra Mundial y que la razón principal fue económica.

PIERFRANCESCO MOSCUZZA es doctor en Ciencias Políticas y Sociales egresado por la FCPyS de la UNAM. Es profesor asociado en el International College de la University of Suwon, Corea del Sur. Además, administra el blog International Relations and Politics. Sígalo en Twitter en @Piero_Moscuzza.

Tags:, , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando…