El fenómeno Marina Silva y la campaña electoral en Brasil

30 septiembre, 2014 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1817

avatarDefault  Mariana Magaldi de Sousa

El deceso del candidato a la presidencia de Brasil, Eduardo Campos, el 13 de agosto de 2014 causó una verdadera conmoción nacional. Más allá de las reacciones emocionales por la pérdida de un esposo y padre de cinco hijos a la edad de 49 años, junto con otras seis personas, la caída del avión en el cual viajaba abrió un espacio inesperado para la postulación de Marina Silva como la nueva candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB). En solamente dos semanas, Silva se ha vuelto el foco de la campaña electoral brasileña, posicionándose como una opción para los votantes escépticos de la actual presidenta Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT) y del aspirante del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) Aécio Neves. Los últimos dos sondeos la ubican como ganadora en una eventual segunda vuelta frente a Rousseff, el 26 de octubre de 2014, lo que indica que la nueva contendiente tiene posibilidades reales de ser la próxima presidenta de Brasil, contradiciendo así los argumentos de que el fenómeno Marina Silva no pasaría de una “ola temporal”.

En efecto, los aliados de Rousseff y Neves esperaban que Silva perdiera el aliento en la medida que las reacciones emocionales por la muerte de Campos se disiparan. Sin embargo, existe un gran descontento nacional por la situación social, política y económica actual del país. La economía, por ejemplo, ha entrado en recesión técnica, después del anuncio hecho por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) sobre la caída del PIB durante dos semestres consecutivos. Las tasas de crecimiento, tanto de las inversiones como de la industria, han sido persistentemente negativas y el Banco Central ha subido la tasa de interés de referencia al nivel más alto desde hace 3 años. El grado de satisfacción del electorado con los servicios públicos, los gastos gubernamentales y las negociaciones entre partidos políticos son bajos, y no es sorprendente que las manifestaciones sociales se hayan vuelto parte de la cotidianidad de los brasileños. En este contexto, la derrota de la selección verdeamarela contra Alemania por siete goles a uno en su propia casa ciertamente causó un sabor amargo. No obstante, esto constituye un elemento de menor importancia, comparado con otros factores estructurales profundos que han generado un pesimismo generalizado en la población brasileña.

Lo que Silva representa es una alternativa viable para el público insatisfecho. Su postura enfatiza la necesidad de cambio y es fundamentalmente contraria a ciertos aspectos del sistema político actualmente establecido. Defiende programas de desarrollo sustentable y apoya el uso de medios virtuales (como Facebook y Twitter) para promover la discusión de políticas públicas y profundizar la democracia. A pesar de que muchos detalles de su proyecto de gobierno aún son desconocidos, su candidatura ha logrado canalizar la intención de voto de más de 18 millones de brasileños. En menos de dos semanas, Marina Silva parece haber llegado para quedarse.

El presente artículo analiza el panorama actual electoral de Brasil a la luz de los recientes acontecimientos en ese país. Además de la introducción, está dividido en cuatro partes principales. La primera sección destaca los antecedentes políticos de la contendiente del PSB y los principales factores que explican su ascenso meteórico en los sondeos. La segunda sección examina las implicaciones del fenómeno Silva para la campaña electoral, la reacción de sus oponentes y los posibles escenarios para la disputa. En la tercera, se identifican sus principales propuestas de gobierno en el área económica, política y social. Por último se concluye con algunas observaciones sobre las posibles implicaciones para el resto de Latinoamérica y el mundo de la elección de Marina Silva como la próxima Presidenta de Brasil.

El fenómeno Marina Silva

De acuerdo con el diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, la palabra “fenómeno” sirve para identificar cualquier cosa o persona extraordinaria y sorprendente. En Brasil, el adjetivo se utiliza frecuentemente para calificar a los grandes jugadores de fútbol. En el caso de Marina Silva, creo que el concepto describe bien su ascenso impresionante y repentino en los sondeos, una vez oficializada su candidatura a la presidencia. De acuerdo con la encuesta de Datafolha divulgada el 29 de agosto de 2014, Silva y Rousseff aparecen empatadas en la primera ronda con 34% de las intenciones de voto. En la simulación del segundo turno, Silva derrotaría a Rousseff con una diferencia de 10 puntos porcentuales. Conforme al último sondeo realizado por la misma empresa el 18 de agosto de 2014, la candidata del PSB creció 13 puntos, mientras las preferencias por la actual Presidenta bajaron 2% y por Aécio Neves (PSDB) 5 puntos (de 20% a 15%). Pocas veces se han visto en Brasil situaciones semejantes de tan marcado cambio de preferencias en el electorado. Tal vez la comparación más cercana sería la campaña de Fernando Collor de Mello, que llevó al entonces desconocido candidato a la presidencia de Brasil, con 53% de los votos en 1989.

Silva ha capturado la intención de votos de la población más educada, de mayor ingreso y que está concentrada en las regiones metropolitanas del sureste del país. Lidera también los sondeos entre los jóvenes de hasta 24 años y los evangélicos. En las dos principales ciudades del país —São Paulo y Río de Janeiro— es clara la tendencia a la alza de la preferencia del electorado por la candidata del PSB.

Quizás lo más sorprendente del fenómeno Marina Silva es que antes de la tragedia, la aspirante ya era compañera de fórmula de Eduardo Campos, actuando como su candidata a la vicepresidencia. En octubre de 2013, la Red Sostenibilidad, una agrupación de ambientalistas creada por Silva, anunció su alianza programática con el PSB de Eduardo Campos, después de que el Tribunal Superior Electoral negó su solicitud para constituirse como un nuevo partido. Desde abril de 2014, la dupla Campos-Silva trabajó en conjunto para conseguir los votos de los desilusionados, pero no lograban romper la barrera de los 10% de las intenciones de voto.

¿Qué factores explican entonces el cambio tan radical en el electorado? En mi opinión, tres ingredientes principales pueden ser identificados: la desvinculación de Silva con la figura de Campos, la frágil situación macroeconómica del país y la desatención de las élites políticas a las demandas sociales. Por sí solos, estos elementos no serían condiciones suficientes para modificar las preferencias de las masas. En combinación, han consolidado la posición de Marina Silva en la contienda presidencial y pueden eventualmente garantizar su éxito electoral.

Es evidente que la postulación de Silva como candidata presidencial, en vez de a la vicepresidencia, es el parteaguas que atrajo la preferencia de varios electores. Para muchos, la alianza entre la candidata y Campos era incongruente e ilógica. Campos nació en una familia poderosa de tradición política en el estado de Pernambuco, al noreste de Brasil. Su abuelo, Miguel Arraes, fue alcalde de Recife (la capital del estado), diputado estatal, diputado federal y tres veces gobernador de Pernambuco. Después del fin de la dictadura militar en 1985, Arraes regresó al país y se afilió al PSB. Fue uno de los grandes responsables del crecimiento de este partido y hasta su muerte en 2005 actuó como padrino político de su nieto, nominándole inclusive al cargo de Ministro de Ciencia y Tecnología cuando el PSB formó parte de la base aliada del gobierno del PT durante el primer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva.

Campos era un hábil negociador que mezclaba atributos de un tecnócrata con rasgos de un coronel. Por una parte, se preocupaba por mejorar las finanzas y el desempeño del gobierno con la implementación de prácticas modernas de gestión; por la otra, utilizaba el clientelismo como arma para lograr sus objetivos políticos. Como gobernador de Pernambuco de 2007 a 2010, consiguió obtener inversiones del gobierno federal para la construcción de un astillero y una refinería de petróleo, gracias a su estrecha amistad con el presidente Lula, quien también era pernambucano.

Al contrario, Maria Osmarina Marina Silva de Lima se caracteriza por haber nacido en una familia pobre de extractores de caucho en el estado de Acre, al norte del país. Sus padres tuvieron 11 hijos y su madre falleció cuando Silva tenía 15 años. Vivió en un convento de monjas y trabajó como empleada doméstica antes de entrar a la universidad. Posee una salud frágil, fruto de cinco malarias, tres hepatitis y una contaminación por metales pesados que limitan su alimentación.

A lo largo de su vida pública, su gran bandera ha sido la defensa de los recursos naturales y del medio ambiente. Al lado de Francisco Alves Chico Mendes Filho, un recolector de caucho y activista ambiental, Silva participó de los llamados “empates”, táctica de resistencia en contra de la deforestación de la Amazonia, y ayudó a fundar la Central Única de Trabajadores de Acre. Afiliada al PT, fue diputada estatal, senadora y ministra de Medio Ambiente entre 2003 y 2008. En 2009 dejó el PT por no estar de acuerdo con sus políticas y se afilió al Partido Verde (PV). En 2011 dejó el PV y fundó la Red Sostenibilidad con los objetivos de “profundizar la democracia y construir las bases para un ciclo durable de desarrollo sostenido”.

Dados los perfiles tan contrastantes, la alianza Campos-Silva simplemente no inspiraba confianza en el electorado. Brasil se caracteriza por ser un país en el cual el vínculo entre los gobernantes y la población es personal, más que programática. A la hora de decidir por quién votar, el elector promedio no se fija tanto en el partido político o en la propuesta de gobierno: la clave es la imagen y el carisma de cada candidato para atraer votos. Así, a partir del momento en que Silva tomó la dirección de la candidatura del PSB, desvinculándose de Campos, la respuesta del electorado fue inmediata. Entre los contendientes más fuertes a la presidencia, Silva es la que tiene la imagen más positiva, no dañada por acusaciones de corrupción o por mal desempeño en el gobierno. Como muestra la gráfica 1, está entre los contendientes con menor nivel de rechazo entre el electorado.

Gráfica 1: Nivel de rechazo entre el electorado al 29 de agosto de 2014

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Fuente: Datafolha

 

Claramente, la imagen personal de Silva no es toda la historia. Otra parte importante de la explicación del fenómeno, proviene del hecho que la situación macroeconómica actual del país es frágil. Según datos del IBGE, el PIB del país en 2014 se contrajo 0.6% en el segundo trimestre y 0.2% el primero, lo que ha llevado a muchos economistas a afirmar que Brasil ha entrado en recesión técnica. La industria y las inversiones siguen una tendencia negativa desde hace un año y el Banco Central anunció la semana pasada, un mes adicional de déficit primario en las cuentas públicas y en la balanza comercial. Las tasas de interés de referencia son las más altas desde 2011, lo que ha inhibido aún más el crecimiento de la economía.

La combinación de un fuerte deterioro en las cuentas públicas y crecimiento negativo eleva posibilidad de una baja en la calificación del riesgo soberano del país. En virtud de que Brasil se encuentra actualmente en el primer rango de clasificación recomendada para inversión, cualquier recorte significaría el regreso del gigante de la región a los niveles de calificación de riesgo especulativo. En consecuencia, esto resultaría en una caída de la confianza de los inversionistas y una tendencia a la salida de capitales del país.

El grado de confianza del consumidor tampoco es animador. A pesar de que los últimos datos divulgados por Datafolha muestran un pequeño incremento de 125 puntos del índice de confianza del consumidor (comparado con los datos de julio de 2014), tal mejora no se tradujo ni en un mayor nivel de aprobación del gobierno de Rousseff ni en un mayor porcentaje de intenciones de voto para la Presidenta. De hecho, la tasa de electores que evalúan el gobierno como excelente o bueno cayó de 38% a 25%, mientras que el porcentaje de electores que consideran la gestión actual mala o pésima subió de 23% a 26%.

Aunque el ritmo de la economía haya disminuido, la inflación permanece alta. Más de la mitad de los electores vislumbran un incremento de la inflación en los próximos meses, lo que dificulta aún más el control de los precios. La carga tributaria en Brasil es la mayor en Latinoamérica, 36% del PIB. La combinación de alta inflación y carga tributaria deja al gobierno sin margen de maniobra para recaudar más impuestos y combatir el déficit fiscal. En julio de 2014, este llegó a 3.84% mientras que la deuda gubernamental alcanzó la marca del 59% del PIB, cuatro puntos arriba de enero de 2011, cuando la presidenta Rousseff asumió el cargo.

La baja del desempleo formal es tal vez el mejor dato de la economía, sin embargo, esta también conlleva una dificultad: el inventario de mano de obra disponible es menor. Si antes una empresa podía aumentar fácilmente su cuadro de empleados, ahora tendrá que invertir en el aumento de la productividad a través de programas de entrenamiento y calificación. Tal opción claramente encarece los costos de la empresa. Según expertos, conforme el mercado de trabajo refleje los efectos de la recesión, el optimismo sobre los niveles de desempleo desaparecerá.

Para el elector, la situación económica actual no es alentadora. La última recesión que vivió el país fue causada por factores externos relacionados a la crisis financiera mundial. A finales de 2008, el PIB se retrajo 4.2% y 1.7% a principios de 2009. Con la implementación de algunas medidas de política contracíclicas, la salida de la recesión fue rápida, y ya en el segundo trimestre de 2009 el PIB había crecido 1.9%. En esta ocasión, los determinantes de la recesión son claramente internos, lo que deja al gobierno con un arsenal de políticas de ajuste más limitado. No es de sorprender que el rechazo por Rousseff sea alto y que la búsqueda de candidatos con nuevas propuestas de política económica sea frecuente.

Finalmente, vale la pena mencionar la desatención de las élites políticas brasileñas a las demandas sociales como un último factor que ha contribuido para el fuerte reposicionamiento de la candidata del PSB. En junio de 2013, millones de personas, la mayoría jóvenes de menos de 30 años, salieron a las calles de São Paulo para manifestarse en contra del aumento de tarifas en el transporte público. El Movimiento Pase Libre se extendió a varias ciudades del país y ganó la fuerza de manifestaciones sociales espontáneas para demandar mejoras en los servicios públicos de asistencia médica, seguridad, y educación. Asimismo, los manifestantes exigían al gobierno la implementación de medidas concretas de combate a la corrupción, al padrinazgo político y a los gastos excesivos en proyectos improductivos como la construcción de estadios de fútbol para los eventos deportivos de la Copa Confederaciones de 2013 y el Mundial de 2014. A pesar de las “propuestas concretas y disposición política”, gran parte de los cinco pactos nacionales anunciados por Rousseff como respuesta a las manifestaciones, aún no han sido implementados.

El primer pacto (responsabilidad fiscal) tenía como objetivo garantizar la estabilidad de la economía, controlar la inflación y el desperdicio de recursos públicos. Como ya se mencionó, la situación económica actual del país evidencia el incumplimiento de tal promesa. El segundo pacto (reforma política) establecía el llamado a un plebiscito para que el electorado pudiera decidir sobre la convocatoria a un proceso constituyente específico para la reforma política. Se ha iniciado el trámite de un proyecto de ley en la Cámara de Diputados, pero desde entonces no ha avanzado. Lo máximo que se ha alcanzado es una llamada “minirreforma electoral”, aprobada en noviembre de 2013, que prohíbe, por ejemplo, que propaganda electoral sea colgada en los postes del alumbrado público. Aun en este caso las innovaciones legislativas no serán válidas para las elecciones de octubre de 2014.

En términos de los servicios públicos de salud, la propuesta principal del gobierno estaba basada en el Programa Más Médicos que fue aprobado en julio de 2013. Tal programa incentivaba el traslado de médicos brasileños para las ciudades que más necesitaban servicios de salud y en caso de no haber médicos nacionales disponibles, contemplaba la contratación de extranjeros para trabajar exclusivamente en el Sistema Único de Salud. Durante el último año, el programa ha sido una de las principales banderas de Rousseff, argumentando que ha logrado atender a la demanda de médicos en áreas aisladas del país. Pese los argumentos del gobierno, la “importación” de médicos de otros países (principalmente de Cuba) continúa siendo objeto de duras críticas de las asociaciones representativas del gremio médico, de sectores de la sociedad civil y de estudiantes de medicina.

El cuarto pacto se relacionaba a la educación y proponía destinar 100% de los recursos de las regalías del petróleo a la educación. El Congreso revisó tal porcentaje y aprobó una ley que destinaba el 75% de las regalías a la educación y 25% a la salud. Críticos de esta ley afirman que con esos porcentajes no será posible cumplir las metas impuestas por el Plan Nacional de Educación, que se impulsa en el Senado, para destinar 10% del PIB para el sector.

Finalmente, el quinto pacto (transporte público y movilidad urbana) preveía la creación de un Consejo Nacional de Transporte Público —para incluir la participación de la sociedad civil y de los usuarios en la discusión de políticas públicas para el sector— e inversiones del gobierno federal en la construcción de metros, carriles especiales para autobuses y vehículos ligeros sobre vías. También proponía la desgravación de dos impuestos (el Programa de Integración Social, mejor conocido como PIS, y la contribución para el financiamiento de la seguridad social o COFINS) del combustible para autobuses y la energía eléctrica para trenes y metros, como parte de los esfuerzos para bajar las tarifas de los diversos medios de transporte público. A pesar de que una fracción de las inversiones haya sido efectivamente desembolsada por el gobierno federal, las promesas de creación del Consejo y desgravación no fueron cumplidas, lo que ha contribuido para el sentimiento generalizado de frustración entre el electorado.

Silva ha logrado catalizar muchas de estas expresiones de insatisfacción y transformarse en una respuesta real a las diversas demandas desatendidas. De hecho, esta es su estrategia electoral: explorar la parte emocional de la población que se siente decepcionada y hasta cierto punto resentida con la forma habitual de hacer política en Brasil. Como el voto no es solamente racional, es un arma poderosa en las manos de alguien que ya probó ser capaz de reunir 20 millones de votos en la elección presidencial de 2010.

Los adversarios después del fenómeno Silva

Además de las reacciones del electorado, el despliegue de Marina Silva en las encuestas ha provocado reacciones de los partidos opositores. En principio, tanto el PT como el PSDB minimizaron la magnitud del fenómeno, caracterizándolo como una “ola temporal”. Ahora, ambos partidos reconocen la importancia del posicionamiento de Silva y empiezan a delinear sus estrategias más concretas de contraataque. Lo que aún no queda claro es cómo el PSB en general y Silva en particular responderán a los ataques del resto de los partidos en el último mes antes de las elecciones.

En el PSDB, muchos ya reconocen que una recuperación de espacio, suficiente para llevar a Aécio Neves al balotaje, es improbable. Los miembros del partido más cercanos al candidato ahora trabajan para mantener el ánimo y evitar que la campaña en los estados para la elección de gobernadores, diputados (federales y estaduales) y senadores no sea abandonada.

En este contexto, se nota un cambio claro en la estrategia del PSDB. En principio, el candidato del partido de centroderecha no atacaba directamente a Silva, insistiendo en una polarización con el PT. A pesar de que continúa con las duras críticas a la Presidenta, Neves ha empezado a juzgar y calificar la campaña de Silva con adjetivos como “improvisada”. El candidato afirma reiteradamente que, con el tiempo, su propuesta va a ser conocida y que los electores se darán cuenta de que tiene una propuesta de gobierno superior a las otras dos postulantes.

AFP

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De manera semejante, miembros del PT admiten, aunque tímidamente, que la situación es extremamente delicada. Los últimos sondeos demuestran que la Presidenta tiene el apoyo de alrededor de un tercio de los votantes. Podemos clasificar a este grupo como los votantes habituales del PT (o core voters). No importa qué nuevos datos sean difundidos sobre el estado de la economía o qué detalles sean revelados de los programas de gobierno de los adversarios, esos electores son cautivos del PT y votarán por Rousseff. En el otro extremo, se ubica otro tercio del electorado que ha demostrado su fuerte rechazo a la Presidenta. Este grupo ciertamente no votará por el PT.

El desafío para este partido es justamente convencer a los votantes “oscilantes” o “indecisos” que serán cruciales para la segunda vuelta. Dada la situación frágil de la economía y la alta carga emocional de la estrategia de Silva para conquistar votos, un embate personal con la activista, que ha superado fuertes obstáculos para luchar por la justicia social, no es la táctica recomendable. Para el PT, una estrategia más adecuada sería propagar la idea de que el futuro será mejor y que el electorado debe mirar hacia adelante (prospective voting) en vez de hacia atrás (retrospective voting).

Asimismo, se puede esperar que tanto el PT como el PSDB exploten dos puntos débiles de la postulación de Marina Silva. Por un lado, la candidata del PSB no tiene ni un partido ni una base social claramente definida. Por el otro, Silva actúa sola, al menos de momento, sin alianzas con otros partidos o personajes tradicionales de la política brasileña. En ambos casos, se puede esperar que sus opositores subrayen estas características como una amenaza a la gobernabilidad y quizás a la democracia del país. En efecto, ya se observan señales de la implementación de tal estrategia por el PT. La última semana de agosto de 2014, Silva afirmó categóricamente que pretendía gobernar el país con personas y no con partidos y que todas las alianzas serían construidas alrededor de proyectos.

El vicepresidente Michel Temmer, del PT, contestó inmediatamente la afirmación de la candidata, clasificándola como “autoritaria”, un atentado directo a la democracia y a las instituciones políticas del país. El político petista declaró: “es necesario ser muy cuidadosos con estas afirmaciones referentes a gobernar con personas y no con instituciones, porque nosotros hemos llevado mucho tiempo para tener instituciones sólidas en el país. Esta visión es un poco autoritaria. En todo el mundo tenemos ejemplos de gente que quiso gobernar por cuenta propia. En Brasil también”.

Por último, no se deben dejar de considerar las reacciones dentro del propio PSB frente al fenómeno Marina Silva. La candidata se aproximó al PSB cuando su propuesta de partido propio no fue aprobada por el Tribunal Superior Electoral. Es, por lo tanto, un arreglo temporal que puede llegar a romperse después de la elección. Hay fracciones dentro del partido, por ejemplo, que defienden posturas distintas sobre la manera más adecuada de proseguir. Para algunos miembros del PSB, la estrategia debe ser continuar apelando directamente al sentimiento del elector e intentar conseguir el número necesario de votos para una victoria en el primer turno. Para otros, la mejor táctica es empezar a construir alianzas partidistas para incrementar las chances de la candidata en el segundo turno y en la etapa de formar gobierno después de la elección. En cualquiera de los escenarios mencionados, no cabe duda que la elección presidencial de octubre será más interesante y su resultado menos previsible.

La propuesta de gobierno de Marina Silva

Más allá de las apelaciones emocionales, las posibilidades de Silva de convertirse en la próxima presidenta de Brasil dependen también de su programa de gobierno y de su capacidad de atraer votos. El pasado 29 de agosto de 2014, la candidata presentó su propuesta junto con su compañero de fórmula Luiz Roberto Beto Albuquerque, en un documento de 250 páginas cuya elaboración fue coordinada por el exdiputado Mauricio Rands (PSB) y Neca Setubal, hija del empresario Olavo Setubal, dueño del Banco Itáu. En total, el proyecto contiene seis ejes (Estado y democracia, economía y sustentabilidad, educación, políticas sociales, movilidad urbana, y ciudadanía) y pretende “revitalizar la democracia representativa, aumentando su legitimidad”.

Entre las principales propuestas insertadas en el eje político (Estado y democracia) se incluyen el fin de la reelección, la unificación del calendario electoral y la adopción de un mandato de 5 años. También se propone la realización de plebiscitos y referendos convocados por la sociedad civil para crear y aprobar leyes. Según la candidata, la intención es dar una respuesta directa a las reivindicaciones de los movimientos sociales de 2013 y regresar a la sociedad la confianza en las instituciones públicas y en la democracia.

En el área económica, el programa propone el uso de metas de inflación “creíbles” y el superávit primario como principales herramientas para alcanzar los objetivos de crecimiento sostenible y estabilización de la economía. Afirma también que es necesario mantener el tipo de cambio flotante, sin la intervención del Banco Central. La autoridad monetaria debe ser legalmente independiente del poder ejecutivo para que tenga la libertad de implementar la política monetaria que considere necesaria para el control de la inflación. En la práctica, tal independencia sería garantizada a través de mandatos fijos para el presidente de la institución, procedimientos claros para nombramiento y destitución de directores, entre otros.

En el tercer eje del programa (educación), la candidata del PSB expresa su deseo de reestructurar el Programa Más Educación para incluir la carga de estudio integral en toda la fase básica del ciclo escolar. Asimismo, anuncia su intención de crear más escuelas, invertir en la infraestructura de las ya existentes e incentivar nuevas metodologías de aprendizaje. Otra propuesta es acelerar la implementación del Plan Nacional de Educación, que prevé que el 10% del PIB sea etiquetado para el sector educativo.

Relacionado a los programas sociales (eje 4), la propuesta de gobierno principal de Silva contempla la continuidad del Programa Bolsa Familia, el mayor programa de transferencia de ingresos condicionados de Brasil y del mundo, tanto por la cantidad de familias beneficiadas, como por su abultado presupuesto anual. El objetivo de la candidata es incluir a las cerca de diez millones de familias brasileñas que cumplan con los requisitos del programa. En la salud, se plantea la implementación de la ley que vincula 10% del ingreso corriente del gobierno federal al financiamiento de acciones en el sector, como por ejemplo, la construcción de hospitales, maternidades, la ampliación del Sistema de Cuidado Móvil de Salud  y la reformulación del modelo de gestión del Sistema Único de Salud.

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El eje de movilidad urbana (eje 5) del proyecto de Silva y del PSB vislumbra la construcción de nueva infraestructura de metros, trenes y autobuses para atender las demandas de mejora en el transporte público. También se menciona que el gobierno federal financiaría la creación del “pase libre” para los estudiantes de la red de escuelas públicas y de bajo ingreso.

Por último, en el eje que versa sobre la ciudadanía (eje 6), el componente más novedoso fue también el más controversial. En la versión original del programa era claro el apoyo de la candidata del PSB a la aprobación del proyecto de ley que equipara los crímenes de discriminación de género a los crímenes de racismo, la eliminación de las barreras para la adopción de hijos por parejas homosexuales y el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo. Sin embargo, a menos de 24 horas de la publicación del programa original, el PSB anunció una nueva versión de la propuesta de gobierno en la cual se suavizó la redacción del texto. Por ejemplo, la expresión “apoyar propuestas en defensa del matrimonio igualitario” fue sustituida por “garantizar los derechos originados de la unión civil entre personas del mismo sexo”. A pesar de no reconocerlo públicamente, el cambio vino después de las fuertes críticas de los evangélicos, un grupo social de apoyo tradicional a Silva.

En su conjunto, el análisis de los seis ejes anunciados por el PSB dificulta la clasificación del programa según una línea ideológica claramente definida. Por un lado, la propuesta de política económica tiene un claro corte ortodoxo, cuyos mentores son Eduardo Giannetti da Fonseca y André Lara Resende, dos nombres ligados a las políticas privatizadoras de Fernando Henrique Cardoso. Por otro lado, la política social defendida es una herencia del gobierno de Lula y tiene un fuerte sesgo distributivo. El pragmatismo parece ser entonces la característica principal del programa de Silva.

Las posibles consecuencias para las relaciones de Brasil con Latinoamérica y el mundo

¿Qué significa tal pragmatismo programático para la política externa de Brasil? ¿Cuáles son las posibles consecuencias para las relaciones de Brasil con otros países de Latinoamérica y el resto del mundo en caso de una victoria electoral de Marina Silva? ¿En qué medida podemos esperar cambios sustantivos en la forma como Brasil defiende sus intereses nacionales? En respuesta a estas preguntas, hago unas breves reflexiones finales.

El pragmatismo programático de Silva se plasma en una propuesta de política exterior menos sesgada hacía Sudamérica y menos amistosa hacía los países participantes de la llamada Revolución bolivariana. Por cuestiones más político-ideológicas que económicas, los gobiernos de Lula y Rousseff se aproximaron a Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela, ya sea promoviendo a las empresas brasileñas en esos países y la celebración de foros de integración como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Para Silva es importante construir también una “agenda positiva” con otros países fuera de la región.

El programa de gobierno defiende una flexibilización de las reglas del Mercosur para que Brasil pueda realizar acuerdos bilaterales con otros países en caso de que no se adhieran a la idea los otros socios del bloque: Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Como ejemplo, el documento citó el acuerdo que negocia el bloque suramericano con la Unión Europea: “Las negociaciones iniciadas hace más de una década con el objetivo de una asociación con la Unión Europea permanecen inconclusas. No se llegó ni siquiera a examinar la real disposición del bloque europeo en reducir su proteccionismo agrícola, debido al rechazo de Argentina en converger con los demás miembros en cuanto a los productos a liberar y al periodo de desgravación”. En caso de una victoria de Silva, se podría esperar una integración regional con “negociaciones a dos velocidades”.

Asimismo, Silva propone una política de aproximación del Mercosur con la Alianza del Pacífico, bloque comercial integrado por Chile, Colombia, México y Perú. El bloque del Pacífico ha llamado la atención de muchos inversionistas alrededor del mundo por sus cifras conjuntas y potencial de crecimiento (constituye actualmente el 2.7% del PIB mundial y cerca del 35% del PIB latinoamericano). Para muchos analistas, se consolidó como una alternativa a otros bloques de la región de tendencias proteccionistas y adversas a la apertura, constituyéndose así como un contrapeso comercial al Mercosur. La propuesta de la candidata del PSB abre las puertas para la realización de oportunidades de negocios hasta hoy no materializadas.

Finalmente, la visión de política exterior de Silva conferiría al Estado brasileño mayor libertad para formar alianzas en el escenario internacional para defender sus intereses. Veríamos una continuación de la implementación de mecanismos de cooperación Sur-Sur pero al mismo tiempo la reconstrucción de una “agenda más positiva” con grandes potencias como Estados Unidos.

MARIANA MAGALDI DE SOUSA es profesora e investigadora en la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y analista principal de Maplecroft, empresa especializada en el análisis de riesgo político. Es licenciada en Relaciones Internacionales por el Claremont McKenna College, así como maestra en Economía y doctora en Ciencia Política por la University of Notre Dame. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (México) desde 2010.

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