El ‘Brexit’: ¿nueva tendencia mundial?

11 agosto, 2016 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 4235

Emmanuel Durand / AFP

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avatarDefault Christel Bade Rubio

Agosto 2016

Históricamente, los británicos han liderado algunos de los cambios más importantes del sistema internacional —entre ellos, la industrialización, el cambio al libre mercado y el desarrollo de los servicios financieros— y el Brexit parece continuar con esa tendencia. Lo que pasa en el Reino Unido es un reflejo de una transformación que ocurre en el mundo desde hace años y que plantea un panorama futuro incierto y francamente preocupante.

Se puede pensar en el mundo como un laboratorio y en el Reino Unido como la muestra a analizar. El análisis quizá derive en el descubrimiento de una enfermedad sin cura que se propaga por todos los medios. Algunos de los síntomas ya se conocen, pero la información disponible es insuficiente para realizar un diagnóstico o decidir qué tratamiento seguir; y tampoco es suficiente para descartar una enfermedad mortal.

No obstante, se tienen algunos datos que podrían ayudar a prevenir o limitar la propagación de la enfermedad. En primer lugar, se conoce la historia médica del paciente que proporcionó la muestra, ese que durante años gozó de excelente salud, al grado de sentirse único y excepcional. En segundo lugar, se sabe que el paciente fue negligente con sus síntomas, y que esto ocasionó la aparición de malestares internos que no fueron atendidos a tiempo; además de que el ambiente externo también contribuyó a debilitar su salud. En tercer lugar, el paciente acudió a consulta con médicos de cuestionable reputación que le mintieron sobre su situación y la mejor forma para salir de ella. Por último, el paciente ignoró las recomendaciones que le hicieron de buscar una solución común a su mal, y actuó de forma independiente y sin saber por dónde o cómo buscar. Así, no sorprende que el paciente haya caído en coma y que esté a punto de someterse a terapia intensiva, a la espera de que alguien lo salve.

Más allá de las analogías, la situación británica es desalentadora: el país está dividido, la situación económica es incierta y la crisis política tras la renuncia de quienes habían prometido velar por el bien de la población es grave. Es lamentable que David Cameron, principal instigador de toda esta debacle por una cuestión de poder político y electoral, haya sido el primero en desertar, aunque se entiende que lo hiciera después de no lograr su objetivo. Es menos lamentable, pero igual de desestabilizante, que el ahora Ministro del Exterior, Boris Johnson, rechazara suceder a Cameron después de haber sido “traicionado” por Michael Gove. Además, es indignante que el cínico de Nigel Farage haya renunciado a la presidencia del Partido de la Independencia del Reino Unido bajo el argumento de “haber cumplido sus objetivos políticos” y la necesidad de “recuperar su vida”.

Ante la incertidumbre generada por el Brexit, se han planteado todo tipo de preguntas sobre lo que podría ocurrir en el mediano y largo plazo: cuánto tiempo tardarán los británicos en activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar el proceso de salida de la Unión Europea y qué tanto van a presionar los otros 27 Estados miembros; quiénes van a conformar los equipos negociadores de ambos bandos y qué tanto debería la Unión Europea castigar al Reino Unido; qué tipo de acuerdo alcanzarán en las negociaciones: ¿acceso al mercado interior como Noruega, una unión aduanera como Turquía, un acuerdo de libre comercio, o nada formal? También es importante preguntarse qué consecuencias tendrá el Brexit para el proyecto de integración europea: ¿se generará un “efecto dominó”? ¿Se trata del inicio del fin de la integración? Ante el sinfín de posibilidades, a los analistas no les queda más que especular sobre las posibles consecuencias de la salida del Reino Unido para los británicos y para la Unión Europea. No obstante, existen algunas lecciones del Brexit que se pueden relacionar con las recientes tendencias mundiales y la transformación que está ocurriendo en el sistema internacional.

AFP PHOTO / JUSTIN TALLIS

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El poder de los medios y la desinformación

Desmenuzar una a una las razones por las que los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea es una tarea absurda e inasequible. Sin embargo, es un hecho que, en la mayoría de los casos, se trató de un voto desinformado en el que los medios de comunicación, las redes sociales y los líderes políticos influyeron enormemente.

Entender la Unión Europea no es sencillo, ya que, como alguna vez dijo Jacques Delors, se trata de un “objeto político no identificado” (OPNI) que no tiene paralelo en el mundo y que es tremendamente complejo. Esta característica de la Unión Europea se aprovecha para manipular a la opinión pública, como hizo la campaña del Leave cuando Johnson prometió destinar los supuestos 350 millones de libras de contribución semanal al presupuesto de la Unión para financiar el sistema público de salud, o las promesas de detener la inmigración al país para evitar que extranjeros se beneficien de los servicios públicos nacionales. Aunque quizá la herramienta más efectiva que se utilizó en contra de la Unión Europea fue el argumento de que “todo es culpa de Bruselas”: Bruselas decide, regula, impone y atenta contra la soberanía del Estado británico.

¿Cómo es que lo anterior marca una tendencia en el ámbito internacional? Basta solo con observar la campaña de Donald Trump en Estados Unidos para encontrar muchas similitudes con el caso británico (sin necesidad de recurrir al desgastado chiste del parecido físico entre Trump y Johnson): la amenaza de la inmigración, de mexicanos y sobre todo musulmanes; la idea de sustituir el “libre comercio” por un “comercio justo”; y la promesa de disminuir el desempleo y mejorar el sistema de salud, entre otras. Declaraciones populistas, en ocasiones sin base real, que buscan infundir el miedo en la población para ganar votos.

Descontento social y globalización

Una de las características del sistema internacional actual es que cada vez es más evidente el enorme descontento social que existe. Exacerbado por la crisis económica iniciada en 2008, es quizá uno de los elementos más preocupantes de la presente situación mundial porque contribuye al fortalecimiento de argumentos populistas y permite la radicalización de ideas y políticas. En el caso del Reino Unido, esto se evidenció con la campaña del Leave en tanto que se culpó a Bruselas de ser la causante de todos los problemas económicos de los británicos. El argumento es muy simple: la burocracia antidemocrática de Bruselas decide sin tomar en cuenta las necesidades reales de los ciudadanos; y la integración ha ocurrido en detrimento de las poblaciones más vulnerables de los Estados…

Adam Davies / LNPShutterSIPA

Adam Davies / LNPShutterSIPA

Con respecto a lo anterior, hacen falta dos precisiones. La primera es la creencia generalizada en la Unión Europea de que la antidemocrática Bruselas decide. La Comisión Europea no decide, deciden el Parlamento Europeo (electo directamente por los ciudadanos europeos) y el Consejo de Ministros (que representa a los gobiernos que los ciudadanos europeos eligieron). Además, la Comisión no es antidemocrática: el Presidente es elegido a partir de los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo, institución que también tiene que aprobar a la Comisión entera; y los Comisarios son designados por el Consejo Europeo, compuesto por los jefes de Estado y de gobierno de los Estados miembros, electos de forma democrática por sus ciudadanos.

La segunda se refiere a la integración en general. Culpar al proyecto europeo de afectar a poblaciones específicas en los Estados miembros es un sinsentido. Con esto no se pretende insinuar que en Europa no existen grupos vulnerables que tienen todo el derecho de demandar a sus gobiernos una mejoría de su situación. Lo que se intenta decir es que esta situación no se puede achacar a la integración europea como tal, ya que se trata de un fenómeno mundial ocasionado por la globalización y que no afecta nada más a los europeos. No obstante, esto se toma como argumento para utilizar a la Unión Europea como chivo expiatorio, ya que es más fácil culpar a Bruselas que asumir las responsabilidades propias.

Relacionada también con el descontento social, está la idea de que la opinión pública británica finalmente se rebeló en contra del establishment, considerado el principal responsable de la precaria situación en la que muchos se encuentran. Sin embargo, habría que notar que no se trata de una rebelión popular, sino de una lucha de poder dentro del mismo establishment. Para entender esto, no hace falta más que observar los antecedentes de los políticos y empresarios que apoyaron la campaña del Brexit; tendencia que además es observable en otros casos, como el Frente Nacional francés, el Partido por la Libertad neerlandés, y nuevamente Trump en Estados Unidos.

Integración europea y cooperación internacional

Para finalizar, es necesario abordar la idea del excepcionalismo británico. En el referéndum por la permanencia en la Unión Europea, la campaña del Leave insistió en que los británicos estarían mejor fuera, que su economía sería más fuerte y que finalmente podrían decidir su propio camino.

Aquí sería necesario precisar que, debido a la globalización, en la actualidad es inevitable para los países participar en el mundo. Los llamados Brexiteers aseguraron que ya no se tendrían que sujetar a las normas y regulaciones de Bruselas pero, ¿qué pasa con su participación en instituciones internacionales? Se debe tener cuidado con ese tipo de afirmaciones, porque en la cooperación internacional también hay que sujetarse a ciertas reglas, ¿o acaso los británicos piensan aislarse por completo del resto del mundo?

Aunado a lo anterior, y sin ánimo de hacer futurología, es lógico pensar que si el mundo sigue avanzando por este camino de creciente interdependencia, al Reino Unido le conviene más formar parte de un bloque económico y comercial fuerte para proteger sus intereses e intentar influir en el sistema internacional, que tratar de vivir bajo la ilusión del antiguo imperio británico. ¿Qué ocurrirá a continuación? Nadie lo sabe, pero si algo demostró el referéndum británico es que cualquier escenario, por muy irracional que parezca, es posible, y las señales de alarma ahí se encuentran.

CHRISTEL BADE RUBIO es doctora en Relaciones Internacionales e Integración Europea por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es Coordinadora Editorial de la columna “Foro Internacional Anáhuac en Excélsior”, de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México-Campus Norte. Además, es Coordinadora Académica del área teórico-metodológica de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la misma Facultad. Sígala en Twitter en @ChristelBade.

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2 Responses to El ‘Brexit’: ¿nueva tendencia mundial?

  1. Carlos Andres Garcia dice:

    Concuerdo totalmente con usted, cualquier escenario, por muy ridículo que pueda parecer, es posible.

  2. Phillipe dice:

    Pésimo articulo, U. Anáhuac, tengan un mejor claustro docente. Da vergüenza.

    Phillipe S. Estandeu
    Doctor en Relaciones Internacionales Y Diplomacia (MIR)

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