El altermundismo como vía ciudadana en la globalización

21 abril, 2016 • Reseñas • Vistas: 852

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El altermundismo como vía ciudadana en la globalización, Iliana Rodríguez Santibáñez, México, Porrúa, 2015, 199 pp., MX$160.00.

El innegable avance de la globalización plantea una amplia gama de retos y complejidades a nivel tanto teórico como práctico. Las normas jurídicas de antaño, que desconocían la interdependencia que ahora enfrentan los Estados, resultan tan inadecuadas como los viejos marcos conceptuales que insistían en dividir al mundo en polos de poder. En este contexto de confusión y de volatilidad de los conceptos se publica El altermundismo como vía ciudadana en la globalización.

Después una amplia revisión de la bibliografía especializada en Asuntos Internacionales y en Economía, Iliana Rodríguez traza un impecable mapa para comprender el entorno internacional en el que nos encontramos, así como el camino que nos trajo hasta aquí. La autora subraya que si bien es cierto que el crecimiento exponencial de los tratados internacionales que acercó al mundo respondía en un primer momento a intereses económicos y comerciales, los tratados con contenido eminentemente social no tardaron en cobrar una enorme relevancia. Quizá por este motivo en el libro se quiere responder una pregunta fundamental: ¿pueden incidir los movimientos sociales en el derecho nacional en un mundo tan globalizado?

Parece una pregunta sencilla; sin embargo, nada podría estar más alejado de la realidad. En el fondo, se encuentran en disputa conceptos aparentemente contradictorios como el de soberanía estatal —que emana de la Paz de Westfalia de 1648— o el de la jurisprudencia internacional que en ocasiones se espera de la Corte Internacional de Justicia. Comprender que no se trata de nociones antagónicas del derecho, sino de visiones complementarias requiere una extensa investigación y una minuciosa exposición. El altermundismo como vía ciudadana en la globalización posee ambas características y explica con claridad este complicado desafío.

Sin embargo, no es el marco teórico lo que hace de este libro una valiosa aportación a la bibliografía de las ciencias sociales: los resultados del estudio son igualmente relevantes. Con una base de datos de 100 movimientos sociales ocurridos desde 1996 y por medio de tablas y gráficas, la autora explica a qué se debe que las demandas promovidas tengan una incidencia significativa en el marco jurídico de los países.

Rodríguez también se ocupa de los movimientos indigenistas que tuvieron una marcada importancia durante la última década del siglo XX. Se trata de movimientos que, puesto que defendían un programa claro y principios universales, consiguieron generar cambios específicos en la normatividad jurídica de sus países. El caso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es interesante y la autora le dedica una sección completa.

No es fácil comprender el entorno actual. En ocasiones, las demandas ciudadanas parecen débiles ante los grandes intereses económicos de poderosas compañías internacionales. Sin embargo, como lo recuerda este libro, permitir el libre comercio no implica perder soberanía nacional y los ciudadanos no se encuentran huérfanos ante sus Estados. El resultado de los movimientos sociales depende en buena medida de su capacidad de comunicación y de la universalidad de sus demandas.

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