Brexit: un temblor con daños aún incuantificables

4 julio, 2016 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 3852

Escenarios inciertos frente a una sorprendente realidad

AP Photo/Geert Vanden Wijngaert

AP Photo/Geert Vanden Wijngaert

avatarDefault Jordi Bacaria Colom

Julio 2016

El resultado del referéndum del Reino Unido con un 51.9% a favor de abandonar la Unión Europea —el llamado Brexit—, ha sido como un temblor con epicentro en Inglaterra con impacto en el continente europeo y al que le han sucedido distintas réplicas y riesgos de tsunamis en distintas partes del mundo. En un ambiente de especulaciones, análisis de expertos, emociones y manifestaciones, nadie puede decir en concreto cuáles serán las consecuencias a medio y largo plazo tanto en el Reino Unido, como en la Unión Europea y en el resto del mundo. Pero habrá consecuencias. A corto plazo los ha habido con reacciones bajistas en los mercados de valores y fuerte depreciación de la lira esterlina, aunque menores en el euro. Sin embargo, los impactos a corto plazo, si bien tienen su explicación en la toma de posiciones en los mercados financieros, los impactos a medio y largo plazo sucederán en la medida que se vayan produciendo ciertos acontecimientos.

En el Reino Unido, la fuerte división electoral y con mayoría de votos a favor de permanecer en Escocia e Irlanda del Norte, está produciendo distintas fracturas que pueden conducir a situaciones políticas y sociales de difícil control. Las generaciones jóvenes partidarias de la permanencia se enfrentan a las de más edad que han preferido el Brexit. Escocia plantea mantenerse dentro de la Unión Europea en una ecuación complicada de resolver, que solo sería posible con un nuevo referéndum de secesión difícilmente aceptable a corto plazo por cualquier gobierno conservador o laborista. Irlanda del Norte, integrada gracias a la libre circulación de bienes y personas con la República de Irlanda, puede plantear su unificación con el sur. Por otra parte, los grandes partidos tradicionales, laboristas y tories que hicieron ambiguas campañas a favor de permanecer en la Unión Europea, están internamente divididos. El primer ministro David Cameron ha anunciado su dimisión y también Boris Johnson conservador pro Brexit ha dimitido. Jeremy Corbyn rechaza la dimisión que le piden sus compañeros de la dirección laborista. El único ganador del referéndum, el populista Nigel Farage, también ha presentado su dimisión como líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), aunque quiere mantener su curul en el Parlamento Europeo para negociar desde allí la salida.

La verdadera incógnita actualmente es en qué momento se pone en marcha el contador del Brexit y como se producirá. A pesar de los movimientos que piden una repetición del referéndum, con una cierta legitimidad por la manera en que se formuló la campaña electoral a favor del Brexit, es poco probable que esto suceda. En consecuencia, el próximo primer ministro, deberá invocar el artículo 50 de Tratado de la Unión Europea (TEU). El artículo 50 prevé que todo Estado miembro pueda dejar la Unión Europea y establece que el Estado deberá notificar su intención al Consejo Europeo para negociar la forma de su retirada. Los tratados dejan de aplicarse para el Estado miembro que sale a partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los 2 años de su notificación, salvo si el Consejo Europeo por unanimidad, de acuerdo con el Estado, deciden prorrogar dicho plazo.

Reuters

Reuters

De acuerdo con el artículo 50 del TEU, el Reino Unido podría solicitar la retirada inmediatamente y esto es lo que han pedido algunos líderes de la Unión Europea, o podría negociar la forma de retirada que podría incluir un acuerdo de asociación entre el Reino Unido y la Unión Europea. La diferencia está pues entre una salida abrupta o una suave. Esta última solución parece, por el momento, que es la preferida por el Reino Unido y por algunos líderes de la Unión Europea, entre las cuales Angela Merkel ha pedido calma. En este segundo escenario, habría que negociar el tipo de acuerdo que regiría después de la salida. Sin embargo la Unión Europea no está dispuesta a que un futuro acuerdo sobre el acceso al mercado único europeo no contemple la libre circulación de personas. Este punto ha sido la base para gran parte de la argumentación de los defensores del Brexit.

Entre los posibles escenarios de una salida suave, se han barajado las posibilidades de un acuerdo tipo Noruega o Suiza, que incluyen la libre circulación de personas. Por el momento, se descarta que un acuerdo como el Acuerdo Económico y Comercial Global CETA de la Unión Europea con Canadá —que es de libre comercio e inversiones— sea aceptado por la Unión Europea como futura relación con el Reino Unido. En los escenarios de posibles acuerdos de salida no hay que olvidar que, además de las relaciones económicas, también va a jugar un papel importante la estrategia de seguridad en el continente europeo y en el mundo. La presencia y participación del Reino Unido en el ámbito de la seguridad internacional es lo suficientemente importante como para que la Unión Europea deba considerar esta variable como relevante en la negociación y sobre todo evitando una fractura interna del Reino Unido. Algo habrá que sacrificar para poder hacer frente, de manera efectiva, a los riesgos y desafíos crecientes de la seguridad internacional.

Las primeras “réplicas del temblor”

En todo caso, aunque el movimiento de salida, desde el lado británico, todavía no se ha producido formalmente (hasta el momento no se ha entregado la notificación oficial), ya se empiezan a producir las primeras consecuencias de las tomas de posiciones en el mundo financiero hacia plazas continentales. Otros efectos han sido, por ejemplo, el traslado de la agencia de la Autoridad Bancaria Europea y de otras agencias de la Unión Europea establecidas en el Reino Unido; empresas aéreas, como Easyjet, solicitaron el certificado de Operador Aéreo fuera del Reino Unido; los funcionarios británicos de la Unión Europea que, a pesar de ciertas garantías sobre su continuidad, deberían cambiar su residencia para cumplir con su condición de ciudadanos de la Unión Europea; los británicos expatriados en países europeos, como en el caso de España donde hay unos 800 000 que ven incierto su futuro en cuanto a sus inversiones, su atención sanitaria hasta ahora gratuita y sus pensiones británicas (ahora con pérdida de capacidad adquisitiva por la depreciación de la libra). Las decisiones privadas y públicas frente a la salida y la fractura política y social en el Reino Unido, obligarán sin duda a una decisión rápida y formal del gobierno británico si no quiere que la incertidumbre produzca consecuencias más negativas.

Por el lado de la Unión Europea, el impacto no esperado del Brexit está siendo intenso y puede conducir o a una reacción de mayor velocidad en la integración económica y sobre todo política, o a una desintegración si los movimientos populistas ganan posiciones en algunos los Estados nacionales y exigen referéndums, o los ganan en el Parlamento Europeo e inician desde allí un movimiento de desintegración. El gran revuelo e impacto del Brexit se debe a la delicada situación de la Unión Europea como resultado de la gran crisis y por el peso económico y político del Reino Unido.

REUTERS/Francois Lenoir

REUTERS/Francois Lenoir

Europa dividida

Hasta ahora no se había registrado la salida de un Estado de la Unión Europea, aunque no es el primer caso de salida de una parte del territorio. Por ejemplo, en 1985, Groenlandia dejó la Comunidad Europea al formar parte del territorio de Dinamarca. Por su parte, Argelia figuraba como departamento francés en el Tratado de Roma de 1957, pero tras su independencia en 1962 dejó de formar parte de la Comunidad Económica Europea, aunque su salida se formalizó hasta que se redactó el Tratado de Maastricht de 1992. En el referéndum de Suecia de 2003, se rechazó formar parte del euro siendo obligatorio por el Tratado y no por ello la Unión Europea consideró que era explícitamente una opción de salida, condición que se daría solo en el caso de que Suecia cumpliera con las condiciones para adoptar el euro.

También ha habido casos complejos de adhesión, como la reunificación de Alemania en 1990, que fue una integración pragmática de un nuevo Estado como parte de la República Federal de Alemania, Estado miembro de la Comunidad Europea. Chipre en 2004 se unió a la Unión Europea como una isla dividida de facto, pero toda su superficie es territorio de la Unión Europea, los turcochipriotas son ciudadanos de la Unión Europea, ya que son considerados ciudadanos de un país de la Unión Europea (la República de Chipre), incluso aunque vivan en una parte de Chipre que no esté bajo el control gubernamental. Como se puede ver, se han implementado distintas soluciones en cada momento, aunque siempre con el acuerdo de los Estados miembros; una gran diferencia con la situación actual ya que el Reino Unido no será Estado miembro.

Los efectos mundiales

Finalmente, en otras partes del mundo (entre ellas México) se pueden presentar distintos tipos de impacto. El más importante es que hasta ahora el Reino Unido como Estado miembro formaba parte de todos los acuerdos de libre comercio e inversiones de la Unión Europea con terceros países, así como de importantes acuerdos como el de Corea, el CETA con Canadá (pendiente de ratificación), o de acuerdos que aún se están negociando, como el de Japón y el TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión). Entre estos acuerdos está el vigente acuerdo entre México y la Unión Europea del que también se ha iniciado la negociación para su actualización. Así pues, a partir del momento en que el Reino Unido no esté en la Unión Europea, queda fuera de todos los acuerdos de comercio e inversión. Si bien el Reino Unido podrá negociar con todos los países que desee, esta operación no es rápida. En el escenario de salida abrupta, el Reino Unido tendrá otras prioridades y negociará en primer lugar tratados con los países que sean de mayor interés económico y estratégico. En el escenario de 2 años de negociación de salida, si el Reino Unido sigue como Estado miembro, durante este periodo no podría negociar con países terceros por formar parte todavía de la Unión Europea. En ambos supuestos habrá un impacto en el Reino Unido, aunque también en los países que ahora acceden al mercado británico como parte del mercado único europeo sin aranceles o viceversa, cuando el Reino Unido accede a los mercados de los países socios de la Unión Europea.

La falta de respuestas ante la realidad del Brexit impacta en la economía mundial y puede generar una nueva recesión que afecte también a las economías emergentes. De momento el refugio en el dólar y en la adquisición de bonos del tesoro estadounidense, puede acentuar la depreciación de las monedas de las economías emergentes. Esto implica aumentos del tipo de interés para frenar la depreciación cambiaria, así como ajustes presupuestarios si se quiere lanzar un mensaje de no aumentar la deuda. Esta respuesta también implica un menor crecimiento para las economías emergentes si no consiguen atraer capital.

Los británicos en su elección de salida de la Unión Europea han querido preservar su soberanía fuera del marco de las regulaciones europeas, para vincularse directamente al mundo y controlar por su cuenta los flujos migratorios y de refugiados. El camino elegido, además de ser de alto riesgo para todos, es de incierto éxito para el Reino Unido. La realidad es que con el Brexit existen demasiadas incertidumbres, no se conocen las secuencias de los hechos previsibles ni las derivadas de sus múltiples reacciones en cadena.

JORDI BACARIA COLOM es profesor catedrático de Economía Aplicada en la Universitat Autònoma de Barcelona, Director de Foreign Affairs Latinoamérica y del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB). Sígalo en Twitter en @bacaria_jordi.

Tags:, , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando…