Bolivia tendrá Evo para rato

10 octubre, 2014 • Artículos, Latinoamérica, Opinión, Portada, Regiones • Vistas: 2176

El panorama de unas elecciones sin sorpresas

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Octubre 2014

El próximo domingo 12 de octubre de 2014 se celebrarán elecciones presidenciales y legislativas en Bolivia. Si bien no habrá sorpresas en el resultado —todo mundo espera que Evo Morales consiga la “re-reelección” y que no sea necesaria una segunda vuelta—, hay algunos aspectos que han despertado interés sobre el proceso electoral a punto de concluir. Mi reflexión abordará tres aspectos: la polémica sobre la legalidad de una nueva postulación de Morales a la Presidencia, los perfiles de los candidatos y las temáticas de la campaña.

El debate constitucional

Desde el arribo de Evo Morales a la presidencia en enero de 2006, lo que se ha visto en Bolivia es un crecimiento exponencial de las capacidades de gobierno —la denominada gobernanza— por parte del otrora líder sindical cocalero. Los recursos políticos que acumuló desde su primer gobierno le permitieron —no sin ciertas resistencias opositoras— conseguir una reforma política que llevó a la refundación del orden jurídico en Bolivia.

De esta forma, tras la celebración de la asamblea constituyente de 2009, se promulgo —previo a un referéndum popular— la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia. Algo que caracterizó —correctamente a mi juicio— al nuevo orden constitucional, fue el reconocimiento de una serie de derechos para la población indígena. Por contextualizar la relevancia del componente indígena, la mayoría de la población del país pertenece al grupo quechua o aimara. En ese entendido, no parece una concesión gratuita que la Constitución reconozca a las 37 lenguas indígenas originarias de Bolivia como idiomas oficiales, que los empleados públicos deban dominar algún otro idioma indígena al castellano o que se reserven escaños —siete, pocos ciertamente— en la Cámara de Diputados para representantes de grupos indígenas o campesinos electos por los usos y costumbres de grupos minoritarios, sino apenas actos de justicia para compensar a la mayoritaria población indígena a la que el histórico orden político le había dado la espalda. Pero vamos poniendo cada cosa en su lugar.

La refundación del orden estatal supone también el proceso de consolidación del proyecto hegemónico de Evo Morales (y el siguiente paso en esa ruta se dará el próximo domingo). En esa lógica, fue fundamental la Declaración Constitucional Plurinacional número 003/2013 del 25 de abril de 2013, emitida por el Tribunal Constitucional Plurinominal, por la que se determinó que era posible una nueva postulación de la fórmula Evo Morales-Álvaro García Linera (respectivamente a la presidencia y vicepresidencia), para un segundo periodo de gobierno, dado que el primero empezó con la refundación del Estado boliviano en 2009. En esa lógica, y dado que el nuevo orden —mañosamente— es interpretado como diferente al preexistente, el tribunal constitucional boliviano determinó que se trataba de una nueva era jurídico-política basada en la refundación del Estado, y que no se debería aplicar retroactividad en prejuicio de Morales y García Linera.

Cabe mencionar que dicho tribunal se pronunció sobre la Ley de Aplicación Normativa (y uno de sus artículos se refería a la repostulación de Morales y García Linera). No obstante, el pronunciamiento del tribunal solo los benefició a ellos, ya que salvo en el caso de la Presidencia y la Vicepresidencia, los mandatos anteriores a la vigencia de la Constitución de 2009 tendrían que ser considerados a efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones (o sea, los emanados de las elecciones de diciembre de 2005 para iniciar en enero de 2006). Más aún, para poner paños fríos para que avanzaran las negociaciones de la reforma constitucional, fue fundamental la declaración de Morales de que no buscaría una nueva reelección para el periodo electoral actual.

Los candidatos

Si bien el presidente Morales arrancó la campaña electoral con una amplia ventaja, en un principio en la contienda estaban en carrera cuatro candidatos más: Samuel Doria Medina (Coalición Unidad Demócrata), Jorge “Tuto” Quiroga (Partido Demócrata Cristino), Juan del Granado (Movimiento sin Miedo) y Fernando Vargas (Partido Verde de Bolivia).

Atendiendo a un análisis somero de las encuestas que reportaron Captura Consulting e Ipsos del arranque del proceso, las preferencias daban al menos 50% de la intención de voto a Evo Morales, mientras que Samuel Doria Medina era el “ganador Condorcet”, es decir, la segunda mejor opción en la opinión de los encuestados. Con todo, si se hubiera integrado desde el principio de la campaña un bloque opositor contra Morales liderado por Doria Medina, igual no hubiera alcanzado. ¿Quiénes son los opositores a Morales?

EFE

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Samuel Medina Doria es un viejo conocido de Morales, al menos en las boletas electorales, pues ya compitió sin éxito en las elecciones presidenciales de 2005 y 2009. Además, fue Ministro de Planeamiento y Coordinación en el gobierno de Jaime Paz Zamora y como empresario ha estado al frente de la prominente Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce), líder del ramo en el país. En 1995 fue secuestrado por el grupo terrorista peruano Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Su candidatura fue postulada por Unidad Demócrata, de centro-derecha. En definitiva, Medina Doria es el opositor mejor posicionado aunque, se insiste, se ve lejos de Morales y con bajas posibilidades de ganar.

Por su parte, Jorge “Tuto” Quiroga es un político ampliamente conocido en Bolivia. Fue compañero de fórmula de Hugo Banzer —sí, aquel dictador que dejó un legado destructivo entre 1971 y 1978, y que volvió a gobernar Bolivia tras haber ganado en elecciones de 1997— para el periodo de gobierno que tenía que correr de 1997 a 2002. Tras la renuncia de Banzer, Quiroga se convirtió en presidente entre agosto de 2001 y agosto de 2002. Para esta elección fue postulado por el Partido Demócrata Cristiano, otra alternativa de centro-derecha. Su experiencia previa en el gobierno boliviano genera polarización entre los sectores más leales al grupo gobernante.

Juan del Granado, candidato del Movimiento sin Miedo (MSM), es un abogado muy conocido en el país que ha encomendado sus posibilidades electorales a la defensa de los derechos humanos. Anteriormente, fue militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y denunció el llamado “Pacto por la Democracia”, suscrito por Hugo Banzer y Jaime Paz Zamora, para que este último pudiera gobernar. Fue electo en dos ocasiones como alcalde de La Paz y uno de los aliados del gobierno de Morales, hasta que en 2010 decidió postular candidatos propios por parte del MSM para las elecciones municipales celebradas aquel año.

En suma, a pesar de las diversas protestas sociales y resistencias regionales que han confrontado al gobierno de Morales, resulta paradójico que estos movimientos no se hayan transformado para integrar cuadros partidarios que nutran a la oposición y que podrían permitirle contar con una importante —si bien dispersa— base social.

La agenda de campaña

Es interesante observar que, aunque la tónica general de la campaña ha tenido como referente a la economía, a grandes rasgos no se ha propuesto ningún cambio sustantivo de modelo entre los contendientes electorales. Probablemente, eso tenga que ver con el crecimiento sostenido que ha tenido el PIB boliviano en la década del gobierno moralista, pese al bache derivado de la crisis internacional de 2009, que eventualmente se recuperó hasta alcanzar un crecimiento económico de 7% en 2013, una cifra récord para el país.

Tras la larga serie de nacionalizaciones, expropiaciones, participación mayoritaria estatal en diversas empresas y demás modalidades adoptadas por Morales para convertir el Estado no solo en el rector, sino en el principal agente económico en Bolivia, algo que se escucha a menudo es que el gobierno no sabe qué hacer —ya sea por falta de inversión o de tecnología— con las empresas recuperadas. Curiosamente, de ahí se sigue que la propuesta de campaña de los opositores no gire en torno a un cambio draconiano de la economía, sino en imaginar propuestas para mejorar la distribución del ingreso en beneficio de una parte muy significativa de la población que aún vive en condiciones muy precarias.

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Reuters

Respecto de su discurso de campaña, el presidente Morales parece apelar a dos auditorios distintos. Por un lado, ha optado por rivalizar con los opositores externos. En concreto, se ha esforzado por una estrategia de denuncia al imperialismo, al gobierno estadounidense y a Barack Obama, así como a los intereses mezquinos de las empresas trasnacionales, un rosario que ha dado lugar a su propio “bloque del mal”.

Por el otro, tras hacer la conexión externa con el elemento interno, caracteriza a sus opositores como patiños de estas amenazas extranjeras. De hecho, la fecha misma de la celebración de la primera vuelta de las elecciones no fue una decisión al azar. El 12 de octubre, día “del descubrimiento de América” o del “encuentro de dos mundos” —como se quiera ver—, tiene en Bolivia tintes polarizantes por la explotación histórica a la que ha sido sometida la mayor parte de la población indígena.

A final de cuentas, lo que atestiguaremos el domingo será el triunfo del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, el vehículo electoral del Movimiento al Socialismo, el partido gobernante. Este triunfo no solo llevará a una segunda reelección de Evo Morales como presidente y de Álvaro García Linera como vicepresidente, además incrementará su respaldo legislativo. Con ello, se dará un paso más en el proceso de consolidación del proyecto hegemónico de Morales, quien será presidente del Estado Plurinacional de Bolivia al menos hasta 2020.

HORACIO VIVES es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano. Actualmente, es profesor del Departamento de Ciencia Política del ITAM. Sígalo en Twitter en @HVivesSegl.

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