Una receta para el desastre

18 noviembre, 2015 • Artículos, Medio Oriente, Portada • Vistas: 4049

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La guerra siria de los alimentos

avatarDefault José Ciro Martínez y Brent Eng

Noviembre 2015

Mucho se habla de la escalada militar reciente de Rusia en el conflicto sirio, pero poca atención se le da a las operaciones humanitarias de Moscú en el país o a las estrategias políticas que animan estas acciones. Por este motivo, el arribo de asistencia rusa a la ciudad de Latakia a principios de septiembre −como lo demuestran las imágenes difundidas por medios gubernamentales− debe ser motivo de reflexión. No debemos olvidar que la ayuda humanitaria juega un papel político muy importante en la guerra civil en Siria.

Existen pruebas de que la ayuda alimentaria de emergencia ha tenido consecuencias no intencionadas en Siria. Por ejemplo, activistas de la oposición en Latakia sostienen que las oficinas municipales de la Media Luna Roja se han convertido en focos de comercio ilícito en donde las milicias que apoyan al régimen de Bashar al Assad venden y sacan provecho económico de las donaciones. Además, los abastecimientos más valiosos se distribuyen principalmente en territorios bajo el control de al Assad. Por este motivo,  los desplazados internos que huyen de la violencia en Alepo, Homs e Idlib reclaman que han recibido poco de la ayuda humanitaria destinada a aliviar sus necesidades más apremiantes.

El problema se debe a que la gran mayoría de las organizaciones humanitarias que operan en Siria han sido cooptadas por el régimen de al Assad, quien escoge los grupos que pueden distribuir ayuda en el país. De hecho, una evaluación reciente del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU concluye que la organización accedió a las peticiones del gobierno para “maximizar el acceso” a personas y comunidades vulnerables. El resultado desconcertante, como lo admite el propio PMA, es que el gobierno sirio ha conservado la capacidad de controlar el trabajo de las agencias humanitarias en los territorios bajo su poder, restringiendo el acceso a aquellas zonas que no lo están.

Los infortunios del PMA en Siria son una manifestación significativa de cómo la ayuda humanitaria, supuestamente neutral, se convierte en una herramienta política que fortalece al régimen al Assad. Así es como, a lo largo del conflicto, la alimentación ha demostrado ser un medio ventajoso para incrementar el apoyo, promover la conformidad y sancionar los enemigos del gobierno. Y gracias a la ayuda humanitaria, el régimen de al Assad puede tomar estas acciones sin desviar recursos de sus esfuerzos militares.

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El destino de los recursos humanitarios no es una preocupación baladí en un conflicto marcado por niveles alarmantes de escasez. Carencias severas de petróleo y de maquinaria de agricultura, combinadas con la violencia y con fuertes daños a la infraestructura, han llevado a la producción alimentaria del país a estar un 40% debajo de los promedios anuales previos al conflicto. Junto al colapso de la economía siria, esto ha llevado a un alza significativa en los precios de alimentos básicos. En este sentido, un informe reciente de la ONU encontró que las familias sirias gastan más de la mitad de sus escasos ingresos en alimentos.

El régimen de al Assad seguirá usando su acceso a recursos externos para mantenerse en el poder. Junto a su monopolio sobre la gran mayoría de la ayuda humanitaria, el gobierno sirio ha usado repetidamente una línea de crédito de 3600 millones de dólares, extendida por Irán para recabar ofertas comerciales: no para comprar armas ni mercenarios, sino para adquirir trigo. A principios de julio, el régimen prometió usar una segunda línea de crédito iraní de 1000 millones de dólares para asegurar el flujo de materiales de primera necesidad. Esto solo le proveerá al régimen de un mayor apalancamiento sobre los agotados y hambrientos habitantes del país.

Hoy, el régimen de al Assad y el Estado Islámico se han convertido en las dos fuentes recurrentes de alimentación, una ventaja que usan a su favor. Por este motivo es que los habitantes de todo el país han huido a territorios controlados por estas dos fuerzas, que componen un 75% de la superficie territorial de Siria.

Vice News

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Ocasionalmente, partidarios extranjeros de los rebeldes han tratado de llenar el vacío en áreas bajo el control de la oposición. Por ejemplo, Qatar ha llevado harina a las afueras de Homs y Damasco para la producción del pan durante los últimos mes. Además, a principios de septiembre, Turquía envío 1200 toneladas de harina a un consejo de gobierno municipal de la oposición en Idlib con miras a donar 10 000 más. Finalmente, el gobierno de Arabia Saudita está involucrado en proyectos similares.

Pese a que estas acciones sean una buena noticia, resultan a todas luces insuficientes. De hecho, aunque estas aportaciones pueden aumentar el apoyo a las fuerzas rebeldes y resolver urgentísimas necesidades humanitarias en áreas olvidadas por el régimen de al Assad, son espontáneas y sin organización ni consistencia.

Desde el principio del conflicto, la oposición moderada ha carecido de los medios para combatir a las fuerzas del régimen de al Assad, que recibe abundante ayuda militar de sus aliados Irán y Rusia. Por este motivo es que han sufrido a causa de la falta de armas. Sin embargo, los grupos rebeldes también han estado carentes de alimentos, tanto para sus milicianos como para los habitantes locales. Estas carencias fomentaron  apoyo al Estado Islámico en ciertas partes del país, ya que esta organización se distingue por los servicios que brinda en los territorios bajo su autoridad.

Las fuerzas occidentales opuestas al gobierno sirio y el Estado Islámico se han enfocado tanto en armar a los rebeldes moderados que olvidan que hay que alimentar diariamente a las poblaciones bajo su control. A medida que la pobreza y los niveles de inseguridad alimentaria asciendan, la población civil transferirá sus lealtades políticas a aquellas fuerzas capaces de asegurar sus necesidades básicas.

Si mermar la capacidad del Estado Islámico y proporcionar una solución política al conflicto es la meta, proveer programas de asistencia social en los territorios bajo el control de la oposición moderada debe ser el primer paso a tomar. La política exterior de aquellos gobiernos opuestos tanto al Estado Islámico como al régimen al Assad debe desarrollar un nivel mayor de eficacia y sofisticación política.

JOSÉ CIRO MARTÍNEZ es estudiante doctoral en Ciencias Políticas y becario de la fundación Bill and Melinda Gates en la Universidad de Cambridge. BRENT ENG es un periodista independiente ubicado en Amán.

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