¿Una misión de paz sudamericana para Colombia?

23 abril, 2015 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 6225

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Abril 2015

La ronda de diálogos entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) atraviesa su peor momento. Un inesperado ataque contra una unidad del Ejército en el departamento de Cauca dejó un saldo de 11 bajas militares. En retaliación, el presidente Juan Manuel Santos ordenó revertir la suspensión de los bombardeos sobre los campamentos rebeldes.

Solo unos días antes de la ofensiva, los resultados preliminares de la negociación en La Habana invitaban al optimismo. La tregua unilateral era respetada. El gobierno y las FARC coincidían en la marcha por las víctimas organizada para el 9 de abril de 2015. Para fortuna de sus simpatizantes, el diálogo se encuentra herido pero no muerto. Santos llamó a “canalizar esa rabia hacia soluciones productivas” mientras que representantes de la guerrilla pidieron mantener las negociaciones. Los próximos días serán claves.

¿Es posible estabilizar la situación en el terreno para facilitar las tratativas en La Habana? Incidentes imprevistos como el de Cauca amenazan con descarrilar las negociaciones. El punto es encontrar mecanismos para reducir la ocurrencia de instancias que potencialmente deriven en encontronazos violentos. En estas condiciones, sería muy provechoso contar con un árbitro externo con la capacidad para identificar irregularidades y desactivar altercados antes de que escalen es un planteo sobre el que vale la pena ponderar.

 

Fuerza de Paz Cruz del Sur

Al recoger estas inquietudes, el Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y Expresidente de Colombia, Ernesto Samper, sugirió que una misión de paz mediara durante la etapa de negociación y, posteriormente, desmovilización. Lo que llama la atención de la propuesta de Samper es que haya indicado que se debería tratar de una fuerza de paz “regional”, pero no se estaba refiriendo a un emprendimiento improvisado entre los miembros de UNASUR. Samper nombró a una entidad existente que ya cuenta con su propio Estado Mayor, doctrina operativa y ejercicios militares periódicos: la llamada Fuerza de Paz Cruz del Sur.

http://unasursg.org

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Esta Fuerza de Paz es una brigada conjunta y combinada comandada por Argentina y Chile. La primera de su tipo en Sudamérica fue establecida en 2007 con el propósito de actuar en operaciones de paz de los capítulos VI y VII de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Está compuesta por contribuciones equitativas de tropas argentinas y chilenas y cada país asume la comandancia de la unidad de manera rotativa cada 6 meses. Además, cuenta con componentes terrestres, navales y aéreos, sumando un contingente total de entre 1000 a 1400 uniformados. Posteriormente, su ejemplo fue replicado, aunque en menor escala, por las compañías de ingenieros militares “Libertador Don José de San Martín” entre Argentina y Perú, CHIECUENGCOY entre Chile y Ecuador y una nueva unidad combinada recientemente anunciada por Perú y Uruguay.

 

Capacidades

La participación de la Fuerza de Paz Cruz del Sur cuenta con tres argumentos a favor. Primero, fue diseñada para operar como una unidad de reacción rápida. La idea es la de reducir el tiempo entre el momento en el que la misión es autorizada y finalmente emplazada en el terreno. Experiencias anteriores demostraron que las violaciones más groseras se producen antes de que arriben los cascos azules de la ONU. En otras rondas de diálogo similares a la colombiana, gobierno y rebeldes coincidieron en exigir que se emplazara una fuerza internacional mediadora lo antes posible. En el caso de Guatemala, este pedido se presentó incluso antes de que se firmara el acuerdo final. Para atender esta eventualidad, Cruz del Sur se encuentra entrenada y equipada para relocalizarse en cualquier parte del mundo en menos de 90 días.

Segundo, Cruz del Sur tiene la suficiente credibilidad para presentarse como un mediador efectivo y lo suficientemente neutral. El papel vital cumplido por Noruega en la ronda de La Habana es testigo de cómo terceras partes comprometidas pueden hacer su contribución. Samper también señaló que esta es una fuerza “sin ningún tipo de compromiso hegemónico” de la cual difícilmente se pueda sospechar de estar influenciada desde Washington. Por último, la Fuerza de Paz Cruz del Sur recoge la rica experiencia argentina y chilena en operaciones de paz. A lo largo de estos años, sus tropas se fueron perfeccionando para cumplir con un amplio espectro de tareas militares y de asistencia civil.

En ese sentido, el gobierno y las FARC podrían dar su beneplácito y optar entre dos tipos de misiones. La primera es una misión de paz tradicional como MINAGUA, registrada en Guatemala en 1997. En esta, los cascos azueles se posicionaron y separaron físicamente a la guerrilla y a las fuerzas armadas, reduciendo la posibilidad de que se produjeran choques. Así, supervisaron e identificaron irregularidades en el cumplimiento del acuerdo.

Por otra parte, en una misión multidimensional la fuerza internacional se involucra más intensamente para implementar un acuerdo más ambicioso. En el caso de la misión ONUSAL, registrada en El Salvador entre 1991 y 1995, los cascos azules no solo supervisaron la paz entre las partes sino que también organizaron comicios electorales, reformaron a los cuerpos policiacos y establecieron emprendimientos productivos.

 

Desafíos

El análisis estratégico sería incompleto si no se consideran tres desafíos que enfrentaría la misión. Para empezar, existen serias interrogantes sobre la efectividad operativa de Cruz del Sur. Esta unidad fue ideada originalmente para actuar en Haití, un país isleño notoriamente desforestado. En cambio, la geografía colombiana está constituida por amplias extensiones de selva espesa y topografía accidentada. Es un terreno inhóspito para fuerzas convencionales, pero conductivo para la acción de guerrillas y de otras fuerzas irregulares. Las dificultades aumentan cuando se considera el reducido número de tropas disponibles: 1400 en el mejor de los casos.

Segundo, es difícil imaginar que Cruz del Sur pueda ser desplegada por fuera del esquema de la ONU. A pesar de que esta última alienta a que las organizaciones regionales asuman mayores responsabilidades conduciendo operaciones de paz, los pocos casos donde se llevaron a cabo misiones sin su autorización explícita fueron una anomalía.

Flickr Ministerio de Defensa

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Además, la reglamentación interna de Cruz del Sur indica que solo puede ser activada con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU y luego corresponde a Argentina y a Chile acceder al pedido. Dado que Estados Unidos, los otros miembros del Consejo de Seguridad y la burocracia de la ONU participan formalmente en la negociación del mandato (objetivos y medios disponibles para la misión) y las Reglas de Enfrentamiento (procedimientos autorizados a los cascos azules en el terreno), la pretensión de Samper de una misión libre de influencias extraregionales se diluye.

Por último, falta saber si Argentina y Chile estarían dispuestos a autorizar el envío de Cruz del Sur a Colombia. Las evidencias en este sentido son ambiguas. Las misiones de paz están perdiendo prioridad en las agendas de política exterior de ambos países. Hace pocos meses anunciaron el retiro de sus respectivos contingentes desplegados en la misión MINUSTAH que se desarrolla en Haití y no hay indicios de que estén dispuestos a participar en nuevas operaciones de paz. Significativamente, la Fuerza de Paz Cruz del Sur nunca fue utilizada para su propósito original. Su traslado a Haití fue consistentemente postergado durante años sin llegar a materializarse.

Perspectivas

La propuesta de Samper representa el interés de UNASUR por posicionarse como una instancia de resolución de conflictos dentro de Sudamérica. Aunque hasta ahora, el organismo no tuvo la oportunidad de participar como mediador en los diálogos de paz en Colombia, espera hacerlo en el futuro.

Mientras tanto, la Fuerza de Paz Cruz del Sur requiere de modificaciones para lograr un desempeño óptimo. Gracias a su carácter como institución abierta, permite el ingreso de otros países de la región dentro de su estructura orgánica. Esta es una ventaja que debería ser aprovechada. Los candidatos más visibles son Brasil y Uruguay. De hecho, el Ministro de Defensa brasileño declaró que ya se iniciaron tratativas formales en esa dirección. Además, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay tienen una trayectoria de cooperación en otras misiones de paz. Incluso, fueron los primeros sudamericanos en enviar efectivos y establecer mecanismos de consulta sobre Haití.

La región cuenta con los elementos y la plataforma institucional desde la cual coordinar una política común de operaciones de paz. Ante cada caso que se presente, los gobernantes sudamericanos deberían seriamente acordar objetivos claros, interpretar las probabilidades de éxito de la misión y definir qué nivel de costos estarían dispuestos a pagar. A partir de ahí, UNASUR depende de la voluntad política e inventividad de sus miembros para contribuir a la paz y estabilidad en Colombia.

PABLO SCUTICCHIO es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Di Tella. Se desempeña como docente en la Universidad Di Tella y en la Universidad de Buenos Aires. Sígalo en Twitter en @PabloScuticchio.

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