Proyectos de recuperación urbana

30 marzo, 2016 • Artículos, Asuntos globales, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1682

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Lecciones de la Ciudad de México

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Marzo 2016

Hablar de recuperación urbana resulta sumamente atrayente. Reviste importancia no solo para aquellos que desde hace años estudiamos, trabajamos o intervenimos en la ciudad, sino también a todos los ciudadanos que día a día estamos literalmente dentro de ella y la conocemos mejor que las autoridades. Sin duda, este es un tema que da y dará mucho de qué hablar, pues hoy está en la “línea de fuego y de crítica ciudadana”. Por este motivo, considero necesario hacer algunas precisiones antes de mencionar aquellos proyectos de recuperación urbana realizados a la fecha que considero ejemplos importantes en la ciudad, con buenos y parciales resultados, tanto del Gobierno Federal como del de la Ciudad de México.

Los proyectos y la planeación

Los proyectos de recuperación urbana son considerados y se plantean desde la década de 1970. Aparecen en los estudios de diagnóstico, estrategias de desarrollo urbano en los programas y planes de desarrollo urbano efectuados por los tres niveles de planeación urbana nacional: el federal, mediante la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), ahora SEDATU; el estatal, a través de sus Secretarias de Desarrollo Urbano y Obras y el Municipal, mediante las Direcciones de Desarrollo Urbano y Obras. En el caso de la Ciudad de México, dichos proyectos son reconocidos desde mediados de la década de 1970. Se han actualizado y replanteado a partir de 2000 en los instrumentos de planeación vigentes y en proceso de actualización desde 2013 como el Programa General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal y la Ley de Desarrollo Urbano, entre otros.

Los programas de egresos e inversión del Gobierno de la Ciudad de México y de sus 16 delegaciones políticas contemplan siempre partidas presupuestales para estos rubros, por lo que los proyectos de recuperación urbana siempre han sido parte esencial de la política de planeación de la ciudad. Sin embargo, al observar el espacio público y su evolución, pareciera ser que estos se encuentran en los escritorios de las áreas de planeación de la ciudad y no en las de los operadores o realizadores.

Estos instrumentos de planeación consideran diversos y distintos espacios a intervenir. Incluyen desde el mantenimiento y la recuperación de los espacios de la Ciudad —como avenidas, camellones y parques públicos de gran escala, entre otros— hasta el patrimonio histórico edificado —principalmente el centro histórico de la ciudad y los centros históricos dentro de las delegaciones—.

Por estos motivos, surgen distintas dudas que causan malestar a los habitantes de la ciudad. En este sentido, resulta incomprensible que, dado que los proyectos de recuperación urbana están contemplados en la planeación sexenal de la ciudad, estos no se realizan de acuerdo a su previsión. Pareciera que no hay ningún área que les dé seguimiento o esté encargada de su realización, ya sea a nivel delegacional o desde el Gobierno de la Ciudad.

Al final la respuesta es la misma: el dinero no alcanza para llevar a cabo todos los proyectos y las áreas de operación delegacional no cuentan con el personal ni con los recursos necesarios para llevarlos a cabo. Sin embargo, pese a que resulten insuficientes, en realidad los proyectos de recuperación de espacios realizados por la autoridad existen, están ahí y son visibles, visitables y disfrutables.

Los proyectos, su presentación y el componente social

Aun reconociendo que la recuperación de espacios para la ciudad y los ciudadanos conlleva un gran esfuerzo, vemos que las autoridades cometen constantemente en un grave error. Independientemente del nivel de gobierno al que pertenezcan —ya sea federal, estatal o municipal— los proyectos son realizados de forma desarticulada y desaseada. Incluso, en el peor de los casos, suelen recular en su decisión de realización.

Esta forma variada y repentina en que se presentan los proyectos genera una mala percepción en la ciudadanía, independientemente de la calidad de la intervención. Pareciera que “surgen de la nada” o que son “una ocurrencia de alguien”. En el mejor de los casos, son vistos como intervenciones sin coordinación previa entre áreas de gobierno o dependencias, aunque, la mayoría de las veces, son interpretadas como proyectos clientelares y botines políticos. Sin embargo, es poco frecuente que se vean como proyectos articulados, fundamentados, estructuradores y estratégicos del espacio urbano y del medio ambiente, con amplio beneficio social para la ciudad.

Esta falta de cuidado y de relaciones públicas para la presentación de los proyectos, hace que los ciudadanos reaccionen inmediatamente de manera ríspida, contestataria y solidaria. Por lo general, la respuesta de la autoridad se reduce al pasmo ante la ausencia de una estrategia de desarrollo urbano de la ciudad. Los ciudadanos entonces solicitan, además de una justificación técnica, la explicación del beneficio social que se obtiene en distintos ámbitos como infraestructura, transporte y accesibilidad. En pocas palabras, exigen una explicación detallada del proyecto y que haya rendición de cuentas en torno a la inversión que implica.

High Line Park

High Line Park

Esta actitud ciudadana no es gratuita, pues los habitantes de la Ciudad de México han cambiado y evolucionado en su forma de pensar, de actuar, de participar y de agruparse. Son más atentos y participativos a raíz del movimiento de 1968, de los acontecimientos de junio de 1971 y del sismo de 1985. Las autoridades deben de entender que el compromiso social de sus gobernados no es el mismo, por lo que ahora, con proyectos recientes como la Estela de la Luz y la Línea 12 del metro, su reacción es inmediata y se caracteriza por una mayor participación y presencia.

Los proyectos y su realización

Después de esta descripción general, aunque jamás reduccionista, es evidente que los proyectos de recuperación urbana están insertos y contemplados en la visión de la planeación de la ciudad. Ahora que ya logramos reconocer que estos espacios están y existen, debemos encontrar por qué y cómo. Para esto resulta útil observar los más recientes cambios institucionales de la Ciudad de México en esta materia.

El Gobierno de la Ciudad de México a partir de 2007, en atención y apego a la posible conversión del Distrito Federal al estado 32 de México, inició una estrategia de promoción y difusión global. Dicha promoción aprovechó la convergencia de una mayoría de izquierda junto con una relativa estabilidad económica y finanzas suficientes para, con esquemas de inversión en coparticipación con la iniciativa privada y en un acto más de “reacción ante el inmovilismo de años”, generar un cambio visible en la ciudad que mejorara la imagen política del gobierno.

Por este motivo, se creó en 2008 la oficina de la Autoridad del Espacio Público (AEP), que tiene, entre otros fines, el “iniciar políticas y acciones para recuperar y dignificar los espacios públicos”. De este modo, la AEP, que está inserta en la estructura de operación de la Secretaria de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) y se maneja con autonomía y con cierto nivel de independencia, se convierte en el “brazo ejecutor” de tareas que durante años estuvieron detenidas. Por este motivo, los espacios recuperados por la ciudad a través de la AEP y aquellos realizados en coparticipación con agentes privados en el periodo entre 2009 y 2012, revisten importancia para la ciudad, sus ciudadanos y sus visitantes.

Debemos mencionar que la actividad realizada por la AEP es paralela a la acción de operación y aplicación de los Presupuestos Participativos. Estos son recursos económicos etiquetados y asignados a las 16 delegaciones para que, de manera conjunta con los vecinos de las colonias, se seleccionen los proyectos, las zonas y el tipo de aplicación en el que se invertirán. Sin embargo, debido la cantidad tan limitada de los recursos —que oscila entre 400 000 pesos y un 1 millón 200 000 pesos— estos se distribuyen en función de la colonia, el tipo y dimensión del proyecto y de la obra.

Resulta lamentable que los efectos y los resultados son por lo general mínimos. Esto se debe, la mayoría de las veces, tanto a que la asignación de recursos por lo general se hace a destiempo, como a que no hay una clara rendición de cuentas ni control y seguimiento en el avance y conclusión de las obras. Además, la selección de los proyectos y de las colonias se hace, por lo general, con criterios de “cuotas políticas”: los que apoyan al gobierno local tienen preferencia. Esto genera que, en muchos casos, varias delegaciones y colonias no ejerzan los recursos asignados y tengan que devolverlos, generando malestar entre los vecinos y radicalizando sus posturas por la selectividad de la autoridad.

Los proyectos, ejemplos internacionales

El esquema de los Presupuestos Participativos proviene de un programa implementado por partidos políticos de izquierda en Portugal a mediados de la década de 1980. Es una visión moderna del manejo de recursos que inició en la ciudad de Oporto y fue adoptada en la primera época del establecimiento de los planes quinquenales de la Unión Soviética. Este mecanismo se ha difundido y aplicado con éxito en otras ciudades de España, en Francia, en Portugal y en Suecia.

Este esquema debería ser tomado en cuenta y estudiado seriamente por la autoridad porque, además de que permite la realización e intervención puntual, es medible, evaluable y fácilmente repetible. Adoptarlo de forma adecuada —a diferencia de como se ha “importado” a México— rompería de tajo el inmovilismo de los últimos 3 años en la obra pública, reactivando economía, que ahora se encuentra detenida y en su fase más baja comparada con periodos anteriores.

De hecho, este trabajo ya se ha desarrollado en otros países, adoptando una gran diversidad de nombres como “acupuntura urbana”, “regeneración barrial”, “diseños colectivos” o “intervenciones de zona”. Incluso varios de estos proyectos se desarrollan con programas asociados a universidades públicas y privadas.

Además, este trabajo también tiene su lado “duro”, pues se ha asociado con acciones de control y recuperación de zonas conflictivas como las favelas en Brasil y las chabolas en Colombia. En estos casos, la acción del gobierno y de la fuerza pública —que ha sido agresiva, planeada y decidida— se complementó con la realización inmediata de obras y proyectos en colaboración con los habitantes de estas zonas. De este modo, se complementaron espacios de recreación, educación, bibliotecas y campos deportivos, prácticamente reconvirtiendo y regenerando estos espacios.

El esquema más parecido que hay en México al de los “presupuestos participativos” portugueses lo tiene, a nivel federal, la Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu). Desde que en 2013 esta dependencia asumió las funciones de recuperación urbana, se emitieron las guías y la normatividad para la presentación de proyectos y obras que estados y municipios presentan. Sin embargo, debido a la distancia geográfica entre el gobierno central y el municipio, la asignación de recursos no está exenta de verse limitada por las “cuotas” locales y los botines políticos o clientelares.

Ante los primeros resultados obtenidos de este programa, la Sedatu realizo en 2014 un primer ejercicio de medición de resultados en conjunto con el Colegio de México. Para evaluar los proyectos, el estudio enfoca tanto en el proceso de selección de los proyectos participantes presentados como en la inversión realizada.

Esta práctica es adecuada y debería ser adoptada para garantizar el control y seguimiento de otras tareas de gobierno. Sin embargo, sería más acertada al evaluar la recuperación urbana si los sistemas de evaluación incorporaran más elementos y variables de medición para encontrar satisfactores en la población. Entre estos podrían incluirse seguridad, sentido de pertenencia, apropiación del espacio e intensidad de uso, entre otros. Además, en la medida en que estos estudios se difundan y se publiquen, la percepción de la operación del Estado por los ciudadanos probablemente sería más favorable.

Los proyectos, algunos de ellos.

Presento un breve listado de las obras y proyectos recientes y en la memoria de los ciudadanos, en donde se señala el nivel de gobierno que los realiza o promueve el año aproximado de conclusión, el nivel de impacto por su ubicación en la ciudad y se comentan los resultados a la fecha.

Las obras están ubicadas en la Ciudad de México y dos en España, en la Ciudad de Madrid, nos permite identificar y reconocer espacios en la ciudad en los que hemos estado, aun de paso, y es notorio el efecto y sensaciones que tiene y provoca en nosotros. Por un lado, al ser obras relevantes localizadas en las zonas conocidas y céntricas, lo primero que nos salta a la mente es si fueron o no costosas, sí estuvieron realizadas en tiempo, si nos parecen o no mejores ahora que antes, si ganaron o perdieron en calidad e imagen si nos parece que a ahora nos atraen más o nos repelen y nos rechazan.

El Financiero / David Saúl Vela

El Financiero / David Saúl Vela

También la lista nos permite hacer comparaciones en los casos mencionados en España, con el antiguo basurero del Parque Juan Carlos I, con Santa Fe, y el del Corredor Cultural Chapultepec con el proyecto de recuperación de la antigua plataforma del metro en Nueva York, o lo repelente que resulta ahora la Av. Mazaryk, no solo por el rechazo local de los vecinos ante la tardanza en la realización de la obra, sino también por lo desolado que luce ante la pérdida de la estancia en las mesas de los restaurantes en las banquetas contra la proliferación de camionetas negras de los guardias de seguridad de los compradores en la versión mexicana de Rodeo Drive, en fin.

En el caso de la Ciudad de México al inicio de la década de 1990, los programas de recuperación de espacios y áreas extensas de la Ciudad, se apoyaron y realizados en ejemplos empleados en otros países, principalmente en España en las Ciudades de Madrid y Barcelona, con quien se tuvo cercanía por el proceso de transformación y cambio con la cercanía de los Juegos Olímpicos y su incorporación a la Comunidad Europea.

Lo más importante de estas acciones es que ejemplifican lo que este tipo de proyectos ha requerido para su realización en sus diferentes épocas tres factores relevantes. Por un lado, es innegable la necesidad de que exista voluntad política por parte de las autoridades. Además, es elementar contar con un buen despliegue de coordinación entre las áreas de gobierno para el desarrollo de los proyectos. Finalmente, debe haber un alto grado de gestión y de operación política y ciudadana con los habitantes dentro o cercanos a los espacios intervenidos.

A continuación, se muestran algunos proyectos de recuperación urbana de la Ciudad de México con un nivel de incidencia alto.

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Los proyectos, un vistazo al futuro 

Como he argumentado, los proyectos de recuperación urbana son y están en la estrategia de planeación de la ciudad. Por este motivo, debemos ser los ciudadanos, los estudiantes, los especialistas y los medios de comunicación los que exijamos a la autoridad que se lleven a cabo, se cumplan y se realicen en toda la ciudad. Debemos alzar la voz para evitar que sigan siendo un botín político, para demandar que se nos presente la estrategia y los mecanismos para su realización. Independientemente de las instituciones que se adopten para planear y llevar a cabo los proyectos de recuperación urbana, lo ideal es que los ciudadanos entendamos y estemos atentos a ver la terminación de los trabajos.

Finalmente, es necesario mantener viva la discusión de este tema, que ya se ha discutido bastante a raíz del fallido Corredor Cultural Chapultepec y nos darán más sorpresas con las próximas elecciones. Se avecina el tema de la recuperación del espacio del actual aeropuerto de la Ciudad de México, que con curiosidad y con cuidado debemos oír lo que expresa el secretario de economía del gobierno de la ciudad cuando dice “debemos evitar la especulación inmobiliaria”. Se vislumbran nuevos proyectos de recuperación urbana, tanto a corto como a mediano plazo. Para que esto sea una buena notica, los ciudadanos debemos comprometernos íntegramente con nuestro papel vigilante.

ALEJANDRO GARCÍA LARA es arquitecto y maestro en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana. Es profesor de catedra y consejero en el Departamento de Arquitectura y Diseño Industrial del ITESM Campus Ciudad de México y Santa Fé. Además, es profesor y coordinador del Programa Servicio Social de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac Norte. Imparte práctica profesional y asesoría en New Space.

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