Preguntas ante la victoria de Andrés Manuel López Obrador

2 julio, 2018 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 3007

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Luis Estrada

Julio 2018

Los resultados de las elecciones de 2018 en México son históricos por diversas razones, entre las que destacan el cambio de rumbo económico y político que Andrés Manuel López Obrador (AMLO), virtual candidato triunfador de la coalición Juntos Haremos Historia —conformada por los partidos Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo (PT) y Partido Encuentro Social (PES)— ha señalado como parte de sus mensajes de campaña, no solo durante este proceso electoral, sino  desde hace más de 18 años, en los que compitió por ganar la presidencia de México. De acuerdo con los resultados preliminares, la victoria de AMLO representa un apoyo inusitado en el México democrático: de confirmarse las tendencias del Programa de Resultados Preliminares (PREP) y del Conteo Rápido llevado a cabo por el Instituto Nacional Electoral (INE), el candidato de Morena, PT y PES habría obtenido más del 53% del voto, además de que los partidos que lo postularon alcanzarían la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en el Senado. México no ha tenido un presidente con mayoría en ambas cámaras del Congreso desde 1994, año en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) alcanzó su última victoria consecutiva en más de 7 décadas.

Las elecciones de 2018 fueron las más grandes en la historia de México: se eligió presidente de la República, se renovaron ambas cámaras del Congreso, la jefatura de gobierno de la capital, 8 gubernaturas, 27 congresos estatales, 16 alcaldías y 1596 presidencias municipales, sumando más de 3400 cargos de elección popular. La ausencia de reelección, el financiamiento público y, en especial, la restrictiva ley electoral, mantuvieron las preferencias electorales sin cambios durante la campaña, por lo que AMLO se llevó la elección de principio a fin. Además, el efecto de contagio (voto parejo, como lo pidió  el candidato ganador en los últimos días de campaña), le ayudó a triunfar en las elecciones de jefe de gobierno de la Ciudad de México y de gobernador en Chiapas, Morelos, Tabasco y Veracruz.

Quizá uno de los momentos más relevantes de la jornada electoral de 2018 fue la reacción de los candidatos perdedores. En México, al estar acostumbrados a que cualquiera de los candidatos que compiten en los órdenes de gobierno se declare ganador al momento del cierre de casillas de acuerdo con sus propias encuestas, tanto Ricardo Anaya, candidato presidencial de la coalición Por México al Frente —conformada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC)—, como José Antonio Meade, de la coalición Todos por México —conformada por el PRI, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL)—, establecieron quizá el nuevo signo de los tiempos al reconocer el triunfo de AMLO apenas a la hora de haberse publicado las encuestas de salida, una vez que cerraron las casillas. Posterior a la publicación de los resultados del Conteo Rápido del INE, que confirmó las tendencias de las encuestas de salida, el presidente Enrique Peña Nieto emitió un mensaje en el que mencionó que había felicitado a AMLO y que trabajaría con su equipo para llevar a cabo una transición “ordenada y eficiente”. La democracia mexicana se fortaleció con ambos actos de reconocimiento de los resultados electorales.

La victoria de AMLO representa un apoyo inusitado en el México democrático.

A Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente, le alcanzó para el segundo lugar, ligeramente por encima de Meade, pero su votación registra el peor resultado para un candidato del PAN, y pone en evidencia que el costo de aliarse con el PRD fue mayor que el beneficio. De acuerdo con resultados preliminares, el número de curules que el PAN habría obtenido en ambas cámaras es el más bajo desde 2000, cuando obtuvieron la presidencia por primera vez al vencer al PRI. En las gubernaturas estatales, los candidatos del PAN habrían triunfado en Guanajuato, Puebla y Yucatán, sumándose a las 11 gubernaturas, solos o en coalición, que encabezan sus candidatos. El mensaje de Anaya al finalizar la jornada electoral fue claro, pues se presenta como la oposición más fuerte al proyecto de gobierno de AMLO, al mismo tiempo que hace un llamado a la unidad en el PAN, que tanto le ha costado mantener durante el presente sexenio y que, quizá, haya sido la razón más importante de su derrota.

El gran perdedor de las elecciones de 2018 es el PRI. Al apostar a la candidatura “ciudadana” de Meade, y al arrastrar los niveles más bajos de popularidad para un Presidente en funciones, el PRI obtuvo su peor resultado en la historia, no solo en un lejano tercer lugar en la elección presidencial, sino al quedar representado en las cámaras de diputados y senadores por debajo del PES, aliado de Morena y del PT y que obtuvo su registro apenas en 2006. A pesar de que en la actualidad el PRI gobierna prácticamente en la mitad de los estados (14), su tarea más complicada y urgente es su recuperación y su posicionamiento como primera oposición frente al proyecto de AMLO.

La tercera gran alternancia (derrota del PRI, regreso del PRI y victoria de AMLO) puso en evidencia la fortaleza de las instituciones de nuestro país. El aprendizaje por el respeto de los resultados electorales establece un precedente para elecciones futuras y envía señales de civilidad política, inéditas en la cada vez menos incipiente democracia mexicana. Asimismo, la elección de 2018 revierte la tendencia creciente de impugnaciones provocadas por la cada vez más estricta ley electoral. México ha solidificado en años recientes su sistema electoral, y el 1 de julio de 2018 superó una gran prueba, evidente a los ojos de todos. Será interesante analizar como la esencia democrática se contagia a diferentes aspectos de la cotidianeidad mexicana.

El respeto de los resultados electorales establece un precedente para elecciones futuras y envía señales de civilidad política, inéditas en la cada vez menos incipiente democracia mexicana.

La amplia victoria de AMLO implicará un cambio de modelo respecto del que México había experimentado hasta el momento. Si bien algunos mencionan que dirigirá el país un gobierno con ideología de izquierda (en buena medida, gracias a los orígenes de AMLO en el PRD y, a su vez, del Frente Democrático Nacional originado en 1988 frente al proyecto neoliberal del PRI), la verdad es que México será gobernado por un líder con tintes populistas. La ausencia de ideología en el sistema de partidos políticos en México propició el éxito de un movimiento encabezado por un líder carismático, impulsado por una coalición de partidos políticos con propuestas fundamentalmente opuestas, que apela a narrativas de héroes nacionales, sin fórmulas concretas para llevar a cabo sus promesas y con acciones mediáticas para demostrar su conexión con los segmentos más necesitados del electorado, entre muchos otros aspectos.

Más importante aún, los resultados de la elección de 2018 en México representan, quizá, lo que se conoce como una realineación, en la que segmentos completos del electorado mudan sus simpatías de un partido político a otro en una sola elección. Tal como sucedió en 1997, en la primera elección de jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, cuando la mayoría votó por la izquierda del PRD encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, en 2018 una mayoría votó por Morena —un partido político con apenas 4 años de vida— para derrotar a un partido que ya había gobernado al país durante décadas y que se creó desde el inicio del siglo XX.

Ante un escenario inédito en la política mexicana, las preguntas abundan y la especulación es fácil. Sin embargo, existen certezas respecto de las tareas pendientes. La relación con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, es claramente una incógnita. No obstante, una de las dudas más importantes es, quizá, visualizar el papel de la oposición frente al virtual Presidente electo con mayorías en ambas cámaras del Congreso. Si la reconstrucción y la reconciliación interna del PRI y del PAN, respectivamente, toman más de 6 años, el proyecto morenista se consolidará. Más aún, ante un escenario de largo plazo, es fundamental analizar quién pretendería suceder a AMLO una vez que termine su sexenio. La continuidad de Morena es algo que no se preguntará durante la luna de miel postelectoral, pero que ayudará a explicar las decisiones del presente y del futuro.

Luis Estrada es doctor en Ciencia Política por la University of California, San Diego. Es Socio-Director de SPIN-Taller de Comunicación Política. Sígalo en Twitter en @luisestrada_.

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One Response to Preguntas ante la victoria de Andrés Manuel López Obrador

  1. LUCIA VEGA dice:

    No hay mucho que decir, SIMPLEMENTE FELIZ, Viva Mexico, Viva la Dmocracia, Viva AMLO, JUNTOS HAREMOS HISTORIA.

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