Portugal: el caballo negro de Europa

1 junio, 2018 • Artículos, Asuntos globales, Europa • Vistas: 1223

 Daniela Uribe, Joshua Soriano y Gerónimo Soberanes 

Junio 2018

La selección portuguesa de futbol, a pesar de contar con una participación modesta en las competencias internacionales, ha demostrado su valía en justas como la Copa Mundial de 1966, en la que se alzó con el tercer lugar, y más recientemente en la Eurocopa, de la que saldría campeona en la última edición, celebrada en 2016. El conjunto luso es notable por sus individualidades y por ser una de las escuadras más diversas culturalmente hablando. Nos ocupa su contexto histórico y sus particularidades para revelar por qué la selección lusa es una de las revelaciones más interesantes de cara al próximo Mundial.

Vanguardia migratoria, vanguardia deportiva

La presencia colonial de Portugal en África ha motivado el encuentro cultural y una integración considerable entre las poblaciones africanas y portuguesas, visible en importantes movimientos migratorios, primero, de las colonias hacia el país ibérico y más recientemente —a raíz de la crisis que azota Europa— de portugueses peninsulares hacia sus excolonias, notablemente Angola y Mozambique, que concentraban, entre ambos, a cerca de 120 000 migrantes portugueses en 2011.

Estas circunstancias hacen de Portugal un caso de estudio interesante. Actualmente posicionado, según el Migrant Integration Policy Index, como el segundo país europeo con las mejores políticas de integración de inmigrantes, y siendo un país que no contempla variables como raza o etnicidad en sus índices, los progresos de una política migratoria tolerante e inclusiva pueden verse reflejados en áreas como el futbol.

Desde la década de 1960 Portugal comenzó a promover jugadores africanos hacia su liga, donde desarrollaron su potencial de juego y desde donde surgió, en esa misma década, uno de los jugadores más brillantes del futbol portugués: Eusebio, mozambiqueño de nacimiento. La tendencia de utilizar jugadores de origen africano en la escuadra nacional, lejos de decaer a raíz de las independencias africanas del siglo XX, se ha mantenido o incluso aumentado.

A pesar de la crisis económica que afectó en gran medida al país ibérico, su gobierno decidió mantener una política migratoria abierta y tolerante, y no redujo el presupuesto destinado a la atención de su población migrante. En este sentido es importante destacar que los esfuerzos en materia migratoria han sido realizados igualmente por gobiernos de izquierda y de derecha en lo que parece ser un caso excepcional, pues a pesar de que los partidos euroescépticos y de ultraderecha parecen florecer en todo el continente europeo, esto no ha ocurrido tan marcadamente en Portugal. Todo lo anterior resulta clave para su notable posicionamiento como país receptor, toda vez que aun cuando el país pasaba por malos ratos, se trabajó en expandir los alcances y efectividad de sus programas de integración, que para 2015 lo mantienen como el país líder en rubros como el acceso a la nacionalidad —cuestión clave en relación al desarrollo futbolístico de su población migrante—, y segunda en movilidad laboral y posibilidad de reuniones familiares. En cuestión educativa, Portugal ocupa el sexto lugar entre los países europeos, con políticas auxiliares para el acceso de inmigrantes o hijos de inmigrantes a la educación básica.

La diáspora africana ha venido a enriquecer a la selección lusa, que en toda su historia, hasta 2015, ha contado con once elementos con la doble nacionalidad caboverdiana y otros tantos de nacionalidad bisauguineana y mozambiqueña, países en los que también es considerable la presencia portuguesa, que ha establecido filiales de sus clubes en sus excolonias para importar talentos. La cercanía cultural y las facilidades otorgadas por el Estado portugués a una diáspora que se calcula en 451 730 personas únicamente provenientes de la denominada lusofonía han motivado este encuentro y enriquecimiento cultural y deportivo, que, sin duda, se ha materializado en el mejor desempeño de la selección portuguesa en la historia, hoy considerada entre las cinco mejores a nivel mundial, nutrida más que nunca de elementos con raíces extranjeras.

El derbi ibérico: España y Portugal, falsos enemigos

Debido a sus antecedentes históricos, en Portugal existe una doble manera de entender su identidad nacional a través de medios modernos, como el futbol. Estas son, verse a sí mismo como un Estado central europeo, capaz de estar a la altura de los otros miembros de la Unión y, al mismo tiempo, como un país en la periferia, que no está integrado por completo a los estándares de Occidente. Esta visión dual puede analizarse con el desempeño futbolístico del país frente a su contraparte de la península ibérica, España.

En este apartado se utilizará la información disponible que indica un mejor desempeño en los juegos disputados contra España desde inicios del siglo XX. La relación de Portugal con España en el futbol ha sido marcada tanto por los acontecimientos históricos propios de la península ibérica, como por aquellos sucesos internacionales que causaron impacto. Sin embargo, fuera de una rivalidad esperada de países vecinos, la información encontrada demuestra que, a su interior, dichos países no se consideran a sí mismos como su principal competencia, mucho menos enemigos. De los 36 partidos que Portugal ha jugado contra España, únicamente 5 han sido en eventos de carácter oficial (excluyendo clasificatorios), por lo que no se le considera como un “clásico”. Con esto no se pretende restar importancia a la competencia ibérica que se ha presentado, sino dar un panorama de la relación bilateral que va más allá de solo verse como contrincantes.

El primer partido entre equipos representantes de ambos países fue en 1907, cuando el club portugués Clube Internacional de Futebol fue visitante en Madrid, contra el club de futbol local. Dicho partido refuerza el argumento presentado anteriormente: a pesar de la victoria 2–0 por parte de Portugal, la recepción española al equipo y a los seguidores fue cálida y festiva, incluso organizado eventos alrededor de la ocasión.

Durante la Primera Guerra Mundial se jugaron partidos entre España y Portugal, siguiendo su forma de operar hasta el momento, es decir, los clubes visitaban al país vecino sin ningún problema de recepción. Pero a partir de 1915 se observó un cambio en el comportamiento: había más actitud competitiva y de rivalidad en ambos países ibéricos, donde ya se buscaba una victoria definida y no solo llevar a cabo un partido amistoso.

Para 1921 Portugal todavía no contaba con un campeonato nacional, a diferencia de España (que lo tenía desde 1902) y la mayoría de los países europeos, que desde hace algunos años habían formalizado este tipo de eventos. Para ese año, los clubes de Porto y Benfica perdieron en todos sus encuentros contra los clubes de España, por lo que la falta de profesionalización de los jugadores comenzaba a ser evidente. En los años siguientes, las derrotas del equipo portugués contra España fueron la norma, lo cual empezó a ser duramente criticado por la prensa al manifestar que el gobierno portugués permitía que los atrasos característicos del país se trasladaran también al futbol. Asimismo, cuando (aunque pocas) había alguna victoria por parte del equipo, se hablaba de la regeneración portuguesa y la esperanza de avanzar hacia un cambio. De nuevo la visión de Portugal de ser al mismo tiempo un país europeo capaz y uno decadente que vive en la sombra de su atraso se hacía presente en el deporte.

Cambio de cancha: de fascismo a democracia  

El golpe de Estado de 1926 y la posterior llegada de António de Oliveira Salazar al poder en 1932 tuvieron grandes repercusiones en el futbol, pues se trataba de un nuevo momento político. Sin embargo, el Novo Estado no vio en el futbol un medio de propaganda, por lo que no se enfocó en llevar la censura a la prensa deportiva, como era la pauta en otros regímenes dictatoriales europeos de la época, en donde dichas actividades eran consistentemente promovidas por sus cúpulas de poder. Por ejemplo, durante la década de 1930, la Italia de Benito Mussolini reclamó dos trofeos mundiales; Alemania ocupó el tercer lugar en 1934, al igual que Brasil en 1938. En general, el fascismo compiló un récord de 14 victorias, 3 empates y 3 derrotas en esa década.

Después de la caída del Eje, los regímenes fascistas entraron en un declive generalizado que los marginó frente a los países victoriosos de la Segunda Guerra Mundial, primordialmente constituidos en democracias liberales. A partir de entonces es notable el dominio de estos países sobre los regímenes dictatoriales, con las notables excepciones de Argentina y Brasil, que se coronaron en tres ocasiones en el contexto de la llamada Tercera Ola Democrática (de 1977 a 1989), aun siendo dictaduras.

Las democracias liberales, en el transcurso que va desde la caída del Eje hasta la caída del muro de Berlín, que marca el fin de la Tercera Ola Democrática, en contraparte, conquistaron seis trofeos mundiales. Para comprender este éxito, debe entenderse en esencia el funcionamiento económico de las democracias liberales. Estas se arraigan en sociedades fuertemente industrializadas, situación que les proporciona una ventaja: ningún país ha ganado la Copa del Mundo sin tener una base industrial sustancial. Esta base proporciona un gran proletariado urbano, que a su vez suministra jugadores para un equipo. Las economías industriales también producen una gran riqueza, que financia ligas nacionales competitivas que mejoran a sus jugadores al someterlos a competencias de la más alta calidad. Y, mientras que la mentalidad del régimen autoritario se expresa fielmente en el terreno de juego, el ethos demócrata liberal se traduce en un estilo mucho más limpio. La democracia liberal celebra el individualismo y por su sentido de solidaridad crea un equipo coherente con espacio para las estrellas.

Es notable, en el caso portugués, el significativo mejoramiento deportivo a raíz de su democratización y posterior entrada a la Comunidad Económica Europea en 1986. Comenzando por ese mismo año y hasta la fecha, el combinado luso se ha clasificado a la justa mundialista en seis de nueve oportunidades, alcanzando en una ocasión el cuarto lugar.

Conclusión

Valores como la integración, la amistad entre los pueblos y la democracia reditúan en el buen desempeño deportivo de los países. También son vitales para que el planeta sea testigo de una verdadera fiesta deportiva, que envíe un mensaje de esperanza ante las diversas adversidades que enfrentamos.

Hoy Portugal es una democracia consolidada, inclusiva y comprometida con Europa y con sus retos, tiene en sus pies la posibilidad de presentarse en el controversial Mundial de Rusia 2018 como el caballo negro de la competencia, no solo por el potencial que ha venido desarrollando recientemente, sino por mostrarse como un equipo unido en la diversidad, con visión de conjunto a pesar de tener su punto fuerte en individualidades que pasarán a la historia como algunas de las mejores del mundo. Tiene además la posibilidad de seguir siendo el caballo negro en el escenario europeo y mundial: a pesar de su perfil discreto y de no competir con los indicadores económicos de los países mejor posicionados de Europa, Portugal no ha entrado en la amenazante dinámica del euroescepticismo que puede acarrear consecuencias fatales para el futuro de la comunidad y continúa haciendo esfuerzos por hacerle frente a sus problemáticas nacionales y regionales.

Los escenarios para los Lusitanos son alentadores. Quizá los veamos superar la hazaña que alcanzaron hace 52 años, cuando, guiados por la calidad técnica y el olfato goleador de un inmigrante mozambiqueño procedente de una realidad extremadamente precaria, alcanzaron el tercer puesto del torneo en su primera participación mundialista en la historia.

DANIELA URIBE, JOSHUA SORIANO y GERÓNIMO SOBERANES son estudiantes de la licenciatura en Relaciones Internacionales en el ITAM. Sígalos en Twitter en @herr_onimo.

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One Response to Portugal: el caballo negro de Europa

  1. Jatzibe dice:

    Excelente artículo. Siempre me ha encantado Portugal, pero ahora, me enamora más. Gracias por proporcionarme interesante información. Felicidades

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