¿Por qué Iran debe tener la bomba?

1 junio, 2013 • Artículos, Medio Oriente, Portada, Sin categoría • Vistas: 4838

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Junio 2013

Tras el acuerdo entre los 5+1  e Irán de acotar el programa nuclear del último, y a pesar de que la diplomacia parece haber allanado el camino hacia la paz en Medio Oriente, los escépticos reclaman que el equilibrio nuclear en esta región significaría estabilidad. FAL recupera el clásico de Waltz al respecto (vol. 13, núm. 1).

No debería de ser así. La mayoría de los comentaristas y formuladores de políticas públicas estadounidenses, europeos e israelíes advierten que un Irán con armas nucleares podría ser el peor resultado posible del actual estancamiento. De hecho, probablemente sería el mejor resultado posible: el que tiene más posibilidades de restablecer la estabilidad en el Medio Oriente.

EL PODER REQUIERE EQUILIBRIO.

La crisis por el programa nuclear iraní podría terminar de tres maneras diferentes. Primero, la diplomacia, de la mano con importantes sanciones, podría convencer a Irán de abandonar su deseo de tener armas nucleares. Pero este resultado es poco probable: los antecedentes históricos indican que un país empeñado en adquirir armas nucleares rara vez puede ser disuadido.

Castigar a un Estado con sanciones económicas no hace fracasar irremediablemente su programa nuclear. Tomemos a Corea del Norte, por ejemplo, que logró construir armas nucleares a pesar de las innumerables rondas de sanciones y resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Si Teherán decide que su seguridad depende de la posesión de armas nucleares, es poco probable que las sanciones logren hacer que cambie de idea. De hecho, agregar aún más sanciones ahora podría hacer que Irán se sienta más vulnerable, lo que le daría razones adicionales para buscar la protección de un elemento disuasorio definitivo.

El segundo resultado posible es que Irán suspenda las pruebas nucleares pero desarrolle una capacidad alterna: la capacidad de construir y probar un arma muy rápidamente. Irán no sería el primer país en adquirir un sofisticado programa nuclear sin necesidad de construir una bomba real. Japón, por ejemplo, mantiene una amplia infraestructura nuclear civil. Los expertos creen que podría producir un arma nuclear en poco tiempo.

Esa capacidad alterna podría satisfacer las necesidades políticas internas de los dirigentes de Irán, lo que les garantizaría a los extremistas disfrutar de todos los beneficios de tener una bomba (como una mayor seguridad), sin los inconvenientes que esto conlleva (como el aislamiento y la condena internacionales). El problema es que una capacidad alterna podría no funcionar de la forma deseada.

Lo que más les preocupa a Estados Unidos y a sus aliados europeos es el uso bélico, por lo que podrían aceptar una situación en la que Irán no llegue a crear un arma nuclear. Israel, sin embargo, ha dejado claro que una significativa capacidad de enriquecimiento iraní sería, por sí sola, una amenaza inaceptable. Es posible, entonces, que un compromiso fehaciente de que Irán no construirá un arma nuclear podría apaciguar a las principales potencias occidentales, pero dejaría insatisfechos a los israelíes. Israel se sentiría menos intimidado por un arma nuclear virtual que por un arma real y, por lo tanto, probablemente continuaría con sus arriesgados esfuerzos por subvertir el programa nuclear de Irán mediante el sabotaje y el homicidio. Esto podría orillar a Irán a concluir que, después de todo, una capacidad alterna es un elemento disuasorio insuficiente y que sólo la militarización puede darle la seguridad que busca.

El tercer resultado posible de este enfrentamiento es que Irán continúe su camino actual y haga pública su capacidad nuclear probando un arma. Los funcionarios estadounidenses e israelíes han declarado que esa posibilidad es inaceptable, argumentando que un Irán con armas nucleares ofrece una perspectiva particularmente aterradora, e incluso representa una amenaza para su existencia. Este lenguaje es típico de las grandes potencias que históricamente se han enfurecido cuando otro país comienza a desarrollar un arma nuclear propia. Pero hasta ahora, cada vez que otro país ha logrado entrar al club nuclear, los otros miembros han cambiado de rumbo y han decidido aceptarlo.  De hecho, al reducir los desequilibrios del poder militar, los nuevos Estados nucleares generalmente producen más estabilidad regional e internacional, no menos.

El monopolio nuclear regional de Israel, que ha demostrado ser extremadamente duradero en las cuatro últimas décadas, ha generado, desde hace tiempo, inestabilidad en el Medio Oriente. En ninguna otra región del mundo hay un Estado nuclear solitario y no controlado. El arsenal nuclear de Israel, no el deseo de Irán de tener uno, es lo que ha contribuido más a la crisis actual. El poder, después de todo, requiere equilibrio. Lo que resulta sorprendente del caso de Israel es que haya tardado tanto en surgir una posible balanza.

Por supuesto, es fácil comprender por qué Israel desea seguir siendo la única potencia nuclear de la región y por qué está dispuesto a utilizar la fuerza para asegurarse dicha condición. En 1981, Israel bombardeó Iraq para evitar un desafío a su monopolio nuclear; lo mismo sucedió con Siria en 2007, y ahora está considerando una acción similar contra Irán. Pero los actos mismos que han permitido que Israel mantenga su ventaja nuclear en el corto plazo han prolongado un desequilibrio que es insostenible en el largo plazo. La probada capacidad de Israel para atacar impunemente a sus posibles rivales nucleares ha hecho que sus enemigos estén inevitablemente ansiosos por desarrollar los medios para impedir que Israel vuelva a atacarlos. De esta manera, sería mejor analizar las tensiones actuales, no como las primeras etapas de una crisis nuclear iraní relativamente reciente, sino como las etapas finales de una crisis nuclear que ha durado varias décadas en el Medio Oriente y que terminarán sólo cuando el equilibrio del poder militar se restaure.

TEMORES INFUNDADOS

Uno de los motivos por los que se ha exagerado tanto la amenaza de un Irán nuclear es porque en la discusión se ha distorsionado por temores infundados y por malos entendidos fundamentales sobre la forma en que los Estados se comportan en general en el sistema internacional. La primera y más importante preocupación, que subyace a muchas otras, es que el régimen iraní es por naturaleza irracional. A pesar de la creencia generalizada en sentido contrario, la política iraní no la hacen “mulás locos”, sino ayatolás perfectamente cuerdos que desean sobrevivir como cualquier otro líder. Aunque los líderes iraníes se entregan a la retórica inflamatoria y  llena de odio, no muestran propensión alguna a la autodestrucción. Sería un grave error de los formuladores de políticas públicas de Estados Unidos e Israel suponer lo contrario.

Sin embargo, eso es precisamente lo que han hecho muchos funcionarios y analistas estadounidenses e israelíes. Retratar a Irán como irracional les ha permitido argumentar que la lógica de la disuasión nuclear no se le puede aplicar a la república islámica. Si Irán logra tener armas nucleares, advierten, no dudará en usarlas en un primer ataque contra Israel, aunque al hacerlo provocara represalias masivas y el riesgo de destruir todo aquello que aprecia el régimen iraní.

A pesar de que es imposible estar seguro de las intenciones iraníes, es mucho más probable que si Irán desea tener armas nucleares, sea con el propósito de cubrir sus necesidades de seguridad, no de mejorar su capacidad ofensiva (o de destruirse a sí mismo). Irán puede ser intransigente en la mesa de negociaciones y desafiante frente a las sanciones, pero aun así actúa para asegurar su propia defensa. Los líderes iraníes, por ejemplo, no intentaron cerrar el estrecho de Ormuz pese a haber emitido advertencias vociferantes de que podrían hacerlo cuando la Unión Europea anunció un embargo petrolero en enero. Evidentemente, el régimen iraní concluyó que no deseaba provocar lo que sin duda habría sido una respuesta rápida y devastadora de Estados Unidos ante una medida como ésa.

Sin embargo, incluso a algunos de los observadores y formuladores de políticas públicas que aceptan que el régimen iraní es racional les sigue preocupando el hecho de que un arma nuclear lo envalentonaría y le daría a Teherán un escudo que le permitiría actuar de manera más agresiva y aumentar su apoyo al terrorismo. Algunos analistas temen incluso que Irán les proporcionaría armas nucleares directamente a los terroristas. El problema con estas preocupaciones es que contradicen el historial de casi todos los Estados que tienen armas nucleares desde 1945. La historia muestra que cuando los países obtienen la bomba, se sienten cada vez más vulnerables y se tornan muy conscientes de que las armas nucleares los convierten en blancos potenciales a los ojos de las grandes potencias. Esta conciencia disuade a los Estados nucleares de emprender acciones osadas y agresivas. La China maoista, por ejemplo, se volvió mucho menos belicosa después de construir sus armas nucleares en 1964; la India y Pakistán se volvieron más cautelosos desde que adquirieron poder nuclear. Hay pocas razones para pensar que Irán romperá este molde.

En cuanto al riesgo de que se las entreguen a los terroristas, ningún país podría transferir armas nucleares sin correr el gran riesgo de ser descubierto. La capacidad de vigilancia de Estados Unidos representaría un serio obstáculo, al igual que la impresionante y creciente capacidad de identificar la fuente del material físil. Además, los países nunca pueden controlar por completo, ni predecir, el comportamiento de los grupos terroristas que patrocinan. Una vez que un país como Irán adquiera la capacidad nuclear, tendrá todas razones para mantener el control total de su arsenal.

Después de todo, construir una bomba es costoso y peligroso. No tendría sentido transferir el producto de esta inversión a grupos en los que no se puede confiar y que no es posible controlar.

Otra preocupación muy pregonada es que, si Irán logra construir la bomba, otros Estados de la región seguirán su ejemplo, lo que daría lugar a una carrera armamentista nuclear en el Medio Oriente. Pero la era nuclear inició hace casi70años, y hasta ahora, los temores por la proliferación han resultado ser infundados. Si se define de manera adecuada, el término “proliferación” significa propagación rápida e incontrolada. Nada de eso ha ocurrido; de hecho, desde1970, ha habido una marcada desaceleración en el surgimiento de Estados nucleares. No hay ninguna razón para esperar que esta tendencia vaya a cambiar ahora. Si Irán se convierte en la segunda potencia nuclear del Medio Oriente desde1945, esto difícilmente indicaría el inicio de una avalancha. Cuando Israel adquirió la bomba en la década de los sesenta, se encontraba en guerra con muchos de sus vecinos. Sus armas nucleares eran una amenaza mucho mayor para el mundo árabe que la que representa el programa de Irán hoy en día. Si un Israel con armas atómicas no provocó una carrera armamentista en ese entonces, no hay ninguna razón para que Irán lo haga ahora.

NO HAY QUE PREOCUPARSE

Por ese motivo, no es necesario que Estados Unidos y sus aliados se esfuercen tanto por evitar que los iraníes desarrollen un arma nuclear. Los esfuerzos diplomáticos entre Irán y las grandes potencias deben continuar, porque las líneas abiertas de comunicación harán que los países de Occidente se sientan más capaces de convivir con un Irán nuclear. Sin embargo, las actuales sanciones contra Irán se deben eliminar: perjudican principalmente a los iraníes comunes.

Pero lo más importante es que los formuladores de políticas públicas y los ciudadanos del mundo árabe, de Estados Unidos, de Europa y de Israel deben tener el consuelo de que la historia ha demostrado que ahí donde surgen las capacidades nucleares, también surge la estabilidad. Ahora más que nunca, cuando se trata de armas nucleares, más puede ser mejor.

KENNETH WALTZ fue investigador del Saltzman Institue of War and Peace Studies y profesor adjunto de Ciencia Política en la Columbia University, además del autor de “Man, the State and War”, uno de los libros más influyentes en el estudio de las Relaciones Internacionales. Falleció el 12 de mayo de 2013.

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One Response to ¿Por qué Iran debe tener la bomba?

  1. […] de Kenneth Waltz publicado en FOREIGN AFFAIRS LATINOAMÉRICA (Volumen 13, no. 1, año 2013 o en http://revistafal.com/por-que-iran-debe-tener-la-bomba-3/) , creo que esto es un bluff por una parte y tiene mucho más que ver con la pelea chiíta-sunita […]

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